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Crónicas fantásticas
Viernes 31 de Diciembre de 2004
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Hoy vamos a conocer un poco acerca de la historia de las fanfic. Como conté antes, las fanfic conocidas con ese nombre aparecieron en los Estados Unidos hace tiempo, en la década de 1960, cuando Star Trek dejó de ser una serie en televisión para pasar a lanzar películas para cine o TV de vez en cuando.
Los admiradores de la serie (en especial las chicas) comenzaron a escribir más historias: más aventuras para la tripulación, nuevos amores para el Capitán Kirk, nuevos personajes. Por supuesto que cuando uno escribe quiere mostrarlo a los demás, así que estos autores pasaban sus textos a sus amigos, y los más interesantes (por ser muy buenos, o por ser muy malos) muchas veces recorrían todo Estados Unidos y hasta otros países también. Luego, los mejor escritos comenzaron a ser editados en las revistas llamadas "fanzines" (muy comunes ahora también en Argentina), y de ahí en más se comenzó a llamar "fanfiction", "fanfic" o incluso sólo "fic" a estos cuentos, novelas, canciones, poemas y listas de "top ten".
Claro que los escritos de los fans se remontan mucho más atrás; tan sólo no se los conocía con el nombre de fanfic. Ya a fines del siglo XIX y principios del XX, los admiradores de la obra de Arthur Conan Doyle, el autor de las aventuras del famoso Sherlock Holmes, le dieron a esas obras el nombre de "pastiche", ya que así se llama en arte cuando un artista copia la obra de otro, modificando algunas cosas para buscarle otro sentido. Muchas de ellas se publicaron en forma de novelas, y siguen surgiendo; incluso algunos autores famosos, como Stephen King, se animaron con el personaje y su amigo Watson. Pero es seguro que muchos otros admiradores, incluso siglos atrás, imaginarían otras historias para los personajes de sus novelas favoritas, sólo que no era tan fácil la difusión.
Ahora, gracias a Internet, existen enormes comunidades de escritores de fanfic, que se comunican y comparten sus obras por medio de la Web y listas de correo. Y las historias están ahí, a un clic o dos de distancia.
Marina Cuello (texto e imagen)
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Viernes 24 de Diciembre de 2004
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Con las fiestas de fin de año, por televisión comienzan a pasar películas "de alto contenido navideño". De entre todas esas películas, El extraño mundo de Jack, o Pesadilla antes de Navidad, o Las Navidades de Jack (parece que no hay acuerdo en cómo llamarla en castellano) es la más bella, la más rara, la más preciosa. Aunque no fue el director, la mano creadora es la de Tim Burton, cineasta, artista y poeta (entre otras cosas).
Macabro, tierno, surrealista, original, gótico, inocente, expresionista, estilizado, dark, personal, fantástico. Todos esos adjetivos fueron y son aplicados a su obra, una obra que casi siempre responde a su deseo de (como dijo en más de una entrevista) "mostrar la tragedia en forma divertida".
Además de crear un libro con poemas y hasta algunas animaciones para la web, Burton es el responsable, desde la dirección o producción, de más de una película memorable. Comenzó su carrera en el cine profesional (antes había hecho algunas cosas mientras estudiaba animación) como dibujante en los estudios Disney, donde cuenta la leyenda que aprovechó la falta de uso de los estudios, por problemas sindicales, y logró así la financiación para crear su primer cortometraje, Vincent, la historia de un niño que quería ser como Vincent Price. Vincent es una animación cuadro por cuadro en la que Burton muestra ya su genio; este corto sirve como heraldo, desde el tratamiento visual, de lo que serían más tarde El joven manos de tijera y La Leyenda del Jinete sin Cabeza, por ejemplo.
También para Disney realizó su primer película con actores, Frankenweenie, un cortometraje en blanco y negro que recuenta la inmortal historia de Mary Shelley poniendo como protagonistas a un chico y su perro. En estos días, aquellos que tienen reproductor de DVD pueden tratar de conseguir la Edición Especial de Pesadilla..., en la que pueden encontrar el corto, y mucha información interesante.
Por supuesto, esto es sólo el principio. Y más allá de su generosa filmografía, también sirve de ejemplo e inspiración a muchos artistas (incluyendo animadores y artesanos). Los que conocen su obra siempre tienen algún favorito; si vos tenés uno, no dudes en anunciarlo en los comentarios.
Marina Cuello (texto e imagen)
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Viernes 17 de Diciembre de 2004
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¿Alguna vez, viendo una serie por TV, te pusiste a pensar qué sería de la vida de ese personaje que cruza por detrás de los protagonistas? O quizás, leyendo una novela, ¿no soñaste con armar una pareja entre tus dos personajes favoritos? Y en esa película, ¿no quisieras ser protagonista?
Si es así, y si te gusta escribir, es probable que, lo sepas o no, hayas hecho ya tus primeras "fanfic". Las fanfic o fan-fiction son historias escritas por un fan, un admirador (o varios en cooperación), usando como "fuente" de inspiración su libro, película, serie, comic o animé favorito.
(Antes que nada, una nota aparte. Uso la palabra fan porque me gusta, en eso, el idioma inglés: el vocablo "fan" se refiere a un admirador apasionado de algo o alguien, y "fanatic" a esas personas que tienen una devoción o entusiasmo desmesurado por una idea o una causa, al punto de que esa idea se coloca entre sus ojos y el resto del mundo. Por cierto, hay algunos "fans" que son "fanatics", pero son los menos abundantes.)
Volviendo a nuestro tema. Las fanfic pueden estar compuestas por unas pocas líneas, o llegar a ser extensas novelas. Se encuentran ahora con mucha facilidad en Internet, pero este movimiento comenzó en Estados Unidos, antes de que existiera la Web como la conocemos.
Aunque es el inglés el idioma en el que más fanfics se pueden encontrar, en castellano hay mucho, de cualquier manera. Uno puede encontrar fanfics en dos tipos de sitios: las páginas personales de los autores, y grandes archivos colectivos.
Uno de los sitios colectivos más grandes tiene aportes en muchos idiomas: se trata de FanFiction.net. Para ver sólo los fanfic en castellano, se puede realizar una búsqueda eligiendo la opción "Story by Summary" (por resumen) incluyendo entre las claves las palabras "spanish", "castellano" o "español".
En castellano hay menor cantidad de sitios que funcionen como archivos, pero podemos encontrar HispaFics, con textos inspirados en libros, cómics y hasta videojuegos, y FanAutores, con mayoría de textos acerca del mundo de Harry Potter (ya que los creadores del sitio están también detrás de Harry Latino y HarryManía). En TransFanFic, un grupo de valientes se dedica a traducir al castellano los mejores fanfiction relacionados con el animé. Existen muchos otros sitios que reúnen fanfiction dedicada a algún tema en especial, como por ejemplo a Star Wars (en este sitio se puede encontrar un fanfic que anda circulando entre los admiradores de George Lucas desde 1983), o a Star Trek.
Para encontrar los fanfic en páginas personales, lo mejor es usar tu buscador favorito con la palabra "fanfic" o "fanfiction" y el título de la serie, libro o película que te gusta.
Claro que al buscar de esta manera existen dos peligros. Por un lado, no es posible saber qué tipo de contenido y por lo tanto qué restricciones de edad (o de gustos) tienen las ficciones a las que se accede. Por otro, muchos sitios personales están ubicados en servidores que abren ventanitas extrañas e intentan instalar aplicaciones poco bondadosas. Así que ¡cuidado!
Espero que te haya interesado este (para mí) fascinante mundo, y prepará tus lápices, lapiceras o teclados (o tus anteojos y monitores). Más adelante veremos distintos tipos de fanfic (hay muchas categorías) y también algo más acerca de la historia de este "nuevo género literario".
Marina Cuello (texto e imagen)
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Viernes 10 de Diciembre de 2004
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Dicen que siempre hay un niño en nuestro interior. Y que ese niño interior es el que permite que la gente, sin importar la edad, siga disfrutando de ciertas cosas muy pequeñas, y muy grandes a la vez. Yo creo también que todos, incluso los que aún no decidieron que ya pasaron la barrera de la infancia, tienen un adulto en su interior. Ese adulto es el que hace que las chicas escondan los ositos de peluche que amaron durante tantos años, o que cause vergüenza que a uno lo "atrapen" leyendo las revistas para chicos de los hermanitos o los sobrinos, o que haya señoras y señores vestidos de traje disfrutando en el tren un Harry Potter escondido tras papel madera.
Cuando me pongo a pensar en esas dos personitas que están en nuestras mentes y nuestros corazones, compitiendo por el control, ya no estoy segura de que el escritor alemán Michael Ende escribiera para los chicos, o que escribiera para ese niño interior. Creo que, en realidad (y sea que él lo supiera o no) Ende escribía para el adulto, para que no dejara ahogar a nuestro niño con problemas, rutinas, preocupaciones y "cosas serias".
En su novela más conocida, La Historia Interminable, el protagonista Bastian encuentra en una extraña librería un libro aún más extraño, que servirá como portal hacia el mundo de Fantasía, una tierra moribunda porque su fuente de energía (los sueños, las creencias, las fantasías de los seres humanos) está desapareciendo.
Momo, por su parte, es una hermosa novela en la que Ende nos cuenta las aventuras de una nena, la del título, que se encuentra en un pueblo en el que, de pronto, los adultos (y los otros chicos también) tienen tanto temor a "perder el tiempo", que lo dejan en manos de unos personajes pavorosos, los Hombres Grises.
Esas dos novelas, sus obras más conocidas, fueron llevadas al cine, con variada suerte (por lo general poca, por desgracia) y quizás por ello suenen conocidas, ya que es bastante difícil conseguir su obra en librerías, y se debe revolver bastante. Si querés saber qué más buscar, qué más leer, te recomiendo este listado en Imaginaria.
Marina Cuello
(En la imagen, "Los Hombres Grises", de Marina Cuello.)
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Viernes 3 de Diciembre de 2004
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Era la primera vez que Anita (Analuisa, nombre raro, para los no tan amigos) iba a una librería "de viejo". Siempre le había gustado el olor a libro nuevo, pero ahora que era su flamante sueldo de cajera y no los "sobrecitos" que la abuela le daba en cada reunión familiar lo que los pagaba, siguió el consejo de un amigo y fue a la librería "de los viejos de colores". Ernesto no se refería a los libros, sino a los libreros. No le quiso decir a qué se refería con lo de los colores, y ella supuso que serían "viejos verdes", o algo así.
Apenas llegó a la librería, supo que no. Que el viejito de la puerta seguramente era un viejo bordó, de esos de malbec y beaujolais. El pelo negro, negro, artificialmente negro, los ojos chiquitos, achinados, muchas arrugas y mucha sonrisa. Y el otro, el de la caja, un viejito blanco, pálido, ojos claros, transparentes, el cabello plateado y lacio. Simpáticos, pero no verdes. ¿Habría de otros colores?
Anita respondió al saludo del viejo bordó, y comenzó su recorrida. La asustaba un poco la librería, cajas y cajas, estantes y estantes, nunca dos libros iguales. Hasta que, en una esquina, en una caja, una gran cantidad de lomos amarillos le llamó la atención. Algunos flaquitos, otros gordos. Algunos aún envueltos en una capa de protector plástico, otros con fajas rojas, algunos con hojas del color de la canela.
Leyó los títulos de los lomos. Algunos, los conocía desde chiquita: "Heidi", "La Capitana del Yucatán", "Robin Hood". Otros, nunca los había oído nombrar, pero sonaban interesantes: "Aires Nuevos en Buenos Aires", "¿Con Cuál de las Brujas?", "El Hijo Isleño". ¡Tantos!
Le costó elegir. Pero eligió uno de los que estaban como nuevos, congelados desde que salieron de la editorial, recién envueltos, fresquita la tinta, brillante el amarillo de la tapa. Se acercó a la caja, en la que el viejito blanco le sonreía, y después volvió a la otra caja, en la que las sonrisas estaban en los lomos, y en las tapas. ¡Son tan baratos! ¿Por qué uno, si podía llevar dos?
Esta vez sí se animó a uno de los libros más viejos. Miró la fecha en las primeras hojas... ¡1958! ¡De cuando la abuela tenía su edad! Anita no se dio cuenta cuando los libreros se miraron; fue una mirada fugaz, traviesa. Ella pagó y se fue, un libro en la bolsita blanca, otro (el más viejo) ya volando entre sus manos.
El viejito de la puerta se acercó a la caja, sonriendo otra vez esa sonrisa rara. "¡Uf! Otra más", dijo con resignación el viejo blanco. El viejo bordó lanzó un suspiro largo, fingido. Luego de una pausa cargada de significado, de esas pausas que usan siempre los cuentacuentos, exclamó:
—La maldición de Robin Hood. Seguir
leyendo "Viejos de colores: Amarillo"
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Viernes 26 de Noviembre de 2004
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Una vez, un escritor ideó un cuento como ejemplo de lo que debería ser, parecer (y causar en sus lectores) un cuento de hadas. Era un hermoso cuento, que contaba la historia de un hombre que quería ser pintor, y que, por tanto pintar las hojas, no lograba terminar el árbol.
Algunos creyeron leer en el cuento la historia del escritor, que no pintaba hojas ni árboles, pero agregaba más y más páginas a su obra, sin nunca estar conforme con ella.
El cuento era Hoja, de Niggle, y el escritor J.R.R. Tolkien.
Seguramente todos conocen El Señor de los Anillos. Lo leyeron, vieron las películas basadas en el libro, o al menos oyeron hablar de la novela (si no, los felicito por la capacidad de desconectarse del mundo durante los últimos 3 años). Algunos deben incluso saber que tardó más de 10 años en terminarla.
Todo parece indicar que Tolkien era un escritor tan adicto a las correcciones como a la invención de nuevas lenguas. El cuerpo principal de su obra (las historias y leyendas relacionadas con la Tierra Media que su hijo Christopher editó en parte bajo el nombre El Silmarillion) lo comenzó a escribir alrededor de 1917... y nunca terminó.
Entre lo que terminó, y decidió que estaba terminado (aunque, si lo dejaban, lo corregía con cada edición), podemos encontrar: Un gran árbol, con muchas hojas.
Marina Cuello
(En la imagen, "Bienvenido a Niggle-Parish", collage de Marina Cuello.)
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"Fantasía... La frontera final. Estos son los viajes del sitio TamTam. Su misión: explorar extraños, nuevos mundos; buscar nuevas formas de vida, y civilizaciones. Ir con valentía donde la humanidad no ha ido jamás."
Bueno, sí. Algunos se habrán dado cuenta. Copié "un poquito" el texto inicial de la serie Star Trek. Pero esta sección se trata en parte de eso: de viajes y aventuras a través de los libros, series de TV y películas de fantasía, ciencia ficción y terror.
Esos "géneros" que para algunos críticos son "menores", pero que hasta los más grandes escritores alguna vez visitaron. Autores y productores que crean universos, utopías o desgracias, dioses y demonios.
Y, también, será esta sección acerca de los viajeros. Los juegos, los vestuarios, los dibujos, las historias y todas las formas de expresión de quienes sienten admiración por algunos (o todos) esos mundos inventados.
Algunos de ustedes ya están en viaje. Otros, están a la espera. Aún no saben a qué nave espacial, o a qué canoa, o a qué caballito con alas se tienen que subir.
Que esta nueva sección de TamTam sirva como invitación.
Marina Cuello
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