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  > 7 DE SEPTIEMBRE - Independencia de Brasil
       
     

El hijo rebelde de Portugal

Muy ligada a los vaivenes políticos de Europa, la independencia de Brasil no se dio merced a grandes contiendas ni desgastantes luchas internas, sino que llegó más bien como consecuencia lógica y directa de los acontecimientos de la época.

A principios del siglo XIX, la expansión del Imperio Francés (al mando de Napoleón) y sus constantes enfrentamientos con Gran Bretaña incidieron directamente sobre las colonias americanas.

En 1807, por caso, Napoleón amenazó con invadir a Portugal si éste no le cerraba sus puertos a Inglaterra. Por su parte, Inglaterra también amenazó a Portugal con hundirle toda su flota si los Braganza (la familia real portuguesa) no decidían trasladarse interinamente al Brasil. De este modo, a Francia le quedaría el camino libre para la invasión y Gran Bretaña (“la Reina de los mares”) obtendría un gran triunfo económico, pues se beneficiaría del intercambio mercantil con Brasil, ya que al no poder entrar en Europa por el bloqueo que les había impuesto Napoleón en todos los puertos, necesitaba un nuevo mercado con el que comerciar.

Cercados entre ambas amenazas y sin margen de maniobra, los Braganza se embarcaron hacia América. Así fue que el 22 de enero de 1808 la familia real portuguesa (la reina María I y su hijo Juan VI) desembarcó en Brasil, acompañada por un nutrido contingente de 15.000 personas entre su corte, sus funcionarios y sus parientes. Cuando llegaron a Río de Janeiro (capital del Virreinato desde 1763) fue la primera vez desde el descubrimiento de América que un rey ponía sus pies en territorio americano.

Aun cuando años después Portugal fue liberado de la ocupación francesa, su realeza continuó radicada en Brasil, que el 16 de diciembre de 1815 fue convertido en reino. Tras la muerte de su madre, Juan VI se convertiría en el rey Joao de Portugal y Brasil.

Por su parte, en Portugal, hacia octubre de 1820 la burguesía se rebeló en Lisboa y Oporto, reclamando por las malas condiciones político-económicas. Además, se formó una Junta de Gobierno provisoria que exigía, entre otras cosas, la vuelta a Lisboa del rey Juan VI y la restitución de Brasil a la condición de colonia. Sin alternativa ante el riesgo de perder su corona en Portugal, el 26 de abril de 1821 el rey regresó a Lisboa, dejando a su hijo Pedro como regente en Brasil.

El jefe del gobierno brasileño, José Bonifacio de Andrada e Silva, convocó entonces a una asamblea constituyente, incorporó a un mayor número de brasileños a su gabinete y propuso una monarquía independiente (que estaría al mando del regente) que ayudara a preservar el orden político, social y territorial.

Así fue que el 7 de septiembre de 1822, a orillas del río Ipiranga, el regente Pedro renunció al dominio portugués y proclamó la independencia de Brasil. El 12 de octubre de ese año, Pedro adoptó el título de "Emperador", con el cual fue coronado por el obispo de Brasil, adoptando el nombre de Pedro I; y el 1° de diciembre fue nombrado en Río de Janeiro “Emperador Constitucional del Brasil”.

Tenía sólo 24 años y se mantuvo en el cargo hasta su abdicación en 1831.
De este modo, y a diferencia de las colonias hispanoamericanas, Brasil surgía a la vida independiente como un Imperio, sin haber tenido que pasar por desgastantes y costosas guerras.

 
 
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