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TEMA DE LA SEMANA
El calentamiento global: ¿qué está ocurriendo con el clima en el mundo?
El día del último aniversario de la declaración de la Independencia argentina, el 9 de julio, estuvo marcado por un evento excepcional: intensas nevadas cubrieron la casi totalidad del territorio nacional, incluyendo la Ciudad de Buenos Aires, donde no se registraba un fenómeno de este tipo desde 1918. El 26 de julio, por otra parte, se cumplió un año de una espectacular tormenta de granizo que también dejó a las calles de Capital Federal y el Gran Buenos Aires cubiertas de un manto blanco. Ambos hechos causaron asombro, entretenimiento, diversión, y también algunos daños materiales y víctimas (hubo 25 mil denuncias por vehículos dañados por el granizo en Buenos Aires y Gran Buenos Aires y 26 personas murieron a causa de la última ola de frío en todo el país). Mientras tanto, a fines de julio la posición del anticiclón de las Azores causaba en el sur de Europa una ola de calor que provocó alrededor de 600 víctimas, y en Inglaterra lluvias torrenciales superiores a todos los registros históricos e inundaciones descomunales. Existe la posibilidad de que estos sucesos u otros como las inundaciones en Santa Fe) o los derrumbes en Tartagal , no tengan ninguna vinculación entre sí, pero imponen una pregunta: ¿qué está ocurriendo algo con el clima en el mundo?
El cambio climático
Los cambios en los factores climáticos en la Tierra no son una novedad; a lo largo de miles de millones de años de existencia del planeta se han producido numerosas variaciones en el clima global y en las condiciones regionales. Algunos de estos cambios fueron consecuencia de fuerzas terrestres (la actividad volcánica), otros han sido causados por fuerzas externas (como las variaciones en la intensidad de la radiación solar). Sin embargo, a diferencia de la situación en el pasado, muchos de los cambios climáticos más recientes son atribuidos a la actividad del hombre, hasta el punto que en el lenguaje cotidiano la expresión “cambio climático” se refiere sobre todo a un proceso reciente, conocido como calentamiento global. Incluso la Convención de Naciones Unidas sobre Cambio Climático, según la cual 60 mil personas mueren cada año a consecuencia del fenómeno actual, prefiere el término “variabilidad climática” para referirse a los cambios que responden a causas no humanas.
¿Qué es el calentamiento global? Es el aumento en la temperatura promedio del aire cercano a la superficie de la Tierra, sucedido en las últimas décadas. Se estima que la temperatura aumentó 0,74 ºC durante el último siglo y que buena parte de ese incremento fue causado por un aumento de los gases con efecto invernadero. Los gases presentes en la atmósfera absorben la radiación infrarroja del sol, lo que permite aumentar la temperatura del planeta y hace posible la vida como la conocemos. Sin embargo, la actividad del hombre ha producido gases de ese tipo en exceso. Las concentraciones atmosféricas de dióxido de carbono y metano han aumentado un 31% y un 149% respectivamente desde la revolución industrial, tomando como año base a 1750, y de acuerdo con estudios geológicos no hay registros de valores tan altos en los últimos 650 mil años. Se estima que tres cuartos de las emisiones de dióxido de carbono causadas por el hombre en los últimos veinte años son producto de la utilización de combustibles fósiles, mientras que buena parte del restante 25% es producto de la deforestación (las selvas tropicales perdieron entre 55 mil y 120 mil kilómetros cuadrados al año en la década de 1990; a este ritmo, habrán desaparecido para comienzos del próximo siglo).
Las proyecciones más pesimistas del Panel Intergubernamental Sobre Cambio Climático de Naciones Unidas estiman que la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera podría triplicarse y la temperatura global promedio podría aumentar otros 6,4 ºC para 2100. Pero incluso si los gases de efecto invernadero se estabilizaran en los niveles actuales, por la inercia climática del planeta la temperatura aumentaría 0,9 ºC en el mismo período. A su turno, el aumento de la temperatura global podría estar causando otros cambios, entre ellos un aumento en el nivel del mar por el derretimiento de los hielos polares (hasta 77 centímetros, según las proyecciones más pesimistas), el aumento de la frecuencia y la intensidad de eventos climáticos extremos (huracanes, cambios en la cantidad y los patrones de precipitaciones, sequías e inundaciones más frecuentes), cambios en los rindes agrícolas, extinción de especies animales y vegetales, retroceso de los glaciares, etcétera.
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Retroceso de los glaciares |
En 2006, un estudio conducido por el ex vicepresidente del Banco Mundial, Nicholas Stern, propuso invertir un 1% del producto bruto mundial en mitigar el cambio climático y sugirió que, en caso de no tomarse ninguna medida, los efectos del fenómeno podrían causar una recesión equivalente al 20% del producto bruto mundial. El estudio, aunque inquietante, fue criticado por razones técnicas y no existen en realidad estimaciones precisas sobre los efectos económicos del cambio climático. Por otra parte, aunque el cambio climático es un fenómeno global, su impacto será diverso en diferentes regiones del mundo: el impacto de los fenómenos climáticos extremos se focalizará en algunos lugares. El aumento de la temperatura global promedio puede causar que algunas tierras que hasta ahora no eran cultivables pasen a serlo y que otras que sí lo eran se vuelvan desérticas (lo que paradójicamente favorecería a algunos países desarrollados de zonas frías del hemisferio Norte y perjudicaría a países pobres de zonas tropicales, aunque aquéllos son responsables de la mayor parte de las emisiones de gases de efecto invernadero); por su parte, las zonas costeras podrían verse más directamente afectadas que las mediterráneas por el aumento del nivel de los mares.
El Protocolo de Kyoto
Ante las evidencias de que el cambio climático implica una amenaza real, la Organización de Naciones Unidas diseñó un protocolo para lidiar con el problema. El Protocolo de Kyoto es una enmienda de los tratados internacionales de cambio climático que asigna limitaciones obligatorias en la emisión de gases de efecto invernadero para los Estados que lo suscriban. El objetivo del protocolo es estabilizar las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera para moderar la injerencia humana en el sistema climático global. Esto implica que, para 2012, muchos países tendrían que reducir considerablemente sus emisiones de dióxido de carbono respecto de los valores de 1990 y que otros podrían aumentarlos, al tiempo que los países que emiten grandes cantidades pueden “comprar” reducciones de los que emiten poco. Para diciembre de 2006, 169 países habían ratificado el protocolo, entre ellos India y China, que a pesar de estar entre los grandes emisores de gases de efecto invernadero no se veían obligados a reducir sus emisiones por su condición de países en desarrollo. Probablemente el hecho más curioso es que Estados Unidos, que es responsable por más de un 20% de las emisiones mundiales de dióxido de carbono, firmó el Protocolo, pero jamás lo ratificó, de modo que no se ha visto obligado a reducir sus emisiones y su adhesión al tratado ha sido meramente simbólica.
En una declaración no vinculante, firmada en Washington en febrero de 2007, los presidentes y primeros ministros de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Rusia, Japón, Inglaterra, Estados Unidos, Brasil, China, India México y Sudáfrica acordaron los principios esenciales de un sucesor del Protocolo de Kyoto, que idealmente debería ponerse en funcionamiento en 2009 e incluiría un sistema de intercambio entre naciones industrializadas y países en desarrollo. Los líderes del G8, las ocho naciones más industrializadas del mundo, por su parte acordaron en junio de 2007 que propondrían una negociación en Naciones Unidas por la cual se fijaría como objetivo una reducción del 50% en las emisiones globales de dióxido de carbono para 2050. A pesar de la increíble actitud estadounidense respecto de Kyoto, tanto el Protocolo como las declaraciones y negociaciones que se llevaron adelante desde su puesta en funcionamiento muestran una creciente conciencia del problema en los líderes internacionales.
¿Qué significa para nosotros?
Estados Unidos, China y la Unión Europea producen, en conjunto, un 50% del dióxido de carbono mundial. Argentina, por su parte, sólo el 0,5%. Sin embargo, eso no significa que debamos ser indiferentes ante la cuestión, aunque sea por nuestro propio interés: buena parte de las emisiones de dióxido de carbono provienen de la producción y el consumo de energía, y la reciente reaparición de la crisis energética debería ser suficiente para llamar nuestra atención hacia el problema y sus consecuencias. Es, además, un campo abierto a las posibilidades, pues la búsqueda de energías renovables (hoy sólo dan cuenta de un 14 % de la producción mundial de energía, sumando la hidroeléctrica, la eólica, la solar, la marítima y la geotérmica) se incrementará en los próximos años y existe en el país capacidad técnica y científica para explorar sus desarrollos posibles.
Por otra parte, la problemática del cambio climático no se limita solamente a las emisiones de dióxido de carbono y los problemas energéticos. Pensemos, por ejemplo, que una de las consecuencias del cambio climático es la desertificación y la degradación del suelo. Mundialmente, cada año se pierden 20 millones de hectáreas agrícolas por la degradación del suelo, mientras que en Argentina la pérdida alcanza las 650.000 hectáreas por año. Si tenemos en cuenta la importancia de la producción agrícola para el actual crecimiento económico argentino, las cifras son tremendamente preocupantes. Algo semejante puede decirse de los eventos climáticos extremos que tenderán a volverse más frecuentes y para los que la infraestructura de nuestro país está particularmente mal preparada.
Más allá de las responsabilidades de cada país y de los efectos diferenciales del fenómeno, el cambio climático nos afectará a todos y requiere de una conciencia global y de acciones tan cotidianas como conjuntas para ser resuelto. La discusión en la escuela de estos problemas (las alteraciones en el clima mundial causadas por el hombre, las pequeñas acciones cotidianas que todos podemos realizar para reducir el impacto que nuestra existencia impone sobre el medio ambiente y las medidas que podríamos demandar de nuestros gobernantes al respecto) es un buen primer paso para generar aquella conciencia e intentar controlar el asunto.
Proyecto relacionado: Mi Planeta. Programa de Educación Ambiental
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