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La
herida más dolorosa de la Guerra
A
un mes de iniciado el conflicto bélico por las
Islas Malvinas, un submarino británico (violando
las reglas humanitarias acordadas por la comunidad internacional
para toda guerra) atacó y provocó el hundimiento
del Crucero argentino "General Belgrano".
Como consecuencia, 323 de sus 1093 tripulantes no pudieron
ser rescatados y fallecieron. Este homenaje es para
ellos.
En 1951 la República Argentina
adquirió en $7.800.000 (el 20% de su costo original)
el buque Phoenix de la Marina de los EE.UU., que había
sido uno de los pocos buques de porte que no fue alcanzado
por las bombas japonesas en el ataque a la Bahía
de Pearl Harbor, el 7 de diciembre de 1941. Aunque por
ese motivo los EE.UU. estaban interesados en convertirlo
en museo una vez que fuera retirado del servicio, la
embarcación fue traída a nuestro país
bajo el nombre "17 de octubre", en homenaje
al día de la lealtad peronista. En 1956, luego
de la Revolución Libertadora, fue rebautizado
con el nombre de "General Belgrano".
Más de un cuarto de siglo después,
exactamente el 2 de abril de 1982, tropas argentinas
desembarcaron sorpresivamente en las Islas Malvinas,
en un intento por recuperarlas del dominio británico,
dando origen a la Guerra de las Malvinas, Georgias y
Sandwich del Sur, que se extendería hasta el
14 de junio del mismo año. Hacia la zona de operaciones
fue destacado el Crucero A.R.A. "General Belgrano".
El 28 de abril, el Reino Unido de Gran
Bretaña dispuso unilateralmente una zona de exclusión
de 200 millas alrededor de las islas, lo cual significaba
que cualquier embarcación o aeronave que se encontrara
dentro de esa zona se consideraría como una agresión
armada y por lo tanto justificaba una acción
militar.
El 2 de mayo a las 16.01 hs., el Crucero
General Belgrano se encontraba 36 millas fuera de la
zona de exclusión. Sin embargo, fue alevosamente
atacado por dos torpedos disparados por el submarino
"Conqueror", perteneciente a la flota del
Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte.
Una hora después, con averías de considerable
magnitud, se hundió en las frías aguas
del Atlántico Sur, alzándose con el triste
honor de constituirse en el primer barco hundido por
un submarino nuclear en una guerra. En el brutal ataque
murieron 323 ciudadanos argentinos integrantes de su
tripulación y fueron rescatados 770.
Lo más triste del episodio es
que fue tan inesperado como injusto, ya que aunque parezca
raro, en las guerras deben respetarse ciertas reglas
que la comunidad internacional se ha impuesto. El propósito
es que si los países no logran solucionar un
conflicto por medios pacíficos y optan por recurrir
a la fuerza (en lo que es de por sí la solución
más desaconsejable), se respeten al menos algunas
elementales reglas humanitarias. Sin embargo, contra
todo pacto y contra toda razón, el Crucero General
Belgrano fue atacado y hundido fuera del terreno bélico,
en lo que constituyó una agresión sin
justificativos ni excusas.
El 23 de junio de 1998, por medio del
Decreto N° 745/98, fue declarado en nuestro país
el día 2 de mayo de cada año como "Día
Nacional del Crucero A.R.A. General Belgrano",
en recordación de todos los tripulantes que murieron
como consecuencia del ataque. El mismo decreto rezaba
que "para la Nación Argentina reviste especial
interés mantener vivo el recuerdo de todos aquellos
que ofrendaron sus vidas en defensa de la soberanía
nacional".
Más información:
http://www.ara.mil.ar/historia/Listado.htm
(Listado completo de los compatriotas que dejaron la
vida por la patria en tan cruel ataque)
http://www.cibernautica.com.ar/gralbelgrano/
(Testimonio del sobreviviente Marcelo Pozzo)
Contenido provisto por Revista interCole
- www.revistaintercole.com.ar
Ilustración: Iván Novikov
OFICIALES
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GU
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AGUIRRE JUAN JOSE
SEVILLA GERARDO ESTEBAN
TORLASCHI EMILIO CARLOS |
SUBOFICIALES SUPERIORES
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SM
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BARRIOS RAMON
GALLO LUIS ANTONIO RAMON |
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ALVAREZ CESAR ERNESTO
ANDRADA MANUEL ANTONIO
BARRIONUEVO ROBUSTIANO A.
CISNEROS OMAR SANTIAGO
CORDOBA JUAN CARLOS
DE ROSA RUBEN NORBERTO
FAUR JOSE DANTE
FERNANDEZ MANUEL DOMINGO
FERREYRA GERARDO RAMON
FLEITA MATIAS
FLORES MARIO ENRIQUE
GOMEZ ALBERTO EDMUNDO
GOMEZ JUAN ALBERTO
GONZALEZ IGNACIO ELOY
GONZALEZ JUAN CARLOS
GONZALEZ MARIO LUIS
HEREDIA JOSE LUIS
LEZCANO ARCELIO ESTEBAN |
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LLANOS HUGO ANGEL LEON
LOBO ROBERTO SEGUNDO
LOPEZ CRISTOBAL CASTULO
MAMANI JUSTO EUSTAQUIO
MEDINA CARLOS HUGO
NUÑEZ TOMAS ANGELO
BREGON PABLO
OJEDA ANTONIO JAVIER
OLARIAGA ROBERTO NICOLAS
ORELLANA JOSE DEL CARMEN
ORTIZ PABLO ARMANDO
PAZ MIGUEL ROBERTO
PEREYRA RAMON GREGORIO OVIDIO
PEREYRA RAMON OSVALDO
RIVAS ABRAHAM RAFAEL
RODRIGUEZ JOSE HUMBERTO
SUELDO ATILIO INDALECIO
VELEZ JORGE LUIS |
SUBOFICIALES SUBALTERNOS
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ACEVEDO IGNACIO ALFREDO
ALVAREZ OSCAR MANUEL
ANDRADA NORBERTO
ARCE ANGEL ANTONIO
BAIUD JORGE CARLOS
BALMACEDA ARGENTINO ANTONIO
BARRIONUEVO JUAN EDELMIRO
BEDINI JUAN DOMINGO
BENITEZ PANTALEON
BORDON ANTONIO MARIO
BORDON MIGUEL ANGEL
BOUTRON RUBEN ISIDORO
BROUCHOUD DELIS HECTOR
CACERES LUIS MARTIN
CACEREZ FRANCISCO
CAMPOS BERNARDINO ISIDORO
CASSANO JULIO ERNESTO
CASTRO PEDRO ANTONIO
CORONEL ABEL EUGENIO
CORREA HECTOR BASILIO
ESCOBAR ORLANDO ADRIAN
FERNANDEZ FRANCISCO VELINDO
FUENTES JULIO CESAR
CARDOZO JULIO ANTONIO
CICOTTI JORGE ENRIQUE
CUEVA CARLOS A. DEL ROSARIO
ESCUDERO JUAN MIGUEL
GALLO FELIPE SANTIAGO
GARCIA ANTONIO FERNANDO
GONZALEZ ANTONIO RAUL
GONZALEZ EVARISTO
INTERLICHIA JORGE ALBERTO
JIRA ISAAC FLAVIO
LACROIX TULIO ESTEBAN
LEGUIZAMO RAUL ALBERTO
LENCINA JUAN CARLOS
MEZA MIGUEL ANGEL
AHUMADA HUGO DARDO
ALFARO MIGUEL ALBERTO
BAEZ ROBERTO ANTONIO
BEHRENDT EDUARDO GUSTAVO
BENITEZ JUAN ROGELIO
BOLLO JUAN CARLOS
BRIZUELA LUIS OSVALDO
CASTILLO OSVALDO ROQUE
CASTRO NESTOR DANIEL
CHAILE JOSE FRANCISCO
CONDORI NIEVE CLAUDIO
CORVALAN NESTOR DANIEL
DORGAMBIDE FERNANDO
ESTUREL DANIEL OSVALDO
FERNANDEZ HUGO RAMON
FLORES LUIS ROLANDO
FLORICE RAUL OMAR
FREGOTE OSVALDO LUIS
FREITES CESAR JULIO
FROLA MARIO ESTEBAN
FUNEZ MARIO ALBERTO
GALVAN JUAN ROLANDO
GARCIA JOSE LUIS
GARCIA OMAR LUIS
GODOY RUBEN OSCAR
GOMEZ JOSE EDGARDO
GOMEZ JOSE LUIS
GOMEZ JUAN JOSE
GONZALEZ ALFREDO ALEJANDRO
GOROSITO HECTOR OMAR
GOROSITO NESTOR CESAR
GOROSITO OMAR HILARIO
GREGORI JUAN LUIS
GRIMOLDI CLAUDIO ARIEL
INSAURRALDE MARIO DE JESUS
ISELLI SERGIO LUIS
LOREIRO RUBEN ALBERTO
LUCERO JOSE ESTEBAN
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LUGO FERNANDO ESTEBAN
GALEANO JOSE MARIO
GALLARDO RICARDO GABRIEL
GOMEZ MIGUEL ANGEL
GORORDO RAUL OMAR
GUERRERO MARCELINO
GUIZZO NORBERTO DELFIN
LAZIAR ANTONIO HILARIO
MIGUEL EDUARDO ELIAS
MOLINA JERONIMO YBAR
MORETTO HUGO JOSE
MOTTA OSCAR ALFREDO
NAVARRO IBANOR
ORTIZ RESTITUTO
OVIEDO CESAR AUGUSTO
PEREYRA ENRIQUE OMAR
QUINTANA ROQUE RAMON
TORRES RICARDO ALBERTO
VALDEZ CARLOS ALBERTO
VANEGA CARLOS HUMBERTO
VENTANCU MARTIN REY
VERA DARIO ELEODORO
VILA CARLOS DANIEL
VILLORDO MARIO OSCAR
MORENO EDUARDO WALDO
ORELLANO JOSE ALBERTO
PUCHETA JOSE ERNESTO
RAMIREZ JOSE LUIS
ROMERO DANIEL ALBERTO
ROMERO JOSE ALBERTO
SANABRIA SATURNINO
SENDROS JORGE ALBERTO
TORRES PEDRO ANGEL
VENDRAMIN PEDRO ANTONIO
VIVIER NESTOR EDGAR
ZAPATA CESAR ALBERTO
ZARATE SERGIO RUBEN
MACIEL MARTIN OMAR AUGUSTO
MAGLIOTTI SERGIO DANIEL
MARTINEZ OSVALDO FRANCISCO
MELIAN ANSELMO NICOMEDES
MENDOZA JULIO MARTIN
MIRANDA GERARDO NICOLAS
MONZON JULIO CESAR
MORANDO NESTOR ALBERTO
MORENO RAMON ALDO
MOYANO SERGIO DANIEL
PARDOU JORGE DELFINO
PERDOMO MARCELO FABIAN
PINTOS FABIAN
QUILAHUEQUE ISAIAS
QUIPILDOR OSCAR ALBERTO
RAGNI HECTOR OSVALDO
RAMIREZ RICARDO
RODRIGUEZ RUBEN ORLANDO
ROLLHEISER CARLOS ENRIQUE
ROMERO FRANCISCO
ROMERO ROBERTO TEODORO
RUIZ RICARDO HORACIO
SALAS CASTRO JORGE LUIS
SARMIENTO ANIBAL CESAR
SORIA ROQUE LUIS
SOSA FRANCISCO OSVALDO
SOSA JORGE ROBERTO
SOSA MIGUEL ANGEL ANTONIO
TELLO JULIO CESAR
TIBALDO RENE ANGEL
TORTOSA CLAUDIO OMAR
TULIS JOSE ALBERTO
VARGAS GARCIA HECTOR
VAZQUEZ JULIO OSCAR
VERGARA ALEJANDRO ANTONIO
VERON ARMANDO ROSA
VILLALBA OSCAR ANTONIO
YACANTE JORGE ANTONIO |
MARINEROS
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AHUMADA JULIO CESAR
AMARILLA HIPOLITO JORGE D.
AZAR DOMINGO MIGUEL
CUELLO JULIO CESAR
DE CHIARA ORLANDO
FATTORI GABRIEL GUSTAVO
GIANOTTI LUIS ARMANDO
JUAREZ ANGEL RICARDO
LAMAS MARCOS ANTONIO
MARAGLIANO SAVERIO JOSE
MENDEZ JOSE ALBERTO
MUÑOZ JUAN CARLOS
NIEVA VICTOR ANTONIO
PAREDES ROQUE ANTONIO |
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PASINATO JORGE OSCAR
PEREZ ROBERTO EULALIO
PEÑA JUAN EFRAIN
REGUERA JUAN CARLOS
RIOS HECTOR RUBEN
RUIZ JORGE DENNYS
SANCHEZ JUAN SIMON
TASIUK MIGUEL ANGEL
TOLEDO GABRIEL LORENZO
VARGAS OMAR
VELAZQUEZ MIGUEL MARCELO
VERON JUAN ALBERTO
VILCA CONDORI MARIO
VILLEGAS JOSE AGUSTIN |
CONSCRIPTOS
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ALEMAN HUMBERTO CESAR
ALMIRON WALTER NORBERTO
ALVAREZ RUBEN HORACIO
AMESGARAY ALBERTO EDGARDO
BORDOY ROBERTO ALDO
CABALLERO HECTOR RICARDO
CABALLERO ROBERTO MARCELINO
CARDOZO JOSE DANIEL
CASALI HECTOR ANIBAL
CATICHA RUBEN DARIO
CHAILE OMAR ANDRES
COLOMBO OSCAR ALDO
CORDOBA NESTOR DAVID
DIAZ ANTONIO MARIA
DIAZ LUIS ROBERTO
DIEZ GOMEZ HECTOR HUGO
DUKS JORGE CARLOS
ESCOBAR RENE ANTONIO
FABIAN RAMON VICENTE
FAJARDO SIXTO JAVIER
FARFAN RAUL ARISTOBULO
FIGUEROA CARLOS IGNACIO
FRANCISQUEZ NESTOR LUJAN
GAGLIANONE MARCELO CLAUDIO
GALLIANO HUGO ALBERTO
GALVARNE OSVALDO ANIBAL
GALVEZ FRANCISCO ALFREDO
GAONA JOSE ANTONIO
GATICA HUGO RAMON
GAZAL ENRIQUE OMAR
GEMMA CARLOS LEONARDO
GIARETTI CLAUDIO MARCELO
GIORGI HUMBERTO OMAR
GOMEZ ALCIDES ROMUALDO
GONZALEZ CARLOS ANGEL
GONZALEZ MIGUEL ANTONIO
GRANADO JOSE CARLOS
GRANIC CLAUDIO
GROSSO CLAUDIO NORBERTO
GUTIERREZ RAMON
HEREDIA HUGO ALBERTO
HORSZCZARUK PEDRO RICARDO S.
IBAÑEZ LUIS ALBERTO
ILLANES ORLANDO ANTONIO
JURIO ALFREDO
LAGOS DANIEL ENRIQUE
LAGUNA TEODORO
LAPORTE OSMAR LORENZO
LENA JUAN CARLOS
LOBOS JULIO CESAR
MACIEL ENRIQUE ALEJANDRO |
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MADRID OMAR ALFREDO
MARCHISIO GERARDO MARCELO
MARTINO ALBERTO
MASIN FELIX TARCISIO
MECCA ADOLFO EDUARDO
MEDINA MANUEL ALBERTO
MENDIETA HECTOR EDUARDO
MENDIETA JORGE LORENZO
MERAVIGLIA RICARDO OMAR
MIRETTI GUSTAVO OSVALDO
MOLINA ADOLFO ERNESTO
MONTEGROSSO OSCAR ALFREDO
MORENO EDGARDO RUBEN
MULLER RENE OMAR
NUÑEZ VICTOR RAUL
OCAMPO JULIAN HECTOR
PALLARES VICTOR DANIEL
PAZ RICARDO ARMANDO
PERALTA JORGE CARLOS
PERALTA JOSE LUIS
PIEDRABUENA EDUARDO JOSE LUIS
PINEDA RICARDO LIONEL
PRAMPARO EDGARDO ROBERTO
RAMOS ELEUTERIO HILARIO
REARTES RICARDO ALFREDO
RICARTE MARTIN MAURICIO
ROJAS RUBEN HORACIO
ROMANO AROLDO RUBEN
ROMERO MARCELO OSCAR
RUBIO REINALDO OMAR
SAJAMA ANTENOR
SANCHO ROBERTO ENRIQUE
SEITUN GUSTAVO DANIEL
SILVA EDUARDO TOMAS
SIRI FABIAN EDGARDO
SORIANO MIGUEL ANGEL
SOSA FABIAN ENRIQUE
SOSA JOSE LUIS
SOTELO SORIANO
TEVEZ GUILLERMO OMAR
TORRES JORGE RUBEN
UZQUEDA ROBERTO ANTONIO
VASSALLO ANGEL OMAR
VERA OMAR ELVIO
VILLA JOSE ORLANDO
ZABALA MARIO JOSE
ZALAZAR RAMON ELIAS
ZANGANI JUAN CARLOS
ZARZOSO FERNANDO FABIAN
ZOLORZANO RAMON AGUSTIN
ZURBRIGGEN ELIAS LUIS |
AGENTES CIVILES
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AVILA HERIBERTO |
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AVILA LEOPOLDO |
CONSCRIPTOS
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GUARDIAMARINA
SUBOFICIAL MAYOR
SUBOFICIAL PRIMERO
SUBOFICIAL SEGUNDO
CABO PRINCIPAL |
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AVILA CABO PRIMERO
CABO SEGUNDO
MARINERO PRIMERO
CONSCRIPTO
AGENTE CIVIL |
He aquí el testimonio
vivo de uno de sus sobrevivientes:
Mi nombre es Marcelo
Pozzo y era Conscripto Clase '62. Mi función
inicial cuando fui destinado luego de la instrucción
era de "chafa", es decir, marinería
general. En Febrero '82 pasé a la División
Máquinas, dpto. Control de Averías, desarrollando
funciones de furriel en tiempo de paz; cuando fuimos
para el sur, cumplía guardia de control del tablero
de alarmas, pero en zafarrancho de combate, era camillero/bombero
en un grupo de control de averías (se llamaban
"trozos").
En mi caso particular,
yendo de lleno a la experiencia vivida: a las 16:00hs
del 2 de mayo de l982, dejé la guardia que cumplía
en (por suerte) el interior del buque, en la central
de Control de Averías, y me tiré a hacer
una siestita hasta la cena, ya que tomaría guardia
nuevamente a las 00:00hs. Me tiré vestido sobre
la colcha de la cucheta y en el preciso momento que
cerré los ojos, sentí un impacto muy fuerte
desde abajo que me hizo golpear en la cucheta de arriba.
Cuando caí, me envolvió una ola de calor,
parecida a cuando abrís el horno prendido de
la cocina, y solo atine a cerrar los ojos y gritar.
Esto habrá durado un par de segundos, y en ese
momento vi pasar mi vida en imágenes, como fotos
(como en las películas!), impresionante. Cuando
paso el lío, me pare y escuche gritos y un silencio
muy particular. Después me di cuenta que era
el silencio del buque: en navegación todos los
buques mantiene un rumor (de las máquinas) que
les da cierta vida. Llegué a la salida a cubierta
y vi que desde cubiertas más bajas subía
gente, en forma ordenada y tranquila!; lo que en ese
momento no entendí era que todos me cedían
el paso y me alentaron a salir.
sí que accedí
y cuando salí a cubierta esperaba ver algo destruido,
pero parecía que todo estaba en orden. El temor
que corría entre colimbas eran los Exocet; durante
varias noches el tema de sobremesa era cómo reaccionaría
el barco ante un misil y las fantasías que corrían
eran típicas de la edad. Cuando me doy vuelta
veo que por el tambucho (escotilla) por donde salí
yo salió un amigo mío, bastante quemado,
y le pregunté qué había pasado
a lo que me respondió "nos torpedearon...".
Después, cuando compartimos la sala del hospital
me contó su experiencia, y es un milagro que
él también la cuente... Volviendo a lo
mío, miré el piso y vi un charco de sangre
y me dije "zas! alguien salió herido!"
y cuando presté atención, el herido era
yo: me sangraban los pies por haber caminado descalzo
sobre los vidrios rotos hasta la escalera, me faltaban
las media de nylon con las que me había acostado
(sólo quedaba el elástico) y tenía
la piel hecha jirones desde la rodilla hasta la planta
del pie; tenía el antebrazo derecho hasta la
mano totalmente quemados y un ampollón desde
la muñeca hasta el dedo meñique; como
me ví lastimado, y te aclaro que no sentí
nada, creo que un poco por el frío que hacía
y otro poco, me dijeron después, por los gases
de la explosión, me fui para la enfermería.
Te aclaro que hasta acá lo llamativo era el orden
que reinaba entre todos: la oficialidad daba las ordenes
a viva voz, porque como no había energía
no había sistemas de comunicación, todo
el mundo obedeciendo: Control de Averías en su
tarea, tratando de mantener el buque a flote, los enfermeros
atendiendo a los heridos y el resto entrando y saliendo
del interior del buque en busca de gente atrapada, con
varios focos de incendio que se anunciaban por un humo
negro y espeso que salía del interior. Pero lo
más importante fue la sangre fría y el
autocontrol que teníamos todos: como yo era Control
de Averías, cuando llamaron a cubrir funciones
salí corriendo a mi puesto, pero un suboficial
me vió y me ordenó ir a la enfermería.
Este es uno de las primeras
enseñanzas de nuestra experiencia: sabemos que
cuesta mucho y cada uno responde de diferentes maneras
ante la misma situación, pero es fundamental
mantener la calma y la claridad mental, no dejarse llevar
por el momento y asignar las prioridades debidas a cada
problema. Por otro lado es importante el entrenamiento:
nadie quiere, ni siquiera piensa, que su embarcación
puede naufragar; es necesario estar preparado, simulando
en los ratos de ocio a bordo como sucedería y
como debería reaccionar; al menos, tener muy
claro (memorizando si es necesario) donde está
cada elemento de supervivencia a bordo y transmitirlo
a los tripulantes / acompañantes. Sí es
un plomo, pero nadie está exento. Mi abuelo decía
"nunca digas nunca...".
cá vamos con el
relato: cuando el suboficial me mandó a la enfermería
hacia allá me dirigí. En el camino encontré
a los enfermeros, que llevaban en andas a los internados
(había 2 recién operados de apendicitis)
acercándolos al puesto de abandono, y me mandaron
directo al mío. Hasta ahí, como si nada:
el único temor que tenía era clavarme
alguna astilla de la teca de cubierta por andar descalzo,
cosa que obviamente no sucedió. Mi puesto de
abandono y la balsa a la que estaba asignado estaba
"colgada" a estribor de la torre 5, la torreta
de cañones ubicada mas a popa. Mi balsa era la
N° 63, así que como en ese momento andaba
por el medio del buque me encaminé hacia la popa.
En el camino seguí viendo a mis compañeros
de Control de Averías tratando de encender unas
bombas de achique portátiles. En el camino me
cruzó otro colimba que venía con una montaña
de mantas con un tajo al medio, tipo poncho, que usaban
los que hacían guardia en cubierta (para protegerse
del superfrío que hacía) y al verme desabrigado
me ofreció una; qué rescatable! el barco
se hundía y a un tipo se le ocurrió repartir
mantas entre los compañeros desabrigados; a partir
de eso estoy superconvencido que a la gente uno llega
a conocerla SOLO en los momentos límite.
Siguiendo el hilo, me
puse el poncho y seguí caminando a popa. Para
ubicarte, te cuento que el "Belgrano" tenía
182m de eslora, así que todo quedaba lejos, no?
Cuando llego a mi puesto veo con sorpresa que la balsa
63 no estaba colgada; parece que con el sacudón
del torpedo se saltó de la cama y cayó
al mar. Te imaginarás mi cara de sorpresa y la
de mis compañeros de balsa, así que disciplinadamente,
pedimos autorización al jefe de la balsa de al
lado para embarcar en cuando se de la orden; en ese
momento, escuchamos el grito de "Abandonen el barco",
feísimo! la escora era ya bastante pronunciada
y costaba un poco mantenerse en pie; pegué un
último vistazo a mi alrededor y ví varias
imágenes impactantes: 1) había varias
balsas ya infladas y en el agua, 2) la borda de babor
estaba en el agua y la gente accedía a las balsas
dando un pequeño saltito, 3) vi gente muy quemada,
totalmente negros, calcinados, 4) el grupo de buzos
tácticos armando un gomón con motor, 5)
el 2° comandante parado en el puente, gritando con
las manos cerca de la boca (a modo de bocina) la orden
de abandono, 6) el orden y tranquilidad que reinaban.
El suboficial a cargo
de mi nueva balsa me sacó de esa escena, algo
surrealista, y me indicó que por estar herido,
me cedían el paso para descender a la balsa.
La cosa por estribor se puso algo más complicada,
ya que el buque escoraba a babor y el casco asomaba
bastante por la banda contraria. Alguien colgó
un cabo para descender, así que empecé
a bajar (descalzo!) tipo Batman, hasta que hice pie
en un ojo de buey; como el resto venía bajando
conmigo, me apuraron a tirarme; el mar columpiaba la
balsa en ondas de unos 15m, de un lado a otro, así
que calculé la trayectoria, me encomendé
a Dios, y me tiré; con suerte caí en el
techo de la balsa y salté como resorte para meterme
adentro; me acurruqué y sentí como caían
uno a uno mis compañeros. Algunos le erraron
(o va con hache?) y cayeron al agua y solo pudimos rescatar
con vida a 2 de ellos: los otros 3 murieron en poco
tiempo, por hipotermia: luego de chapotear algunos minutos
quedaban duros, con el chaleco salvavidas (qué
ironía!) inflado, flotando. El petróleo
que había en el agua hacía muy difícil
recuperar al que erraba a la balsa, se resbalaban y
no podíamos agarrarlos de ningún lado
y como la balsa era casi redonda, el movimiento y gobierno
de la misma para ir a buscarlos se hacía muy
difícil.
Cuando no vimos a nadie
más en cubierta decidimos cortar el cabo de amarre;
en ese momento el buque estaba casi volcado sobre babor:
veíamos perfectamente el fondo, el eje de una
de las hélice, los planos antirrolido, las incrustaciones
calcáreas. Como la porta de acceso a la balsa
era muy pequeña, me metí y dejé
al resto que remara para separarnos del barco. En un
momento, comenzaron a gritar "Se hunde!" y
estábamos a 5m del casco! El silencio que se
hizo confirmó que todos pensábamos en
lo mismo: nos chupa la succión y no contamos
el cuento; un cabo primero que tenía a mi lado
me abrazó llorando, y lo imité. En ese
momento ví nuevamente mi vida en imágenes
y algo más extraño: vi la situación
desde otro ángulo de vista, como si estuviera
15m por arriba. Muy extraño. Me sacudieron de
esta situación los gritos de mis camaradas: "viva
la patria!", "viva el Belgrano!" y todos
comenzamos a rezar. Creo que Dios nos escuchó,
porque en ese momento aparecieron los buzos tácticos
que con su gomón trataban de separar las balsas
una a una (otra actitud rescatable, no?); nos alejaron
unos metros pero igual sentimos el movimiento de la
balsa hasta quedar sobre el lugar donde se hundió.
Sentimos algunas explosiones submarinas y nos preparamos
a pasar la noche. Ni nos imaginábamos por la
que nos tocaría pasar de ahí en adelante...
Como sabrás, el
Belgrano terminó de hundirse a eso de las 17:00hs
del domingo 2 de mayo de 1982. Ya que en esas latitudes
a las 18:00 hs ya es de noche y si le sumas que casi
siempre está nublado, no pintaba nada lindo para
el resto del día. Al poco tiempo se levantó
una tormenta de aquellas: había olas de casi
10m, con "carneritos" y viento de 100Km/h,
que bajaba la temperatura externa a varios grados bajo
cero. El baile que nos pegaba el mar era impresionante:
de repente la balsa subía la ola hasta que el
"carnero" nos pegaba en las espaldas, haciéndonos
volar hasta la otra banda de la balsa, y luego caíamos
interminablemente, con una sensación a montaña
rusa que te revolvía las tripas. El esfuerzo
era doble cuando teníamos que volver rápidamente
a nuestra posición para mantener el equilibrio
de la balsa. Además, las portas no cerraban bien
permitiendo el ingreso de agua cuando rompía
la ola; con esa situación, la balsa mantenía
siempre un fondo de 3 cm de agua que a pesar de los
esfuerzos por achicar, nunca podíamos dejarla
seca.
Como no me sentía
muy bien (la deshidratación de las heridas empezaba
a notarse) me acurruqué cubriéndome con
la manta que me dieron antes del abandono y creo que
legué a dormir un rato. No obstante, siempre
me despertaba ya sea por una ola o por los constantes
vómitos. Cuando venían las náuseas,
el cabo primero que tenía a mi lado me sacaba
el gorrito naval de la cabeza y me lo ponía en
la cara; cuando terminaba, lo pasaban hasta el que estaba
en la porta, lo enjuagaban y me volvía a la cabeza.
Algo parecido ocurría
cuando incesantemente teníamos ganas de orinar;
me voy a extender un poco en esto porque creo que resulta
kafkiano: cuando teníamos ganas, debíamos
sentarnos en el tubo lateral de la balsa y, haciendo
más fuerza que cuando vas de cuerpo, embocar
el chorrito en el recipiente ad-hoc (utilizábamos
el envase de las bengalas, parecido al tubo de pelotas
de tenis); luego el cilindro se pasaba de mano en mano
hasta la porta, dándole el mismo tratamiento
que a mi gorrito. Te aclaro, era una maniobra bastante
complicada ya que teníamos que erguirnos para
sentarnos y aguantar las olas directamente en el lomo,
abrir la bragueta, ENCONTRAR AL AMIGO (nunca creí
que podría desaparecer como lo hizo), hacer el
esfuerzo para orinar (terrible) y embocar en el tubo
derramando lo menos posible, todo en medio de los sacudones
que nos pegaba el mar. Te aclaro que esto le pasaba
a todos; al principio, los que estaban cerca de la puerta,
de finolis, nomás, orinaban hacia afuera pero
en la segunda o tercera vez empezaron a desistir ya
en que la maniobra arriesgaban la vida del amigo, por
la temperatura a la que lo exponían. Se llegó
a montar "guardia de porta", para mantener
a mano lo más cerrada posible las mismas; a pesar
de que se usaban dos pares de guantes, la temperatura
no permitía que se aguante más de 10 o
15 min.
Siguiendo con el tema
de las heridas, al poco de comenzar "la navegación
en balsa" protegí instintivamente mi mano
/ antebrazo lastimado contra mi pecho pero como supuraba
se me pegó a la camiseta y en un sacudón
de la balsa se me "despegó" y comenzó
a sangrar. En ese momento pedí Pancutan o algo
parecido del botiquín para ponerme y me vacié
el pomo en la zona quemada; después me ayudaron
con un vendaje que evitaría que se pegue a la
ropa nuevamente.
Como te dije, el piso de la balsa mantenía siempre
un fondo de agua, que estaba muy fría y que me
hacía perder la sensación en la punta
de los dedos del pie, así que empecé a
moverlos metódicamente, para evitar el famoso
pie de trinchera; por suerte, gracias a esto, zafé!
Hasta ahí pasábamos el tiempo en silencio,
aunque el suboficial a cargo de la balsa se esforzaba
en mantenernos despiertos, cantando o rezando. El sentimiento
general que reinaba a bordo era de tranquilidad y esperanza,
al punto de que en los pocos comentarios que se hacían
se relacionaban a cómo nos avistarían
o con qué medio nos rescatarían.
Por suerte, la mañana
siguiente amaneció con mejor clima, permitiéndonos
ver el sol de a ratos y dándonos esperanzas en
cuanto a la proximidad del rescate. La mañana
pasó sin novedad, creo que dormí un poco
hasta que a eso de las 13:00hs un avión Neptune
pasó rasante saludando con sus alas al mejor
estilo película de Hollywood. Te imaginarás
la desesperación que teníamos por hacerle
señales para que nos vea: tratamos de encender
las bengalas (con instrucciones EN INGLES!!!) y fallamos
en las que disparan, pero tuvimos éxito en las
de mano. Desesperados, pensando que éramos los
únicos sobrevivientes ya que no veíamos
a nadie cerca. Después nos dimos cuenta que los
vecinos más cercanos estaban a menos de 100m;
el problema era que la profundidad de las olas hacía
que las balsas "desaparecieran" en sus senos
y cuando nosotros subíamos, apenas divisábamos
una o dos balsa en la lontananza.
Seguían los comentarios, algo más animados.
Al poco tiempo, apareció otro avión, creo
que un F28 de la ARA y otra vez empezamos con los gritos,
aullidos, viva la patria y todas esas cosas que son
en realidad más para adentro que para afuera.
El rescate no podía tardar. Lo extraño
para mí en toda esa situación era que
no conocía a ninguno de los que me acompañaban.
A algunos era la primera vez que los veía, pero
el sentimiento y la comunión que había
sobraban para nombrarlos "amigos de toda la vida".
Poco rato después se hizo de noche nuevamente
y así pasó el lunes; nadie lo expresaba,
pero todos teníamos miedo de otra "nochecita"
como la anterior, así que las guardias en la
porta eran permanentes y más con intención
de ver el rescate que de cumplir la función específica.
A pesar de los avistajes del mediodía, recién
a medianoche empezamos a ver los reflectores de los
buques de rescate, que poco a poco se iban agrandando;
recién a las 04:00hs del martes un reflector
se fijó en nuestra balsa y acompañó
la maniobra hasta que abarloamos y tomamos contacto.
En nuestro caso, fue el Aviso Gurruchaga el que nos
rescató; maniobraba con dificultad, por el estado
del mar, bastante movido todavía y que tenía
otro pronóstico de tormenta para esa noche, que
por suerte venía demorada.
Para abordar la instrucción fue que rompiéramos
el techo de la balsa, cortándolo con las navajas
marineras que teníamos en nuestro poder. Cuando
mis compañeros lo hicieron pensé que sería
un problema volver a usarla con el techo así:
pensé que ése era mi barco! algo loco,
no? Siguiendo las instrucciones, pidieron que subieran
los heridos primero. Parece que yo era el único
a bordo, así que me paré y me prendí
de la escala de desembarco que colgaba de la banda de
babor del Gurruchaga; subí un par de escalones
hasta que mirando para arriba les grité: "suban
que no doy más!". Me subieron a bordo y
en el preciso instante en que dos marineros me abrazaron,
mi cuerpo se desconectó; literalmente, estaba
conciente, podía ver la cubierta por donde me
arrastraban pero no podía mover un músculo,
ni siquiera podía mantener la cabeza erguida.
De ahí me llevaron al interior, me desnudaron,
me hicieron las primeras curaciones y me cubrieron solo
con una manta. Todavía mis compañeros
me cargan cuando nos vemos porque, cuando recuperé
las fuerzas, me paseaba en bolas por el barco, saludando
a todos, hasta al Capitán, que en ese momento
me abrazó.
Bueno, la cosa siguió
así: cuando llegamos a Ushuaia me llevaron al
Hospital Naval y me hicieron las curaciones correspondientes;
me trataron bárbaro, la gente te daba mucha fuerza,
enfermeros, médicos, la gente de la ciudad venía
al hospital y nos atendían y te daban charla;
ahi me junté con otros cuantos que estaban quemados
o sufrieron el frío. Se rescataron varios cadáveres
de gente que abandonó en balsas donde la cantidad
no superaba los 5 tripulantes; se rescataron un par
de balsas dadas vuelta, una con un par de cadáveres,
la otra vacía. El agua en el piso provocó
varios "pie de trinchera", pero todos estos
casos se salvaron de mayores (amputaciones).
De ahí me llevaron en un avión sanitario
al Hospital Naval de Puerto Belgrano, junto con el comandante:
nos daba mucha fuerza el viejo y nos alentaba constantemente
con frases como "fuerza, mis conscriptos!"
o "vamos marino!". Un kilo, se pasó!.
No obstante, en la camilla arriba de la mía estaba
un cabo ppal. que no aguantó y falleció,
así que todos rezamos por su descanso en ese
momento.
Cuando llegué
al hospital me metieron en un sala de terapia intensiva.
Vino un capitán médico con una palangana
y un cepillo de cerda, de esos para lavar la ropa, y
me dijo: "qué preferís: lavandina
o jugo de limón?". No entendía nada,
pero por las dudas elegí lavandina, ya que me
acordaba que de chico, cuando te caía jugo de
limón en alguna lastimadura te ardía mucho;
el tipo llenó la palangana con lavandina, cazó
el cepillo y me dijo:"gritá todo lo que
quieras, pero si me tocás, te pongo un bollo!"
y empezó a cepillarme las heridas de las piernas;
los gritos míos se escuchaban hasta en la Antártida.
Después me explicó que para evitar que
la herida se infecte, el método más efectivo
era ése. Cuando terminó con las piernas
siguió con el antebrazo y con la mano y hasta
ahí llegue; cuando terminó me desmayé.
De más está decirte que las heridas por
quemaduras son muy dolorosas, no solo por el tratamiento,
sino por la recuperación; zafé de los
injertos, a pesar de tener quemaduras de 1°, 2°
y 3° grado en un 25% de mi cuerpo.
Lo más grande
fue cuando un par de días después, el
jueves, del lado de afuera de la ventana de la habitación
aparecieron mis viejos: mi mamá, como todas las
madres, se largó a llorar (y no paraba!) y mi
viejo hacía algunos chistes (malos, por cierto)
aguantando las lágrimas. Ellos no tenían
noticias mías desde el hundimiento así
que estaban desesperados; mi vieja se coló en
un pasillo y nos vimos justo cuando me llevaban a terapia
para las curaciones: ahí me dí cuenta
de lo jodido que estaba! lo noté en su cara que
apenas alcanzó a darme fuerzas...
Bueno, saliendo de esto, que me estoy poniendo algo
melancólico, pasé 30 días internado
y después me redestinaron a BsAs, para seguir
haciendo la colimba! hasta octubre del 82. Por suerte
cai en el Apostadero Naval de Dársena Norte y
fue bastante liviano, ya que en los 4 o 5 meses de colimba
que pase ahí hice una guardia de imaginaria y
otra apostado. Claro! era el furriel que confeccionaba
las listas de guardias, así que te imaginarás,
todo el mundo venía al pie a la hora de los problemas...
A partir de ahí
parece que todos los que vivimos esa situación
tenemos un mensaje común: existe un solo problema
que no tiene solución y se trata de la muerte.
Todo lo demás es solucionable o pasajero. Es
algo así como que se necesita una vivencia tan
profunda para entender la verdadera escala de valores.
Y todos coincidimos en lo mismo; salvo contadas excepciones,
la mayoría de nosotros, oficiales, suboficiales
y colimbas hemos salido adelante laboral y/o profesionalmente,
formando nuestras familias y creciendo humanamente.
Pero nunca perdimos, más bien mantenemos y reafirmamos
el espíritu de cuerpo: seguimos viéndonos
periódicamente, donde nunca faltan las anécdotas
de aquella época; pero el sentido más
importante que motiva estas reuniones es resaltar el
honor y el orgullo de haber pertenecido a aquella dotación
del Crucero General Belgrano. Y como misión nos
hemos impuesto honrar a los 323 compañeros, héroes,
que quedaron en el sur dando su vida por una causa justa,
por la Patria.
Marcelo Pozzo: mpozzo@bigfoot.com
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