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Vivir en sociedad
El hombre es un ser social, siempre lo fue.
Como tal, debe seguir ciertas reglas que lo ayuden a
vivir en armonía, buscando su progreso y bienestar
personal pero siempre respetando a su prójimo
en beneficio del bien social.
En
1992, la Resolución Ministerial N° 1729 estableció
que el 31 de marzo de cada año sería conmemorado
como "Día Nacional del Comportamiento Humano".
La elección de esta fecha no es fruto de la casualidad,
sino una forma de perpetuo homenaje a Don Francisco
Rizzuto, destacado luchador en favor de la solidaridad
social. En 1965, precisamente el 31 de marzo, Rizzuto
dejó de existir, pero no así la Liga Pro
Comportamiento Humano, fundada por él mismo para
promover los valores de igualdad, respeto y hermandad
en la sociedad. Así como esta institución
sin fines de lucro sostiene una prédica constante
de los principios morales del hombre (dignidad, cortesía,
urbanidad, respeto, buenas costumbres), es propicia
la celebración del "Día del Comportamiento
Humano" para difundir y enfatizar en la sociedad
-sobre todo en los pequeños en formación-
la importancia de los valores éticos y espirituales
del ser humano, contribuyendo así a fomentar
la armonía en todas las formas de convivencia
social.
No son para nada menores los objetivos que se proponen
para esta fecha. Si cada habitante del mundo, sin excepción,
promoviera y practicara el buen comportamiento, los
hombres viviríamos en un mundo de paz y verdadera
solidaridad. Pero esto dista mucho de ser real, pues
muchos intereses, egoísmos y miserias humanas
conspiran contra ello. Y es frente a esas miserias que
debemos plantear nuestro desafío, porque aunque
resulta claro que todos entendemos que los seres humanos
tenemos derechos y obligaciones, también está
claro que no siempre los respetamos.
Respetar, servir y ser ejemplo
"Nuestros derechos terminan donde empiezan los
de los demás", es una frase repetida hasta
el cansancio pero que resume y explica como ninguna
la clave para la convivencia en sociedad, o en la vecindad
o en la familia. Los chicos deben crecer con
ese concepto bien incorporado. Si quieren escuchar
música a excesivo volumen, irrumpiendo contra
la tranquilidad del hermano o del vecino, ¿quién
tiene más derecho, uno a escuchar o el otro a
no ser molestado? La situación natural es la
de tranquilidad y armonía, que es el derecho
en este caso del hermano o el vecino, por lo tanto si
otro derecho razonable (como es el de querer escuchar
música) va contra el derecho a estar tranquilo,
debe evitarse y ser reemplazado por otra alternativa
(como escuchar música a volumen bajo). Este sencillo
ejemplo resume el principio básico del respeto,
y sobre el respeto, precisamente, se sustenta el crecimiento
de una sociedad. Ni más ni menos.
Servir a los semejantes es una virtud que enaltece,
que reconforta tanto al que sirve como al que es servido,
sobre todo en estos tiempos en los que pareciera que
todo es tan efímero. Debemos inculcar en los
alumnos las virtudes más sutiles, que al mantenerse
en todo tiempo y en todo lugar se multiplican y generan
un fuerte efecto: saludar por las mañanas, ser
corteses, ser tolerantes con los demás, desterrar
del lenguaje las expresiones groseras, ser modestos,
defender las ideas con dignidad, saber comprometerse
con la palabra sin necesidad de escritos... y tantos
ejemplos más. En definitiva, de todo esto también
se trata el comportamiento humano.
Leyendo se aprende, es cierto. Pero también
es cierto que a veces no es necesario leer para aprender:
sólo hay que saber mirar. Y eso es lo que hacen
los chicos: aprenden de lo que ven, del comportamiento
y actitudes de los mayores. De ahí su importancia.
Debemos tener siempre presente que en todo momento alguien
está aprendiendo porque nos está mirando:
los chicos seguramente adquirirán buenas maneras
si los adultos las ponen en práctica; y otros
chicos se contagiarán de sus amigos si también
ellos tienen buenas costumbres. Así como muchas
cosas malas son contagiosas por cuanto son tentadoras,
las buenas costumbres también se contagian con
el ejemplo. Sólo es cuestión de aprender,
y así enseñar: aprender a conversar cordialmente
sobre un equipo de fútbol sin apasionarse demasiado;
aprender a devolver los libros que se piden prestados;
aprender a cuidar las flores en un parque público,
respetando la naturaleza y el trabajo de los demás...
aprender que aprender, en definitiva, es la mejor manera
de enseñar.
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