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Si hay un prócer que identifica a los
argentinos, ése es José de San Martín,
el Libertador. No es casual que en la enorme mayoría
de los pueblos y ciudades de nuestra patria, la avenida
principal lleve su nombre. En el día del aniversario
de su fallecimiento, es propicio repasar los aspectos
más destacados de su vida, obra y pensamiento.
DE AÑO EN AÑO, LA VIDA DEL PRÓCER
EN SÍNTESIS
1778: Nace el 25 de febrero en el
pueblo de Yapeyú, en la provincia de Corrientes.
Su padre era Juan de San Martín y su madre Gregoria
Matorras. Tuvo una hermana y tres hermanos.
1784: Viaja a España. La familia
San Martín se radica en la ciudad de Málaga,
en Cádiz.
1789: Ingresa como cadete al Regimiento
de Infantería de Murcia.
1791: Tiene su “bautismo de
fuego” a los 13 años: su primera batalla
es en Orán, contra los moros.
1808: Participa en la batalla de Bailén,
en la que el ejército español vence a
los franceses.
1812: Regresa a Buenos Aires. El Triunvirato
le encomienda la creación de un Escuadrón
de Granaderos a Caballo. Se casa con Remedios de Escalada.
Es nombrado Coronel del Regimiento de Granaderos a Caballo.
1813: Triunfa en el combate de San
Lorenzo y es designado Mayor General del Ejército
Auxiliar del Alto Perú.
1814: Asume el mando del Ejército
del Norte. Es nombrado Gobernador de Cuyo por el Director
Supremo Gervasio de Posadas.
1816: Es designado General en Jefe
del Ejército de los Andes. Nace su hija, a la
que llama Mercedes Tomasa.
1817: Comienza en enero el histórico
cruce de la Cordillera de los Andes. El 12 de febrero
vence a los españoles en la batalla de Chacabuco.
1818: El 19 de marzo es derrotado
en Cancha Rayada. El 5 de abril, vence en los campos
de Maipú y permite la independencia de Chile.
1820: El 20 de agosto parte de Valparaíso
la flota que, navegando por el Pacífico, llegaría
a Perú.
1821: El 10 de julio entra en Lima,
el día 28 proclama la Independencia del Perú
y en agosto asume el gobierno con el título de
Protector del Perú.
1822: El 27 de julio se entrevista
con Simón Bolívar en la ciudad de Guayaquil
(Ecuador). El 24 de agosto, en Perú, renuncia
a su vida pública.
1823: El 3 de agosto muere en Buenos
Aires su esposa, Remedios de Escalada.
1824: San Martín se embarca
con su hija Mercedes rumbo a Europa. Luego de una breve
estada en Inglaterra, se establece en Bruselas.
1829: Regresa a América. Al
llegar a Montevideo tiene información de las
luchas civiles. Se niega a desembarcar en su patria
dividida y regresa a Europa.
1838: Con motivo del bloqueo francés
al puerto de Buenos Aires, le ofreció al entonces
gobernador Juan Manuel de Rosas sus servicios. Rosas
le agradeció el gesto. San martín tenía
60 años.
1848: Se traslada a Boulogne-sur-Mer
(Francia).
1850: El 17 de agosto muere a los
72 años en su casa de Boulogne-sur-Mer.
SU VIDA
JOSÉ DE SAN MARTÍN, DE PUNTA A PUNTA
San Martín fue un ejemplo de sacrificio y desprendimiento.
Rehusó todo tipo de honores del poder y las tentaciones
del dinero. Cuando advirtió que su tarea había
concluido, se retiró definitivamente de la vida
pública a cambio de nada.
José
Francisco de San Martín y Matorras nació
el 25 de febrero de 1778 en el pueblo de Nuestra Señora
de los Reyes Magos de Yapeyú, en la actual provincia
de Corrientes, a orillas del río Uruguay.
Su madre, Gregoria Matorras, era española. Su
padre, Juan de San Martín y Gómez, también.
Era un militar con el grado de capitán que había
combatido en Marruecos, y fue nombrado gobernador de
los pueblos indios de las Misiones de Yapeyú.
El matrimonio tuvo cinco hijos: María Helena,
Manuel Tadeo, Juan Fermín, Justo Rufino y José
Francisco. A los 5 años José viaja a España
con toda su familia, que se establece en la ciudad de
Málaga (Cádiz). Al año siguiente,
ingresa al Seminario de Nobles, donde aprendió
artes, matemática y filosofía, y comenzó
a apasionarse por la esgrima.
Sus inicios en España
En 1789, con tan sólo 11 años, ingresa
como cadete al Regimiento de Infantería de Murcia,
y sólo dos años después tiene su
bautismo de fuego, en la defensa de Orán contra
el ataque de los moros (al norte de África).
Luego participa en varios combates (Pont Vendrés,
San Telmo, Collioure y San Lluc) contra las tropas del
emperador francés Napoleón Bonaparte.
En 1798, a bordo de la fragata Dorotea, es tomado prisionero
por los ingleses, pero es canjeado a los españoles
por otros prisioneros. Entre 1801 y 1807, siempre en
las filas españolas, participa en la guerra contra
Portugal, y a comienzos de 1808 se destaca al frente
de una compañía de Húsares contra
las fuerzas francesas. En la batalla de Bailén,
en julio de 1808, San Martín es ascendido a coronel
y recibe una medalla de oro por su heroísmo.
A los 33 años lucha por última vez en
el ejército español, en la batalla de
Albuera, el 16 de mayo de 1811, casi un año después
de nuestra Revolución de Mayo.
Mucho se ha dicho sobre los motivos que impulsaron
a San Martín a abandonar las filas del Ejército
español y unirse a la causa de la independencia
de los pueblos de América. Hay quienes sostienen
que, al no ser su familia miembro de la nobleza española
y por haber nacido en América, veía disminuir
sus posibilidades de ascenso en el escalafón
militar. Pero esa teoría no se condice con la
falta de ambición personal que San Martín
mostraría a lo largo de toda su carrera. Otros
afirman que San Martín abrazaba la causa emancipadora
de su tierra natal, y lo cierto es que, desde 1808,
pertenecía a la Logia Lautaro de Cádiz,
cuyo objetivo era la emancipación americana.
La vuelta a su tierra natal
San Martín pidió su retiro y partió
hacia Londres para la reunión de revolucionarios
entre los que se encontraban Carlos de Alvear y Matías
Zapiola, quienes luego acompañarían a
San Martín a Buenos Aires y posteriormente fueron
nombrados por él como segundos jefes del Regimiento
de Granaderos a Caballo.
Apenas arribado a Buenos Aires, San Martín se
pone a disposición del Gobierno, que le reconoce
el grado de teniente coronel y le encomienda la formación
de un escuadrón de granaderos a caballo, asentado
en su origen en el llamado "Parque del Retiro".
San Martín fue eligiendo con sumo cuidado sus
soldados, trajo a un grupo de paisanos de su pueblo
natal de Yapeyú y estableció un severo
código de honor, una estricta disciplina militar,
una impecable organización y se ocupó
en algunas oportunidades personalmente de la instrucción
de sus hombres.
Mientras tanto, también formó y presidió
la Logia Lautaro en Buenos Aires, junto con Alvear.
El 8 de octubre de 1812, el pueblo (impulsado por la
Logia Lautaro y la Sociedad Patriótica) derrocó
al Primer Triunvirato. San Martín, junto a otros
oficiales, sacó las tropas a la calle, en la
jornada que se recuerda por ser la primera y única
vez que San Martín participó en cuestiones
de política interna.
Ese mismo año, San Martín ingresa definitivamente
en la sociedad porteña cuando se casa con Remedios
de Escalada, hija de Don Antonio Escalada. José
tenía 34 años y Remedios 15, una diferencia
muy común para la época.
Cabral, soldado heroico
La primera misión que se le encomienda a los
Granaderos es la de custodiar la costa del río
Paraná, porque la flota española se encontraba
en Montevideo y se temía un primer ataque en
Santa Fe, para tomarla como cabecera y partir de allí
a Buenos Aires.
El 30 de enero de 1813, 250 españoles desembarcaron
frente al pueblo de San Lorenzo en las cercanías
de Rosario. San Martín ya se encontraba allí
con sus granaderos, escondidos en un convento de monjes
franciscanos, y seguía sus movimientos desde
el campanario. El ataque a los españoles fue
por sorpresa, con una maniobra militar de “pinzas”,
divididos en dos columnas que envolvieron a las tropas
realistas.
En la batalla de San Lorenzo, San Martín estuvo
a punto de morir, al quedar atrapado debajo de su caballo
(que había caído como consecuencia de
una esquirla de bala de cañón) mientras
un soldado realista se dirigía hacia él
para atravesarlo con su bayoneta; pero el granadero
Juan Bautista Cabral se interpuso, salvando la vida
de su jefe y perdiendo la suya.
El plan para una América libre
Hacia 1813, Alvear era el Director Supremo (algo así
como nuestro actual Presidente) de las Provincias Unidas
del Río de la Plata, y su ambición personal
desmedida provocó que se enemistara con San Martín,
luego de varios años de compartir los mismos
ideales revolucionarios. Alvear y sus partidarios eran
mayoría en la Asamblea del Año XIII, pero
demoraban la declaración de la independencia
porque pretendían establecer un gobierno fuerte
y centralizado.
Ante esta situación, San Martín prefirió
aceptar hacerse cargo del derrotado Ejército
del Norte, que estaba al mando del General Manuel Belgrano,
y continuar así su plan continental de libertar
a América. En Yatasto (un pueblo ubicado entre
Salta y Tucumán) Belgrano entrega el mando a
San Martín, quien informa al gobierno sobre el
estado de su tropa describiéndolo como: “tristes
fragmentos de un ejército derrotado”.
El plan continental de San Martín tenía
su punto de culminación en Lima, capital del
antiguo Imperio de los Incas y corazón del poder
español en América. Lima era todo un símbolo.
San Martín sostenía que si caía
Lima, caían los realistas en el resto de América.
Pero no estaba de acuerdo con llegar a ella atravesando
el Alto Perú con el Ejército del Norte:
el trayecto era muy largo y dificultoso, por lo que
el ejército llegaría agotado y disminuido
para entrar en Lima.
San Martín consideraba que el Norte no era para
avanzar, sino para resistir los avances de los realistas.
Y esa misión fue cumplida a la perfección
por Martín de Güemes y sus gauchos, quienes
aguantaban la presión basándose en maniobras
rápidas de astucia y sorpresa.
San Martín sostenía que lo más
conveniente era llegar a Lima por mar, navegando por
el Pacífico. Para ello había que cruzar
previamente la cordillera, luego libertar a Chile, y
desde allí, con un ejército estimulado
por el triunfo y más descansado, atacar Lima
y libertar al Perú. Esa maniobra de llegar a
Lima desde el Sur se completaba con una maniobra similar,
pero a la inversa, a cargo del General Simón
Bolívar, quien luego de independizar a Venezuela,
Colombia y Ecuador, llegaría por el Norte con
igual propósito.
¡Parece fácil decirlo, ¿no?!
El cruce de los Andes y la independencia de
Chile
En agosto de 1814, San Martín fue nombrado Gobernador
Intendente de la provincia de Cuyo y se trasladó
a Mendoza para asumir el cargo. Era un nombramiento
sumamente estratégico, porque desde allí
podía planificar el Cruce de los Andes con más
autoridad y poder en la toma de decisiones. Por empezar,
su condición de Gobernador le permitió
dictar un decreto que imponía el servicio militar
obligatorio, y así empezaría a conformar
la base de su ejército.
Mendocinos, sanjuaninos, puntanos, chilenos vencidos
en Rancagua, desertores, negros esclavos y hasta un
grupo de ingleses que vivían en Cuyo terminaron
por darle forma a la tropa, dispar en su conformidad
pero unida en el sentimiento común de libertad.
Toda la población colaboraba con la formación
del Ejército de los Andes. Donaban mulas, caballos,
armas. Las damas mendocinas confeccionaron los uniformes
y la bandera.
Todo el dinero necesario para la campaña se
obtuvo de una serie de decisiones de San Martín:
aumentar los impuestos a los más ricos, reducir
los sueldos de los empleados públicos y confiscar
bienes y propiedades a los realistas. Además
de todo esto, tomó en algunos casos las limosnas
de las iglesias y conventos, y hasta el sacerdote fray
Luis Beltrán fundió campanas de iglesias,
candelabros y cuanto metal encontraba para la construcción
de las armas.
El ejército que se preparaba recibió
el nombre de Ejército de los Andes, y San Martín
fue designado su General en Jefe. Recibió todo
el apoyo del Director Supremo (para entonces Juan Martín
de Pueyrredón), quien igualmente respondió
a un nuevo pedido de San Martín diciendo: "No
me vuelva usted a pedir más, si no quiere recibir
la noticia de que he amanecido ahorcado en un tirante
de la Fortaleza".
Antes de iniciar la campaña, San Martín
tejió una red de espionaje para engañar
a los españoles de Chile. Primero, le hizo creer
al Capitán General español Marcó
del Pont que el Ejército de los Andes no cruzaría
la cordillera e iría a defender la frontera norte,
dejando a Cuyo sin protección. Marcó del
Pont estuvo a punto de cruzar los Andes y partir hacia
Buenos Aires, pero desistió por lo dificultoso
de la misión. De haberlo hecho, San Martín
lo hubiese esperado y atacado por sorpresa en Mendoza.
En otra oportunidad, reunió a los caciques araucanos
y les hizo creer que necesitaba su ayuda para cruzar
la cordillera por el sur. El sabía que los indios
iban a avisar a los españoles sus planes. Marcó
del Pont se enteró y en efecto concentró
sus tropas en el sur.
Luego, San Martín envió a Alvarez Condarco
a cruzar la cordillera con un pedido de rendición
a los realistas de Chile. El propósito era que
Alvarez Condarco retuviera en su memoria los lugares
por los cuales debía hacerse el cruce. No podía
realizar ningún dibujo o escrito, porque si era
tomado prisionero por los españoles estos adivinarían
los planes del Ejército de los Andes. La misión
era muy riesgosa, porque como se descontaba que los
realistas iban a rechazar el pedido de rendición,
era probable que como represalia no dejaran volver a
Alvarez Condarco.
El Ejército de los Andes estaba integrado en
total por 5.200 soldados, 3 generales, 28 jefes de batallón,
207 oficiales y 15 empleados civiles. Además,
tenía casi 10.000 mulas, 1.500 caballos, 18 cañones,
6.000 fusiles, 1.129 sables y 700 reses para alimentarse.
El cruce se realizó por seis pasos diferentes,
desde la partida del campamento desde El Plumerillo
entre el 18 y el 20 de enero de 1817. San Martín
eligió esa época porque en el verano las
temperaturas no son tan bajas y la nieve disminuye.
Los pasos por los que se cruzó fueron: Los Patos;
Guana, Uspallata, del Portillo, del Planchón
y Comecaballos. La travesía duró 15 días
y la mayoría de los soldados sufrieron por la
altura (que llegaba a los 5.000 metros en algunos casos)
vómitos y mareos.
En efecto, el grueso del ejército español
estaba en el sur. Cuando Marcó del Pont se enteró
que San Martín había cruzado a la altura
de El Plumerillo, envió de inmediato las tropas
a Santiago de Chile. Unos 3000 españoles fueron
vencidos en la batalla de Chacabuco, el 12 de febrero
de 1817, en un ataque dividido en dos columnas al mando
de los generales O´Higgins y Soler. Marcó
del Pont huyó con destino a Perú con parte
de sus tropas, pero los granaderos lo persiguieron y
lo tomaron prisionero.
El
14 de febrero San Martín entró en Santiago
y fue nombrado Gobernador de Chile, por decisión
de un Cabildo Abierto. San Martín no aceptó
el nombramiento, que recayó finalmente en Bernardo
O´Higgins. Casi un año después se
proclamó la independencia de Chile, el 12 de
febrero de 1818. pero a la semana, en una noche y por
sorpresa, las tropas fueron atacadas por los realistas
en Cancha Rayada, sufriendo una derrota de la que se
repusieron el 5 de abril en los llanos de Maipú,
consolidando la definitiva libertad de Chile.
Perú y el resto de América
Después de Maipú, San Martín regresó
a Buenos Aires para buscar apoyos financieros para su
campaña al Perú. Pero debido a las luchas
internas entre el poder central y los caudillos provinciales,
las arcas estaban vacías y San Martín
no logró los apoyos que solicitaba. Peor aún,
el Directorio le ordenó en dos oportunidades
trasladar sus tropas para luchar contra los caudillos,
a lo que San Martín se negó porque se
oponía a participar con su ejército en
una guerra entre hermanos.
Cuando Rondeau (nuevo Director Supremo) fue derrotado
en la batalla de Cepeda, la institución del Directorio
desapareció, y entonces San Martín renunció
a su cargo de General en Jefe del Ejército de
los Andes. Pero en abril de 1820 recupera el mando,
cuando los generales lo reconocen como Jefe único
en la firma del Acta de Rancagua, y lo nombran Generalísimo
de la Expedición al Perú.
San Martín parte hacia Perú desde el
puerto de Valparaíso el 20 de agosto, en la fragata
Moctezuma, integrando una flota al mando del Almirante
inglés Lord Thomas Cochrane, formada por 8 buques,
1.600 tripulantes y alimentos para 6 meses. A la vez,
se trasladaba por tierra un ejército de 4.000
soldados.
El 8 de septiembre de 1820 desembarcaron en la Bahía
de Paracas y ese mismo día San Martín
proclamó la independencia del Perú y creó
la bandera peruana. Intentó negociar con el virrey
de la Serna, pero sin éxito, motivo por el cual
en julio de 1821 el virrey y sus tropas abandonaron
Lima. Con el camino despejado, el 10 de julio de 1821
San Martín entra triunfante en Lima y el 15 de
julio se declaró oficialmente la independencia
del Perú.
El 2 de agosto asumió con el cargo de Protector
del Perú, decretó la libertad de los indios
y de los hijos de esclavos, aseguró la libertad
de imprenta, prohibió los tormentos y dictó
el Estatuto Provisional para gobernar el Perú.
Mientras tanto, Bolívar hacía su parte
desde el Norte hacia Perú, independizando Venezuela,
Ecuador y Colombia. San Martín decide reunirse
con él para obtener apoyo y lograr la definitiva
libertad del resto de América. La reunión
se lleva a cabo el 26 de junio de 1822 en Guayaquil
(Ecuador). La ayuda que le ofreció Bolívar
era insuficiente, entonces San Martín se puso
a sus órdenes, pero Bolívar no aceptó
el ofrecimiento. San Martín dejó abierto
el camino a la acción de Bolívar y sacrificó
el honor de terminar la guerra de la emancipación.
El retiro
En septiembre de 1822 renuncia al cargo de Protector
del Perú y culmina su brillante campaña
militar. San Martín no tenía las ambiciones
personales que sí tenía Bolívar,
y al retirarse declara: "Presencié la declaración
de la independencia del Perú [...] obra en mi
poder el estandarte que trajo Pizarro para esclavizar
el imperio de los Incas [...] mis promesas para con
los pueblos que hice la guerra están cumplidas
[...] he dejado de ser un hombre público...”
Mientras regresaba a Buenos Aires, pasando por Chile
y por Mendoza (año 1823), recibe la noticia de
la muerte de su esposa en Buenos Aires. Hizo colocar
una placa en su tumba, en donde la considera “esposa
y amiga”.
En 1824, Bolívar triunfa en Junín y Ayacucho,
y da por terminada la guerra de la emancipación
americana. El Alto Perú también había
sido libertado, tomando el nombre de República
de Bolívar, actualmente Bolivia.
San Martín se embarca con su hija Mercedes rumbo
a Europa el 10 de febrero de 1824. Arriba a Londres
y luego se establece en Bruselas hasta 1828. Ese mismo
año, decide regresar a Buenos Aires para ofrecer
sus servicios al gobierno, en la guerra contra el Imperio
del Brasil. Al arribar, la guerra ya había finalizado
y San Martín se niega a desembarcar en su patria
dividida por conflictos internos. Recibe a emisarios
del general Lavalle que le ofrecen el gobierno, pero
no acepta y retorna a Europa en mayo de 1829. Se establece
en Gran Bourg, en las cercanías de París,
acompañado por su hija Mercedes, su yerno Mariano
Balcarce y sus dos nietas. Allí recibió
varios visitantes ilustres, como Florencio Varela, Domingo
F. Sarmiento y Juan Bautista Alberdi. Luego se traslada
a Boulogne Sur Mer, frente al Canal de la Mancha, donde
fallece el 17 de agosto de 1850, a las tres de la tarde.
Tenía 72 años.
LOS
GRANADEROS
El 16 de marzo de 1812, por orden del Primer Triunvirato,
se le encomienda a San Martín la creación
de un escuadrón que luego se convertiría
en Regimiento. El bautismo de fuego de los Granaderos
fue al año siguiente, el 3 de febrero de 1813,
en las cercanías del Convento de San Lorenzo.
San Martín, quien había servido durante
más de 20 años a los ejércitos
del Rey en España, conocía las novedades
existentes en materia de táctica y estrategia
militar.
Los granaderos eran históricamente infantes
de a pie, pero los franceses los convirtieron en soldados
de "a caballo", acrecentando su poderío
militar. Los granaderos a caballo acompañaron
a San Martín a lo largo de toda la campaña
libertadora.
Actualmente, la Jefatura del Regimiento está
a cargo de un Coronel en actividad. Cumple funciones
de regimiento escolta del presidente, custodia los restos
del Libertador que se encuentran en la Catedral Metropolitana,
y además tiene a su cargo la seguridad de la
residencia del presidente en la localidad de Olivos.
UN EJEMPLO
EL PENSAMIENTO DE DON JOSÉ
"Todo buen ciudadano tiene una obligación:
sacrificarse por la libertad de su país."
"Más ruido hacen diez hombres que gritan
que cien mil que están callados."
"La ilustración y el fomento de las letras
es la llave maestra que abre las puertas de la abundancia
y hace felices a los pueblos."
"Mis necesidades están más que suficientemente
atendidas con la mitad del sueldo que gozo."
"Es llegada la hora de los verdaderos patriotas.
Desde este instante el lujo y las comodidades deben
avergonzarnos. Desde hoy quedan nuestros sueldos reducidos
a la mitad. Todos somos ya soldados, cada uno es centinela
de su vida."
"Es cierto que tenemos que sufrir escasez de dinero,
paralización del comercio y agricultura, arrostrar
trabajos y ser superiores a todo género de fatigas
y privaciones; pero todo es menos que volver a uncir
el yugo pesado e ignomisioso de la esclavitud."
"Al hombre honrado no le es permitido ser indiferente
al sentimiento de la justicia."
"No se debe hacer promesa que no se pueda o no
se deba cumplir."
"La seguridad individual del ciudadano y la de
su propiedad deben constituir una de las bases de todo
buen gobierno."
"Mi sable jamás saldrá de la vaina
por opiniones políticas."
"El General San Martín jamás derramará
la sangre de sus compatriotas y sólo desenvainará
su espada contra los enemigos de la América del
Sur."
"A mi regreso a Buenos Aires encontré que
la generosidad había puesto a mi disposición
una vajilla de plata. No estamos en tiempo de tanto
lujo: el Estado se halla en la necesidad y es necesario
que todos contribuyamos a remediarla. Por lo tanto,
con esta fecha, doy orden para que se ponga a disposición
de V.E. dicha vajilla, como asimismo el sueldo que se
me tiene señalado por este Estado."
(Carta al Comisario del Ejército de Chile renunciando
a obsequios y sueldo en 1817)
DESCRIPCIÓN DE ÉPOCA
RETRATO DE UN HOMBRE COMÚN
Compartimos
a continuación un extracto de las Obras Completas
de Juan Bautista Alberdi, que describe con maestría
la asombrosa sencillez del General San Martín.
"Mis ojos clavados en la puerta por donde debía
entrar, esperaban con impaciencia el momento de su aparición.
Entró por fin, con su sombrero en la mano, con
la modestia y apocamiento de un hombre común.
¡Qué diferente le hallé del tipo
que yo me había formado, oyendo las descripciones
hiperbólicas que me habían hecho de él
sus admiradores en América! Por ejemplo: Yo le
esperaba más alto, y no es sino un poco más
alto que los hombres de mediana estatura. Yo le creía
un indio, como tantas veces me lo habían pintado,
y no es más que un hombre de color moreno, de
los temperamentos biliosos. Yo le suponía grueso,
y si bien lo está más que cuando hacía
la guerra en América, me ha parecido más
bien delgado; yo creía que su aspecto y porte
debían tener algo grave y solemne; pero lo hallé
vivo y fácil en sus ademanes, y su marcha, aunque
grave, desnuda de todo viso de afectación. Me
llamó la atención su metal de voz, notablemente
gruesa y varonil. Habla sin la menor afectación,
con toda la llaneza de un hombre común. Al ver
el modo cómo se consideraba él mismo,
se diría que este hombre no había hecho
nada de notable en el mundo, porque parece que él
es el primero en creerlo así. Yo había
oído que su salud padecía mucho, pero
quedé sorprendido al verle más joven y
más ágil que todos cuantos generales he
conocido de la guerra de nuestra independencia, sin
excluir al general Alvear, el más joven de todos.
El General San Martín padece en su salud cuando
está en inacción y se cura con sólo
ponerse en movimiento. De aquí puede inferirse
la fiebre de acción de que este hombre extraordinario
debió estar poseído en los años
de su tempestuosa juventud. No obstante su larga residencia
en España, su acento es el mismo de nuestros
hombres de América. En su casa se habla alternativamente
el español y el francés. Rara vez o nunca
habla de política. Jamás trae a conversación
sus campañas; sin embargo le gusta hablar de
empresas militares. Todo en el interior de la casa respira
orden, conveniencia y buen tono. El General ocupa las
habitaciones altas que miran al norte. He visto su gabinete
lleno de la sencillez y método de un filósofo.
Allí en el ángulo de la habitación,
descansa impasible, colgada al muro, la gloriosa espada
que cambió un día la faz de la América
Occidental. Tuve el placer de tocarla. Tuve también
el gusto de examinar muy despacio el famoso estandarte
de Pizarro, que el Cabildo de Lima regaló al
General. Se puede decir con verdad que el General San
Martín es el vencedor de Pizarro: ¿a quién,
pues, mejor que al vencedor, tocaba la bandera del vencido?"
VALIOSO LEGADO
LAS MÁXIMAS A MERCEDITAS
En 1825 redactó once máximas para su
hija Mercedes Tomasa de San Martín, que tenía
entonces 9 años. Quiso de esta manera contribuir
a que Merceditas (que 2 años antes había
quedado huérfana de madre) lograra alcanzar la
felicidad en su vida.
1.- Humanizar el carácter y mostrarse sensible
aun con los insectos.
2.- Amar la verdad y odiar la mentira.
3.- Cultivar la buena amistad y la confianza, uniendo
el respeto.
4.- Saber guardar los secretos que nos confía
un amigo.
5.- Ser caritativa con los pobres y con los que tienen
alguna pena.
6.- Ser tolerante con las ideas y las creencias de los
demás.
7.- Ser dulce y amable con los criados, con los necesitados
y con los viejos.
8.- Amar el aseo y la natural compostura, y despreciar
el lujo.
9.- Ser formal en la mesa.
10.- Hablar poco y lo preciso.
11.- Inspirar amor por la patria y por la libertad
CURIOSIDADES
¿SABÍAS QUE...
...San Martín sirvió al ejército
español durante 22 años y al ejército
americano tan sólo 10?
...en la última batalla en que participó
del ejército español (Albuera, el 16 de
mayo de 1811) fue herido en un enfrentamiento cuerpo
a cuerpo por un oficial de la caballería francesa?
...su mayor herida la recibió fuera del campo
de batalla, cuando fue asaltado en un bosque cercano
a Salamanca y fue acuchillado en el pecho?
...que padecía paludismo, cólera, asma,
reumatismo, úlcera y cataratas?
...el Sargento Cabral no fue el primero que le salvó
la vida? Un soldado español, Juan de Dios, hizo
lo propio cinco años antes en el combate de Arjonilla.
...en 1794 San Martín revistaba en el Regimiento
de Murcia y dos hermanos suyos, Manuel Tadeo y Juan
Fermín, en el regimiento de Soris? Juntos lucharon
exitosamente contra los franceses en Pont Vendrés,
Saint Elme y Colliure.
...legó a Rosas, en su testamento, el sable
corvo que lo acompañó durante todas las
luchas por la independencia de América?
...los restos del Libertador regresaron al país
el 28 de mayo de 1880 a bordo del buque Villarino? Lo
recibió en el puerto de Buenos Aires Domingo
F. Sarmiento. Fue sepultado en la Catedral Metropolitana,
y pronunció un discurso el entonces presidente
Nicolás Avellaneda.
LAS IMAGENES
ILUSTRACION 1
Retrato de San Martín joven, en el apogeo de
su campaña libertadora.
ILUSTRACION 2
Combate de San Lorenzo. Fragmento de un gobelino (tapiz)
que ilustra la muerte del sargento Juan B. Cabral. Se
encuentra en el Museo del Regimiento de Granaderos a
Caballo "Gral. San Martín".
ILUSTRACION 3
Batalla de Maipú. Fragmento del cuadro que se
encuentra en el Museo de Regimiento de Granaderos a
Caballo "Gral. San Martín".
ILUSTRACION 4
Retrato de San Martín en su vejez. Daguerrotipo
(fotografía antigua, que se imprimía sobre
una superficie de metal).
ILUSTRACION 5
Comparación de los uniformes de los Granaderos
a Caballo (rojo y blanco) y los soldados del ejército
Realista (azul).
ILUSTRACION 6
PARA COLOREAR
Un obsequio para los más chiquitos: ¿serán
capaces de ponerle color al enorme sacrificio de San
Martín, en uno de los 15 días que tardó
en cruzar los Andes con su ejército?

Hace click aqui e imprimilo para colorearlo.
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