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Espacio creativo para personas de 13 a 18 años
 

Crónicas fantásticas (2005)

Viernes 30 de Diciembre de 2005

Las dos espadas de Arturo

3012_espadas.jpgLa historia de Arturo, el mítico rey de Camelot, fue escrita y vuelta a escribir innumerables veces, a lo largo de los siglos. En todas las versiones de su vida, incluyendo la de Un yanqui en la corte del rey Arturo, de Mark Twain, sus espadas tienen un gran valor simbólico. Algunos historiadores de lo fantástico las consideran una sola, los demás creen que se trata de dos espadas bien diferentes.

La primera espada de Arturo fue Clarent, propiedad de su padre, símbolo de autoridad y linaje. A la muerte de Uther Pendragon, casi nadie en su reino sabía que existía un heredero al trono. Según algunos cronistas, Merlín lo había solicitado como pago por sus mágicos servicios,y lo había dejado al cuidado de seres fantásticos. Según otras versiones, Arturo fue criado como hijo de un duque, o como sirviente de otro noble, o entre campesinos, ya que era producto de amores sin permiso.

Lo importante es que el futuro integrante de la Tabla Redonda crecía a escondidas, y Merlín (o el mismo Uther, justo antes de morir) había clavado a Clarent en una piedra, o en un yunque, y se había lanzado al aire una predicción: quien la quitase sería el verdadero rey de Bretaña.

Años después Arturo, ya crecido pero no del todo adulto, llegó cerca de la espada como escudero de un aspirante a tomarla. Algunos escritores dicen que él sabía que podía sacarla; otros, que hizo el intento sin querer, porque había perdido la espada de su amo y pensó que era una buena idea ahorrar el viaje al campamento y llevarle la que había "encontrado tirada".

La obtuvo sin problemas, por supuesto, y llegó a ser rey. Quienes creen en la existencia de dos espadas distintas, afirman que en algún momento Clarent se perdió, o fue robada. Otros dicen que se rompió en una lucha, quizás contra el rey Pelinor, quizás contra otro guerrero. Algunos narradores afirman que Merlín hizo una nueva predicción y recomendó mantenerla alejada.

Así aparece entonces la segunda espada, o la única. Conocida como Excalibur, Caliburum o Caledfwlch, tenía un origen mágico. La Dama del Lago, una ninfa, bruja, diosa o hada (las historias se entrecruzan) la entregó al nuevo rey a pedido de Merlín. Fue la espada con la que Arturo llevó a cabo sus más grandes hazañas y gobernó Camelot en tiempos de leyenda.

Quienes creen en la existencia de Clarent, agregan un poco de extraña poesía. Mordred, el hijo ignorado de Arturo, logró apoderarse de la espada de sus ancestros. Si fue su madre quien la robó y la guardó a la espera de la adultez de su hijo, o si el muchacho logró reforjarla, está en duda. Pero se dice que fue Clarent quien dio el golpe y la herida que llevaron a Arturo a abandonar el mundo.

Digo "abandonar el mundo" porque, aunque algunos dicen que murió, otros afirman que aún estaba en vida cuando fue enviado a Avalon, una isla maravillosa, o un reino olvidado, donde está a la espera de que su reino lo necesite.

Excalibur también está a la espera, otra vez en manos de su guardiana del lago. Clarent, en cambio, se sumió en el olvido.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 23 de Diciembre de 2005

Mejor, que tu remera no sea roja

remeraroja.jpgComo muchas otras "leyendas" en la ciencia ficción en cine y televisión, ésta comenzó con Star Trek. Viaje a las estrellas tuvo muchas encarnaciones desde que nació como una serie de televisión en 1966. En cada una de ellas, los colores utilizados en los uniformes de los miembros de la Flota Estelar denotan el tipo de trabajo que realiza quien lo viste.

Salvo por los dos primeros episodios, en la Serie Original todos aquellos que tenían un puesto de comando usaban un pantalón negro y una especie de buzo o túnica de color mostaza, que se conoce como "dorado" para que suene un poco más encumbrado. En cambio, quienes cumplían una tarea operativa como los oficiales de seguridad, expertos en comunicaciones, ingenieros y cualquier otro tripulante que tuviera trabajos "de base" o técnicos vestían el mismo uniforme, pero en rojo. Aquellos relacionados con la ciencia, como los cirujanos, los investigadores y biólogos, vestían de azul.

Los protagonistas indiscutibles de la serie eran tres: el capitán de la nave, James T. Kirk, el oficial médico, Leonard McCoy y el científico a bordo, el vulcano Spock. En casi todos los capítulos este trío se dirigía a la superficie de un planeta desconocido, o a los restos de una nave abandonada, listos para realizar exploraciones y encontrarse con seres extraños. Y peligrosos.

¿Cómo mostrar la seriedad de las amenazas del territorio virgen, sin poner en riesgo la vida de esos imprescindibles personajes? Aquí entra nuestro pobre remeraroja, traducción del redshirt inglés. Ante cualquier capítulo, se puede predecir la gravedad de los encuentros de cada equipo de salida contando la cantidad de tripulantes de uniforme rojo que aparece junto a los protagonistas en la lanzadera de desembarco o en la sala del transportador.

A poco de llegar a destino, al menos uno de estos pobres mártires de rojo se encontrará con plantas asesinas, robots enloquecidos, damas hermosas pero con amor por el veneno o algún otro problemita. Si algún alférez sin nombre sobrevive al primer corte comercial... significa que habrá otro gran pero gran peligro acechando. Y cuando el equipo enfrente ese peligro, todo el poder del atacante caerá sobre el pobre remeraroja. Bueno, quizás algo afecte al capitán, quien tendrá oportunidad de hacer alguna voltereta o demostrar su valentía.

Por supuesto, Kirk sufrirá sólo de algunas manchas de tizne en la mejilla, algún rasguño en su dorado uniforme, o quizás (sólo quizás) se despeinará un poquito. McCoy dirá que lo del comandante no es más que superficial, pero no podrá hacer nada por el herido/congelado/desintegrado remeraroja. Spock, por su parte, sacará alguna conclusión lógica.

Pobre remeraroja.

Marina Cuello (texto e imagen)


Viernes 16 de Diciembre de 2005

Un cuento de hadas sin hadas

1612_principito.jpgEn la primera página de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry pide perdón a los chicos por querer dedicar la novela a un adulto. Así que, al final, decide dedicarla a esa "persona grande", pero cuando todavía era un niño. En cierta manera, el libro está destinado también a los adultos que todavía son niños.

Es muy probable que hayan leído ya El Principito, o que lo hayan oído mencionar o que, sin saberlo, conozcan a sus personajes: un niño proveniente del asteroide B 612, un zorro que quiere que lo domestiquen, una rosa que es especial para quien la vea especial.

Es un libro hermoso; un cuento de hadas sin hadas. El narrador se parece un tanto al escritor y, como él, es aviador. El piloto de ficción nos cuenta que se decidió por la aviación cuando, a la edad de seis años, falló en sus intentos de convertirse en pintor. La gente grande veía un sombrero donde él había dibujado una boa comiéndose un elefante.

No sé por qué eligió Saint-Exupéry su carrera pero, hecha la elección, piloteó aviones en las épocas y lugares más peligrosos. Fue piloto de correos atravesando desiertos y cruzando montañas, en Europa, África y nuestro país, y perdió la vida cuando realizaba vuelos de reconocimiento durante la Segunda Guerra Mundial.

Como su autor, nuestro narrador cruzaba el Sahara mirando la arena desde arriba, y en uno de sus viajes el avión sufrió un desperfecto y cayó. En medio del desierto, y con agua para sólo ocho días, nuestro aviador pensaba en cómo iba a salir de ese grave problema cuando de pronto apareció el Principito. Sin decir ni buen día ni buenas tardes como hubiera recomendado un adulto, le pide que, por favor, le dibuje un corderito.

Y así empieza este cuento con mucho de fantasía pero también de filosofía, que luego sigue con asteroides tan pequeños que en ellos se puede vivir el atardecer a cada momento (con sólo mover unos centímetros la silla), pequeñas hierbas que pueden convertirse en árboles gigantes, pájaros silvestres que sirven como métodos de transporte y algunas otras cosas invisibles a los ojos.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 9 de Diciembre de 2005

Extraños pero simpáticos

0912_bichitos.jpgAunque en Hollywood y alrededores lo que viene del espacio suele ser viscoso y espantoso y lleno de dientes, hay lugar para algo más. En las imaginaciones de guionistas de cine y televisión, las criaturas de otros mundos pueden tener también su toque de ternura y simpatía.

Un clásico ejemplo es el famoso E.T., de la película de 1982, con ojos enormes y largos dedos. Su expresión asombrada y su cuerpo extraño le dan la doble capacidad de enternecer y asustar a quien lo vea por primera vez. Imitándolo un poco (bueno, mucho), apareció años después Mi amigo Mac, un extraterrestre horrible pero muy dulce, que habla un lenguaje que suena como puros silbidos.

Para feo y simpático, un símbolo de los años 80: Alf. Gruñón y aprovechado, petiso y peludo, Alf (la sigla inglesa para "forma de vida extraterrestre") se la pasa intentando convertir el gato de la familia en cena. Incluso cuando tiene buenas intenciones, no puede evitar meter a todo el mundo en problemas. Pero aún así es adorable.

Los tribbles también están cubiertos de pelo, y son tan lindos como peligrosos. Son simples pelotitas movedizas de peluche, que emiten sonidos comparables a los ronroneos de un gatito contento o a los suspiros de un cachorro al que se le rasca el lomo. Los tribbles aparecieron varias veces en distintas versiones de Star Trek, gracias a su gran apetito y su tendencia a reproducirse a velocidades alarmantes.

Ficción dentro de la ficción, los muñequitos de antena y tres ojos de Toy Story son a la vez juguetes de goma y alienígenas a la espera de un místico destino. Cuando andan en grupo, hablan en coro o completan las frases entre todos, parpadeando con sus ojitos en hilera.

Los que parecen de juguete son los pequeños extraterrestres, o navecitas, o robots de Milagro en la Calle 8. Aunque se alimentan de metal, son seres pensantes y muy sentimentales. Al principio hay sólo dos, una "parejita" con extraños poderes, pero después aparecen algunos más (y no les cuento cómo, por las dudas, si no vieron la película).

Feos o lindos, extraños pero simpáticos, éstos son sólo algunos ejemplos de esos tiernos extraterrestres que uno quisiera tener en la mesita de luz, o de adorno sobre el televisor.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 2 de Diciembre de 2005

El pasear es un placer

0212_transporte.jpgEn la vida real, la gente hace uso de varios animales y de distintas cosas con ruedas, con alas, o con aspas, cada vez que necesita ir de un lado a otro. Y como no podía ser de otra manera, en la fantasía y la ciencia ficción, las ideas para "medios de transporte" parecen no tener límites.

Con tracción a sangre podemos encontrar, por ejemplo, los legendarios pegasos, unicornios y dragones, o animales de otros mundos, y terribles mutaciones. Seres pequeñitos viajan en mariposas, moscardones y caracoles.

Algunos son sólo transporte, otros toman decisiones propias, alterando el destino de sus dueños. Incluso hay naves espaciales que son en realidad seres vivientes, con mentes tan poderosas como la mejor computadora, que producen sonidos extraños que resultan ser simples suspiros.

No son las únicas naves espaciales que parecen especiales. Hermosas embarcaciones despliegan sus velas al impulso de los vientos solares o recogen en sus telas la luz de las estrellas. Otras giran sobre sí mismas en un baile lento pero interminable, y muchas más llevan sus partículas más allá de la velocidad de la luz.

Ese extremo lo alcanzan también algunos aviones, que surcan los aires esquivando automóviles que ya no necesitan de calles y rutas. También se pueden hallar islas y mansiones voladoras, paraísos o infiernos que flotan entre las nubes.

Bajo el agua, a los caballitos de mar y otras criaturas, algunas gigantes, se le suman fantásticos submarinos. Algunos tienen características que fueron ciencia ficción antes de hacerse realidad; otros son vehículos en los que el cartelito de todo terreno no se limita a la superficie.

Para viajes cortos, hay patinetas que vuelan sobre pequeños colchones de aire caliente, complejos sistemas personales que corren sobre vías que recorren toda una ciudad, y transportes colectivos que se conducen a sí mismos.

También hay otros métodos, más inciertos, con un destino peligroso o desconocido. Ciertas puertas que se aparecen flotando en medio del desierto, o camufladas en un armario o en una oficina, y pueden llevar a nuevos mundos, a otros tiempos, o a la mente de alguien más.

Marina Cuello (texto e imagen)


Viernes 25 de Noviembre de 2005

Viejos de colores: Blanco, más otros colores

2511_mislibros.gifNunca los recuerda. Quizás para arrinconar recuerdos feos, frustraciones. "Las uvas están verdes", dice la zorra, y Ernesto olvida esos libros.

Le hablan de la colección, y una parte de su cerebro se cierra, se opone. No, no los recuerda. Pero en cuanto encuentra uno, lo sabe. Vuelve atrás y ve sus propias manos, demasiado pequeñas, extendiéndose hacia la biblioteca ajena. Los libros que "no se prestan". Que los vas a manchar, que son de la tía, que son de los primos, que no son tuyos, que sos chiquito, que para qué querés esos con tantas letras, con tantas páginas. Que no tienen tantas páginas, que no son tantas letras, que ya leí otros más grandes, que ya soy grande, que no soy como ellos, que yo leo.

La biblioteca ajena, casi abandonada, tapada por muñecos y autitos, sin uso, aburrida, esperando, rogando por un lector, rogando por un salvador que la rescate, sufriendo bajo un débil mantel de polvo y arrinconada por remolinos de pelo, pelusa y telarañas. Olvidada. Vuelta a recordar.

Pasa el tiempo. Las manos ya son menos pequeñas, y al fin, el tesoro. Uno, uno tan sólo. No una biblioteca, uno. La tapa gruesa, hermosa, como de cuero blanco, pero de papel ¿o será tela?, que hace cosquillas al tocarla, si se pasan los dedos bien rápido. La abuela, sonriendo, en un cumpleaños, ¿o un Día del Niño? Ernesto olvida detalles. Olvidaría todo, si lo dejaran. Pero cada vez que ve uno, recuerda un poco. El regalo. Uno de ésos, como ésos, como salido de la biblioteca ajena, pero sin telarañas, sin polvo, con olor a nuevo, con una linda etiqueta dorada, casi una flor, o una estrella, en la primera página, sellando el regalo, certificando el triunfo.

Poco después, la visita. Los primos. El libro sobre la cama. El capricho. La mentira. Que es de la colección de los primos, la de la tía. Que me lo regaló la abuela, que es mío, que cómo no se acuerdan. Que puede ser, bueno, te creemos, pero dicen que es de ellos, de la colección. Que los de ellos no tienen etiqueta, que éste es mío. Que no importa, dáselo, son invitados, no seas así. Y el libro se va, a la biblioteca ajena, a encontrarse con su gemelo, destinado al polvo, a los muñecos y los autitos, a las telarañas.

Y por eso el olvido. Por eso Ernesto evita comprarlos, incluso cuando caen en sus manos, en venta por sólo dos pesos. Nada. No existen. No los recuerda. Quizás para arrinconar recuerdos feos, frustraciones.

Porque "las uvas están verdes".

***

Hay dos colecciones de los años ochenta que son hermanas, casi gemelas: Mis Libros, bajo el sello Hyspamerica - EGA (sigla de Ediciones Generales Anaya), y Tus Libros, en la que figura sólo Anaya. La primera colección era la que se podía (se puede) encontrar en Argentina.

Compartían los títulos de grandes clásicos de la literatura universal, y sus ilustraciones eran de gran calidad, o al menos interesantes. Incluso, muchas veces, eran reproducciones de las que aparecían en las primeras ediciones de las obras.

Según cual fuera el género de la obra, cambiaba en la tapa un pequeño dibujo, y también el color del espacio (un escudo casi redondo en Mis Libros, una cinta doblada en Tus Libros) con el nombre de la colección. Así, por ejemplo, un detective y su sombra se asomaban junto a la etiqueta amarilla de los policiales, un gato misterioso junto al gris de los de intriga y terror y una pantera se alejaba del rojo de las aventuras. Lo romántico estaba tras el rosa, la ciencia ficción era casi turquesa, las biografías y el naturalismo, anaranjados, y los mitos y leyendas se vestían con el verde de la selva.

Pero lo que las hacía más interesantes para padres, maestros y curiosos, era un completísimo "apéndice" en el que se podía encontrar no sólo una biografía y bibliografía del autor, sino también un pantallazo de la sociedad y la época en la que la obra fue escrita, algunas veces incluyendo una línea temporal. Además, las aclaraciones de los traductores avisando sobre juegos de palabras y las notas del editor explicando nombres de ciudades, figuras históricas o fechas de batallas, llegaban a veces a llenar un cuarto de página.

Tus libros aún existe en España, en una edición reciente. Pero Mis libros se consigue en Argentina sólo en las librerías "de viejo" o sitios de subastas, aunque al menos es por pocos pesos. Y vaya a saber uno por qué misterio, casi todos los que andan por ahí son policiales.

Marina Cuello

Viernes 18 de Noviembre de 2005

Fantasía sutil

1811_macanudo.jpgLa fantasía se presenta, como las golosinas y los helados, en muchos sabores. Si aparece mirando hacia el futuro y sus posibilidades, se la suele llamar ciencia ficción. Cuando aparecen guerreros y caballos, arcos y espadas, es fantasía medieval. Si hay monstruos y extraños seres malignos, puede transformarse en terror, pero no todos los vampiros son malos, y esta regla no siempre se aplica. También hay fantasía en los cuentos de hadas, y en las leyendas de duendes, y en las historias de brujos y magos.

Sí, la fantasía viene en muchos sabores. Y hay veces en que, como en las bolsas de caramelos surtidos, los sabores se mezclan. Así, en un solo lugar hay duendes que susurran ideas locas a los oídos de los durmientes, "cosos" azules y amarillos, y robots con los sentidos demasiado abiertos a los sentimientos. Las ganas de ir al cine son dos extraños personajes vestidos de celeste que dan consejos y tiran ideas, y las ovejas de vez en cuando sueñan con volar. Los pingüinos usan bufandas a rayas (y las comparten con aves de patas más largas).

Hay un hombre misterioso que es misterioso porque... es... misterioso. Y los hombres pueden tener cabezas chiquitas, o enormes, o cuadradas. Los elefantes intentan balancearse sobre huevos parados sobre fósforos, con resultados predecibles, y hay al menos una vaca en el mundo que es experta en cine. Un tal Rodríguez tiene amigos intergalácticos, y las pesadillas son bichitos verdes con alas de murciélago.

Todo eso es fantasía, y también poesía en cuadritos. Todo eso es Macanudo, de Liniers. Pero no es sólo fantasía, también es humor. Absurdo, o tierno, o inexplicable. A veces, es una invitación a pensar. Otras, a soñar. A dar un paso adelante, o a dejarse llevar.

Está Enriqueta, que sueña mejor cuando se duerme leyendo, y tiene un gato negro y un oso de peluche como mejores amigos. Y un señor que traduce los títulos de las películas con un diccionario de muy pocas palabras. Y gente que pasa. No todo el mundo entiende todos los cuadritos (un señor llamado Gorostidi se los pierde siempre), y algunas personas necesitan mirar varios, o muchos, o muchísimos, para aprender a disfrutarlos.

Ricardo Liniers Siri (Liniers es su segundo nombre, no un apellido) comentó en un foro abierto en el que participó el año pasado: "Trabajo pensando en el lector, bah en un tipo de lector... bah, en un lector que es exactamente igual a mí...". El autor se muestra a sí mismo en las tiras con una figura muy parecida a un conejo. Sus "verdaderas aventuras", y las de sus personajes, se pueden ver y leer en la contratapa de un diario, o en su versión online. Quienes prefieren tener un libro en sus manos, pueden buscar alguna de las dos recopilaciones que se encuentran en las librerías.

Como despedida, tomo prestada una frase de una de sus tiras: "Eso es lo bueno de algunas personas... te prestan un rato su imaginación para que agrandes la tuya".


Marina Cuello (texto e imagen)


Viernes 11 de Noviembre de 2005

Con foco en los fans

1111_fanscine.jpgLa palabra inglesa fandom es una conjunción de "fan" y "kingdom" (reino), y se usa para referir a un conjunto de aficionados a un tema en particular. En realidad puede relacionarse con un deporte, un cantante, o lo que se les ocurra, pero se utiliza más cuando se trata de "reinos" que giran alrededor del cine, la televisión y la literatura (incluyendo las historietas).

Algunas de sus manifestaciones, ya las visitamos en estas crónicas: el fan-fic, el cosplay, el filk, los encuentros, el fan-art. Con tantos reinos diferentes se conforma un universo que se ha hecho de interés para sociólogos, periodistas, y también para realizadores de cine.

Los fans de Star Trek, por ejemplo, fueron objeto de una serie de dos documentales, con el título de Trekkies. La palabra es una de las dos que, junto a "trekkers", compiten para denominar a los fans. Aunque, a decir verdad, quienes se consideran "trekkies" dicen que los "trekkers" son otro tipo de admirador, y viceversa...

Mejor sigo con los documentales. En ellos se muestran, buscando el entretenimiento y con un tono bastante irónico, a los distintos tipos de seguidores de "Viaje a las estrellas". Coleccionistas de objetos conmemorativos, estudiantes de klingon, e incluso alguna fanática (más que fan), capaz de mudarse de casa para estar "más cerca" de su actor admirado.

En Ringers, the lord of the fans (algo así como "Anilleros, el señor de los fans"), el objeto de estudio son los admiradores de J.R.R. Tolkien. Ya que los realizadores son ellos mismos miembros de este fandom, la pátina que cubre al documental es más cálida, pero también muestra de todo un poco. La historia de las organizaciones más estructuradas, los clubes de fans de las películas basadas en "El señor de los anillos", y la influencia que tuvo la obra del autor inglés en actores y compositores, son algunos de los temas que toca.

The shark is still working se llama así (el tiburón todavía funciona), porque durante la filmación de Tiburón, la réplica mecánica que debía abrir y cerrar las mandíbulas, pasó mucho tiempo sin querer hacerlo. "El tiburón no funciona" era una frase repetida casi cada día del rodaje. Y el documental, aún en producción, se trata de cómo, treinta años después, la película sigue teniendo seguidores e imitadores.

Starwoids es un documental realizado por cineastas aficionados. Está en venta en DVD y pone el foco en los fans que esperaron en largas colas para ver las películas de la segunda (perdón, la primera) parte de la trilogía Star Wars antes que nadie. Algunos de ellos estuvieron en la puerta del cine más de un mes antes del estreno.

No son los únicos documentales que tratan acerca de los fans y sus "reinos"; hay muchos, realizados para televisión o como segmentos en programas periodísticos.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 4 de Noviembre de 2005

Lo que se encuentra en una mesa

0411_rol.jpg¿Qué tienen de interesante los juegos de rol? ¿Qué hace que personas de todas las edades, hombres y mujeres, se queden durante horas frente a una mesa? ¿Que logra que, cuando se reúnen en cualquier lugar, con un café o una pizza, recuerden cosas como aquella vez en que entre todos mataron un ogro, o cuando esa bruja dejó a uno de ellos al borde de la muerte?

Los juegos de rol tienen tantas variedades, que logran atraer a gente de todo tipo.

Algunos juegos son a la vez azarosos y muy estructurados: muchos pasos están guiados por tablas y tablas de numeritos y valores que indican qué se podría hacer y qué no, pero la decisión final está en los dados. Cada paso que da un jugador entonces es guiado por un rápido cálculo de probabilidades, y la gente más lógica (esa a la que, por lo general, le gustan las matemáticas) se ve atraída por las gotas de estrategia encerradas en estos juegos.

Otros son como un "cadáver exquisito" en voz alta, una historia armada entre todos, con una voz que guía, personificada por el "master", que no por nada se llama en algunos juegos "narrador". Por eso es común que quienes suelen escribir, y en especial si sus temas favoritos son la fantasía, la ciencia ficción o el terror, se queden enganchados o al menos sientan curiosidad. Un "juego de mesa" que permite expresar la imaginación, seguir y crear a la vez el camino de un investigador de los mitos de Cthulhu, un aprendiz de mago o un vampiro con síndrome de abstinencia, no es algo fácil de dejar pasar.

Quienes tienen sueños escondidos de estrellato, con deseos no expresados de ser grandes en la actuación, pueden practicar un poco en aquellos momentos durante el juego en los que conviene "entrar en personaje". Como en un ejercicio de improvisación teatral, los jugadores deben responder frente a distintas situaciones siguiendo las características del personaje elegido. Si no, alguien podría sospechar que se trata de un espía o un impostor, disfrazado con magia o con tecnología, y reaccionar con un ataque.

Y estas son sólo algunas de las cosas que me atraen (perdón, que pueden atraer) de los juegos de rol.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 28 de Octubre de 2005

El futuro según Tex

2810_avery.jpgEntre 1949 y 1955, el admirable Tex Avery demostró que la ciencia ficción podía ser tomada con humor cuando dirigió cuatro pequeñas joyas de la animación.

En esa época la reciente televisión, la radio y las revistas estaban repletas de avisos que publicitaban sus productos como adelantos del futuro. Frases como "en el año 2000 todas las mujeres usarán crema de belleza Madame L." o "tenga el auto del futuro, hoy" estaban de moda. Las formas "futuristas", redondeadas y metalizadas, y las tecnologías creadas para la carrera espacial invadían incluso el diseño de los objetos más cotidianos, como cafeteras y tostadoras.

Todos los cortos animados de Avery están llenos de pequeños detalles que resaltan con ironía las extrañezas de la naturaleza humana, aunque a veces se escondan tras una cara animal. Droopy y sus duplicados, un mago enfrentando a un cantante de ópera, y una ardilla con "algunos problemitas" son sus creaciones más caprichosas. Cuando se mete con la ciencia, la tecnología y el futuro, sin embargo, su muestrario de detalles ridículos se convierte en profético.

En "La TV del mañana" (1953) muestra una cocina en la que, empotrada entre el horno y las hornallas, hay una tele. Otra más aparece en un lavarropas, con la cara de un "galán" moviéndose en vaivén para entretener a las amas de casa. Aunque parezca extraño, esa idea casi se hizo realidad: hay enormes heladeras, para nada económicas, que incluyen una pantalla de televisión de 13 pulgadas en la puerta, justo al lado de la hielera.

"La granja del mañana" (1954) adelanta un detector de huevos podridos: una caja provista de una nariz azul muestra un cartel que dice "OK" o "PU", según le guste o no lo que huele. Las narices electrónicas actuales utilizan sensores y software especial para detectar la presencia de bacterias, materiales nocivos y hasta enfermedades.

Por otro lado, en "La casa del mañana" (1949) vemos la "evolución" de las ollas a vapor. Se trata de una especie de caja muy bien decorada, con un relojito en la tapa, en la que se puede ingresar todos los ingredientes de una comida: un bife, zanahorias, arvejas, etc., y el resultado debería ser un plato completo. Por desgracia, algo falla y todo (incluyendo la cocinera y su techo) termina volando por los aires. En la actualidad tenemos ya cajitas como esas aunque, al parecer, no tienen cualidades explosivas.

El primer coche que nos muestran en la exposición de "El auto del mañana" (1951) es uno en el que es difícil determinar cuál es el frente, cual el baúl y cuál es el lateral. Y para solucionar los problemas de estacionamiento, se ofrece un coche que puede plegarse sobre sí mismo hasta convertirse en una pequeñez, apta para ser guardada en el bolsillo. Un prototipo presentado hace poco parece una combinación de estos dos: la cabina, en forma de huevo, gira sobre sí misma para evitar la marcha atrás, haciendo las maniobras mucho más simples.

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo la ciencia ficción, incluso cuando es un dibujito animado, con el paso del tiempo puede mostrar sus pinceladas de verdad.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 21 de Octubre de 2005

Cine de terror en Argentina

Cuando vamos al cine o prendemos la tele para "ver una de terror", sabemos que la película en cuestión puede tomar una de distintas formas. Están las películas que manejan nuestros nervios de manera sutil, y nos mantienen todo el tiempo en vilo, con un extraño y frío cosquilleo en la espalda. Por lo general no nos muestran nada "aterrador", pero el suspenso y nuestros propios pequeños y grandes miedos (la oscuridad, el más allá) hacen que, después de verlas, pasemos un tiempo revisando los rincones.

Otras usan monstruos, asesinos imposibles o extraterrestres para provocar sobresaltos. Con sonidos estridentes, imágenes que aparecen en la pantalla de improviso, y música premonitoria, buscan hacernos saltar de las butacas de vez en cuando. Y otro tipo de películas de terror es ese en el que la sangre salpicando y las tripas voladoras nos hacen dudar si tenemos que asustarnos, sentir asco, o tan sólo abrir los ojos como platos por el asombro.

Hay cine de terror para todo los gustos. Y lo mismo se puede decir de las películas del género realizadas en Argentina. El terror tiene una larga tradición. Aunque es posible que haya intentos anteriores, desde mediados del siglo pasado y por un par de décadas hubo algunas producciones que aún ahora siguen causando escalofríos. Entre las más recordadas están las apariciones, en cine y televisión, de Narciso Ibañez Menta. Como vampiro u hombre lobo, como vengador que volvió de la muerte o de la nada, como personaje salido de un cuento de Edgar Allan Poe, su voz comparable a la de Christopher Lee y su capacidad para transformarse en cualquier cosa, desde un músico deformado hasta una dama aristocrática (a veces, en la misma película), lo convirtieron en un prócer del suspenso y el terror argentinos.

En los últimos años, parece haber un auge de lo terrorífico en las pantallas argentinas. No sólo a encontrado varios espacios (algunos fallidos) en la televisión, sino que además hay muchas pequeñas productoras y directores independientes que dedican sus realizaciones al género.

Voy a ser sincera: muchas de las películas argentinas "de terror" terminan siendo "de terror" en otro sentido. Los guiones incomprensibles, las actuaciones flojas y los pocos recursos mal distribuidos logran que incluso las audiencias más acostumbradas comiencen por esconder sus sonrisas y terminen a carcajada limpia.

Pero hay otros esfuerzos mejor encaminados. Una de las señales del crecimiento del terror y otros géneros afines, y del interés del público, es el éxito del Festival Buenos Aires Rojo Sangre, que en sólo cinco años pasó de tener algunas decenas de espectadores a la friolera de cinco mil asistentes. Otro festival que cede espacio al terror, aunque sólo para cortometrajes, es el festival Crepusculum.

Y hace poquito, una buena noticia: el largometraje independiente "Habitaciones para turistas" fue estrenado en el circuito comercial de Nueva York.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 14 de Octubre de 2005

Inmortales eran los de antes

1410_inmortales.jpgAlgunos recuerdos, quizás por demasiado tempranos, quedan en nuestras memorias como una nebulosa, sin forma. Otros vienen en colores firmes y definidos, con sonidos y hasta música, como en una película. En otros casos, son tan perfectos que nos queda la duda: ¿son de verdad? ¿o son recuerdos de otros, anécdotas que nos contaron nuestros mayores, cosas que vimos en televisión?

Yo tengo un recuerdo que en esencia es una mezcla de esos tres. No sé de cuándo es, ni si es cierto o sólo la conjunción de varios recuerdos reales y algunos inventados. Sé que era Nochebuena: junto al televisor estaba el arbolito, la caja con arena cubierta con un mantelito de papel crepé. Estaba sentada en el piso, sobre una lona, quizás una frazada. Era casi la hora de cenar, mi mamá y otras mujeres (¿mi abuela? ¿mi tía?) pasaban con bandejas y con platos casi por arriba de mi cabeza. En la tele, una película sobre Papá Noel. Algo que me asombró y me sigue asombrando: un "dibujo animado" sin dibujitos, en el que muñequitos y elementos parecían tomar vida, moviéndose un poquito como robots, un poquito como títeres, pero sin hilos.

Me llamaron para comer. Yo no quería. Las imágenes me fascinaban. Mi mamá me llamó otra vez. Un montón de los muñecos avanzaban como en una procesión. Uno de ellos llevaba en sus bracitos un bebé (lo recuerdo con cara de madera, pero se mezcla con un muñequito que había en los cajones de un escritorio en la casa de mi abuela), y todos estaban cantando. Mi mamá se cansó de esperar. En un sólo movimiento, me tomó de los brazos y apagó la tele. Lo último que quedó del recuerdo es uno de los muñequitos, levantando el bebé hacia el cielo, y uniéndose a todos los demás en el coro de la canción: Inmortalidad.

Creo que este recuerdo, además de justificar cierto capricho por la animación cuadro por cuadro, es lo que me llevó a tener una gran atracción por la idea de la existencia de seres inmortales, y en especial por la manera en la que son mostrados en el cine y en la literatura. Si me entero de que aparece un inmortal por algún lado, allá voy, tras él, a leerlo o a mirarlo.

Pero casi siempre me encuentro con una gran decepción. Me asombra poder decir que hay muy pocos inmortales realmente inmortales. Sólo los personajes descriptos como dioses, en mitologías antiguas o inventadas, pueden estar orgullosos de su inmortalidad (y ni siquiera todos ellos). Los demás seres literarios o cinemáticos, y en la televisión también, apenas rozan la inmortalidad, sin alcanzarla. Como Superman y su kryptonita, siempre hay una manera de acabar con sus vidas.

Los inmortales como Highlander, a pesar de poder llegar a tener vidas largas y tan llenas de recuerdos como para alimentar varias películas y un par de series de TV, tienen que tener mucho cuidado, y mantenerse alejados de reinas del País de las Maravillas, que pueden llegar a gritar "que le corten la cabeza", arruinando todo el efecto.

Los elfos de Tolkien tampoco son inmortales. Tan sólo tienen un desarrollo lento, de miles de años (son longevos), y un gran sistema inmunológico, que hacen imposibles las enfermedades o la muerte por causas naturales. Pero son tan débiles ante la espada o el veneno como los hombre, y tienen otro problema: si su alma se cansa del mundo, no hay medicina que la mantenga atada a su cuerpo.

Los vampiros y los zombies, por definición, no pueden ser inmortales; ya están muertos. Los primeros pueden llegar a mantener sus cuerpos en movimiento durante largos siglos, pero hay muchas maneras de detenerlos: con una estaca, con agua bendita, con un rayito de sol. Los zombies, según algunos autores, sólo siguen andando tanto como tarden en descomponerse. Los más cercanos al trópico corren con desventaja.

El inmortal de Borges se pierde (se deja perder, creo yo) en el mar, ya despojado de su inmortalidad (y no les cuento cómo, para que lo lean, es del libro El Aleph). Dorian Gray se mantiene "joven y bonito" sin que se reflejen en él el paso del tiempo y las marcas de sus andanzas, pero sólo porque todo se traspasa a su retrato, hecho por un artista que, enamorado de su imagen, le dio sin notarlo ese castigo y bendición.

Ya ni siquiera Papá Noel, el de mi recuerdo, se mantiene inmortal. Según algunos guionistas y escritores, el título es hereditario (es "el Papá Noel" como era "el César"), o, peor aún, un simple cargo burocrático, cubierto por sufragio entre los elfos, o tomado por cualquiera que "pase por ahí" en el momento en el que el último ocupante muera.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 7 de Octubre de 2005

Una nueva manera de compartir

creative.jpgImaginen ustedes una escritora brasileña, un pianista chileno y un guitarrista español que, sin conocerse en persona, ni hablar por teléfono, ni chatear, ni conversar en un foro ni mandarse siquiera un e-mail, crean entre todos una canción hermosa que el público puede bajar de la Web en formato MP3 en forma gratuita. ¿Suena a ciencia ficción? ¡Que suerte! Así no me alejo tanto como pensaba del tema de estas Crónicas Fantásticas...

En realidad, lo que les quiero contar puede ayudar a aquellos entre ustedes que estén pensando en volcar sus gustos por la fantasía o el horror en la plástica, la literatura, la animación o su arte favorito. Todos los artistas quieren, en mayor o menor medida, "mostrar" su obra a los demás, ya sea porque sueñan con hacerse famosos, o simplemente por el deseo de compartir con otros el proceso creativo.

Algunos de ustedes deben estar ya presentando sus trabajos en algún sitio web, ya sea uno colectivo o su propia página personal. Quizás hayan agregado, junto a su firma, o como pie de página, el simbolito "©", que indica que, como autores, se reservan todos los derechos: de reproducción, de alteración, de difusión. Incluso si no lo usaron, en muchos casos están protegidos igual, según lo que indica el Convenio de Berna, al que muchos países, incluyendo Argentina, suscribieron.

Imaginen que, dentro un tiempo, alguien llega, gracias a Google, a su página web. Le gusta lo que lee, o lo que está viendo, o escuchando, y quiere usarlo en un proyecto propio. Quizás está armando una revista para un trabajo práctico en la universidad o la escuela, y quiere publicar uno de los cuentos en ella. O está armando su página personal y, como es malo para dibujar, cree que una pintura en la galería es perfecta para el encabezado. O le gustó muchísimo una foto, y escribió un poema inspirándose en ella, y quiere poner todo junto en su blog.

Entonces, trata de ponerse en contacto con ustedes para pedirles permiso. Tiene tanta mala suerte, que ustedes ya casi se olvidaron de que tenían esa página. Y la dirección de correo electrónico que aparecía en ella, es justo una de esas que no leen más. ¿Y ahora? Su interesado visitante sólo tiene dos opciones: pasar por arriba sus derechos, y hacer lo que quiera con las obras de ustedes, o quedarse con las ganas.

Antes, la única alternativa era donar sus producciones a la humanidad, liberándolas al dominio público. Así, cualquiera que quisiera usarlas, adaptarlas, o lo que fuera, podría hacerlo sin problemas. Aunque sería de gran ayuda para esos visitantes creativos, alguien con peores intenciones podría tomar una anécdota escrita por ustedes, sacarle la firma, ponerla en un libro, y obtener dinero por ello.

Por suerte, ahora tienen una opción más. Quizás hayan notado que varias de las imágenes que aparecen en TamTam, en la sección La imagen del día (también aquí y aquí) tienen una aclaración con un enlace que indica que la foto o la obra de arte digital que se muestra está bajo un "licencia de Creative Commons". Si alguien hizo click en alguno de esos links, habrá encontrado una descripción de esa licencia. Los visitantes más curiosos, ya deben saber de qué se trata. Para los que no se sintieron afectados por esa cualidad o defecto que se supone que mató al gato, va esta explicación.

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Viernes 30 de Septiembre de 2005

Fundamentalmente inofensivo

Naves vogonas escondidas tras la LunaTodo comenzó con un programa de radio. Bueno, no todo. Pero sí esa aventura recorrida con ayuda de la Guía del Autoestopista Galáctico. Luego fue la aparición de varios libros, una serie para TV, algún videojuego.

Las malas lenguas dicen que la cosa empezó con una borrachera de vacaciones, en el medio del campo, bajo la inmensidad de las estrellas. Que el autor intentó contar las estrellas y no pudo. Que se preguntó cómo se haría para navegar por esa grandeza sin perderse. Para conocer los lugares para comer mejor, y más barato. Y que así fue, en realidad, como comenzó todo.

Según la pequeña nota que solía aparecer en las primeras ediciones de sus libros, Douglas Noël Adams pasó parte de su vida realizando tareas bastante extrañas, ya que fue "camillero en un hospital, constructor de graneros, limpiador de despojos de gallinas, guardaespaldas". Mientras, intentaba lograr un lugar en la radio como productor y guionista, y tuvo roles casi imperceptibles en algunos trabajos de Monthy Python, ya que era amigo de uno de los integrantes del grupo.

En su "trilogía de cinco partes", Adams despliega un sentido del humor que es irónico, absurdo, tierno y áspero por partes iguales. ¿Quieren ejemplos? Veamos qué podemos encontrar... El consejo de nunca ir a ningún lado sin una toalla. La descripción de la Tierra: "Inofensiva" (versión sin actualizar). Un alienígena con nombre de auto. Otros con aspecto horrible, que se rigen por la burocracia y son autores de la tercer peor poesía del universo. La más atroz, fue la de una dama inglesa. Y todo esto, antes de surcar un tercio de la primer novela.

En el año 2001, DNA (como lo llaman sus seguidores) falleció de un ataque al corazón. O quizás nos hicieron creer eso, quien sabe. Quizás tenía un Pulgar Electrónico, y ahora está a bordo de alguna nave extraterrestre. Esté donde esté, si es que está en algún lado, es posible que le cause alegría saber que tiene ya su propio asteroide. En la Guía debería aparecer una pequeña entrada.

Asteroide Douglas Adams: Para disfrutar de la Vida, del Universo y de Todo lo demás.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 23 de Septiembre de 2005

Filk es lo que el Filker hace

2309_filker.jpgUn grupo de seguidores de la animación japonesa se "rebela" en una sesión de karaoke entre amigos y le pone una letra jocosa a la canción de inicio de su animé favorito. Dos chicas y el novio de una de ellas, todos lectores de las novelas de Harry Potter, se sientan a improvisar con lápiz y papel y convierten "Aprendizaje" de Sui Generis en un himno a Hogwarts. Sentados en ronda frente a un montón de comida, un grupo de admiradores de Tolkien imagina la música del canto de Aragorn acerca de Rohan.

Lo sepan o no, están haciendo filk. ¿Qué es el filk? La verdad es que hay tantas respuestas y definiciones como personas que intentan responder a la pregunta, o incluso más. La palabra tiene como origen, al parecer, un error de tipeo en la palabra "folk", pero a la gente le gustó y así quedó.

El filk surgió entre los fans de la fantasía y la ciencia ficción, y aunque sólo se lo conoce con ese nombre en Estados Unidos y Canadá, y también en Europa (en especial, Alemania e Inglaterra), existe en cualquier lugar del mundo en el que un grupo de fans se junte y alguien tenga ganas de cantar. Ni siquiera es necesario ser buen músico, o tener una voz privilegiada. Sólo basta tener muy pero muy poco de eso que se llama vergüenza.

En un principio, el término se aplicaba solamente a parodias, tuvieran música "robada" u original, y a las que ponían letras en broma a temas populares en el momento o grandes clásicos del rock o de la música tradicional de cada país. Pero el filk fue creciendo como movimiento musical, y ahora también se aplica a canciones originales, ya sean cómicas, románticas, trágicas, para cantar con algunas copas encima o para bailar. Y pueden estar basadas en universos literarios, del cine o de la televisión, o en nuevos personajes fantásticos, creados por el autor, o en características de los fans, o en cualquier cosa que les pueda gustar a alguno de ellos, como las computadoras, los gatos, los conejos o la astronomía.

En los países en los que es menos raro, suele haber convenciones o ruedas de "filk", en las que decenas y hasta cientos de personas se acomodan en un gran círculo o varios pequeños, hasta altas horas de la noche, o incluso después de que salga el sol, cantando por turnos, proponiendo temas, o uniéndose en un coro (muchas veces) desafinado.

En la red se pueden encontrar varios sitios web desde los cuales se puede bajar canciones (más que nada en inglés) en formato MP3, muchas veces grabados en vivo, pero otras veces en cuidadas versiones en estudio. En algunos se exige a los visitantes que se registren, como en FilkArchive, en donde el registro es gratis y se puede escuchar canciones por medio de palabras claves o dejar que la "radio" nos muestre algunos temas al azar. Otros ponen los archivos a disposición de todos los visitantes, como The Virtual Filksing. Y algunos "filkers" tienen algunos ejemplos en sus sitios, como la banda The Hobbitons o Voltaire, que imagina cómo sería ser rapero y vulcano a la vez.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 16 de Septiembre de 2005

El señor o la señora Beta

1609_beta.jpgEn el desarrollo de sistemas informáticos, y en especial cuando se trata de juegos, es común solicitar a cierto número de usuarios que utilicen y realicen pruebas sobre versiones preliminares, las versiones Beta.

A esos usuarios se los llama "beta tester", nombre que se puede traducir como "probadores de betas". Con este proceso, los creadores aseguran obtener opiniones, quejas, avisos de errores y pedidos de nuevas características antes de que los programas salgan a la venta. El resultado es, por supuesto, una mayor calidad en el producto final.

Los escritores de fan-fiction aplican un concepto similar: el "Beta Reader". Buen lector, y muchas veces también escritor, puede trasformarse en una pieza clave en el proceso creativo. Es fácil notar cuando un autor pasó por alto esta etapa o no consiguió un beta adecuado.

Porque no cualquier amigo con ganas de leer nuevos textos puede ser un candidato. Como mínimo, el Beta Reader tiene que ser muy bueno con la ortografía y la gramática, y conocer el uso correcto de los signos de puntuación. Debe saber dónde van las comas y dónde los punto y seguido, reconocer cuándo escribir sólo y cuándo solo, detectar redundancias, y hurgar en todo tipo de pequeños detalles.

Lo ideal es que también maneje otras herramientas literarias, y pueda descubrir problemas estructurales. Por ejemplo, un buen beta es capaz de detectar cuando en una historia todo está siendo narrado en pasado, y de pronto la acción se vuelca al presente sin que haya una justificación dramática. Puede darse cuenta de que el narrador de un texto escrito en primera persona "conoce" los pensamientos de los demás personajes, algo que sólo es explicable si alguno de ellos es telépata. Y es capaz de notar que cierto personaje del universo original en el que se basa una obra aparece sólo porque es el favorito del autor, ya que en realidad no tiene peso en la trama.

El Beta Reader actúa como editor, corrector de estilo y crítico literario. Tiene que estar dispuesto a desplegar una amable frialdad, decir verdades aunque duelan, y al mismo tiempo olvidar su propio estilo para no eclipsar al del autor. Tarea dura si las hay, pero todo sea por el bien de la fan-fiction.

Marina Cuello (texto e imagen)