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Fernando García Fernández, profesor de la Universidad de Navarra, dictó la conferencia “Ocio interactivo: un nuevo reto para la familia” por invitación de EducaRed. En el marco de su presentación, se refirió al uso de las Tics en la escuela y el rol de la familia. Aseguró que todos los docentes deben asumir tres desafíos frente al uso de la tecnología: querer, saber y poder. Y que si bien no caben dudas de que los profesores admiten que las Tics ayudan a aprender más y mejor, tienen aún que superar la idea de que el libro es el único mediador en el proceso de enseñanza y de aprendizaje. Fernando García Fernández es el fundador de Civértice, un grupo de investigación integrado por varias universidades y centros de enseñanza media cuyo principal objetivo es conocer mejor la relación del público infantil y juvenil con las nuevas tecnologías.
EducaRed: Al referirse a la situación actual de las familias en relación con la cultura de las generaciones más jóvenes, Ud. habla de los padres como migrantes digitales en nuevas familias interactivas. ¿Qué significado tienen estos términos?
Fernando García Fernández: El migrante es aquella persona que integrándose en otra sociedad distinta de la de origen, hace el esfuerzo por conocer y adoptar la cultura del país al que va. En este caso, extendemos el término para referirnos a la inclusión de los adultos en el mundo digital en el que muchos niños han nacido. Mantenemos el acento de nuestra lengua materna, un comportamiento un poco distinto al de nuestros hijos frente a las pantallas, pero si hacemos ese esfuerzo por entender a los niños y a las pantallas, desde el punto de vista educativo, no perderemos el lugar que sí perderemos si nos mantenemos al margen. Es como si un argentino o español que se va a vivir a Gran Bretaña se mantuviera aislado en un barrio español, sin hablar inglés. Hay que pasar del gheto antitecnológico al tecnológico, al digital. Aunque los padres mantengan su lengua original, los hijos entenderán que los padres están haciendo un esfuerzo por entender su mundo, por ayudarlos.
ER: Y la institución educativa, ¿hace el esfuerzo por adaptarse a la nueva cultura digital?
FGF: No puedo hablar mucho de la escuela argentina. En España, los profesores estamos usando las tecnologías en nuestro trabajo, pero significativamente no para dar clases, no como herramienta didáctica sino como medio de comunicación con las familias, utilizando el correo electrónico o un software para poner notas; también se utiliza para elaborar documentos, pero no hemos integrado aún la tecnología digital a las actividades del aula. Si bien un 100% de los profesores usan la tecnología fuera de las aulas, solo un 20% han hecho un esfuerzo por integrar la tecnología a sus clases. Creo que todos los profesores queremos integrar la tecnología, pero tenemos tres desafíos a asumir: querer, saber y poder. Querer: no hay ningún profesor que no quiera que sus alumnos aprendan más y mejor, y yo estoy convencido que estas tecnologías bien empleadas ayudan a aprender más y mejor. Sobre todo en el aprendizaje de pasos o reglas, como las tablas de multiplicar o las valencias de los elementos químicos…El uso de las computadoras facilita el trabajo y evita perder tiempo en el aula, tiempo que se puede aprovechar en otras actividades reflexivas que merecen la presencia del profesor.
Poder: creo que en España las administraciones educativas han hecho un gran esfuerzo por dotar a los centros de recursos tecnológicos. Las empresas proveedoras de Internet están haciendo un gran esfuerzo a favor de los colegios a través de la dotación de ADSL, cursos de formación, etcétera. El problema está en el saber. Los profesores no hemos aprendido a usar esas tecnologías como instrumento didáctico, no hemos dado el salto de creernos que con un ordenador se puede aprender igual que con un libro. Ese salto es el que tenemos que producir.
ER: ¿Esto no pasó también en su momento con la televisión como recurso educativo?
FGF: Hay una diferencia: la televisión empezó en los años ’50 y se masificó en los años ’80. Internet se impuso tan rápido y los cambios son tan vertiginosos que no nos da tiempo a asimilarlos. Cuando nos hemos familiarizado con la Web 1.0 aparece la Web 2.0. Cuando nos acostumbramos a ser consumidores de Internet, se nos abre la posibilidad de ser productores de contenidos: hay que tener blog, un fotolog, ser parte de alguna red social.
ER: ¿Preocupa a los docentes el plagio de los alumnos utilizando la web?
FGF: Ya hay Webs que permiten detectar plagios. Un plagio literal es muy fácil de detectar, pero creo que el problema es que quizás el trabajo que se está planteando al niño es un trabajo que se puede copiar. Planteemos un trabajo donde no se pueda copiar: trabajos donde no haya que repetir una información sin más, sino que haya que sintetizarla, extraer conclusiones. El problema es cuando mandas un trabajo genérico, por ejemplo, sobre el oso pardo. Entonces los niños van a Internet, copian y pegan. No hay reflexión. ¿Por qué no pedir entonces –siguiendo este sencillo ejemplo- que busquen las diferencias entre el oso pardo y el avestruz?
ER: ¿Es importante el lugar que ocupa la computadora en la escuela?
FGF: Se ha pensado que la panacea de la inclusión digital era “un ordenador-un niño”. No comparto esta idea. Ahora mismo, entiendo que la tecnología que habría que poner en todos los colegios es la pizarra digital interactiva. No un ordenador por niño porque supone que, un profesor que no esté familiarizado con la tecnología, de pronto tiene treinta problemas, treinta máquinas que no puede controlar, que se pueden bloquear, que hay que conectar a la vez. Un profesor se siente completamente desbordado frente a esta demanda. La pizarra interactiva está en el salón de clases, el profesor tiene solo un ordenador del que preocuparse, puede interactuar, pueden utilizarse herramientas muy interesantes y atractivas. De todas las tecnologías con las que yo he experimentado, la pizarra interactiva es la que tiene más oportunidades de imponerse en el aula. Y además permite al aprendizaje colaborativo, en grupo, incluso con personas que no están presentes físicamente, sino que se hacen presentes a través de Internet.
ER: La Web abre innumerables oportunidades para el trabajo colaborativo. ¿Se aprovecha en la escuela la posibilidad que Internet ofrece para interactuar y construir conocimiento entre niños de distintos países?
FGF: Esto es posible cuando la tecnología acompaña, pero no siempre se da esta situación. De todos modos, me parece que ésta es la línea a seguir, porque en la perspectiva cultural de los niños y adolescentes de hoy ahora está la conectividad y la ruptura de barreras espacio-temporales. Es necesario aprovechar para la enseñanza la nueva situación que se genera a partir de la difusión de las nuevas tecnologías: cualquier persona del mundo puede ser tu amigo, tu compañero, tu ayudante.
ER: En el mediano plazo, ¿qué cree que ocurrirá con el docente que no incorpore las nuevas tecnologías al trabajo profesional o no se adecue a los modos de interacción de los niños y adolescentes a partir del uso de las TICs?
FGF: Creo que si los profesores se aferran a su método, si no son flexibles, tendrán problemas en el aula, mucho mayores que aquellos que se adapta a los nuevos tiempos. No quedará afuera, pero tendrán una sensación cada vez mayor de que las cosas no marchan bien, sobre todo frente al aumento del desinterés y el aburrimiento que plantean los niños en el contexto de la enseñaza tradicional.
ER: Usted plantea que “las pantallas que pueblan nuestros hogares, pueden ejercer una influencia negativa sobre nuestros hijos, y que tenemos la obligación de conocerlas y actuar para minimizar sus riesgos”. ¿Cuáles son, a su criterio, las cuestiones en las que deberíamos focalizar como padres en relación con los usos de la tecnología?
FGF: Creo que deberíamos prestar atención principalmente a cuatro cuestiones: el tiempo, el lugar, la compañía y el contenido. El tiempo hace referencia tanto a la cantidad de horas como al momento en que en que nuestros hijos se conectan a Internet. Es decir, cuándo el niño usa Internet y durante cuánto tiempo lo hace. El lugar se refiere a si el uso que hace de Internet es público (por ejemplo, en la biblioteca o colegio) o privado (hogar). En este punto, también se puede distinguir entre el espacio familiar público al que puede acceder cualquier miembro de la familia o el espacio personal privado, es decir, que está sólo a disposición del menor en su habitación, por ejemplo.
Las otras cuestiones a atender son: en compañía de quién navega un menor (¿estamos los adultos acompañándolo en sus búsquedas o es una práctica que realiza habitualmente en soledad? ¿Con quién se relaciona el niño en el ciberespacio: con sus amigos o con personas desconocidas y anónimas?). Por último, es importante atender al contenido de esa práctica, esto es qué hace el niño con la tecnología y para qué la utiliza. Entiendo que deberíamos dialogar con nuestros hijos sobre estas cuestiones cruciales a fin de maximizar las oportunidades que ofrece la Web.
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