| Aprender a conducirse
en sociedad
Existe una misma solución para dos profundos
problemas de nuestra sociedad: la desorganización
del tránsito y los reiterados accidentes; es
la Educación Vial y su puesta en práctica.
No
es una tarea sencilla la de incorporar en una sociedad
hábitos inexistentes. Y en una sociedad tan individualista
como la argentina, el desafío es más arduo
aún. Por eso se hace vital la formación
de ciudadanos responsables desde pequeños. En
la educación vial, esta máxima se hace
indispensable, porque si conseguimos incorporar en los
alumnos los conceptos básicos de vialidad a lo
largo de toda su enseñanza, paulatinamente conseguiremos
ciudadanos conscientes, que aprenderán a manejarse
con sensatez, prudencia, tolerancia y respeto, cuatro
condiciones básicas a la hora de transitar.
La mejor manera de que los niños comprendan
las reglas viales es enfatizar todo lo que sí
se puede hacer, y qué beneficios trae hacerlo
bien, para luego explicar lo que no se puede hacer y
por qué. Es preciso que comprendan que el fin
último de las normas, incluso las que parecen
más rígidas o arbitrarias, es la búsqueda
del ordenamiento, en el que cada individuo conserva
su lugar y respeta el del prójimo.
La educación vial forma una "conciencia
vial" que no sólo previene los accidentes
de tránsito, sino que forma usuarios de la vía
pública disciplinados y seguros, resultando de
ello una sociedad tranquila, autoprotegida y gozosa
de mejor salud y una calidad de vida superior.
Pero más allá de toda enseñanza
teórica, son los padres el elemento más
importante de motivación en la educación
vial de los hijos, mediante el buen ejemplo diario en
el cumplimiento de las normas de tránsito, bien
entendidas, acatadas con serenidad y respetando al resto
de los actores viales.
Todos utilizamos la vía pública, y por
eso debemos comportarnos y actuar de acuerdo con las
normas establecidas, sin olvidar nunca que nuestros
derechos son iguales a los del resto de la gente. Debemos
tener presente que el fastidio y sobre todo la impaciencia
son condiciones negativas para transitar, y sin duda
aumentarán la inseguridad de la circulación.
La educación vial tiene una gran ventaja, y
es que se basa en la enseñanza de símbolos.
Y tan clara es la función del símbolo
que ni siquiera es necesario saber leer, lo que facilita
a los niños el aprendizaje, porque conociendo
los colores y diferenciando las formas, pueden saber
fácilmente qué indica cada señal.
En este día, es pertinente duplicar el esfuerzo
en pos de que los niños conozcan las reglas que
deben cumplirse en la calle, porque sólo asumiendo
a conciencia que el tránsito debe regirse por
normas ineludibles podrán asumir una actitud
responsable como usuarios de la vía pública,
cualquiera sea el medio en que se manejen.
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