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Cristóbal
Colón: Un aventurero sin límites
El
12 de octubre de 1492 Cristóbal Colón,
sin saberlo, protagonizaba uno de los acontecimientos
más importantes de la historia. Tras su llegada
a América ya nada fue igual en el mundo. Se abrieron
nuevos horizontes para la conquista y colonización
de las tierras descubiertas, y las potencias que ganaron
los mares ganaron también las tierras. Los historiadores
modernos prefieren hablar de “Encuentro de dos
Mundos” y no de “Descubrimiento”,
por cuanto América también aportó
mucho para el crecimiento y desarrollo de Europa.
CRISTÓBAL COLÓN, EN SÍNTESIS
Nació en Génova, Italia, entre el 26 de
agosto y el 31 de octubre de 1451.
Sus padres eran tejedores y se llamaban Doménico
Colombo y Susana Fontanarrosa.
Se casó en 1477 con Felipa Muñiz
de Perestrello, con quien cinco años después
tuvo un hijo: Diego Colón.
En 1484 quedó viudo y se fue
con su hijo a España.
En 1488 conoció a su segunda
mujer, Beatriz Enríquez de Arana, con quien tuvo
a su segundo hijo: Fernando Colón.
Desde muy pequeño se interesó por la
navegación. Trabajó como grumete y sostuvo
contactos con marinos y geógrafos convencidos
de la esfericidad de la tierra y de la posibilidad de
encontrar una ruta mas corta hacia las Indias, viajando
por Occidente; y así fue forjando su gran deseo
de llegar a las Indias Orientales, tierra en las que
suponía que iba a encontrar grandes riquezas.
En 1484, cuando en España
se hospedó en el Convento de la Rábida,
interesó a los monjes sobre sus propósitos.
En 1486 los Reyes Católicos
lo recibieron por primera vez en Alcalá de Henares
(Madrid), pero una junta de expertos rechazó
sus proyectos.
En 1492, finalmente, consiguió
el apoyo de los reyes de España, Fernando de
Aragón e Isabel de Castilla, quienes aprobaron
la organización de la expedición.
El 17 de abril de 1492, mediante
las capitulaciones de Santa Fe, se concedió a
Colón el título de Almirante de la expedición,
el de Virrey de la tierra que conquistara y el diez
por ciento de las riquezas que pudiera llevar a España.
El 3 de agosto de 1492, Colón
partió de Puerto de Palos (España) y el
12 de octubre de ese año desembarcó por
primera vez la tripulación en la Isla Guanahaní,
rebautizada como San Salvador.
De regreso a España, relató sus experiencias
en "las Indias" y tuvo una excelente recepción
por parte de los Reyes Católicos. Con su apoyo,
Colón realizó otros tres viajes a América.
Olvidado, triste y enfermo, el gran navegante falleció
el 20 de mayo de 1506 en Valladolid,
España, en compañía de sus dos
hijos y de dos de sus fieles marinos, y sin saber que
había descubierto "el Nuevo Mundo",
un mundo hasta ese entonces desconocido para Europa.
En 1537 se trasladaron sus restos
a la catedral de Santo Domingo, junto a los de su hijo
Diego. En 1795, España cedió
la isla de Santo Domingo a Francia, pero ordenó
que los restos de Colón fueran retornados. Entonces
una osamenta, que se creía era la de Colón,
fue exhumada de la catedral y trasladada a Sevilla.
Sin embargo, en 1877, un grupo de trabajadores
desenterró en la catedral de Santo Domingo una
urna de plomo, sobre la que se leía: "Ilustrísimo
y distinguido varón, Don Cristóbal Colón".
Muchos dominicanos están convencidos de que
los españoles se equivocaron en 1795
y se llevaron los restos que no eran, por lo cual dos
países reclaman ser el lugar del descanso final
de los restos del "descubridor" de América:
España (la Catedral de Sevilla) y la República
Dominicana (Catedral de Santo Domingo).
ANTECEDENTES
La forma de la Tierra
Las creencias y supersticiones populares del siglo XV
sostenían que la tierra era plana y que descansaba
sobre cuatro columnas, cuatro tortugas o cuatro elefantes.
Según estas leyendas, luego del Peñón
de Gibraltar estaba el llamado "Plus Ultra",
el fin del mundo, donde gigantescos monstruos marinos
precipitaban las naves al vacío.
Los investigadores, en cambio, sostenían la redondez
de la tierra, aunque no se ponían de acuerdo
con su tamaño.
Anteriores viajes a América
Hay varias teorías sobre el origen de los primeros
pobladores de América. Hay quienes sostienen
que con anterioridad a la Era Cristiana viajaron a América
por mar habitantes de la Polinesia.
Según otras investigaciones, en el siglo IX los
vikingos, que eran guerreros noruegos y excelentes navegantes,
se rebelaron contra su rey y partieron hacia Islandia.
Un año más tarde, Erick El Rojo fue expulsado
de allí y se estableció en una isla cercana
a la que llamó Groenlandia ("tierra verde").
En el año 1000, Leif El Afortunado, hijo de Erick
el Rojo, emprendió un viaje marítimo de
exploración y llegó a América,
a una región que llamó Hellulandia (hoy,
Labrador). También alcanzó la actual Terranova
y una región que denominó Vinlandia o
País de las Viñas (hoy, Nueva Escocia).
Un año más tarde, otro vikingo, Thorfinn
Karlsefne, partió hacia Vinlandia y se estableció
allí junto con 160 hombres. El recuerdo de estas
expediciones vivió solamente en la memoria de
los habitantes de Islandia. Hay quienes aseguran que
incluso Colón tuvo noticias de ellas, pero no
hay ninguna prueba de que esto fuera cierto. Si bien
desde un punto de vista rigurosamente histórico
estos hechos podrían considerarse como el verdadero
descubrimiento de América, también es
cierto que los mismos no tuvieron la trascendencia de
los viajes de Colón.
Los inventos y los mares
Los inventos que se produjeron en el inicio de la Edad
Moderna, facilitaron la búsqueda de las deseadas
rutas hacia los países de las especias, China
y la India, y provocaron una total transformación
de la vida europea.
A partir del siglo XI, dos inventos fueron vitales para
las empresas descubridoras: La brújula y el astrolabio.
La primera, atribuida a los chinos, permitió
a los navegantes orientarse mediante la aguja imantada
que señala al Norte.
El astrolabio es un instrumento para medir la altura
y la posición de los cuerpos celestes, por lo
que es útil para determinar la latitud y longitud,
de ahí que jugó un papel de primerísima
importancia en 1492.
Estos grandes inventos hicieron posibles las exploraciones
marítimas, y los españoles y portugueses
fueron los precursores de la navegación oceánica:
Vasco Da Gama, por ejemplo, fue el primero en dar la
vuelta a la extremidad sur de África en 1497,
y un año después navegó hasta las
verdaderas Indias, cuando ya era una realidad el descubrimiento
y colonización por parte de España de
un continente cuatro veces mayor que Europa.
El comercio con Asia
Entre los siglos VII y IX, los pueblos árabes
de Asia y Medio Oriente se expandieron por el norte
de África hasta España y Portugal, abriendo
una nueva ruta comercial. Esto benefició a Europa,
que empezaba a recibir de Oriente sedas, oro, piedras
preciosas, azúcar, especias, y también
esclavos.
En el siglo XIII, un comerciante veneciano llamado Marco
Polo realizó un viaje por Oriente hasta llegar
al Imperio Chino. Esta experiencia entusiasmó
a otros mercaderes venecianos y genoveses, que se lanzaron
a la aventura del comercio con Oriente (principalmente
China e India).
En el siglo XV, el comercio entre Europa y Oriente se
realizaba recorriendo el Mar Mediterráneo hasta
Constantinopla y a partir de allí por tierra.
Pero cuando en 1453 el Imperio Turco conquistó
estos territorios, impidió el paso de los europeos
hacia el continente asiático. La necesidad de
encontrar nuevas rutas para llegar a las Indias impulsó
entonces a los portugueses y españoles a buscarlas
para poder continuar sus actividades comerciales.
CRISTÓBAL COLÓN
La llegada de Colón a América no fue casualidad,
sino consecuencia de los esfuerzos que se estaban haciendo
para reorganizar el comercio Europeo con los países
de Oriente.
El plan de Colón buscaba en realidad una ruta
más corta para llegar a las Indias, tierras de
especias (pimienta, nuez moscada, canela, etc.), azúcar
y oro. Colón ideó este plan al darse cuenta
de que el comercio de las especies había sido
el más afectado por los avances turcos en el
Mediterráneo oriental durante el siglo XV.
Por otra parte, los españoles querían
obtener oro a bajos costos, ya que desde hacia algunos
siglos no había oro en Europa, y su valor era
extraordinariamente alto, debido precisamente a su escasez.
Las ideas de Colón no encontraron asidero en
ninguna de las Cortes en las que se presentó.
Incluso en 1485, Colón fue recibido en 2 oportunidades
por los Reyes Católicos, pero sin obtener los
resultados que esperaba. Recién en 1492, la caída
de Granada le facilitó la oportunidad de otra
entrevista, e Isabel decidió aceptar el plan
colombino porque podría significar la obtención
de especias y oro que tanto requería la corona
para colocarse económicamente por encima de los
demás países.
En contrario a la creencia general, la Corona no aportó
un sólo centavo, ni mucho menos la Reina Isabel.
Ella sólo dio su aprobación cuando vio
que la empresa era respaldada por mercaderes sensatos,
pues el mayor aporte económico fue hecho por
Luis de Santagel, los hermanos Pinzón, el marino
Martín Yanez, y hasta el propio Colón,
quien entregó una pequeña parte.
Las Capitulaciones de Santa Fe
Antes de iniciar su viaje, Colón insistió
en la firma de un documento que consignara los beneficios
que debía recibir si tenía éxito,
porque como en Castilla gobernaba la nobleza y él
no era noble, de otro modo no podría gobernar
ninguna tierra.
Cuando recibió el aval de la reina, quiso que
todo lo que pudiera ocurrir quedara escrito, y firmó
con los monarcas en la ciudad de Santa Fe las famosas
capitulaciones, que establecieron entre otras cosas:
1.- Los Reyes Católicos nombraban
a Cristóbal Colón su Almirante y Virrey
perpetuo en todos los mares, islas y toda tierra firme
que descubriese.
2.- Para gobernar cada isla, provincia
o reino conquistado, los Reyes Católicos elegirían
un representante de una terna presentada por él.
3.- El Almirante tendría la
décima parte de todas las riquezas o mercancías
producidas por las nuevas conquistas.
Todos estos beneficios fueron necesarios para que
Colón terminara de decidirse a emprender el
viaje hacia el descubrimiento.
EL ENCUENTRO DE DOS MUNDOS
Al recibir Colón el apoyo de los Reyes Católicos
comenzaron los preparativos para el primero de sus viajes.
Partió el 3 de agosto de 1492 del Puerto de Palos
(España) con dos carabelas (la Niña y
la Pinta) y una nave (la Santa María). Martín
y Vicente Pinzón tomaron el comando de las dos
carabelas y Colón dirigió la nave. En
total, la tripulación estaba formada por 120
hombres.
Navegaron por la costa africana hasta alcanzar las Islas
Canarias, y desde allí partieron hacia el Oeste.
El cruce del océano fue una verdadera odisea:
la desesperación de no llegar a tierra después
de navegar más de dos meses provocó algunos
amotinamientos en la tripulación, y debido a
la presión Colón les prometió que
si en tres días no avistaban tierra firme regresarían
a España.
El Descubrimiento
El 12 de octubre de 1492, el marinero Rodrigo de Triana
avistó tierra, y ese mismo día desembarcaron
en la isla que los indígenas llamaban Guanahaní
y que Colón bautizó como "San Salvador".
Pero en lugar de encontrar, como esperaba, el Reino
del Gran Khan descripto por Marco Polo, rico en oro
y especias y con una ciudad imperial de príncipes
montados sobre elefantes, Colón se encontró
con aborígenes desnudos. De todos modos, creyó
erróneamente haber llegado a las Indias y fue
por eso que llamó indios a sus habitantes.
Colón se puso de inmediato en contacto con los
aborígenes de la isla de Guanahaní, de
nombre araucanos, y allí sus hombres conocieron
las hojas de tabaco que les obsequiaron, y se asombraron
porque muchos indígenas llevaban piezas de oro
en sus cuerpos, sobre todo en la nariz.
De allí, el navegante siguió viaje hacia
Cuba.
"Colonización"
Después de explorar el archipiélago de
las Bahamas y Cuba, descubrió otra isla, a la
que bautizó La Española (hoy Haití
y República Dominicana).
La idea de Colón era entablar amistad con los
caciques que se encontraba, para garantizar el intercambio
y crear condiciones que le permitieran luego establecer
vínculos de dominación.
Los españoles comprobaron que había en
la isla una organización política muy
ordenada: estaba dividida en cinco grandes cacicazgos,
y el que primero encontraron era el que aparentemente
tenía más problemas con el resto. Estaban
en los territorios del cacique Guacanagarix, quien parecía
ser el más importante. Colón decidió
entonces dejar un reducto fortificado con unos cuántos
españoles que garantizaran la propiedad de la
Corona de Castilla sobre las islas descubiertas.
El cacique Guacanagarix aceptó la alianza con
los recién llegados, pensando en la utilidad
que le daría en las peleas que tenía con
otros caciques cercanos, principalmente con Caonabo,
las cuales habían dado lugar a pequeñas
guerras.
De todos modos, la alianza convino a Colón más
que al cacique, ya que a través de ella obtuvo
las informaciones que quería en torno a La Española.
El Fuerte Navidad
Aprovechando los restos de la nave Santa María,
que había naufragado al estrellarse contra un
arrecife, y con la ayuda de los indígenas de
Guacanagarix, se construyó el primer asentamiento
español en el Nuevo Mundo: un fuerte al que Colón
llamó Navidad y que fue hecho de madera y piedra
sólidamente trabadas.
Luego de haber sido construida la fortaleza, el Almirante
decidió retornar a España, dejando en
el lugar a casi 40 hombres armados con provisiones suficientes
para que lo esperaran.
El 4 de enero de 1493 Colón regresó a
España en la carabela La Niña, con el
oro que había adquirido, para dar a los Reyes
Católicos una muestra del triunfo obtenido al
encontrar, según su apreciación, otra
ruta para llegar a las Indias. Antes de partir, dio
instrucciones precisas a los que quedaron en el lugar,
para que a su regreso hubiesen iniciado el proceso de
colonización: mantenerse unidos, al mando de
Diego de Arana; respetar a Guacanagarix y a los demás
caciques; no capturar indígenas y no dirigirse
hacia el interior de la isla.
Pero apenas se marchó Colón, los españoles
del fuerte Navidad perdieron la disciplina y se dividieron,
principalmente por ambiciones desmedidas que los hicieron
rivalizar. En forma desordenada, empezaron a apoderarse
de los pocos bienes que estimaban útiles de los
pobladores, y a cometer todo tipo de abusos amparados
en su superioridad bélica.
OTROS VIAJES DE COLÓN
Segundo viaje
Con la confianza y la protección de los Reyes
Católicos, Colón partió de Cádiz
el 25 de septiembre de 1493, con 17 barcos y 1200 hombres.
Al cabo de cuarenta días de navegación,
descubrió las Antillas y la isla de Puerto Rico.
A fines de noviembre llegó a La Española
y encontró su fuerte destruido: los 39 hombres
habían sido asesinados. Ocurrió que un
grupo de ellos decidió abandonar el fuerte y
marchar a los "Montes del Cibao" donde se
decía que estaban los mejores yacimientos de
oro, pero fueron interceptados y aniquilados por las
fuerzas de Caonabo, uno de los principales caciques.
Alertados por esta presencia inesperada, Caonabo y otros
caciques importantes decidieron deshacerse de intrusos
tan peligrosos, e incendiaron el fuerte Navidad dando
muerte a los últimos españoles que quedaban
en su interior.
Al encontrarse con semejante panorama, Colón
fundó allí mismo La Isabela, en honor
a la reina de España, pero la falta de víveres
y las enfermedades hicieron estragos entre sus hombres,
por lo que parte de la expedición regresó
debilitada y enferma a España, en 12 barcos.
En abril de 1494, Colón siguió explorando
el Mar de las Antillas con apenas 3 carabelas, y cuando
volvió a La Isabela se encontró con que
los españoles obligaban a los indios a que les
entregaran el oro y se mataban entre sí.
Otra vez la ambición de sus hombres le generaba
problemas. En España, muchos criticaban a Colón
ante la Corte y lo denunciaban como un pésimo
administrador en las nuevas tierras, pero el navegante
genovés retornó a España y se defendió
ante los Reyes Católicos.
Tercer viaje
El 30 de marzo de 1498, Colón partió de
Sanlúcar de Barrameda con 6 naves, y el 31 de
julio llegó a la isla Trinidad. Luego pasó
a las costas de Venezuela, en lo que fue su primer contacto
con América continental. Pero pronto volvió
a La Española, y se encontró con que los
españoles se habían sublevado debido a
la fiebre del oro, la inadaptación al clima y
la severa disciplina. Colón hizo entonces ahorcar
a varios, pero sólo logró aumentar las
rebeliones. Francisco de Bobadilla llegó a La
Española en el año 1500, enviado por los
reyes. Al enterarse de los métodos represivos
de Colón, lo hizo arrestar junto con sus hermanos
y los envió encadenados a España.
Cuarto viaje
En consideración a sus servicios, la Corte retiró
los cargos a Colón, quien prácticamente
dejó de contar con la confianza y el apoyo de
la reina y los cortesanos. El 13 de abril de 1502 partió
con 4 carabelas aún con la esperanza de encontrar
el Imperio del Gran Khan, pero en cambio recorrió
Honduras, Nicaragua, Costa Rica y Panamá. Violentas
tempestades destrozaron sus naves y sólo con
los últimos restos consiguió llegar a
Jamaica. Allí fue rescatado muy enfermo y en
1504 fue devuelto a España, donde dos años
más tarde falleció.
DÍA DE LA RAZA
SU ORIGEN E INSTITUCIÓN
Cuando el 12 de octubre de 1492, después de
72 días de navegación, el marinero Rodrigo
de Triana divisó tierra, comenzó a producirse
un acontecimiento que cambió la concepción
que se tenía del planeta, y provocó algo
que ni siquiera el mismo Cristóbal Colón
había imaginado: la unión de dos mundos
que hasta entonces no tenían conocimiento el
uno del otro.
El encuentro fue enriquecedor para ambos: por un lado,
América recibió un gran legado cultural,
político y religioso; por otra parte, Europa
conoció nuevos productos y abrió sus puertas
a un intercambio amplísimo y muy provechoso.
El 12 de octubre de 1892, al celebrarse el cuarto centenario
del encuentro de estas dos culturas, un real decreto
de doña María Cristina de Habsburgo, firmado
en el Monasterio de la Rábida, expresaba la intención
de instituir como Fiesta Nacional el aniversario del
día en que Colón y sus carabelas llegaron
a América.
Años más tarde, reafirmando este propósito,
fue instituido el Día de la Raza, para homenajear
y afianzar la unión entre aquellos pueblos o
países que tienen en común la lengua,
el origen, la cultura o la religión, y que gracias
a ello se enriquecen mutuamente.
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