Bertrand Russell, a quien vemos en la imagen de aquí al lado, los llamó «verbos muy irregulares», pero a nosotros nos gusta más el nombre «conjugaciones egológicas», que le dieron en la revista Juegos para gente de mente hace muchos años. Una conjugación egológica describe un hecho similar, pero con elogiosa benevolencia cuando se refiere a uno mismo, con desconfiada distancia cuando se refiere al interlocutor, y con rechazo agraviante cuando se refiere a una tercera persona. Este ejemplo fue creado por el mismo Russell:
Yo me mantengo firme en mis convicciones.
Vos sos obstinado.
Él es terco como una mula.
Se llaman egológicas porque siguen la lógica del ego.
Yo soy prudente.
Vos nunca te arriesgás.
Él es un cobarde.
Yo me nutro de diversas fuentes.
Vos imitás a los grandes.
Él plagia.
Las dos conjugaciones previas fueron creadas por Gustavo Piñeiro y Celia Inés Sábato.
Yo soy original.
Vos sos excéntrico.
Él es un freak.
Queda claro que la idea es siempre describir una misma cosa pero con valoraciones gradualmente distintas. No se trata de encontrar conjugaciones como «yo soy bueno, él es más o menos, vos sos malo», sino más bien alguna que diga «yo soy bueno, vos sos demasiado permisivo, él no sabe hacerse respetar».
Las conjugaciones egológicas atraviesan constantemente los discursos de la vida diaria. Basta con recorrer los diarios para encontrar un mismo hecho que recibe valoraciones opuestas. Muchas veces uno mismo, inadvertidamente, se evalúa de manera muy diferente a como juzga a los demás. Tratar de detectar esas conjugaciones egológicas es un buen ejercicio, aunque tratar de inventar algunas es más divertido todavía. ¿Cuál se te ocurre a vos?
Ivan Skvarca