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Una atroz muestra de intolerancia
El cobarde e inexplicable atentado terrorista
a la sede de esta centenaria entidad judía, constituye
no sólo una muestra inaceptable de estrechez
ideológica, sino también una afrenta contra
toda la comunidad internacional, la cual debe procurar
manifestarse en todos los ámbitos y ocasiones
posibles en favor de la paz, demostrándole a
los absurdos fundamentalistas que su locura no tiene
cabida en este mundo.

El 18 de julio de 1994, a las 9.55 hs.,
un monstruoso estruendo sacudió la tranquilidad
de la calle Pasteur, de la ciudad de Buenos Aires, cuando
se produjo una feroz explosión frente a la Asociación
de Mutuales Israelitas Argentinas (AMIA). En esa inhumana
tragedia provocada por dementes involucionados, 86 inocentes
perdieron la vida y algo más de doscientos resultaron
heridos.
La AMIA había sido fundada cien años
antes, en 1894, para contribuir a generar condiciones
que facilitaran el cumplimiento de la Ley Judía.
Y a través de los años, con los sucesivos
contingentes de judíos que llegaban a la Argentina,
la AMIA fue ampliando sus actividades.
En 1945, poco después de la finalización
de la Segunda Guerra Mundial, se inauguró el
edificio de la calle Pasteur 633, el mismo que posteriormente
fue víctima del atentado terrorista. En la sede
de la AMIA funcionaba un teatro, un salón de
conferencias, un departamento de Acción Social,
otro de Cultura y Juventud, un seminario de Maestros,
un archivo sobre temas del judaísmo en la Argentina,
una biblioteca y un museo. Además, contaba con
otros departamentos y secciones de una asociación
de ayuda, asistencia y promoción de las actividades
de la comunidad judía en la Argentina.
Todo ello fue devastado por un cruel acto terrorista,
una acción criminal movida por el odio del racismo
que impactó en las conciencias de todos. Por
ello es que, para evitar la reiteración de tragedias
de este tipo, debemos crear un firme compromiso en las
nuevas generaciones de trabajar para la paz duradera
de todas las naciones, credos y razas del mundo. Sin
ninguna distinción.
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