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Otro don de la naturaleza
Entre los innumerables beneficios
que la naturaleza brinda al ser humano para su desarrollo
y para el perfeccionamiento de su calidad de vida, la
energía atómica viene cobrando protagonismo
desde la segunda mitad del último siglo y será,
al parecer, un importante foco de energía para
el futuro.
Esta
fecha se celebra en conmemoración del 31 de mayo
de 1950, día en que se creó en la Argentina
la Comisión Nacional de Energía Atómica
(CNEA). Este organismo dirige y organiza desde su nacimiento
la investigación y experimentación destinada
a aprovechar la energía nuclear, fundamentalmente
orientada a dos propósitos: la explotación
de yacimientos de uranio y la producción de energía
eléctrica.
Uno de los mayores logros de esta
comisión fue crear las condiciones para producir
"uranio enriquecido", destacando en este aspecto
a nuestro país a nivel mundial.
A la luz de la realidad, queda clara
la importancia de los diversos tipos de combustible
para el normal desarrollo de la actividad humana. La
mayoría de ellos provienen de yacimientos petrolíferos
y represas hidroeléctricas, pero previendo la
escasez de combustible estimada para las próximas
décadas (sobre todo por el agotamiento del petróleo),
será de vital importancia también la energía
eléctrica que pueda producirse, y en la que nuestro
país tiene la capacidad suficiente para destacarse
si se actúa con cordura, visión, esfuerzo
y planificación.
En la actualidad, según la
CNEA, los combustibles fósiles -carbón,
petróleo y gas- contribuyen con un 63 % de la
producción eléctrica, la hidroeléctrica
representa alrededor del 19 %, la nuclear un 17 % y
la geotérmica el 0,3 %, mientras que la solar,
eólica y biomasa contribuyen en conjunto con
menos del 1 %.
El 2 de diciembre de 1942, en Chicago
(EE.UU.), comenzó a construirse la que sería
la primera pila atómica del mundo, y de la que
resultó electricidad suficiente como para encender
una lámpara de luz. Estaba formada por uranio
natural y óxido de uranio, y fue el primer paso
dado en pos de lograr esta nueva forma de energía.
Pero a decir verdad, los primeros
indicios de la energía atómica deben reconocerse
ya a algunos filósofos griegos de la época
de Jesucristo, quienes lograron reconocer el átomo
y lo definieron como "las últimas partículas
a las que se llega dividiendo la materia". De allí
la palabra "átomo", que en griego significa
"indivisible". Este primer aporte básico
no sufrió grandes agregados hasta que en 1806
un investigador inglés (Dalton) sentó
las bases de la ciencia atómica moderna. Sin
embargo, distaban todavía mucho sus aportes de
imaginar al átomo como un núcleo con protones,
neutrones y electrones girando a su alrededor. Tales
componentes fueron descubiertos sucesivamente en 1897
(los electrones, partículas con carga negativa),
1911 (protones, con carga positiva) y 1932 (neutrones,
con carga neutra). Así llegó a demostrarse
que la diferencia entre los átomos de diversos
elementos está precisamente en el número
de protones, neutrones y electrones que los conforman.
La energía atómica proviene,
pues, de la obtención en gigantescos "hornos"
de una cierta reacción de los átomos de
uranio, que permiten poner en funcionamiento las turbinas
que accionan los generadores eléctricos de energía,
a un costo mucho menor y sin los riesgos de contaminación
que producen los combustibles fósiles.
Sin dudas, un gran descubrimiento
para mirar el futuro con optimismo.
Más información:
http://www.cnea.edu.ar/
Contenido provisto por Revista interCole - www.revistaintercole.com.ar
Ilustración: Iván Novikov |