La pelotita cae de una plataforma en el aire y todo es cuestión de mantenerla picando. Nosotros controlamos el movimiento del piso, compuesto de diferentes baldosas. Algunas baldosas tienen efectos especiales sobre la pelota cuando pica sobre ellas, tales como darnos puntos extra o hacer que llegue más alto. Hasta ahora suena simple, ¿no?
El pequeño gran problema es que cada vez que la pelota toca el suelo, éste cambia completamente. Donde había una baldosa ahora puede haber sólo un espacio vacío (y viceversa), y hay que reacomodarse muy rápido para no perder el control.
Poom resulta un juego desesperante pero muy, muy divertido.