EducaRed Argentina
espacio Estás en: Inicio> Comunidades Virtuales> TamTam
 
Docentes | Alumnos | Padres        ¿Qué es EducaRed? | Mapa web | Contacto
TamTam-encabezado2.jpg
Espacio creativo para personas de 13 a 18 años
 

Crónicas fantásticas (2005)

Viernes 30 de Diciembre de 2005

Las dos espadas de Arturo

3012_espadas.jpgLa historia de Arturo, el mítico rey de Camelot, fue escrita y vuelta a escribir innumerables veces, a lo largo de los siglos. En todas las versiones de su vida, incluyendo la de Un yanqui en la corte del rey Arturo, de Mark Twain, sus espadas tienen un gran valor simbólico. Algunos historiadores de lo fantástico las consideran una sola, los demás creen que se trata de dos espadas bien diferentes.

La primera espada de Arturo fue Clarent, propiedad de su padre, símbolo de autoridad y linaje. A la muerte de Uther Pendragon, casi nadie en su reino sabía que existía un heredero al trono. Según algunos cronistas, Merlín lo había solicitado como pago por sus mágicos servicios,y lo había dejado al cuidado de seres fantásticos. Según otras versiones, Arturo fue criado como hijo de un duque, o como sirviente de otro noble, o entre campesinos, ya que era producto de amores sin permiso.

Lo importante es que el futuro integrante de la Tabla Redonda crecía a escondidas, y Merlín (o el mismo Uther, justo antes de morir) había clavado a Clarent en una piedra, o en un yunque, y se había lanzado al aire una predicción: quien la quitase sería el verdadero rey de Bretaña.

Años después Arturo, ya crecido pero no del todo adulto, llegó cerca de la espada como escudero de un aspirante a tomarla. Algunos escritores dicen que él sabía que podía sacarla; otros, que hizo el intento sin querer, porque había perdido la espada de su amo y pensó que era una buena idea ahorrar el viaje al campamento y llevarle la que había "encontrado tirada".

La obtuvo sin problemas, por supuesto, y llegó a ser rey. Quienes creen en la existencia de dos espadas distintas, afirman que en algún momento Clarent se perdió, o fue robada. Otros dicen que se rompió en una lucha, quizás contra el rey Pelinor, quizás contra otro guerrero. Algunos narradores afirman que Merlín hizo una nueva predicción y recomendó mantenerla alejada.

Así aparece entonces la segunda espada, o la única. Conocida como Excalibur, Caliburum o Caledfwlch, tenía un origen mágico. La Dama del Lago, una ninfa, bruja, diosa o hada (las historias se entrecruzan) la entregó al nuevo rey a pedido de Merlín. Fue la espada con la que Arturo llevó a cabo sus más grandes hazañas y gobernó Camelot en tiempos de leyenda.

Quienes creen en la existencia de Clarent, agregan un poco de extraña poesía. Mordred, el hijo ignorado de Arturo, logró apoderarse de la espada de sus ancestros. Si fue su madre quien la robó y la guardó a la espera de la adultez de su hijo, o si el muchacho logró reforjarla, está en duda. Pero se dice que fue Clarent quien dio el golpe y la herida que llevaron a Arturo a abandonar el mundo.

Digo "abandonar el mundo" porque, aunque algunos dicen que murió, otros afirman que aún estaba en vida cuando fue enviado a Avalon, una isla maravillosa, o un reino olvidado, donde está a la espera de que su reino lo necesite.

Excalibur también está a la espera, otra vez en manos de su guardiana del lago. Clarent, en cambio, se sumió en el olvido.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 23 de Diciembre de 2005

Mejor, que tu remera no sea roja

remeraroja.jpgComo muchas otras "leyendas" en la ciencia ficción en cine y televisión, ésta comenzó con Star Trek. Viaje a las estrellas tuvo muchas encarnaciones desde que nació como una serie de televisión en 1966. En cada una de ellas, los colores utilizados en los uniformes de los miembros de la Flota Estelar denotan el tipo de trabajo que realiza quien lo viste.

Salvo por los dos primeros episodios, en la Serie Original todos aquellos que tenían un puesto de comando usaban un pantalón negro y una especie de buzo o túnica de color mostaza, que se conoce como "dorado" para que suene un poco más encumbrado. En cambio, quienes cumplían una tarea operativa como los oficiales de seguridad, expertos en comunicaciones, ingenieros y cualquier otro tripulante que tuviera trabajos "de base" o técnicos vestían el mismo uniforme, pero en rojo. Aquellos relacionados con la ciencia, como los cirujanos, los investigadores y biólogos, vestían de azul.

Los protagonistas indiscutibles de la serie eran tres: el capitán de la nave, James T. Kirk, el oficial médico, Leonard McCoy y el científico a bordo, el vulcano Spock. En casi todos los capítulos este trío se dirigía a la superficie de un planeta desconocido, o a los restos de una nave abandonada, listos para realizar exploraciones y encontrarse con seres extraños. Y peligrosos.

¿Cómo mostrar la seriedad de las amenazas del territorio virgen, sin poner en riesgo la vida de esos imprescindibles personajes? Aquí entra nuestro pobre remeraroja, traducción del redshirt inglés. Ante cualquier capítulo, se puede predecir la gravedad de los encuentros de cada equipo de salida contando la cantidad de tripulantes de uniforme rojo que aparece junto a los protagonistas en la lanzadera de desembarco o en la sala del transportador.

A poco de llegar a destino, al menos uno de estos pobres mártires de rojo se encontrará con plantas asesinas, robots enloquecidos, damas hermosas pero con amor por el veneno o algún otro problemita. Si algún alférez sin nombre sobrevive al primer corte comercial... significa que habrá otro gran pero gran peligro acechando. Y cuando el equipo enfrente ese peligro, todo el poder del atacante caerá sobre el pobre remeraroja. Bueno, quizás algo afecte al capitán, quien tendrá oportunidad de hacer alguna voltereta o demostrar su valentía.

Por supuesto, Kirk sufrirá sólo de algunas manchas de tizne en la mejilla, algún rasguño en su dorado uniforme, o quizás (sólo quizás) se despeinará un poquito. McCoy dirá que lo del comandante no es más que superficial, pero no podrá hacer nada por el herido/congelado/desintegrado remeraroja. Spock, por su parte, sacará alguna conclusión lógica.

Pobre remeraroja.

Marina Cuello (texto e imagen)


Viernes 16 de Diciembre de 2005

Un cuento de hadas sin hadas

1612_principito.jpgEn la primera página de El Principito, Antoine de Saint-Exupéry pide perdón a los chicos por querer dedicar la novela a un adulto. Así que, al final, decide dedicarla a esa "persona grande", pero cuando todavía era un niño. En cierta manera, el libro está destinado también a los adultos que todavía son niños.

Es muy probable que hayan leído ya El Principito, o que lo hayan oído mencionar o que, sin saberlo, conozcan a sus personajes: un niño proveniente del asteroide B 612, un zorro que quiere que lo domestiquen, una rosa que es especial para quien la vea especial.

Es un libro hermoso; un cuento de hadas sin hadas. El narrador se parece un tanto al escritor y, como él, es aviador. El piloto de ficción nos cuenta que se decidió por la aviación cuando, a la edad de seis años, falló en sus intentos de convertirse en pintor. La gente grande veía un sombrero donde él había dibujado una boa comiéndose un elefante.

No sé por qué eligió Saint-Exupéry su carrera pero, hecha la elección, piloteó aviones en las épocas y lugares más peligrosos. Fue piloto de correos atravesando desiertos y cruzando montañas, en Europa, África y nuestro país, y perdió la vida cuando realizaba vuelos de reconocimiento durante la Segunda Guerra Mundial.

Como su autor, nuestro narrador cruzaba el Sahara mirando la arena desde arriba, y en uno de sus viajes el avión sufrió un desperfecto y cayó. En medio del desierto, y con agua para sólo ocho días, nuestro aviador pensaba en cómo iba a salir de ese grave problema cuando de pronto apareció el Principito. Sin decir ni buen día ni buenas tardes como hubiera recomendado un adulto, le pide que, por favor, le dibuje un corderito.

Y así empieza este cuento con mucho de fantasía pero también de filosofía, que luego sigue con asteroides tan pequeños que en ellos se puede vivir el atardecer a cada momento (con sólo mover unos centímetros la silla), pequeñas hierbas que pueden convertirse en árboles gigantes, pájaros silvestres que sirven como métodos de transporte y algunas otras cosas invisibles a los ojos.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 9 de Diciembre de 2005

Extraños pero simpáticos

0912_bichitos.jpgAunque en Hollywood y alrededores lo que viene del espacio suele ser viscoso y espantoso y lleno de dientes, hay lugar para algo más. En las imaginaciones de guionistas de cine y televisión, las criaturas de otros mundos pueden tener también su toque de ternura y simpatía.

Un clásico ejemplo es el famoso E.T., de la película de 1982, con ojos enormes y largos dedos. Su expresión asombrada y su cuerpo extraño le dan la doble capacidad de enternecer y asustar a quien lo vea por primera vez. Imitándolo un poco (bueno, mucho), apareció años después Mi amigo Mac, un extraterrestre horrible pero muy dulce, que habla un lenguaje que suena como puros silbidos.

Para feo y simpático, un símbolo de los años 80: Alf. Gruñón y aprovechado, petiso y peludo, Alf (la sigla inglesa para "forma de vida extraterrestre") se la pasa intentando convertir el gato de la familia en cena. Incluso cuando tiene buenas intenciones, no puede evitar meter a todo el mundo en problemas. Pero aún así es adorable.

Los tribbles también están cubiertos de pelo, y son tan lindos como peligrosos. Son simples pelotitas movedizas de peluche, que emiten sonidos comparables a los ronroneos de un gatito contento o a los suspiros de un cachorro al que se le rasca el lomo. Los tribbles aparecieron varias veces en distintas versiones de Star Trek, gracias a su gran apetito y su tendencia a reproducirse a velocidades alarmantes.

Ficción dentro de la ficción, los muñequitos de antena y tres ojos de Toy Story son a la vez juguetes de goma y alienígenas a la espera de un místico destino. Cuando andan en grupo, hablan en coro o completan las frases entre todos, parpadeando con sus ojitos en hilera.

Los que parecen de juguete son los pequeños extraterrestres, o navecitas, o robots de Milagro en la Calle 8. Aunque se alimentan de metal, son seres pensantes y muy sentimentales. Al principio hay sólo dos, una "parejita" con extraños poderes, pero después aparecen algunos más (y no les cuento cómo, por las dudas, si no vieron la película).

Feos o lindos, extraños pero simpáticos, éstos son sólo algunos ejemplos de esos tiernos extraterrestres que uno quisiera tener en la mesita de luz, o de adorno sobre el televisor.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 2 de Diciembre de 2005

El pasear es un placer

0212_transporte.jpgEn la vida real, la gente hace uso de varios animales y de distintas cosas con ruedas, con alas, o con aspas, cada vez que necesita ir de un lado a otro. Y como no podía ser de otra manera, en la fantasía y la ciencia ficción, las ideas para "medios de transporte" parecen no tener límites.

Con tracción a sangre podemos encontrar, por ejemplo, los legendarios pegasos, unicornios y dragones, o animales de otros mundos, y terribles mutaciones. Seres pequeñitos viajan en mariposas, moscardones y caracoles.

Algunos son sólo transporte, otros toman decisiones propias, alterando el destino de sus dueños. Incluso hay naves espaciales que son en realidad seres vivientes, con mentes tan poderosas como la mejor computadora, que producen sonidos extraños que resultan ser simples suspiros.

No son las únicas naves espaciales que parecen especiales. Hermosas embarcaciones despliegan sus velas al impulso de los vientos solares o recogen en sus telas la luz de las estrellas. Otras giran sobre sí mismas en un baile lento pero interminable, y muchas más llevan sus partículas más allá de la velocidad de la luz.

Ese extremo lo alcanzan también algunos aviones, que surcan los aires esquivando automóviles que ya no necesitan de calles y rutas. También se pueden hallar islas y mansiones voladoras, paraísos o infiernos que flotan entre las nubes.

Bajo el agua, a los caballitos de mar y otras criaturas, algunas gigantes, se le suman fantásticos submarinos. Algunos tienen características que fueron ciencia ficción antes de hacerse realidad; otros son vehículos en los que el cartelito de todo terreno no se limita a la superficie.

Para viajes cortos, hay patinetas que vuelan sobre pequeños colchones de aire caliente, complejos sistemas personales que corren sobre vías que recorren toda una ciudad, y transportes colectivos que se conducen a sí mismos.

También hay otros métodos, más inciertos, con un destino peligroso o desconocido. Ciertas puertas que se aparecen flotando en medio del desierto, o camufladas en un armario o en una oficina, y pueden llevar a nuevos mundos, a otros tiempos, o a la mente de alguien más.

Marina Cuello (texto e imagen)


Viernes 25 de Noviembre de 2005

Viejos de colores: Blanco, más otros colores

2511_mislibros.gifNunca los recuerda. Quizás para arrinconar recuerdos feos, frustraciones. "Las uvas están verdes", dice la zorra, y Ernesto olvida esos libros.

Le hablan de la colección, y una parte de su cerebro se cierra, se opone. No, no los recuerda. Pero en cuanto encuentra uno, lo sabe. Vuelve atrás y ve sus propias manos, demasiado pequeñas, extendiéndose hacia la biblioteca ajena. Los libros que "no se prestan". Que los vas a manchar, que son de la tía, que son de los primos, que no son tuyos, que sos chiquito, que para qué querés esos con tantas letras, con tantas páginas. Que no tienen tantas páginas, que no son tantas letras, que ya leí otros más grandes, que ya soy grande, que no soy como ellos, que yo leo.

La biblioteca ajena, casi abandonada, tapada por muñecos y autitos, sin uso, aburrida, esperando, rogando por un lector, rogando por un salvador que la rescate, sufriendo bajo un débil mantel de polvo y arrinconada por remolinos de pelo, pelusa y telarañas. Olvidada. Vuelta a recordar.

Pasa el tiempo. Las manos ya son menos pequeñas, y al fin, el tesoro. Uno, uno tan sólo. No una biblioteca, uno. La tapa gruesa, hermosa, como de cuero blanco, pero de papel ¿o será tela?, que hace cosquillas al tocarla, si se pasan los dedos bien rápido. La abuela, sonriendo, en un cumpleaños, ¿o un Día del Niño? Ernesto olvida detalles. Olvidaría todo, si lo dejaran. Pero cada vez que ve uno, recuerda un poco. El regalo. Uno de ésos, como ésos, como salido de la biblioteca ajena, pero sin telarañas, sin polvo, con olor a nuevo, con una linda etiqueta dorada, casi una flor, o una estrella, en la primera página, sellando el regalo, certificando el triunfo.

Poco después, la visita. Los primos. El libro sobre la cama. El capricho. La mentira. Que es de la colección de los primos, la de la tía. Que me lo regaló la abuela, que es mío, que cómo no se acuerdan. Que puede ser, bueno, te creemos, pero dicen que es de ellos, de la colección. Que los de ellos no tienen etiqueta, que éste es mío. Que no importa, dáselo, son invitados, no seas así. Y el libro se va, a la biblioteca ajena, a encontrarse con su gemelo, destinado al polvo, a los muñecos y los autitos, a las telarañas.

Y por eso el olvido. Por eso Ernesto evita comprarlos, incluso cuando caen en sus manos, en venta por sólo dos pesos. Nada. No existen. No los recuerda. Quizás para arrinconar recuerdos feos, frustraciones.

Porque "las uvas están verdes".

***

Hay dos colecciones de los años ochenta que son hermanas, casi gemelas: Mis Libros, bajo el sello Hyspamerica - EGA (sigla de Ediciones Generales Anaya), y Tus Libros, en la que figura sólo Anaya. La primera colección era la que se podía (se puede) encontrar en Argentina.

Compartían los títulos de grandes clásicos de la literatura universal, y sus ilustraciones eran de gran calidad, o al menos interesantes. Incluso, muchas veces, eran reproducciones de las que aparecían en las primeras ediciones de las obras.

Según cual fuera el género de la obra, cambiaba en la tapa un pequeño dibujo, y también el color del espacio (un escudo casi redondo en Mis Libros, una cinta doblada en Tus Libros) con el nombre de la colección. Así, por ejemplo, un detective y su sombra se asomaban junto a la etiqueta amarilla de los policiales, un gato misterioso junto al gris de los de intriga y terror y una pantera se alejaba del rojo de las aventuras. Lo romántico estaba tras el rosa, la ciencia ficción era casi turquesa, las biografías y el naturalismo, anaranjados, y los mitos y leyendas se vestían con el verde de la selva.

Pero lo que las hacía más interesantes para padres, maestros y curiosos, era un completísimo "apéndice" en el que se podía encontrar no sólo una biografía y bibliografía del autor, sino también un pantallazo de la sociedad y la época en la que la obra fue escrita, algunas veces incluyendo una línea temporal. Además, las aclaraciones de los traductores avisando sobre juegos de palabras y las notas del editor explicando nombres de ciudades, figuras históricas o fechas de batallas, llegaban a veces a llenar un cuarto de página.

Tus libros aún existe en España, en una edición reciente. Pero Mis libros se consigue en Argentina sólo en las librerías "de viejo" o sitios de subastas, aunque al menos es por pocos pesos. Y vaya a saber uno por qué misterio, casi todos los que andan por ahí son policiales.

Marina Cuello

Viernes 18 de Noviembre de 2005

Fantasía sutil

1811_macanudo.jpgLa fantasía se presenta, como las golosinas y los helados, en muchos sabores. Si aparece mirando hacia el futuro y sus posibilidades, se la suele llamar ciencia ficción. Cuando aparecen guerreros y caballos, arcos y espadas, es fantasía medieval. Si hay monstruos y extraños seres malignos, puede transformarse en terror, pero no todos los vampiros son malos, y esta regla no siempre se aplica. También hay fantasía en los cuentos de hadas, y en las leyendas de duendes, y en las historias de brujos y magos.

Sí, la fantasía viene en muchos sabores. Y hay veces en que, como en las bolsas de caramelos surtidos, los sabores se mezclan. Así, en un solo lugar hay duendes que susurran ideas locas a los oídos de los durmientes, "cosos" azules y amarillos, y robots con los sentidos demasiado abiertos a los sentimientos. Las ganas de ir al cine son dos extraños personajes vestidos de celeste que dan consejos y tiran ideas, y las ovejas de vez en cuando sueñan con volar. Los pingüinos usan bufandas a rayas (y las comparten con aves de patas más largas).

Hay un hombre misterioso que es misterioso porque... es... misterioso. Y los hombres pueden tener cabezas chiquitas, o enormes, o cuadradas. Los elefantes intentan balancearse sobre huevos parados sobre fósforos, con resultados predecibles, y hay al menos una vaca en el mundo que es experta en cine. Un tal Rodríguez tiene amigos intergalácticos, y las pesadillas son bichitos verdes con alas de murciélago.

Todo eso es fantasía, y también poesía en cuadritos. Todo eso es Macanudo, de Liniers. Pero no es sólo fantasía, también es humor. Absurdo, o tierno, o inexplicable. A veces, es una invitación a pensar. Otras, a soñar. A dar un paso adelante, o a dejarse llevar.

Está Enriqueta, que sueña mejor cuando se duerme leyendo, y tiene un gato negro y un oso de peluche como mejores amigos. Y un señor que traduce los títulos de las películas con un diccionario de muy pocas palabras. Y gente que pasa. No todo el mundo entiende todos los cuadritos (un señor llamado Gorostidi se los pierde siempre), y algunas personas necesitan mirar varios, o muchos, o muchísimos, para aprender a disfrutarlos.

Ricardo Liniers Siri (Liniers es su segundo nombre, no un apellido) comentó en un foro abierto en el que participó el año pasado: "Trabajo pensando en el lector, bah en un tipo de lector... bah, en un lector que es exactamente igual a mí...". El autor se muestra a sí mismo en las tiras con una figura muy parecida a un conejo. Sus "verdaderas aventuras", y las de sus personajes, se pueden ver y leer en la contratapa de un diario, o en su versión online. Quienes prefieren tener un libro en sus manos, pueden buscar alguna de las dos recopilaciones que se encuentran en las librerías.

Como despedida, tomo prestada una frase de una de sus tiras: "Eso es lo bueno de algunas personas... te prestan un rato su imaginación para que agrandes la tuya".


Marina Cuello (texto e imagen)


Viernes 11 de Noviembre de 2005

Con foco en los fans

1111_fanscine.jpgLa palabra inglesa fandom es una conjunción de "fan" y "kingdom" (reino), y se usa para referir a un conjunto de aficionados a un tema en particular. En realidad puede relacionarse con un deporte, un cantante, o lo que se les ocurra, pero se utiliza más cuando se trata de "reinos" que giran alrededor del cine, la televisión y la literatura (incluyendo las historietas).

Algunas de sus manifestaciones, ya las visitamos en estas crónicas: el fan-fic, el cosplay, el filk, los encuentros, el fan-art. Con tantos reinos diferentes se conforma un universo que se ha hecho de interés para sociólogos, periodistas, y también para realizadores de cine.

Los fans de Star Trek, por ejemplo, fueron objeto de una serie de dos documentales, con el título de Trekkies. La palabra es una de las dos que, junto a "trekkers", compiten para denominar a los fans. Aunque, a decir verdad, quienes se consideran "trekkies" dicen que los "trekkers" son otro tipo de admirador, y viceversa...

Mejor sigo con los documentales. En ellos se muestran, buscando el entretenimiento y con un tono bastante irónico, a los distintos tipos de seguidores de "Viaje a las estrellas". Coleccionistas de objetos conmemorativos, estudiantes de klingon, e incluso alguna fanática (más que fan), capaz de mudarse de casa para estar "más cerca" de su actor admirado.

En Ringers, the lord of the fans (algo así como "Anilleros, el señor de los fans"), el objeto de estudio son los admiradores de J.R.R. Tolkien. Ya que los realizadores son ellos mismos miembros de este fandom, la pátina que cubre al documental es más cálida, pero también muestra de todo un poco. La historia de las organizaciones más estructuradas, los clubes de fans de las películas basadas en "El señor de los anillos", y la influencia que tuvo la obra del autor inglés en actores y compositores, son algunos de los temas que toca.

The shark is still working se llama así (el tiburón todavía funciona), porque durante la filmación de Tiburón, la réplica mecánica que debía abrir y cerrar las mandíbulas, pasó mucho tiempo sin querer hacerlo. "El tiburón no funciona" era una frase repetida casi cada día del rodaje. Y el documental, aún en producción, se trata de cómo, treinta años después, la película sigue teniendo seguidores e imitadores.

Starwoids es un documental realizado por cineastas aficionados. Está en venta en DVD y pone el foco en los fans que esperaron en largas colas para ver las películas de la segunda (perdón, la primera) parte de la trilogía Star Wars antes que nadie. Algunos de ellos estuvieron en la puerta del cine más de un mes antes del estreno.

No son los únicos documentales que tratan acerca de los fans y sus "reinos"; hay muchos, realizados para televisión o como segmentos en programas periodísticos.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 4 de Noviembre de 2005

Lo que se encuentra en una mesa

0411_rol.jpg¿Qué tienen de interesante los juegos de rol? ¿Qué hace que personas de todas las edades, hombres y mujeres, se queden durante horas frente a una mesa? ¿Que logra que, cuando se reúnen en cualquier lugar, con un café o una pizza, recuerden cosas como aquella vez en que entre todos mataron un ogro, o cuando esa bruja dejó a uno de ellos al borde de la muerte?

Los juegos de rol tienen tantas variedades, que logran atraer a gente de todo tipo.

Algunos juegos son a la vez azarosos y muy estructurados: muchos pasos están guiados por tablas y tablas de numeritos y valores que indican qué se podría hacer y qué no, pero la decisión final está en los dados. Cada paso que da un jugador entonces es guiado por un rápido cálculo de probabilidades, y la gente más lógica (esa a la que, por lo general, le gustan las matemáticas) se ve atraída por las gotas de estrategia encerradas en estos juegos.

Otros son como un "cadáver exquisito" en voz alta, una historia armada entre todos, con una voz que guía, personificada por el "master", que no por nada se llama en algunos juegos "narrador". Por eso es común que quienes suelen escribir, y en especial si sus temas favoritos son la fantasía, la ciencia ficción o el terror, se queden enganchados o al menos sientan curiosidad. Un "juego de mesa" que permite expresar la imaginación, seguir y crear a la vez el camino de un investigador de los mitos de Cthulhu, un aprendiz de mago o un vampiro con síndrome de abstinencia, no es algo fácil de dejar pasar.

Quienes tienen sueños escondidos de estrellato, con deseos no expresados de ser grandes en la actuación, pueden practicar un poco en aquellos momentos durante el juego en los que conviene "entrar en personaje". Como en un ejercicio de improvisación teatral, los jugadores deben responder frente a distintas situaciones siguiendo las características del personaje elegido. Si no, alguien podría sospechar que se trata de un espía o un impostor, disfrazado con magia o con tecnología, y reaccionar con un ataque.

Y estas son sólo algunas de las cosas que me atraen (perdón, que pueden atraer) de los juegos de rol.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 28 de Octubre de 2005

El futuro según Tex

2810_avery.jpgEntre 1949 y 1955, el admirable Tex Avery demostró que la ciencia ficción podía ser tomada con humor cuando dirigió cuatro pequeñas joyas de la animación.

En esa época la reciente televisión, la radio y las revistas estaban repletas de avisos que publicitaban sus productos como adelantos del futuro. Frases como "en el año 2000 todas las mujeres usarán crema de belleza Madame L." o "tenga el auto del futuro, hoy" estaban de moda. Las formas "futuristas", redondeadas y metalizadas, y las tecnologías creadas para la carrera espacial invadían incluso el diseño de los objetos más cotidianos, como cafeteras y tostadoras.

Todos los cortos animados de Avery están llenos de pequeños detalles que resaltan con ironía las extrañezas de la naturaleza humana, aunque a veces se escondan tras una cara animal. Droopy y sus duplicados, un mago enfrentando a un cantante de ópera, y una ardilla con "algunos problemitas" son sus creaciones más caprichosas. Cuando se mete con la ciencia, la tecnología y el futuro, sin embargo, su muestrario de detalles ridículos se convierte en profético.

En "La TV del mañana" (1953) muestra una cocina en la que, empotrada entre el horno y las hornallas, hay una tele. Otra más aparece en un lavarropas, con la cara de un "galán" moviéndose en vaivén para entretener a las amas de casa. Aunque parezca extraño, esa idea casi se hizo realidad: hay enormes heladeras, para nada económicas, que incluyen una pantalla de televisión de 13 pulgadas en la puerta, justo al lado de la hielera.

"La granja del mañana" (1954) adelanta un detector de huevos podridos: una caja provista de una nariz azul muestra un cartel que dice "OK" o "PU", según le guste o no lo que huele. Las narices electrónicas actuales utilizan sensores y software especial para detectar la presencia de bacterias, materiales nocivos y hasta enfermedades.

Por otro lado, en "La casa del mañana" (1949) vemos la "evolución" de las ollas a vapor. Se trata de una especie de caja muy bien decorada, con un relojito en la tapa, en la que se puede ingresar todos los ingredientes de una comida: un bife, zanahorias, arvejas, etc., y el resultado debería ser un plato completo. Por desgracia, algo falla y todo (incluyendo la cocinera y su techo) termina volando por los aires. En la actualidad tenemos ya cajitas como esas aunque, al parecer, no tienen cualidades explosivas.

El primer coche que nos muestran en la exposición de "El auto del mañana" (1951) es uno en el que es difícil determinar cuál es el frente, cual el baúl y cuál es el lateral. Y para solucionar los problemas de estacionamiento, se ofrece un coche que puede plegarse sobre sí mismo hasta convertirse en una pequeñez, apta para ser guardada en el bolsillo. Un prototipo presentado hace poco parece una combinación de estos dos: la cabina, en forma de huevo, gira sobre sí misma para evitar la marcha atrás, haciendo las maniobras mucho más simples.

Estos son sólo algunos ejemplos de cómo la ciencia ficción, incluso cuando es un dibujito animado, con el paso del tiempo puede mostrar sus pinceladas de verdad.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 21 de Octubre de 2005

Cine de terror en Argentina

Cuando vamos al cine o prendemos la tele para "ver una de terror", sabemos que la película en cuestión puede tomar una de distintas formas. Están las películas que manejan nuestros nervios de manera sutil, y nos mantienen todo el tiempo en vilo, con un extraño y frío cosquilleo en la espalda. Por lo general no nos muestran nada "aterrador", pero el suspenso y nuestros propios pequeños y grandes miedos (la oscuridad, el más allá) hacen que, después de verlas, pasemos un tiempo revisando los rincones.

Otras usan monstruos, asesinos imposibles o extraterrestres para provocar sobresaltos. Con sonidos estridentes, imágenes que aparecen en la pantalla de improviso, y música premonitoria, buscan hacernos saltar de las butacas de vez en cuando. Y otro tipo de películas de terror es ese en el que la sangre salpicando y las tripas voladoras nos hacen dudar si tenemos que asustarnos, sentir asco, o tan sólo abrir los ojos como platos por el asombro.

Hay cine de terror para todo los gustos. Y lo mismo se puede decir de las películas del género realizadas en Argentina. El terror tiene una larga tradición. Aunque es posible que haya intentos anteriores, desde mediados del siglo pasado y por un par de décadas hubo algunas producciones que aún ahora siguen causando escalofríos. Entre las más recordadas están las apariciones, en cine y televisión, de Narciso Ibañez Menta. Como vampiro u hombre lobo, como vengador que volvió de la muerte o de la nada, como personaje salido de un cuento de Edgar Allan Poe, su voz comparable a la de Christopher Lee y su capacidad para transformarse en cualquier cosa, desde un músico deformado hasta una dama aristocrática (a veces, en la misma película), lo convirtieron en un prócer del suspenso y el terror argentinos.

En los últimos años, parece haber un auge de lo terrorífico en las pantallas argentinas. No sólo a encontrado varios espacios (algunos fallidos) en la televisión, sino que además hay muchas pequeñas productoras y directores independientes que dedican sus realizaciones al género.

Voy a ser sincera: muchas de las películas argentinas "de terror" terminan siendo "de terror" en otro sentido. Los guiones incomprensibles, las actuaciones flojas y los pocos recursos mal distribuidos logran que incluso las audiencias más acostumbradas comiencen por esconder sus sonrisas y terminen a carcajada limpia.

Pero hay otros esfuerzos mejor encaminados. Una de las señales del crecimiento del terror y otros géneros afines, y del interés del público, es el éxito del Festival Buenos Aires Rojo Sangre, que en sólo cinco años pasó de tener algunas decenas de espectadores a la friolera de cinco mil asistentes. Otro festival que cede espacio al terror, aunque sólo para cortometrajes, es el festival Crepusculum.

Y hace poquito, una buena noticia: el largometraje independiente "Habitaciones para turistas" fue estrenado en el circuito comercial de Nueva York.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 14 de Octubre de 2005

Inmortales eran los de antes

1410_inmortales.jpgAlgunos recuerdos, quizás por demasiado tempranos, quedan en nuestras memorias como una nebulosa, sin forma. Otros vienen en colores firmes y definidos, con sonidos y hasta música, como en una película. En otros casos, son tan perfectos que nos queda la duda: ¿son de verdad? ¿o son recuerdos de otros, anécdotas que nos contaron nuestros mayores, cosas que vimos en televisión?

Yo tengo un recuerdo que en esencia es una mezcla de esos tres. No sé de cuándo es, ni si es cierto o sólo la conjunción de varios recuerdos reales y algunos inventados. Sé que era Nochebuena: junto al televisor estaba el arbolito, la caja con arena cubierta con un mantelito de papel crepé. Estaba sentada en el piso, sobre una lona, quizás una frazada. Era casi la hora de cenar, mi mamá y otras mujeres (¿mi abuela? ¿mi tía?) pasaban con bandejas y con platos casi por arriba de mi cabeza. En la tele, una película sobre Papá Noel. Algo que me asombró y me sigue asombrando: un "dibujo animado" sin dibujitos, en el que muñequitos y elementos parecían tomar vida, moviéndose un poquito como robots, un poquito como títeres, pero sin hilos.

Me llamaron para comer. Yo no quería. Las imágenes me fascinaban. Mi mamá me llamó otra vez. Un montón de los muñecos avanzaban como en una procesión. Uno de ellos llevaba en sus bracitos un bebé (lo recuerdo con cara de madera, pero se mezcla con un muñequito que había en los cajones de un escritorio en la casa de mi abuela), y todos estaban cantando. Mi mamá se cansó de esperar. En un sólo movimiento, me tomó de los brazos y apagó la tele. Lo último que quedó del recuerdo es uno de los muñequitos, levantando el bebé hacia el cielo, y uniéndose a todos los demás en el coro de la canción: Inmortalidad.

Creo que este recuerdo, además de justificar cierto capricho por la animación cuadro por cuadro, es lo que me llevó a tener una gran atracción por la idea de la existencia de seres inmortales, y en especial por la manera en la que son mostrados en el cine y en la literatura. Si me entero de que aparece un inmortal por algún lado, allá voy, tras él, a leerlo o a mirarlo.

Pero casi siempre me encuentro con una gran decepción. Me asombra poder decir que hay muy pocos inmortales realmente inmortales. Sólo los personajes descriptos como dioses, en mitologías antiguas o inventadas, pueden estar orgullosos de su inmortalidad (y ni siquiera todos ellos). Los demás seres literarios o cinemáticos, y en la televisión también, apenas rozan la inmortalidad, sin alcanzarla. Como Superman y su kryptonita, siempre hay una manera de acabar con sus vidas.

Los inmortales como Highlander, a pesar de poder llegar a tener vidas largas y tan llenas de recuerdos como para alimentar varias películas y un par de series de TV, tienen que tener mucho cuidado, y mantenerse alejados de reinas del País de las Maravillas, que pueden llegar a gritar "que le corten la cabeza", arruinando todo el efecto.

Los elfos de Tolkien tampoco son inmortales. Tan sólo tienen un desarrollo lento, de miles de años (son longevos), y un gran sistema inmunológico, que hacen imposibles las enfermedades o la muerte por causas naturales. Pero son tan débiles ante la espada o el veneno como los hombre, y tienen otro problema: si su alma se cansa del mundo, no hay medicina que la mantenga atada a su cuerpo.

Los vampiros y los zombies, por definición, no pueden ser inmortales; ya están muertos. Los primeros pueden llegar a mantener sus cuerpos en movimiento durante largos siglos, pero hay muchas maneras de detenerlos: con una estaca, con agua bendita, con un rayito de sol. Los zombies, según algunos autores, sólo siguen andando tanto como tarden en descomponerse. Los más cercanos al trópico corren con desventaja.

El inmortal de Borges se pierde (se deja perder, creo yo) en el mar, ya despojado de su inmortalidad (y no les cuento cómo, para que lo lean, es del libro El Aleph). Dorian Gray se mantiene "joven y bonito" sin que se reflejen en él el paso del tiempo y las marcas de sus andanzas, pero sólo porque todo se traspasa a su retrato, hecho por un artista que, enamorado de su imagen, le dio sin notarlo ese castigo y bendición.

Ya ni siquiera Papá Noel, el de mi recuerdo, se mantiene inmortal. Según algunos guionistas y escritores, el título es hereditario (es "el Papá Noel" como era "el César"), o, peor aún, un simple cargo burocrático, cubierto por sufragio entre los elfos, o tomado por cualquiera que "pase por ahí" en el momento en el que el último ocupante muera.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 7 de Octubre de 2005

Una nueva manera de compartir

creative.jpgImaginen ustedes una escritora brasileña, un pianista chileno y un guitarrista español que, sin conocerse en persona, ni hablar por teléfono, ni chatear, ni conversar en un foro ni mandarse siquiera un e-mail, crean entre todos una canción hermosa que el público puede bajar de la Web en formato MP3 en forma gratuita. ¿Suena a ciencia ficción? ¡Que suerte! Así no me alejo tanto como pensaba del tema de estas Crónicas Fantásticas...

En realidad, lo que les quiero contar puede ayudar a aquellos entre ustedes que estén pensando en volcar sus gustos por la fantasía o el horror en la plástica, la literatura, la animación o su arte favorito. Todos los artistas quieren, en mayor o menor medida, "mostrar" su obra a los demás, ya sea porque sueñan con hacerse famosos, o simplemente por el deseo de compartir con otros el proceso creativo.

Algunos de ustedes deben estar ya presentando sus trabajos en algún sitio web, ya sea uno colectivo o su propia página personal. Quizás hayan agregado, junto a su firma, o como pie de página, el simbolito "©", que indica que, como autores, se reservan todos los derechos: de reproducción, de alteración, de difusión. Incluso si no lo usaron, en muchos casos están protegidos igual, según lo que indica el Convenio de Berna, al que muchos países, incluyendo Argentina, suscribieron.

Imaginen que, dentro un tiempo, alguien llega, gracias a Google, a su página web. Le gusta lo que lee, o lo que está viendo, o escuchando, y quiere usarlo en un proyecto propio. Quizás está armando una revista para un trabajo práctico en la universidad o la escuela, y quiere publicar uno de los cuentos en ella. O está armando su página personal y, como es malo para dibujar, cree que una pintura en la galería es perfecta para el encabezado. O le gustó muchísimo una foto, y escribió un poema inspirándose en ella, y quiere poner todo junto en su blog.

Entonces, trata de ponerse en contacto con ustedes para pedirles permiso. Tiene tanta mala suerte, que ustedes ya casi se olvidaron de que tenían esa página. Y la dirección de correo electrónico que aparecía en ella, es justo una de esas que no leen más. ¿Y ahora? Su interesado visitante sólo tiene dos opciones: pasar por arriba sus derechos, y hacer lo que quiera con las obras de ustedes, o quedarse con las ganas.

Antes, la única alternativa era donar sus producciones a la humanidad, liberándolas al dominio público. Así, cualquiera que quisiera usarlas, adaptarlas, o lo que fuera, podría hacerlo sin problemas. Aunque sería de gran ayuda para esos visitantes creativos, alguien con peores intenciones podría tomar una anécdota escrita por ustedes, sacarle la firma, ponerla en un libro, y obtener dinero por ello.

Por suerte, ahora tienen una opción más. Quizás hayan notado que varias de las imágenes que aparecen en TamTam, en la sección La imagen del día (también aquí y aquí) tienen una aclaración con un enlace que indica que la foto o la obra de arte digital que se muestra está bajo un "licencia de Creative Commons". Si alguien hizo click en alguno de esos links, habrá encontrado una descripción de esa licencia. Los visitantes más curiosos, ya deben saber de qué se trata. Para los que no se sintieron afectados por esa cualidad o defecto que se supone que mató al gato, va esta explicación.

Seguir leyendo "Una nueva manera de compartir"

Viernes 30 de Septiembre de 2005

Fundamentalmente inofensivo

Naves vogonas escondidas tras la LunaTodo comenzó con un programa de radio. Bueno, no todo. Pero sí esa aventura recorrida con ayuda de la Guía del Autoestopista Galáctico. Luego fue la aparición de varios libros, una serie para TV, algún videojuego.

Las malas lenguas dicen que la cosa empezó con una borrachera de vacaciones, en el medio del campo, bajo la inmensidad de las estrellas. Que el autor intentó contar las estrellas y no pudo. Que se preguntó cómo se haría para navegar por esa grandeza sin perderse. Para conocer los lugares para comer mejor, y más barato. Y que así fue, en realidad, como comenzó todo.

Según la pequeña nota que solía aparecer en las primeras ediciones de sus libros, Douglas Noël Adams pasó parte de su vida realizando tareas bastante extrañas, ya que fue "camillero en un hospital, constructor de graneros, limpiador de despojos de gallinas, guardaespaldas". Mientras, intentaba lograr un lugar en la radio como productor y guionista, y tuvo roles casi imperceptibles en algunos trabajos de Monthy Python, ya que era amigo de uno de los integrantes del grupo.

En su "trilogía de cinco partes", Adams despliega un sentido del humor que es irónico, absurdo, tierno y áspero por partes iguales. ¿Quieren ejemplos? Veamos qué podemos encontrar... El consejo de nunca ir a ningún lado sin una toalla. La descripción de la Tierra: "Inofensiva" (versión sin actualizar). Un alienígena con nombre de auto. Otros con aspecto horrible, que se rigen por la burocracia y son autores de la tercer peor poesía del universo. La más atroz, fue la de una dama inglesa. Y todo esto, antes de surcar un tercio de la primer novela.

En el año 2001, DNA (como lo llaman sus seguidores) falleció de un ataque al corazón. O quizás nos hicieron creer eso, quien sabe. Quizás tenía un Pulgar Electrónico, y ahora está a bordo de alguna nave extraterrestre. Esté donde esté, si es que está en algún lado, es posible que le cause alegría saber que tiene ya su propio asteroide. En la Guía debería aparecer una pequeña entrada.

Asteroide Douglas Adams: Para disfrutar de la Vida, del Universo y de Todo lo demás.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 23 de Septiembre de 2005

Filk es lo que el Filker hace

2309_filker.jpgUn grupo de seguidores de la animación japonesa se "rebela" en una sesión de karaoke entre amigos y le pone una letra jocosa a la canción de inicio de su animé favorito. Dos chicas y el novio de una de ellas, todos lectores de las novelas de Harry Potter, se sientan a improvisar con lápiz y papel y convierten "Aprendizaje" de Sui Generis en un himno a Hogwarts. Sentados en ronda frente a un montón de comida, un grupo de admiradores de Tolkien imagina la música del canto de Aragorn acerca de Rohan.

Lo sepan o no, están haciendo filk. ¿Qué es el filk? La verdad es que hay tantas respuestas y definiciones como personas que intentan responder a la pregunta, o incluso más. La palabra tiene como origen, al parecer, un error de tipeo en la palabra "folk", pero a la gente le gustó y así quedó.

El filk surgió entre los fans de la fantasía y la ciencia ficción, y aunque sólo se lo conoce con ese nombre en Estados Unidos y Canadá, y también en Europa (en especial, Alemania e Inglaterra), existe en cualquier lugar del mundo en el que un grupo de fans se junte y alguien tenga ganas de cantar. Ni siquiera es necesario ser buen músico, o tener una voz privilegiada. Sólo basta tener muy pero muy poco de eso que se llama vergüenza.

En un principio, el término se aplicaba solamente a parodias, tuvieran música "robada" u original, y a las que ponían letras en broma a temas populares en el momento o grandes clásicos del rock o de la música tradicional de cada país. Pero el filk fue creciendo como movimiento musical, y ahora también se aplica a canciones originales, ya sean cómicas, románticas, trágicas, para cantar con algunas copas encima o para bailar. Y pueden estar basadas en universos literarios, del cine o de la televisión, o en nuevos personajes fantásticos, creados por el autor, o en características de los fans, o en cualquier cosa que les pueda gustar a alguno de ellos, como las computadoras, los gatos, los conejos o la astronomía.

En los países en los que es menos raro, suele haber convenciones o ruedas de "filk", en las que decenas y hasta cientos de personas se acomodan en un gran círculo o varios pequeños, hasta altas horas de la noche, o incluso después de que salga el sol, cantando por turnos, proponiendo temas, o uniéndose en un coro (muchas veces) desafinado.

En la red se pueden encontrar varios sitios web desde los cuales se puede bajar canciones (más que nada en inglés) en formato MP3, muchas veces grabados en vivo, pero otras veces en cuidadas versiones en estudio. En algunos se exige a los visitantes que se registren, como en FilkArchive, en donde el registro es gratis y se puede escuchar canciones por medio de palabras claves o dejar que la "radio" nos muestre algunos temas al azar. Otros ponen los archivos a disposición de todos los visitantes, como The Virtual Filksing. Y algunos "filkers" tienen algunos ejemplos en sus sitios, como la banda The Hobbitons o Voltaire, que imagina cómo sería ser rapero y vulcano a la vez.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 16 de Septiembre de 2005

El señor o la señora Beta

1609_beta.jpgEn el desarrollo de sistemas informáticos, y en especial cuando se trata de juegos, es común solicitar a cierto número de usuarios que utilicen y realicen pruebas sobre versiones preliminares, las versiones Beta.

A esos usuarios se los llama "beta tester", nombre que se puede traducir como "probadores de betas". Con este proceso, los creadores aseguran obtener opiniones, quejas, avisos de errores y pedidos de nuevas características antes de que los programas salgan a la venta. El resultado es, por supuesto, una mayor calidad en el producto final.

Los escritores de fan-fiction aplican un concepto similar: el "Beta Reader". Buen lector, y muchas veces también escritor, puede trasformarse en una pieza clave en el proceso creativo. Es fácil notar cuando un autor pasó por alto esta etapa o no consiguió un beta adecuado.

Porque no cualquier amigo con ganas de leer nuevos textos puede ser un candidato. Como mínimo, el Beta Reader tiene que ser muy bueno con la ortografía y la gramática, y conocer el uso correcto de los signos de puntuación. Debe saber dónde van las comas y dónde los punto y seguido, reconocer cuándo escribir sólo y cuándo solo, detectar redundancias, y hurgar en todo tipo de pequeños detalles.

Lo ideal es que también maneje otras herramientas literarias, y pueda descubrir problemas estructurales. Por ejemplo, un buen beta es capaz de detectar cuando en una historia todo está siendo narrado en pasado, y de pronto la acción se vuelca al presente sin que haya una justificación dramática. Puede darse cuenta de que el narrador de un texto escrito en primera persona "conoce" los pensamientos de los demás personajes, algo que sólo es explicable si alguno de ellos es telépata. Y es capaz de notar que cierto personaje del universo original en el que se basa una obra aparece sólo porque es el favorito del autor, ya que en realidad no tiene peso en la trama.

El Beta Reader actúa como editor, corrector de estilo y crítico literario. Tiene que estar dispuesto a desplegar una amable frialdad, decir verdades aunque duelan, y al mismo tiempo olvidar su propio estilo para no eclipsar al del autor. Tarea dura si las hay, pero todo sea por el bien de la fan-fiction.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 9 de Septiembre de 2005

La peor de todas

0909_plannine.gifDurante mucho tiempo fue considerada la peor película hecha en Hollywood. Ahora la afirmación puede estar en duda, pero "Plan nueve del espacio sideral", de Ed Wood (Plan 9 from Outer Space) sigue siendo uno de esos "filmes de culto" que vale la pena ver con un grupo de amigos y ganas de divertirse.

Los hilos moviendo los platos voladores son lo de menos. La luz cambiando de día a noche y de noche a día en segundos puede ser más llamativo. El vestuario incoherente, es apenas una distracción. Las actuaciones exageradas, incluso para una época (1959) en la que aún algunas estrellas olvidaban que el cine no era el teatro, le dan un "no se qué". Pero hay aún más detrás.

Uno de los protagonistas, Bela Lugosi, murió cuando recién empezaba la filmación. Hay quien dice que fue antes, y que las únicas escenas filmadas fueron pruebas de cámara para el maquillaje, aunque suena inverosímil debido al bajo presupuesto con que contaba Wood. Lo que importa es que, de ahí en adelante, el rol fue tomado por un conocido del director, apenas actor, que pasaba todo el tiempo cubriéndose la cara y encorvándose un poco, ya que era mucho más alto que Lugosi. Y se nota. Y mucho.

Como una iglesia bautista del sur de Estados Unidos fue la que otorgó el dinero para la producción, otra "leyenda" (que puede ser cierta o no) indica que todo el equipo técnico tuvo que presentar testimonios de su pertenencia o directamente hacerse bautizar para poder trabajar.

La película no es fácil de encontrar en videoclubs, pero al menos la pasan de vez en cuando por televisión por cable, en esos canales que se dedican a rescatar glorias olvidadas. Si la detectan en algún anaquel, o la encuentran en la programación, traten de resistir tentaciones más modernas, y disfruten de esta joyita.

Porque es la peor, pero a veces es también la mejor.

Marina Cuello (texto e imagen)


Viernes 2 de Septiembre de 2005

Viejos de colores: Blanco (otra vez)

0209_bbu.gifUno tras otro. Tras otro, tras otro. Algunos algo más gruesos. Otros mucho más finitos. Pero todos finitos, finitos. Los lomos pegados unos contra otros, apretados, suaves. Tit-tit-tit-tit-tit. Así suenan, cuando el palito los roza uno tras otro. Uno tras otro. Como un xilofón de papel, como cuando te dan uno en la clase de música y lo querés tocar cuando todavía no tenés permiso, y le ponés el buzo abajo, o la cartuchera encima, para que no se muevan las maderas, y suena así, atenuado. Tit-tit-tit-tit-tit.

Parece que no se terminan, pero sí, justo al borde de la biblioteca. Y otra vez, de vuelta, otra vez. Uno tras otro. Tit-tit-tit-tit-tit. Otra vez el final y el palito pega contra la madera, justo al borde de la biblioteca. Se destroza. Miranda mira, alrededor, a ver qué hay. Nada. No hay más palitos, lo trajo desde afuera, desde el patio. La puerta está con llave, como siempre. Va a la cocina, busca un tenedor, una cuchara, pero el borde mal cortado de metal amenaza con arañar los libros.

Con el dedo no suena, y además hace cosquillas. Con la uña sí, pero es incómodo, pasar la mano de revés, y también hace cosquillas. En la cartuchera hay lápices, y biromes, pero es peligroso. La parte de atrás de los lápices mancha, eso ya lo sabe, y las biromes a veces se rompen y dejan salir la tinta por atrás. Las fibras tienen capuchón. Y la parte de atrás está cerrada, y si les saca el tubito de adentro, ya no pueden manchar nada. Y además, si a una le ponés atrás la tapa de otra, parecen varitas mágicas.

Arranca con los dientes la tapita de atrás de la fibra verde oscuro, y deja caer el tubo sobre la mesa. Sabe que con sólo apretarlo un poco la pintura saldrá por el borde, pero resiste la tentación de comenzar a pintar los diarios con ese peligroso pincel. Vuelve a poner la tapa, y elige un color interesante. Mejor dos. Esta vez usa las uñas, con los dientes la fibra queda un poco mordisqueada. La varita mágica se ve muy bien: flores verdes en el centro, una tapa casi fucsia adelante, y la tapita de atrás y otra nueva tapa, bien apretadas, de un anaranjado furioso.

Ahora no es un xilofón: es un instrumento mágico. Imagina (los ve, están ahí) los colores pintando de arcoiris los lomos blancos, aburridos, y las letras desaparecen. Tit. Ese es violeta. Tit. Azul brillante. Tit. Un amarillo desconcertante. Tit. Tit. Tit. La tapita fucsia se mueve un poco. Tit. La tapita baila en la punta, y Miranda no lo nota. Tit-tit-tit.

Una cruz verde, que antes no estaba, atraviesa uno de los libros. Otro tiene una rayita, leve, muy leve. Miranda, asustada, guarda las fibras en su lugar. ¿Le creerán que fue el gato?


***

La Biblioteca Básica Universal llegaba a sus lectores a bordo del bolsón del canillita, a principios de los años ochenta. La letra era pequeña, y la encuadernación muy inestable. Pero nada faltaba entre sus páginas.

Si un texto superaba las doscientas páginas que tenían los ejemplares más gruesos, entonces se publicaba dividido en dos, tres o cuatro tomos. La biblioteca surcaba todos los géneros; se podía encontrar el Martín Fierro, selecciones de cuentos infantiles, tragedias griegas, antologías de la pre-historia de la Ciencia Ficción, clásicos como Robinson Crusoe, cuentos de Saki, críticas literarias, fábulas de Esopo, Frankenstein, la Odisea, ¿qué más?

En la tapa se veía siempre algún cuadro famoso, o un grabado japonés, o una iluminación de un códice medieval. Además de biblioteca, era una oportunidad para conocer los grandes maestros de la historia del arte. Lo editaba el Centro Editor de América Latina, fundado por Boris Spivacow.

Marina Cuello

Viernes 26 de Agosto de 2005

Sangre, y todo lo demás

2608_barker.gifClive Barker pertenece a ese tipo de artista que se suele llamar "hombre del Renacimiento", recordando a quienes, como Leonardo Da Vinci, no lograban quedarse quietos ni aceptaban expresarse por un único medio (ya fuera escultura, biología o cocina). Claro que, en el caso de este británico, los resultados son poco aptos para gente impresionable.

Aunque no olvida los enredos de la psiquis, lo caracteriza el horror más sangriento. Publicó seis colecciones de cuentos y novelas cortas que son conocidas en castellano como "Sangre" o "Relatos Sangrientos", y el título no es casual. Partes del cuerpo que deciden independizarse, testamentos que hubiera sido mejor no leer, demonios enloquecedores son algunos de los extraños ingredientes que pueden encontrarse en sus historias.

En ellas las descripciones son poco tranquilizadoras, y quienes disfrutan de las películas de terror podrían preguntarse cómo se verían en una pantalla. Barker se debe haber hecho la misma pregunta, porque ha llevado, o permitido llevar, muchas de sus obras al cine. Hellraiser es su película más conocida, que luego se convirtió en una "ene—logía" que no parece terminar nunca, y Candyman es otra serie de películas basada en una de sus novellas.

Pero cine y literatura no le alcanzan. También ha incursionado en las artes plásticas, participó en el diseño de un videojuego, y en el de las detalladas estatuillas de Todd McFarlane, para la colección llamada Desfile Infernal.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 19 de Agosto de 2005

Harry Potter, ¡eres feo!

1908_hogwarts.gifNo, lo del título no es una crítica. Ni es una declaración de principios. En realidad, a mí me gustan mucho los libros de J. K. Rowling. Los de Harry Potter, ante todo, pero también los que escribió simulando que eran los libros que usó él en la escuela para magos. Y ahora estoy esperando con mucha anticipación el séptimo libro de la saga.

La frase del título es una que repite Peeves, un "poltergeist", en uno de los juegos de video que se basaron en (las películas que se basaron en) las novelas. En quince minutos no hice más que revolear el mouse con frenesí, intentando un "flipendo", y caerme por las escaleras (los juegos 3D no son para mí) pero la frasecita se quedó grabada en mi cerebro. Porque hay mucha gente que diría con gusto "Harry Potter, eres feo", porque cree estos libros son malos por alguna razón.

Están los que nunca leyeron las novelas, ni siquiera una página. Les disgusta "Harry Potter" porque es un "best seller", una máquina de vender. En parte los comprendo: a mí también me dan desconfianza los que aparecen en la parte de arriba de las listas. Pero, en este caso, las ventas tienen una base sólida, y es una lástima que lo dejen pasar.

Una queja que se muestra entre quienes sí leyeron los libros, es la que afirma que la autora despliega un mundo clasista y racista, en el que, por ejemplo, la popularidad en el colegio está dada por los contactos o riquezas familiares. Hay familias "de rancia estirpe" que desprecian a los que carecen de largos listados de antepasados mágicos, y monstruos que sólo atacan a quienes tienen sangre no mágica. Los magos pobres tienen que usar túnicas y varitas viejas y soportar ratas arruinadas como mascotas. Y es así, sólo que los "puristas" suelen ser los seguidores de Voldemort, el villano mayor de la historia, y las injusticias son resaltadas y rechazadas.

Otra crítica es la que indica que Harry y sus amigos andan por ahí rompiendo reglas, mintiendo un poco y ocultando demasiado, sin recibir castigo. En verdad, Harry es a menudo caprichoso, cabeza dura, orgulloso. Pero cuando su comportamiento supera los límites, sufre un revés como consecuencia. No les voy a dar ejemplos: quienes leyeron los libros, seguro están pensando en algunos, y no quiero arruinar nada para quienes aún no llegaron a ellos.

La última acusación, incluso más seria, es la que implica que las novelas del mago adolescente son la puerta de entrada al satanismo, a la magia negra y a la brujería. Con este tipo de críticos, no vale la pena decir nada, ni siquiera murmurar "es fantasía". No es de extrañar que crean que son un peligro para las "mentes débiles" de los niños, si no logran ver la belleza en un cuento de hadas.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 12 de Agosto de 2005

Hermoso y con cicatrices

1208_maltese.gifHace tiempo, cuando tenía once o doce años, el Corto Maltés fue el amor de mi vida. Yo tenía, más o menos como ahora, una imaginación un poquito desbocada. Creaba para mí aventuras en las que un dibujante de historietas me veía en una plaza, me usaba como modelo para uno de sus personajes, y ese personaje participaba en una gran historia de amor. Y, agregaba, años más tarde, cuando fuera adulta, vendría a visitarme el hombre cuya vida estaba detrás del rostro del otro protagonista. Me había buscado desde siempre.

A veces, en lugar de verme en una plaza el autor me veía en la escuela. O mi buscador me encontraba mucho antes, en la adolescencia. O estábamos predestinados por una leyenda medieval. La historia podía variar un poco, pero mi "extraño amor", en todos los casos, se parecía al Corto Maltés.

En verdad, no había leído ni una de las historietas de Hugo Pratt. Aún hoy, sólo he podido disfrutar de un par bien editadas (prestadas) y, hace poco, de otra que venía en un librito publicado por un diario. Pero en ese entonces, cuando era mi príncipe azul, sólo tenía imágenes de las publicidades, que había visto en algunas revistas. En firmes blancos y negros, algunos grises suaves, a veces en colores, casi siempre en las contratapas.

Pero la esbelta figura del Corto Maltés, su perfil perfecto, la mirada lánguida y fuerte a la vez, era ideal para enamorarse. Luego aprendí, en sus aventuras y también artículos acerca de él, que esa imagen escondía lo que me imaginaba, y mucho más.

Era buscador de tesoros, pirata, navegante. Se encontraba en su camino con figuras de la historia y con gente famosa, arrasando con las damas a su paso. Anduvo por Buenos Aires, al igual que su autor, y por la Patagonia, cruzándose hasta con Butch Cassidy y el Sundance Kid. Por sus aventuras en Argentina, Daniel Salzano le dedicó la letra de una balada que canta Jairo.

Lleva cicatrices en el alma, aunque las oculte, y en el cuerpo. Como esa de la infancia, en la mano izquierda, en la que con un cuchillo marcó la línea de la fortuna, que le faltaba.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 5 de Agosto de 2005

La rama fantástica

fantasyart.gifHubo un tiempo en el que se decía que las artes eran siete. Ahora debemos andar por la nueve o la diez o, por lo menos, contamos con muchos más híbridos y variaciones. Pero en todas las artes el género fantástico está entre los menos "respetados". En algunos casos, se lo considera muy comercial. En otros, es "para chicos", dicho con la nariz fruncida y la boca algo torcida.

Y en la plástica, es "sólo ilustración", o "para posters". Por suerte, hay excelentes artistas que no se dejan ganar por el prejuicio y se dedican a crear o representar mundos de fantasía. En la sección Arte Web de TamTam se puede encontrar a algunos de ellos. Y hay otros cuyo trabajo es muy probable que conozcan, aunque sea de manera indirecta.

John Howe es un respetado estudioso de las armaduras y armas medievales. Es conocido por sus trabajos inspirados en la obra de J.R.R. Tolkien, aunque también se anima a visitar otros mundos. Él y Alan Lee estuvieron encargados de diseñar mucho de lo que se ve en las películas basadas en El Señor de los Anillos, aunque algunas de las imágenes se parecen un tanto a trabajos de Ted Nasmith.

Michael Whelan suele realizar ilustraciones de portadas de libros de fantasía y ciencia ficción. Se destacan las que creó para novelas de Isaac Asimov y para la serie de La Torre Oscura, de Stephen King. Luis Royo y Boris Vallejo, en cambio, se especializan en guerreros musculosos y damitas en peligro (o doncellas peligrosas).

Menciono unos pocos, hay muchos más. Con acuarelas, óleo o aerógrafo, acompañan aventuras maravillosas, o sirven de disparadores: nos dan un empujoncito, nos animan a imaginar.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 29 de Julio de 2005

Por amor al arte... y a alguna otra cosa

fanart.gifHay personas que tienen un alma artística, y la expresan desde la plástica. Dibujos, pinturas, arte digital, grabados, a veces esculturas. ¿Que pasa cuando en una de esas almas se instala la admiración por algún escritor, por una serie de animación, por una película? Lo que ocurre, es el fan-art.

Puede ser un dibujo hecho a las apuradas, casi un garabato, con lápiz o birome, en las hojas rayadas de la carpeta, en medio de la clase de un profesor aburrido. La copia perfecta, trazo a trazo, sombra a sombra, de un fotograma de un animé. O un óleo que muestra el rostro del personaje favorito de una película (o el actor, o la actriz). O una ilustración hecha con la computadora, en la que todos los personajes de un libro se transforman en nenitos cabezones, simpáticos. Incluso los villanos pueden lucir sonrisas de bebé.

Hay muchos sitios web dedicados al fan-art, y también se lo puede encontrar en páginas personales o en las de agrupaciones de fans. Un sitio en inglés, pero con artistas de todo el mundo, que tiene muy buenas obras es el sector FanQuarter dentro de Elfwood. Está en inglés, pero es fácil llegar a las imágenes siguiendo los enlaces que dicen "Gallery".

Se puede notar que los trabajos que más abundan son los que, ya sea por temática o por estilo, se relacionan con el manga y el animé. AnimeOmega ofrece una galería y tiene también un Oekaki, un sistema que, luego de registrarse, permite dibujar on-line y compartir el resultado con los demás visitantes. Otra posibilidad son los foros, como el de Otaku-Anime, en los que se permite subir las imágenes.

Hay fan-art para casi todos los "universos". Para quienes siguen las aventuras de Harry Potter, hay imágenes para disfrutar en HarryMedia. Y los seguidores de la obra de J.R.R. Tolkien pueden encontrar de todo un poco en la sección correspondiente en TheOneRing.net. Pero podemos ver también trabajos realizados por quienes siguen las campañas de Dodge, o se ríen con Futurama, y muchas cosas más.

Hay mucho para ver y para todos (sí, todos) los gustos.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 22 de Julio de 2005

Acerca del fuego y el viento

Siguiendo a IraA medida que me sumergía en la lectura de la primera novela de la trilogía "El viento en llamas", de William Nicholson, mi mente se empeñaba en armar las imágenes a la manera de una película de aventuras, o una épica, de esas de Hollywood. Como me gustan las técnicas clásicas, no imaginé muchos efectos generados por computadora, sino paisajes creados con pintura mate, vestuarios diseñados con fidelidad histórica para un mundo de fantasía y grandes escenarios logrados con miniaturas.

Enganchada con la historia, busqué información acerca del autor. Británico, mientras intentaba mejorar su escritura fue maestro voluntario en Belize y productor de documentales para televisión. El impulso que me llevaba a traducir cada párrafo a una secuencia cinematográfica quedó explicado en parte: también es guionista, y entre otras cosas colaboró con el guión de Gladiador. Pero dejemos de lado su "otra vida" en el cine, y volvamos a sus trabajos en fantasía.

"El silbador del viento" nos muestra una ciudad en la que todo tiene un orden, pero el orden es cambiante. Cada habitante, niño o adulto, tiene que pasar por exámenes que determinan cuál será el lugar de su familia en la sociedad. En la ciudad circular, dividida en anillos, los resultados indican el barrio que les toca, el tamaño de sus hogares, hasta el color de sus ropas. Pero no siempre fue así. Kestrel y Bowman, hermana y hermano, gemelos con una leyenda familiar de profetas y poderes especiales, intentarán lograr que resurjan los ecos de ese pasado, más feliz, menos "ordenado".

Algunos de sus logros pondrán en peligro la ciudad, y es así que, en la segunda novela, tras una batalla perdida desde el principio los sobrevivientes se ven convertidos en "Siervos del Maestro", arrastrados como ganado fuera de su tierra. Los protagonistas son separados, y cada uno a su manera, en luchas distintas pero en cierto modo simétricas, buscará la liberación de lo que queda de su pueblo.

En "El son del fuego", los padres de los gemelos son seguidos por un reducido grupo en la búsqueda de una "tierra prometida", guiados por las vagas palabras de una profecía y por el calor en el rostro de la profeta. Una antigua civilización comienza a despertar, e inesperados aliados y enemigos se entrecruzan con odios y con amores.

Kes y Bow, como otros héroes antes que ellos, deberán enfrentar su destino.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 15 de Julio de 2005

Un libro con vida propia

1507_cthulhu.gif¿Puede un escritor describir con tal fidelidad un artefacto, que algunos de sus lectores se resistan a creer que nunca existió? ¿Puede una fantasía parecer tan real, que haya quien pierda años en su búsqueda?

Aún hoy hay personas que creen que el Necronomicón, el gran libro mencionado una y otra vez por H.P. Lovecraft en sus historias, fue un escrito real. En verdad, fue sólo uno entre los muchos mitos creados por este escritor norteamericano, que desarrolló a lo largo de su obra un universo sombrío, en el que deidades antiguas se fundían con seres del espacio.

El autor intercambiaba correspondencia con otros escritores y con amigos, un grupo creativo que se conoció como Círculo de Lovecraft. Gracias a las cartas se pueden conocer sus fuentes de inspiración. Por ejemplo, el nombre del supuesto autor del Necronomicón, Abdul Al-Hazred, fue el que se puso a sí mismo cuando era chico, cuando acababa de leer Las mil y una noches y soñaba con genios y otras maravillas.

Pero las leyendas modernas no se detienen. Navegando por la web se puede encontrar a alguien que dice tener una copia, o a quien le ofrecieron o le mostraron una edición antiquísima, o quien halló, en alguna biblioteca universitaria, la ficha correspondiente. Editoriales oscuras y estafadores varios crearon versiones falsas de una obra inexistente, ya fuera reescribiendo cuentos relacionados con los mitos de Cthulhu, o recopilando textos antiguos, o modificando las portadas de códices medievales.

Es que Lovecraft describió el libro, le armó una historia, le inventó un autor, le asignó traductores y compiladores: le dio vida. Y logró que frente al mar, en un anochecer nublado, nos den escalofríos y deseemos no ver los tentáculos surgir entre las olas.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 8 de Julio de 2005

Viejos de Colores: Rojo

0807_rojinegro.gifLa carta no era para ella, ni para una de sus hermanas. Ni siquiera para su madre, o su abuela. Era para Eglantina Ibañez, una tía abuela un poquito solterona, bastante malhumorada, que había muerto ya hacía una treintena de años.

El cartero nuevo esbozó una sonrisa que era un poquito tímida y bastante triste. "¿Sabe? A veces me parece que sé como se debe haber sentido el cartero de Volver al Futuro, ese que le lleva la carta al chico en el cementerio". La oficina del correo se había mudado a una nueva sede, y en el medio de la mudanza habían encontrado un saco de cartas antiguas.

Todos querían tirarlas o quemarlas, pero este cartero había insistido en guardarlas. De a poquito, y en su tiempo libre, o cuando encontraba una dirección en su recorrido, había ido entregando las cartas olvidadas. Eran del cincuenta y cuatro. Internacionales. Venían desde España, desde Chile, desde Venezuela. hasta le había tocado una escrita en un idioma imposible. En muchos casos, los destinatarios se habían mudado. Nadie los conocía. O se habían muerto, como pasaba con la tía.

Una vez, un caballero de cabellos grises recibió extrañado la carta en la que él mismo le avisaba a su ahora esposa que ya estaba en camino. Una viejita escondió con prisa el poema cuyo autor sus nietos desconocían. Y una señora en sus sesenta le agradeció el haber recuperado una foto en la que ella aparecía, disfrazada de odalisca, disfrutando de sus primeros carnavales.

La carta que tenía en sus manos no era un aviso, ni un poema, ni una postal. Era un mensaje de un desconocido, oriundo de Uruguay, que buscaba amistad, "con propósito honorable", por medio de correspondencia. Había obtenido la dirección de una sección en "el ejemplar del último mes de la prestigiosa publicación Rojinegro". Y quería "intercambiar ideas e impresiones en relación al mundo de las artes y la literatura". Esperaba a cambio su "amistad sincera y leal".

Como en un "flashback" cinematográfico, la mamá de Anita vio a doña Eglantina, siempre elegante, siempre inclinada sobre el escritorio, revoleando la lapicera, salpicando tinta sobre un secante, siempre ahí, al lado del tintero. Y recordó las pilas y pilas de papel finito, casi transparente, y el sellito de bronce, que nunca le dejaba tocar, cuando era chica.

La curiosidad picó y se prometió a sí misma buscar en el Google, al día siguiente, a ver si el "corresponsal" aparecía por algún lado, o al menos el apellido (bastante raro). Quizás podría reanudar, ahora por e-mail, esa correspondencia que ni siquiera había tenido una respuesta, por descuidos del correo.

***

La revista Rojinegro fue publicada por la Editorial Bell a partir de mediados de la década del treinta del siglo XX. Cada ejemplar contenía novelas cortas, cuentos, y capítulos de textos más largos (es decir, folletines).

Las historias que publicaban eran casi todas de vaqueros, situadas en el Oeste norteamericano, pero también se podían encontrar misterios al estilo Sherlock Holmes, policiales negros, y narraciones de aventuras con aviones y submarinos, en especial después de la Segunda Guerra Mundial. En algunos casos, se podían encontrar historias fantásticas, o de ciencia ficción, a veces muy parecidas a la obra de Julio Verne o H.G. Wells.

Cada tanto, aparecía una colección especial de textos. Entre ellas, una de biografías noveladas que narraban el triunfo en la Argentina de varios inmigrantes, otra de piratas y una tercera acerca de los "robinhoodes" reales, maleantes adorados por la población.

Entre las secciones fijas, estaban "Poste restante" y "Poste restante filatélica", que ayudaban al intercambio entre los lectores del país y del exterior. También hubo en un tiempo una sección relacionada al ajedrez, otra al esperanto, y una llamada "Los espontáneos" (más tarde "Intermedio lírico") en la que los lectores podían enviar sus colaboraciones literarias y artísticas.

La editorial también publicó una revista similar, pero destinada al público femenino, llamada Rosalinda, y una más folklórica, Pampa Argentina, pero se destacó por infinidad de libros técnicos, manuales de deportes (como la natación o el catch) y otras obras "de interés general".

Marina Cuello

Viernes 1 de Julio de 2005

Viejas imágenes del espacio y el futuro

series.jpgEl espacio y lo que viene desde él es uno de los temas favoritos de la ciencia ficción, y el material de este género que se produce para la pantalla chica no es la excepción.

Las series de televisión se preocupan por todo lo que va más allá de nuestra atmósfera y sus posibilidades desde hace varias décadas. A veces buscando atraer a los niños, o a las familias, y otras con un tono oscuro y pesimista que las hacía poco aptas para todo público, muchas series de ciencia ficción hicieron furor (o se hicieron de culto) durante el siglo pasado. Varias de ellas aún sobreviven.

Viaje a las Estrellas lo hace en forma de secuelas, que narran el desarrollo de la Federación en distintas épocas. Los invasores, que narra la lucha de un hombre, contra el escepticismo y la incredulidad de quienes lo rodean, en su cruzada frente a una raza de extraterrestres a los que puede reconocer porque su dedo meñique es falso, y nunca se dobla, tuvo una secuela en forma de miniserie hace unos diez años.

Otras están en camino, como V, un clásico de los años ochenta en el que los invasores parecían humanos pero eran en realidad reptiles enmascarados. Otras, como Galactica, resurgieron en forma de nuevas versiones.

Perdidos en el espacio, una de las creaciones de Irwin Allen, tuvo a fines de los años 90 una versión en cine, llena de efectos especiales, y no es la única. Thunderbirds, la serie de marionetas creada por Sylvia y Gerry Anderson, tuvo una versión realizada con actores que pasó desapercibida, incluso teniendo un gran actor como Ben Kingsley entre sus filas.

Pero otras series quedaron sólo en el recuerdo, y en las repeticiones. Quizás su suerte haya sido mala, o excelente. En la memoria, o en las palabras de "nuestros mayores", todo tiene otro sabor.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 24 de Junio de 2005

Un ropero que da a la nieve, un cuadro que lleva al mar

narnia.jpgNarnia es un mundo al que sólo pueden acceder quienes mantienen la inocencia de la primera niñez (incluso si esa edad ya quedó muy atrás). Llegan por medio de un ropero cuyo fondo es una puerta. O mirando con gran atención un cuadro que muestra un barco precioso, flotando en medio del mar. O tan sólo siguiendo un eco, un "algo" que avisa que Narnia los (nos) necesita.

Allí, el tiempo corre con otro ritmo. Un niño puede llegar a la adultez en Narnia, ser un rey aclamado por el pueblo, y luego atravesar una puerta y volver a Inglaterra sólo algunas horas después de que partió, un pequeño otra vez. Una jovencita oye hablar a sus amigos narnianos acerca de una vieja leyenda, un gran héroe de tiempos inmemoriales que llegó sin avisar y fundó un reino. Y luego nos enteramos de que ese héroe fue un amigo de la familia, alguien que dejó Londres para pasar una temporada en Narnia unos cincuenta años atrás.

En Narnia, un ratón de gran tamaño puede ser un general, y los topos son casi siempre muy buenas personas. Las reinas malas se parecen a otras brujas de los cuentos infantiles, pero las reinas buenas tienen orígenes un tanto diferentes. Los gnomos pueden ser buenos profesores, y la gente bajo el mar no es de confiar.

Este mundo, con sus reinos fantásticos y criaturas extrañas, surgió de la mente de C. S. Lewis. Fue un profesor de literatura inglesa y también filósofo, que armó una saga de siete historias, en las que se narran las aventuras de los chicos de la familia Pevensie, y las de otros visitantes.

Las Crónicas de Narnia tienen una característica que para algunos lectores es un defecto, a veces leve, a veces profundo, y que para otros lectores es una virtud. Lewis abrazó el anglicanismo en su madurez, luego de ser agnóstico durante años. De ahí en más su obra de ficción aparece embebida con alegorías y símbolos cristianos. En algunos casos no es fácil saber si lo escrito es una novela o un ensayo; por ejemplo, en Cartas del diablo a su sobrino.

Las crónicas están repletas de fantasía. Aunque un lector atento puede encontrar las pistas religiosas, algunas sutiles, otras no tanto, siguen siendo una agradable lectura para terminar de buena manera un mal día, o para empezar con alegría un fin de semana sin sol.

Marina Cuello

Viernes 17 de Junio de 2005

Todo por un dólar

1706_cronicas.gifComo les comenté hace tiempo (en "No olvides el rostro de tu padre"), Stephen King es mucho más que un escritor de historias de terror. Y entre esas facetas interesantes, hay una que tiene que ver con sus fans y admiradores, pero también con el cine.

A King le gustan mucho las películas. Eso responde cuando le preguntan por qué tantas de sus obras fueron adaptadas por Hollywood. Ya su primer gran éxito, Carrie, fue llevado al cine a poco de su publicación, y muchas de sus novelas y de sus más largos cuentos corrieron la misma (pero dispar) suerte.

Pero la relación entre King y el cine va mucho más allá. A veces, se aleja de los grandes estudios. Desde hace más de veinte años, Stephen King viene apadrinando estudiantes de cine y directores noveles, con un acuerdo sorprendente.

Por un dólar estadounidense, le da a esos cineastas en ciernes, por lo general admiradores, los derechos necesarios para producir un cortometraje basado en alguno de sus cuentos, siempre y cuando no lo exploten en forma comercial. Con ello, les da la oportunidad de presentar en festivales (y en productoras de cine o televisión donde que quieran conseguir un puesto) un film con un gran "de Stephen King" en el título.

A esos cortometrajes se los conoce, por el original trato, como "Dollar Babies", bebés de un dólar. Uno de los primeros acuerdos fue firmado con Frank Darabont, quien más tarde sería conocido como el mejor adaptador de novelas de Stephen King al cine.

En el sitio Stephen King's Short Movies, un fan recopiló todos los cortometrajes posibles, incluyendo algunas apariciones del escritor en los medios. El sitio está en inglés, al igual que la mayoría de los cortos, pero pueden encontrar una sorpresa.

Entre los videos disponibles, está "Llamadas", una adaptación del cuento "No se equivoca de número" dirigida por un argentino en 1999.

Marina Cuello

Viernes 10 de Junio de 2005

Viejos de Colores: Granate (y verde, azul, y rojo después)

1006_cronicas.gifEs una anécdota que corre por la familia desde que Anita tenía unos ocho años. Una tarde, cuando Anita era chiquita, Marita, la mamá, notó que "la nena" estaba enojada. Abría y cerraba dos libros sin cesar, pasando páginas en uno y otro, resoplando. El hablar con los libros es normal en la familia y por eso la ignoró por un rato, hasta que los bufidos, suspiros, quejidos y soplidos se hicieron demasiado fuertes. Había que ver qué pasaba.

Anita tenía en sus manos "La Odisea" o algún otro clásico (cada vez que alguien cuenta la historia, el libro cambia). Era una edición nueva, un libro reluciente, que había traído a casa desde la de la tía. Y sobre la mesa estaba el mismo libro, en otra edición, ya bastante arruinado, con mucho uso, con tapas borravino y hermosos dibujos saltando cada tanto.

Parecía ofendidísima, tan ofendida como puede estar una nena de tercer grado. Apenas sintió que la madre estaba cerca, Anita comenzó a quejarse, a los gritos.

"¡Este libro es un mentiroso!"

¡No era justo! ¡No podía ser verdad! Una vez que conocía a sus personajes, que podía relatar sus aventuras a quien quisiera escucharla, que había anotado sus frases favoritas en su cuaderno azul. Ese libro no servía para nada, había que tirarlo, no había que donarlo, no; nadie, ningún otro chico tenía que sufrir ese engaño, esa desilusión.

"¡Este libro es un mentiroso!"

La ofensa era terrible: en el libro más viejo, en su libro (en realidad, de Marita), había ciertas partes, ciertas aventuras, que no aparecían. En la nueva edición había personajes, lugares, un mundo de páginas, que en la antigua no figuraban.

Así, Anita descubrió, de golpe, una gran verdad. Que muchas versiones para chicos son a sus originales lo que la leche condensada es a la natural: ocupan menos espacio, son más dulces y dejan cierto dejo pegajoso en el paladar.

***

La "Biblioteca Billiken" dejó recuerdos en varias generaciones. Se trataba de una selección de clásicos de la literatura, muchas veces en versiones adaptadas para el público infantil, y en algunas ocasiones, con simples selecciones de capítulos. Más tarde, se agregaron dos colecciones especiales, una referida a América, que se editó con tapas azules, y otra verde, dedicada a biografías.

Es por eso que la colección original, con tapas de un granate casi marrón, pasó a ser conocida como "Colección Roja". Esta colección fue vuelta a editar (incluyendo algunos textos provenientes de las otras dos) en los años ochenta, con un formato menos redondeado, con tapas de un rojo subido. La mayoría de los volúmenes era, esta vez, con versiones completas, y buenas traducciones.

Una de las características más sobresalientes de esta "biblioteca" está dada por sus ilustraciones. Muchos ilustradores argentinos, con distintos estilos y usando las técnicas más dispares, participaron de esta colección. Algunas veces, las ilustraciones imitaban el estilo de pintores conocidos, tanto nacionales como de otros países, y así cada hoja de papel ilustración era una fiesta para los ojos.

Aunque no convenía prestarles atención hasta terminar el libro, porque las imágenes se adelantaban al texto y podían arruinar la sorpresa del final del capítulo.

Marina Cuello

Viernes 3 de Junio de 2005

Juego y arte en miniatura

cartas-coleccionables.jpgPueden considerarse como un mazo de cartas. O como reproducciones de arte en pequeño formato. Se parecen un tanto a un juego de rol, pero también a un ajedrez sin tablero, en el que el azar le da más que una mano a la estrategia. Y tienen bastante del sabor del "canto guerra pri", el de esas viejas cartas de aviones, autos y helicópteros.

Se trata de los juegos de cartas coleccionables, que desde hace algunos años llenan el tiempo libre de jugadores y coleccionistas de todas las edades. Algunos tienen muchas reglas, no siempre fáciles de aprender y recordar; otros son ideales para entretener a los más chicos en una tarde de lluvia. Hay juegos que incluyen en sus cartas imágenes tomadas de películas o series de televisión, como el nuevo de El Señor de los Anillos, o la colección de Star Trek. Otros se basan en dibujos animados, como las cartas de Pokemon. Y están los juegos que, como Magic y Mitos y Leyendas, contienen obras originales, creadas en algunos casos por famosos ilustradores.

En todos los casos, hay cartas que se imprimen en menor cantidad que las demás. Como las figuritas difíciles de los álbumes tradicionales, estas rarezas suelen destacarse entre el resto por alguna otra razón que las haga aún más especiales. Puede que tengan una gran utilidad durante el juego, o que lleven el autógrafo real del actor que se muestra en la foto, o bien que estén hechas en un cartón especial, incluso en esos que simulan hologramas.

Los jugadores andan a la caza de las cartas que les permitan una ventaja; esas que parecen el ladrillo perfecto para montar un mazo ganador. Quienes sólo son coleccionistas, en cambio, eligen sus favoritas por razones más dispares. Hay quien tiene al menos un ejemplar escrito en cada idioma en que se haya impreso el juego. Otros reúnen todas las cartas en las que aparezcan criaturas aladas, o que tengan la palabra "ensueño" entre sus textos.

A mí me encanta surcar esas enormes carpetas en las que los entusiastas reúnen a guerreros y ladrones, criaturas y artefactos, para que descansen después de la batalla. Son como los libros de hechizos de un mago, pero en vez de encantamientos, cargan con pequeños rectángulos llenos de arte y diversión.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 27 de Mayo de 2005

Los peligros del futuro

wells-cronicas.jpgEn una época en la que las damas vivían encorsetadas y los caballeros usaban sombreros blancos cada verano, H.G. Wells y muchos otros escritores dedicaban sus esfuerzos a lo que luego se conoció como Ciencia Ficción.

Un siglo terminaba, otro daba sus primeros pasos. Grandes descubrimientos e inventos inquietantes aparecían día a día en diarios y revistas. La sociedad se debatía entre la confianza ciega en el progreso y la duda acerca del destino al que la humanidad estaba llevando al mundo.

En la obra de Wells se puede encontrar el temor a que la falta de ética malogre los resultados de la ciencia, y la certeza de que la tecnología sería clave en las guerras del futuro. En La isla del Doctor Moreau, el escritor inglés explora las posibilidades (y peligros) de lo que llamamos manipulación genética, mientras que en El mundo liberado anticipa el uso destructivo de la energía nuclear. Otra de sus obras, El hombre invisible, también lleva a una clara crítica contra la ciencia sin control, mientras que La máquina del tiempo es una muestra de sus ideas acerca de la evolución de la sociedad.

Su novela más conocida es, quizás, La guerra de los mundos. Una versión radial de 1938, dirigida por Orson Welles, causó pánico entre aquellos habitantes de Estados Unidos que captaron la transmisión y no atinaron a cambiar de emisora. Quizás quieras buscarla y leerla antes de que una nueva versión de los mismos extraterrestres invada nuestros cines, de la mano de Steven Spielberg.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 20 de Mayo de 2005

Clásicos de la oscuridad

clasicos.jpgDrácula. Frankenstein. El Hombre Lobo. Tres personajes conocidos por todos, piezas clave en la literatura de horror, y también, por supuesto, en el cine del género. En más de un caso se los puede encontrar en la misma aventura, como enemigos o como aliados, compartiendo caminos que oscilan entre el terror y la risa. Pero sus orígenes son tan distintos, que merecen ser recordados.

Drácula no fue el primer vampiro de la literatura, aunque la profundidad del personaje y su terrible historia lo convirtieron en un ícono. El irlandés Bram Stoker publicó en 1897 su novela, en la que cuenta el temor que se desata tras el encuentro entre un enamorado londinense y un noble guerrero que se hizo inmortal al jurar su odio eterno a Dios y al mundo.

No hay, en cambio, ningún autor que sobresalga entre aquellos que eligen narrar la vida de algún hombre lobo. Estos seres brillan, aunque con distintas formas, en el folklore de muchas regiones del mundo, y los cuentos y novelas que giran en torno a ellos suelen elegir alguna de las razones tradicionales para su existencia. Un ser inmortal, nacido de alguna doncella inocente y un duende que la atrajo disfrazado de perro. El séptimo hijo varón, a veces por no haber sido bautizado antes de la llegada de la primera luna llena. Un hombre castigado por una maldición gitana.

Otro tipo de maldición es la que aqueja al monstruo de Frankenstein, una que lo hace héroe y villano, a su pesar, de la obra de Mary Shelley. La escritora creó la novela siguiendo una consigna lanzada por el poeta Byron cuando un grupo de artistas pasaba sus vacaciones en una zona montañosa, pero su impacto fue tan grande que con el paso de los años el personaje opacó a la autora, y también a su creador dentro de la novela, el científico Victor Frankenstein.

Frankenstein crea a su monstruo como un experimento que no falla pero que luego considera inmoral, y busca su destrucción. La criatura huye y aprende acerca de la vida humana como lo haría un niño, escuchando y observando, pero siempre con el pesado fardo de su apariencia. Temido por los hombres y alejado de la sociedad, el ser formado con restos de otros seres recrimina a su creador por haberlo obligado a sufrir esa vida incompleta, y exige compañía, desencadenando una tragedia que ya se anunciaba.

Drácula, Frankenstein y el Hombre Lobo. Tres criaturas, humanas e inhumanas a la vez, que nos hacen temblar por distintas razones. Los tres permanecen, por suerte, en la inmortalidad de los clásicos.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 13 de Mayo de 2005

Para escribir mejor

fanfic4.jpgEl fan-fiction, aunque haya nacido con el cine y la televisión como inspiración, es una prueba de que a muchos lectores les gusta escribir. Quienes sentimos la lectura como parte de nuestras vidas, nos preguntamos cómo es que nuestros autores favoritos logran atraparnos con sus novelas, nos hacen odiar a sus villanos, o lagrimear con las escenas de ternura.

Y cuando el bichito de las letras comienza a picar, las dudas se multiplican. ¿Cómo se escribe un buen fanfic? ¿Y un cuento? ¿Cómo hago para terminar una novela? En la Web o en las librerías, podemos ver que muchos escritores, consagrados y no tanto, comparten con los principiantes sus trucos y secretos. Dan pistas para que quienes siguen sus pasos le "saquen el jugo" a las ganas de escribir, y logren resultados que van mucho más allá de lo esperado.

En Mientras escribo, Stephen King logró unir una autobiografía a un taller de escritura, sin que se noten las costuras. Allí aparece el consejo más repetido de todos: nunca dar por finalizados los textos en el primer borrador, ni en el segundo, ni en el tercero. La revisión y corrección son imprescindibles, y deben realizarse tantas veces como sea necesario.

King recomienda dejar el cuento o la novela recién terminada durmiendo en un cajón por cierto tiempo, dejando enfriar la pasión por lo escrito. De esa manera, al volver a leer esos párrafos, se podrá tener el ojo crítico de quien se enfrenta a la obra de otra persona, haciendo más sencilla la búsqueda de las fallas.

Vincenzo Cerami, novelista y dramaturgo italiano, incluye entre sus Consejos a un joven escritor el de narrar las historias pensando al mismo tiempo en los personajes y en el lector. Es importante preocuparse por el arco que recorren o los cambios que sufren los protagonistas, pero no se debe olvidar el efecto que tiene en el lector la manera en la se va enterando de lo que ocurre durante ese viaje. A veces es mejor ocultar cierta información al lector al mismo tiempo que a los personajes, para que se sorprendan al unísono; en otras ocasiones el lector debe saber más, para que tiemble a medida que, por ejemplo, el héroe se dirige sin pausa hacia el antro en el que lo espera su némesis.

Atreverse a corregir es un libro lleno de ejercicios e ideas para conseguir un texto bien escrito. Marcelo Di Marco y Nomi Pendzik presentan en sus páginas una guía para pasarle el peine fino a los borradores. También se toman el tiempo necesario para corregirse a ellos mismos (y de paso enseñar un poco más), y hacen a escritores y editores preguntas acerca del arte de escribir. En una de las entrevistas, Liliana Heker habla de la importancia de aceptar las críticas, aunque duelan, y usarlas como trampolín para superar las limitaciones.

Son todos buenos consejos aunque, debo reconocer, muchas veces me olvido de aplicarlos.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 6 de Mayo de 2005

Vacas, vecinos y misterios

Sergio AguirreUn pequeño pueblo. El campo, aquí o en Inglaterra. Un escritor. Una viejecita. Un grupo de adolescentes. Una peluquera. Vacas.

Con algunos ingredientes cotidianos, otros poco comunes, y mucho suspenso, Sergio Aguirre logró no una, sino tres novelas de esas que hacen que uno quiera que terminen de una vez, tan sólo para saber cómo terminan. De las que van haciendo que el lector se pregunte, cada vuelta de página, ¿y ahora qué?

No creo que este escritor nacido en Córdoba haya buscado dar respuesta con su primera novela a la famosa "Composición Tema: La Vaca", pero en cualquier caso, merece una muy buena nota.

La venganza de la vaca nos sumerge en una serie de extraños acontecimientos que giran en torno al animal que, según Mafalda, hacía mucho más que darnos la leche.

Los vecinos mueren en las novelas trata acerca de un escritor de historias policiales que descubre, como quizás les pasó a sus propios personajes, que no siempre se obtiene lo que se quiere, y que a veces es mejor dejar que las fantasías nunca se hagan realidad.

Y la tercera novela, El misterio de Crantock, va sembrando dudas capítulo tras capítulo mientras nos cuenta pequeñas historias de la vida de los habitantes de un pueblo envuelto en lo desconocido desde su fundación.

Tres (o más) misterios para resolver. Si es de noche, y es invierno, aún mejor. Acurrucados en un sillón, con una lámpara o velador sobre un costado, abrigados por una manta y sólo la oscuridad alrededor.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 29 de Abril de 2005

Historias que venían de lejos

HowardAlgunos escritores toman sus ideas de sus propias experiencias. Otros, también de la vida real, pero de las vidas de otros, de anécdotas escuchadas al pasar, o de artículos leídos en revistas y diarios. Existen autores que abren un diccionario en cualquier parte y buscan entre las palabras una que sirva como disparador. También están los que, melancólicos, revuelven casas de antigüedades hasta encontrar algún objeto cuya historia sea digna de ser creada. Y hay quienes, como hacía Robert E. Howard, toman inspiración de sus sueños.

Howard fue un estadounidense con una vida muy corta, que tuvo su curso a principios del Siglo XX, entre la Conquista del Oeste y los coletazos de la Gran Depresión. Era un hombre sensible en una época de cambios. Amante del deporte y de la lectura, se cuenta que, una vez que leyó todos y cada uno de los libros de su pueblo, tomó la costumbre de entrar a cualquier hora y por cualquier ventana en las bibliotecas de parajes vecinos, para llevarse (y luego devolver de la misma manera) todo aquello que le parecía interesante.

Sentía que junto con su ascendencia celta había obtenido cierta memoria de los tiempos antiguos; andanzas de sus antepasados prehistóricos, o recuerdos de vidas pasadas, que sólo surgían en su mente durante la noche, mientras dormía. Así es como comenzaban a tomar forma las aventuras de algunos de sus personajes más famosos. Entre ellos, el más recordado es Conan el Cimmerio.

En varios cuentos y novelas cortas, publicadas en su mayoría en la revista Weird Tales, contaba la historia de un héroe con un código de honor muy personal, que a lo largo de su larga vida pasó de noble a esclavo, de esclavo a ladrón, y de ahí en más, viajando por todo el mundo de su época (justo antes de que se inventara la escritura), hasta llegar a ser rey. Aunque décadas después de la muerte del creador se publicaron muchas novelas de Conan a su nombre, en realidad sólo llegó a escribir una, que ni siquiera vio publicada. Es que otros autores continuaron su obra literaria, ya sea haciéndose pasar por él o con el nombre real, y las historias vieron la luz también como historietas.

Varias películas se dedicaron a sus personajes, y la más famosa es “Conan, el Bárbaro”. Aunque algunos señalan que no es fiel al personaje, es reconocida como una de las mejores películas con hechiceros y guerreros como protagonistas, y su banda de sonido, obra de Basil Poledouris, sentó un precedente para las de muchos films ubicados en épocas medievales o desconocidas. La música es ideal para embarcarse en la lectura, un fondo perfecto para los trabajos de un autor que dejó, como último mensaje al mundo, tan sólo un poema.

All fled – all done, so lift me on the pyre;
The feast is over, and the lamps expire.

Todo se fue, todo terminó, así que elévenme a la pira;
El festín terminó, y las lámparas se extinguen.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 22 de Abril de 2005

Viejos de Colores: Blanco y todos los demás

asterix.jpgNo tenía muchos: siempre fueron caros. La mayoría habían sido de sus padres. Pero igual eran su orgullo. Estaban en su bibioteca especial, en una pila muy separada de la que conformaban los volúmenes de Lucky Luke, que nunca le gustaron del todo (salvo por el perro que siempre iba al revés), pero que su papá adoraba, y muy cerca de los anuarios de Intervalo comprados con paciencia en viejas librerías, casi siempre en vacaciones.

A diferencia de sus primos, Victoria tenía más amor por los dibujos que por las letras. Ojo, los libros también le atraían (es imposible salvarse de la tendencia familiar, diría la abuela), pero sus favoritos eran los álbumes de historietas (que son libros, después de todo, acotaría también). Y las historias de los galos irreductibles estaban por sobre todos los demás.

Cada vez que alguna nueva amistad (hacía amigos con facilidad) o un compañero de estudios pasaba por su casa, no podía resistir la tentación, y se los mostraba. Tenía la esperanza de que al menos uno pudiera entender y compartir su pasión. El día en que escuchó a Jorge gritando "¡Por Tutatis!" cuando lo llamaron a completar un ejercicio en el pizarrón, supo que había encontrado su alma gemela, o al menos un espíritu afín. Y además, muy lindo. Lo había notado desde que empezó el cuatrimestre, en Análisis Matemático II (él venía de Electrónica, parece), pero no lo conocía.

La gente de la primera fila (ella) no habla con los "cuatreros" del fondo (él).

Cuando pasó de vuelta, luego de resolver un sistema de ecuaciones de manera "más que perfecta" según el profesor (sentarse atrás es cosa de actitud, no de aptitud) ella aprovechó y susurró: "Este profesor es un majareta." El pelirrojo la miró asombrado y frenó de golpe. Fue "de golpe" de verdad, porque se detuvo de manera tan brusca que su pierna izquierda no se enteró, y se llevó por delante a la derecha, provocando un revuelo de hojas y carpetas.

Un poco torpe, pero muy bello (él). Algo callada, pero buena moza (ella).

En el recreo (aunque en la universidad no lo llamaban recreo, lo llamaban break) charlaron de historietas y de películas, y criticaron con enojo las películas que se basaban en las historietas. Él le contó que escribía cuentos. Ella sacó dibujos de su carpeta. Victoria tenía personajes, ¿podría Jorge crear las historias? Las miradas se hicieron alegres, luego tiernas. En el banco, que recordaba a los de las plazas de cuando eran chicos, las cabezas se juntaron.

Pelo muy corto, casi al rape (ella). Pelo largo, con trenzas (él).

* * *

René Goscinny y Albert Uderzo crearon a Astérix, Obélix y la famosa aldea gala en 1959. Desde entonces sus aventuras fueron editadas y reeditadas una y otra vez, en la escalofriante suma de 107 idiomas y dialectos. Entre ellos se pueden encontrar tres distintas versiones del idioma castellano: uno bien de España ("Estos romanos son unos majaretas"), uno un tanto neutro ("Estos romanos están locos") y, en los años 70, hasta se podía encontrar uno muy argentino, o mejor dicho porteño ("Estos romanos están chiflados"), que preparó la Editorial Abril.

Cada historia se presenta completa en formato de álbum; es decir, como un libro, que es la forma preferida en Europa para publicar historietas. Un libro dura mucho más que las revistas finitas en las que estamos acostumbrados a encontrar este tipo de arte, y es por ello que muchas de las primeras ediciones pasaron de generación en generación, haciendo menos lamentable la falta de reimpresiones, o el intermitente interés de los importadores. Muchos crecieron soñando con revolear romanos a golpe de puño, comer jabalíes por decenas y tener un nombre terminado en "ix", y siempre andan buscando otros comensales para disfrutar del banquete del final (siempre y cuando alguien ate al bardo a un árbol).

En los últimos años, además de los álbumes, se puede encontrar ediciones infantiles, juegos para computadoras, y mucho más. Ya desde fines de los 60 los autores crearon una división dedicada a las animaciones, de las que en 2006 veremos un nuevo ejemplo, Asterix y los Vikingos. Y en 1999 y 2002, sobre la base de muchos de los álbumes se armaron dos películas, llenas de estrellas del cine francés y europeo.

Cuando en 1977 murió Goscinny, muchos temieron por el futuro de Panorámix y los suyos, pero Uderzo salió adelante, ayudado por su familia. Se dice que el autor y dibujante dejará escrito en su testamento el deseo de que nadie más cree nuevos viajes para sus personajes. Quizás sea cierto, quizás no, quizás algunos sientan que es un poco egoísta, y otros que es justo.

De cualquier manera: ¡Larga vida a Astérix!

Marina Cuello

Viernes 15 de Abril de 2005

Cocinando con letras

recetas.jpgUna de las variantes más "exquisitas" del fanfic es aquella en la que, en vez de cuentos o poemas, los aficionados a este arte se dedican a escribir recetas de cocina. Es que en todos los universos literarios, o surgidos del cine o la televisión, los personajes disfrutan de comidas y bebidas únicas.

Quienes disfrutan del buen comer y el buen beber, comienzan a imaginar cómo será el sabor o el aspecto de ese brebaje extraterrestre, o qué ingredientes formarán el sospechoso guiso que le sirven al héroe en la posada en la que descansa, o qué tipo de harina será la ideal para imitar las lembas de los elfos. Aunque en la ciencia ficción se pueden encontrar ejemplos, como la cerveza romulana en Star Trek, o las bebidas que se sirven en la cantina de Mos Eisley, el género en el que los fans encuentran mayor inspiración es la Fantasía.

En Los Días del Venado, Cucub recuerda durante su viaje la tortilla que saboreó justo antes de partir. La había pagado con unas pocas semillas de oacal, alimento y moneda de su pueblo. En Krynn, el territorio en el que transcurren las Crónicas de la Dragonlance, hay una taberna, un importante punto de encuentro para los protagonistas, que es famosa por sus papas picantes.

En las novelas acerca de Harry Potter los estudiantes de Hogwarts disfrutan de vez en cuando (y en especial durante los días que pasan en un pueblo exclusivo para magos) de una cerveza de manteca, una bebida que los Muggles (los que no saben nada de magia) desconocen. Hay teorías que indican que se trata de una versión líquida y espumosa del "butterscotch", que es una salsa muy popular en Gran Bretaña, muy parecida a nuestro dulce de leche, pero hecha de caramelo y manteca. Por eso muchas de las recetas que se encuentran en la Web incluyen esos ingredientes.

J.R.R. Tolkien amaba la "comida simple y sana", pero lo que era sano para él era aquello que te hace estar gordito y sonrosado, tal y como pensaban nuestras abuelas (o bisabuelas). Al momento de imaginar las recetas para los pueblos de la Tierra Media reconocidos por su gran apetito, como por ejemplo los Enanos y los Hobbits, los autores de recetas fantásticas se inclinan por ingredientes que se podían conseguir en Europa antes del descubrimiento de América. Claro que, como es muy posible que a los Hobbits les hubiera encantado el chocolate, no se lo puede dejar de lado.

Algunas de las recetas son muy fáciles de realizar; otras son mucho más complicadas y necesitan un experimentado cocinero tras las cucharas y cacerolas. Pero, ya sean astros de la cocina, o peligros en las hornallas, siempre se puede "comer con los ojos" e imaginar los sabores y colores, sin ensuciar un solo tenedor.

¡Buen provecho!

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 8 de Abril de 2005

Hace mucho tiempo, en una galaxia muy, muy lejana...

starwars.jpgBien, en realidad no hace tanto, ni tan lejos. Fue en 1977, y aunque empezó en Estados Unidos, no tardó en llegar a la Argentina. Pero muchos conocimos La Guerra de las Galaxias gracias a los programas de televisión de los años 80, esos que los sábados a la tarde nos repetían una y otra vez pelí­culas de acción y aventuras que iban desde las joyas del cine hasta esas "directo a TV" que sólo se pueden ver con un grupo de amigos que buscan un momento de risas. Los tres episodios originales de StarWars, por supuesto, estaban entre las buenas.

También están quienes conocieron las pelí­culas en el 97, cuando se mejoraron algunos efectos y se agregaron un par de escenas para la edición especial que las llevó otra vez a los cines. Y muchos otros sólo conocieron la saga con la llegada de los tres últimos episodios que, en verdad, son los tres primeros.

El director George Lucas generó un universo en permanente expansión. Todo comenzó con la serie original, compuesta por el Episodio IV, llamado Una Nueva Esperanza, y por El Imperio Contraataca y El Regreso del Jedi. Pero no quedó ahí­. Esta saga fue pionera en el mundo del cine en el negocio de ofrecer licencias para todo tipo de productos. Lo habitual era publicar distintas versiones de la banda de sonido, algún que otro muñequito que se agregaba como regalo sorpresa a las cajas de cereales y a lo sumo una colección de figuritas, pero Lucas fue mucho más allá. La parafernalia incluye figuras coleccionables, otras "de acción", novelas que nos cuentan que pasó con los personajes luego del "The End" del sexto episodio, historietas, tazas, remeras, accesorios, juegos de rol y para computadoras. Todo eso y mucho más, porque a partir de 1999 también se sumó lo relacionado con las nuevas entregas, La Amenaza Fantasma y El Ataque de los Clones, a las que pronto se agregará La Venganza de los Sith.

Pero no todo es negocio; también hay pasión. Los fans de StarWars se cuentan por miles, y quizás por millones. Por eso en Internet hay mucho para mirar. Uno de los mejores sitios en castellano es argentino, y lo crearon los Renegados de la Fuerza. Pero también podés visitar la Alianza del Sur, que se precia de ser la comunidad más grande de América latina, o revisar una guí­a bastante completa. Y desde esos mismos sitios podés llegar a muchos más.

Lo intento, pero no, no puedo. No puedo resistir la tentación; tengo que terminar con esa frase.

Que la fuerza te acompañe.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 1 de Abril de 2005

Un fin de semana fan-tástico

Travesia EttelpesirHay un tipo de fan que es especial. Lo que les gusta les gusta mucho, y les encanta lograr que otras personas se acerquen, conozcan y, de ser posible, adoren tanto como ellos su objeto de admiración. A algunos de ellos les molesta que los califiquen como fans pero, si conocen la diferencia que encuentro entre fans y fanáticos (ver Ficciones Fan-tásticas) ya saben que no creo que haya algo negativo en esa denominación.

Los fans activos, que de ellos se trata, buscan encontrarse con sus iguales y ponerse a conversar, o armar grupos de estudio. Pueden dedicarse a analizar el uso de los colores para diferenciar ámbitos en su pelí­cula favorita, o buscar relaciones entre la estructura social de una civilización en una serie de TV y la sociedad actual, o bien reunirse para leer en el idioma original una saga de novelas. Muchas veces van más allá de listas de correo o reuniones informales y conforman estructuras serias y organizadas. Según cuál sea el objeto de reunión, pueden componer clubes de fans, asociaciones literarias o grupos generadores de subtí­tulos, entre muchas otras versiones.

Como pertenezco a este tipo de fan, y me gustarí­a contarles de qué se trata, voy a tomar como lema el refrán "para muestra basta un botón". Les voy a contar, entonces, cómo pasé mi último fin de semana, en el que asistí­ a un encuentro de la Asociación Tolkien Argentina, organizado por su filial de Mar del Plata, llamada Ettelpesir.

El jueves bajé del micro bien tempranito, apenas salido el sol, y desperté a mi anfitriona y a toda su familia. A pesar de no conocerme más que de nombre, y por un par de correos electrónicos, aceptaron darme un lugar en su casa durante cuatro dí­as y tres noches, como dicen en las publicidades turí­sticas. Ese mismo dí­a salimos por el centro de Mar del Plata, un Nazgul, una doncella de Rohan y varias elfas, junto con varios amigos que aún no tienen sus ATAví­os (nombre en clave dentro de la asociación para el cosplay), a repartir entre la gente volantes que anunciaban las segundas jornadas acerca de Tolkien en la ciudad.

El viernes la jornada se inició en el mejor paisaje posible: una hermosa casa antigua, un salón nuevo pero con aire de época, un parque fabuloso, con árboles añosos y mucho verde, a pesar del recién nacido otoño. Aunque hubo mucho sol y las ganas de playa pesaban, la gente no se hizo esperar. Algunos aprendieron a armar cotas de malla, otros disfrutaron de las obras de artistas y artesanos, y los más chiquitos se dedicaron a buscar los anillos (de caramelo) que estaban entre los arbustos.

Al dí­a siguiente siguieron las charlas, los juegos, y los talleres. Se pudo aprender más de cómo se hicieron las pelí­culas basadas en El Señor de los Anillos, pero también acerca de las similitudes entre la obra de Tolkien y la de Homero; y mientras algunos visitantes jugaban al rol, otros aprendí­an a hacer antorchas como las de los orcos, pero a la manera moderna.

Y el domingo, el premio para los que trabajaron en las jornadas. Un día dedicado sólo a los miembros de la Asociación y sus familias, en un campo con vista a la laguna y una parrilla armada en un rancho con paredes de adobe y techo con plantas. Entre partidas de truco y juegos de rol, entre voley y lentas caminatas, las anécdotas de los encuentros pasados y planes para los futuros, tanto los miembros de la filial local como los visitantes de todo el paí­s disfrutamos de una fiesta para recordar.

Elfos. Hobbits. Guerreros. Orcos. Valar. Maiar. Algún que otro Nazgul. Todos al solcito, en Sierra de los Padres.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 25 de Marzo de 2005

De magos, paladines y turistas

Imagen por Marina CuelloCierren los ojos. Eh, no, no, esperen. Mejor, sigan leyendo. Imaginen vivir en un mundo plano, en forma de disco, sostenido por cuatro elefantes sobre el caparazón de una tortuga gigante. Imaginen que nadie sabe de qué sexo es la tortuga, y que las expediciones enviadas a averiguarlo se pierden en los límites del mundo.

Imaginen que en ese mundo hay un héroe de tan larga edad, que ya ni dientes le quedan, pero que aún sigue luchando como el mejor. Piensen en sus viajes, llevado por un caballo que habla, un corcel que a veces hubiera preferido no tener pero que otras veces es imprescindible. Ahora, agreguen un mago que nunca podrá ejercer su profesión, porque ya no tiene más espacio para hechizos en la memoria. Y también sumen un turista, sí, un turista, con camisas floreadas, pantalones cortos y un equipaje un tanto especial.

Dejen de lado por un rato a esos tres (o cuatro, si cuentan al caballo, o cinco, si el equipaje va en la cuenta también) y piensen en una Muerte que vive en un mundo decorado con tonos de negro. Supongan que decide tomarse vacaciones, y no está segura (¿o seguro?) de si quiere o no retomar su trabajo (pero no se preocupen mucho porque ya consiguió un trabajador temporario).

Sigan pensando en todo eso y agreguen un arcoiris en el que no hay siete colores, sino ocho, pero el octavo sólo pueden verlo los magos, los gatos y unos pocos seres más.

¿Extraño? ¿Interesante? ¿Un poco loco? Sí. Y todo eso salió y sigue saliendo de la misma mente. En la abundante saga de Mundodisco, al igual que en el resto de sus obras, Terry Pratchett saca lo mejor de los temas repetidos hasta el cansancio en la literatura de Fantasía, lo pone en un caldero, lo revuelve, lo condimenta con mucho humor, tanto del blanco como del negro, y cada tanto, como quien no quiere la cosa, le agrega cucharaditas de reflexiones acerca del mundo en el que vivimos.

El escritor británico logra lo que parece una empresa imposible: le toma el pelo a todos y cada uno de los grandes escritores del género, sin por eso faltarles el respeto. Volviendo al caldero, les aconsejo: prueben esta sopa, el resultado es genial.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 18 de Marzo de 2005

Seguidora de Nakín

Dos personajes de la Saga de los ConfinesLos que alguna vez la conocieron en persona, ya sea en una presentación de sus libros, o en algún encuentro relacionado con la Fantasía, saben que Liliana Bodoc tiene una sonrisa que, quiera ella aceptarlo o no, le da cierto aire de hada, o de bruja buena. Y hay algo en el tono de su voz que hace que muchos de quienes la escuchan hablar busquen en diarios, revistas y sitios web, la fecha de la próxima oportunidad para encontrarse con ella.

Quizá sea que ella es una cuentacuentos que se expresa también a través del papel, o quizá sea solamente porque sí, pero al escucharla nos remontamos hacia las letras y cada vez tenemos más ganas de leer.

La Saga de los Confines es una colección de tres novelas en las que nos cuentan el encuentro y desencuentro de dos regiones, en un mundo que se parece a nuestro mundo cuando Europa se encontraba con América, pero que no lo es.

Es un mundo en el que hay músicos y hay guerreros, hay sabios, y también brujos. Hay mujeres en desgracia que se hacen fuertes y otras que porque son fuertes caen en desgracia. Hay traiciones que son ayudas, y ayudas que son traiciones, y hay personas que no saben que lo son hasta que las llaman por su nombre. Hay niñas que en realidad no son tan niñas y viejas que algunas veces son más viejas de lo que parecen, y otras veces, más sabias.

Quienes ya leyeron los tres tomos de la Saga, quizá sepan ya por qué considero a Liliana Bodoc una seguidora de Nakín. Quienes sólo leyeron parte, puede ser que tengan una idea. Quienes no leyeron nada... ¿qué están esperando?

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 11 de Marzo de 2005

Un gigante que amaba el chocolate

Un gigante que amaba el chocolate¿Qué no hizo, Roald Dahl? Fue piloto de guerra, explorador para una petrolera, co-creador de una solución para la hidrocefalia y, sobre todas las cosas, escritor. Sus historias, tanto para adultos como para chicos, están llenas de una mezcla de fantasía y realidad que muestra una visión crítica del mundo, pero que deja traslucir algo de esperanza.

Dahl fue un gigante, no sólo de las letras, sino también en la vida real. Medía cerca de dos metros de altura, y hay quien dice que le costaba entrar en la cabina de alguno de los modelos de avión que piloteó. Fue su experiencia en la guerra lo que lo llevó a hacer famosas a unas criaturas que casi todos conocemos. Los miembros de la Real Fuerza Aérea de Inglaterra, durante la Segunda Guerra, culpaban de algunos extraños desperfectos a unos seres pequeñitos, que nunca se dejaban ver pero que hacían notar su presencia: los Gremlins. El escritor galés le contó al mundo acerca de ellos y les dio una historia, y muchos años después llegaron al cine, en una película que se convertió en un clásico, y no es la única de las basadas en sus cuentos o novelas que se puede considerar en esa categoría.

Entre sus historias más conocidas se encuentran Las Brujas, en la que las peligrosas mujeres del título se reúnen no en aquelarre, sino en una convención de negocios en un lujoso hotel y Charlie y la Fábrica de Chocolate, con sus Oompa-Loompas, su niños malcriados y varios adultos incomprensibles. El protagonista Charlie veía todos los días la fábrica, que estaba frente a su casa, y estaba impresionado por ella, y esa idea la tomó Dahl de sus propias experiencias. Muy cerca de la escuela en la que estudiaba cuando era un niño había una fábrica, de una de las principales chocolateras de Gran Bretaña, y cada vez que estaban por sacar un nuevo sabor, llevaban a los chicos sus prototipos, para que los probaran e hicieran sugerencias.

Roald Dahl nunca dejó de amar el chocolate. En su escritorio, junto a otros recuerdos de sus aventuras, guardaba una gran pelota de papel metálico, formada con las envolturas de los chocolates devorados en su juventud.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 4 de Marzo de 2005

Fanfiction: para todos los gustos

Imagen por Marina CuelloSeguimos con los fanfic. Ya les había contado un poco acerca de esta nueva literatura en general ("Ficciones Fan-tásticas"), y un poco de su historia ("La historia detrás de las historias"). Esta vez, les voy a contar acerca de algunos de los tipos más comunes.

A veces, lo que buscan los autores es ampliar algún aspecto de sus películas o libros favoritos que consideran débil, o que les hubiera gustado ver. Pueden agregar un toque de humor en una novela muy solemne, desarrollar un personaje secundario, que aparece como escondido en una serie de TV, o bien hacer que dos personajes (que ni se hablan) se enamoren.

Las obras también pueden tratar acerca no de la serie o libro, sino de los mismos fans y las comunidades que forman, que en inglés reciben el nombre de fandom. Por ejemplo, puede haber listas de canciones favoritas (reales o inventadas), parodias que enganchan el universo que admiran con algunos de los fans, o los famosos "cómo saber si sos un verdadero admirador".

Otro estilo favorito es crear universos paralelos, finales alternativos. Siguiendo la costumbre de las grandes casas editoras de comic, muchos autores de fanfic crean textos del estilo "What if" (¿qué tal si...?) en los que los personajes o situaciones de las "fuentes" cambian de época, de planeta, o de edad, o quizás un personaje que muere en una novela, nunca lo hace en el fic. Hay veces en que los universos alternativos están tan bien construidos, que otros fans los eligen para sus obras y así se construyen bibliotecas de historias relacionadas.

Siguiendo con las alternativas, también se suele combinar dos "mundos", a veces muy diferentes. ¿Se imaginan a las chicas de Sailor Moon en medio de un videojuego? Este tipo de historias se llaman "crossovers", término también tomado del comic. Otra versión, menos común, es el "spin-off", en el que se toma solamente la idea central de la historia, y se la muda completamente, con nuevos personajes y nuevas ubicaciones, quizás usando un solo personaje del original como disparador. Este método sigue el sistema de las series de TV relacionadas (Buffy y Angel, Friends y Joey, todas las CSI o La Ley y el Orden, por ejemplo). Otros autores escriben una historia por completo independiente, y luego la ambientan, con sólo unos pequeños toques, en el mundo de su elección.

Pero, por lo general, los autores de fanfics se sumergen de lleno en los universos creados por sus autores favoritos (sean novelistas o guionistas) y crean nuevos personajes. Así, aparece un nuevo profesor en Hogwarts, un piloto para un EVA o un mutante de barro en X-men. Los personajes nuevos suelen interactuar con los de las historias originales, cruzarse en sus aventuras, interferir en las vidas de los personajes originales. Pueden tener cierta importancia en la trama original: haber sido ellos quienes dejaron en el camino esa piedra con la que se tropezó el malvado de turno, por ejemplo.

Cruces, universos paralelos, nuevos personajes, nuevas situaciones; todo puede llevar una historia conocida a lugares insospechados. Como les comenté en el primer artículo acerca de las fics, no todas las historias son "aptas para todo público". Algunas pueden ser muy violentas o, bien, por representar ciertos prejuicios (o la completa falta de los mismos), resultar ofensivas para personas con puntos de vista que contrasten con los de los autores. Si quieren evitar sorpresas, lean los fanfic sólo desde sitios que los reúnan, y presten atención a las calificaciones por edad y a los distintos tipos de advertencias. Dicho esto, ¡a disfrutar!

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 25 de Febrero de 2005

Viejos de Colores: Multicolor

Club del MisterioErnesto se desparramó sonriente junto a sus bolsas en el asiento para tres del vagón del subte. El asiento estaba vacío, y no había mucha gente en la estación, así que el joven habia dispuesto sus cosas de manera tal que ocupaban casi todo, dejando sólo el espacio justo para Ernesto y su delgadez.

Una parte de su cerebro decía que lo había hecho porque ya no daba más, había caminado desde Uruguay, o un poco más atrás, hasta el Obelisco, y las bolsas cada vez se hacían más pesadas (uno se olvida a veces de lo mucho que pesan los libros) y no tenía muchas fuerzas ya para ordenarlas y sentarse de la manera correcta, con algunas bolsas sobre las rodillas, y otras entre los pies.

Pero había opinión bailando en su mente, que es probable que hubiera sido la de más peso. Era la parte caprichosa y chiquilina de su espíritu, que ahora lo empujaba a ocupar todo el espacio posible, nada más porque podía. Era un placer, un lujo: algo que Ernesto, acostumbrado a viajar en subte en hora pico, sólo podía disfrutar cuando volvía de sus paseos mensuales por las librerías.

Una mujer con piloto y anteojos subió en la siguiente estación. Aunque todo el resto del vagón estaba libre, lo miró con reproche y cierto aire de profesora de matemáticas que descubre un dragón dibujado en la carpeta, donde debería haber estado la resolución de un problema. Luego se sentó frente a él, las piernas muy juntas, los brazos pegados a las costillas, y una carpeta de cartón, repleta de papeles, sobre las rodillas.

La mujer le pareció a Ernesto bastante misteriosa. Leía algo que estaba en su carpeta y a cada rato miraba a uno y otro lado. Aunque intuía que la mujer tan sólo quería evitar pasarse de estación, Ernesto estaba bajo la influencia de las novelas de detectives y espías que eran, en ese año y por ahora, sus favoritas. Imaginaba que esos papeles eran documentos industriales, planos secretos de un nuevo motor que haría ricos a quienes los poseyeran. Como esas cosas que ocurrían en las historias que ahora descansaban en sus bolsas blancas.

Y que en cualquier momento la mujer vería a alguien acercarse desde algún vagón lejano y le daría los papeles y le pediría que los cuidara con toda su alma y aunque fuera al costo de su vida. Como les pasaba a los personajes que asomaban sus caras de historieta en las tapas de colores brillantes. Que un día ayudaban a cruzar la calle a una viejita y al día siguiente eran sus herederos, o que olvidaban una lapicera en el café de un hotel y al volver para buscarla se veían implicados en un crimen.

El subte atravesó su camino y frenó en una, dos, tres estaciones. Ernesto volaba con su mente, como siempre. Pensaba en historias con carteros que llaman dos veces, mujeres de sombrero de color naranja y diamantes del tamaño de una pelota de ping pong. Una estación más, y la mujer se levantó de pronto, sobresaltada. Corrió con su carpeta a cuestas y salió por la puerta justo a tiempo.

En su apuro no notó que una hoja, una de las misteriosas hojas de papel que estaban en su carpeta, cayó planeando a los pies de Ernesto. La hoja mostraba su blanca y pura cara, pero a la luz de los tubos dejaba ver que había líneas y letras por detrás. El muchacho dudó. Su historia de la dama misteriosa podía llegar a ser mil veces mejor que la realidad.

Pateó el papel con la punta del pie, como intentando que fuera la suerte o el destino quien tomara la decisión por él. El papel subió un poco, ayudado por el viento que recorría el tren que otra vez frenaba, pero cayó otra vez dándole la espalda. Ernesto leyó en los carteles cuál era la próxima estación, suspiró con fuerza y juntó sus bolsas. Pasó por encima de la hoja del misterio y se ubicó junto a la puerta.

Cuando el subte frenó, salió al andén y siguió caminando sin mirar atrás.

*

A principios de los años 80 la casa española Editorial Bruguera, creó la colección Club del Misterio. Nacida de una editorial conocida en ese tiempo por sus publicaciones económicas, que iban desde novelas "del corazón" hasta historietas, pasando por cuentos de vaqueros y de ciencia ficción, esta colección tenía por características un papel barato, una tapa de colores muy brillantes y un formato poco común.

A mitad de camino entre un libro y una revista, el contenido era siempre interesante, ya que durante casi tres años desfilaron por sus páginas novelas, cuentos y ensayos de los principales autores de las distintas ramas del misterio.

Historias de ladrones y detectives, como en la compleja trama, contada con varias voces, de La piedra lunar, de Wilkie Collins, en la que un recordado sirviente movía su vida siguiendo los consejos de otro libro, Las aventuras de Robinson Crusoe. Historias de extranjeros peligrosos, como las de la saga de Fu Man Chú, de Sax Rohmer. Historias de conspiraciones, como Los 39 escalones, de John Buchan. E historas de amor y de muerte, como El Fantasma de la Ópera, de Gastón Leroux.

Como ocurre con muchas otras grandes colecciones, Club del Misterio y sus buenas historias sólo sobreviven en las mesas de saldos o usados de las librerías. Incluso su editorial desapareció en 1986, luego de haber sembrado con sus propuestas la cultura popular de España y Latinoamérica.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 18 de Febrero de 2005

Ser niño y no dejar de serlo

Imagen por Marina CuelloMucho se dice de James M. Barrie, el creador de Peter Pan, Campanita, Wendy, Garfio, los Niños Perdidos, los aguerridos indios, las traviesas sirenas, y tantos otros personajes que nos hacen soñar desde los libros, el teatro y las películas y animaciones.

Hay quienes dicen que no quería crecer. Que si lo hubieran dejado elegir, hubiera preferido no hacerlo. Otros cuentan que casi lo logra, que nunca superó el metro y medio de altura, que siempre pareció más joven de lo que era y que a los cincuenta y pico aún no tenía ni una cana. Y que se enojaba cuando le preguntaban, equivocados, en qué barbería se hacía la tintura del pelo, que le quedaba tan natural.

Se dice que tenía un perro casi tan grande como él, y que adoraba pasearlo en parques y jardines. También se dice que disfrutaba más de la compañía de los niños que la de los adultos, que se llevaba mejor con las mujeres que con los hombres, y que sus cartas eran más sinceras que sus charlas. Y que amaba tanto a los chicos que donó los derechos de su obra más famosa a un hospital que los cuidaba bien.

Que cuando representaban su obra de teatro acerca de Peter Pan, y llegaba el momento en el que el público tenía que aplaudir para que no muriera el hada, se mordía las uñas temiendo que nadie reaccionara. Que de verdad creía que los aplausos eran necesarios.

Y que sonreía grande grande cuando los chicos aplaudían con estruendo.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 11 de Febrero de 2005

Terror en dosis pequeñas

StineEs posible que R.L. Stine haya notado que no era solo una casualidad que a los chicos de su país les fascinara la Noche de Brujas, ni que los de todo el mundo quisieran ver películas de terror sabiendo que les causarían pesadillas, ni que muchos adolescentes adoraran las historias de vampiros, muertes misteriosas y fantasmas, y eso fue el impulso que necesitó para elegir su camino. Antes de dedicarse al horror para chicos y jóvenes, era autor de libros que recopilaban bromas y chascos.

Pero una vez que encontró su género preferido, no paró de escribir. En algunos reportajes comentó que en sus épocas más prolíficas llega a terminar dos de sus novelas cada mes, y por eso no extraña el largo de la lista de sus obras. Claro que hay quien considera que cada nueva historia (en especial las de las series para chicos de edad más corta) es tan solo una nueva versión de otro de sus textos, con uno o dos cambios que la hacen un tanto irreconocible. Sus críticos más feroces dicen que solo cambia la edad y nombre de un personaje, un tipo de monstruo que toma el lugar de otro, un misterio que se resuelve por una distinta casualidad, o una vuelca de tuerca que va hacia la izquierda en vez de ir a la derecha.

Como yo nada más leí una media docena, o quizás alguna más, no puedo ni afirmar ni negar esas acusaciones, aunque sí les puedo contar que Stine no es uno de mis autores favoritos, si tengo en cuenta su calidad literaria, pero sí por lo entretenidas que son las novelas. Casi todas se publicaron en alguna de las colecciones que llevan su nombre; las más conocidas son Escalofríos y La Calle del Terror, que se diferencia de las demás porque, al estar orientada a "chicos más grandes", contiene descripciones un poco más grotescas y algo más de sangre y tripas.

De cualquier manera, sus libros son una buena puerta de entrada para quienes gustan de misterios, terrores y fantasmas pero (sin importar la edad) no se animan a leer textos que consideran demasiado largos, o demasiado complicados. Después podrán seguir con otros autores, de obras con más páginas, o con prosas más complejas, como Stephen King, Clive Barker, o incluso H.P. Lovecraft.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 4 de Febrero de 2005

No olvides el rostro de tu padre

Stephen KingA Stephen King se lo conoce, ante todo, por sus historias de terror. Uno dice "King" y lo primero que viene a la mente es Carrie, o Cementerio de Animales o It. Pero hay mucho más detrás de este autor.

Hay historias tan dulces, intimistas y particulares, que quienes piensan que Stephen King es sólo sangre y miedo se sorprenderían. Por ejemplo, en la recopilación llamada Las Cuatro Estaciones podemos encontrar las novellas que inspiraron las películas Cuenta Conmigo, que muchos habrán visto en alguna de las repeticiones de las tardes de verano, y Sueños de Libertad. Y en su biografía Mientras Escribo, los aprendices de escritor podrían encontrar también un consejo o dos para ayudarlos en el camino que han elegido.

Pero la obra cumbre, la obra de su vida, es La Torre Oscura. Inspirada en un poema antiguo, llamado Childe Roland a la torre oscura llegó, esta serie de novelas demuestra que la fantasía, el western, el terror, y la ciencia ficción se pueden unir en una magnífica combinación. Ya desde la primera, nuestro viaje sigue el camino de Rolando de Gilead, un pistolero, y del grupo que va formando poco a poco. Mientras tanto, nadamos en sus recuerdos y pisamos extrañas dimensiones.

Aún no se han publicado en castellano los últimos tomos, pero aquellos que necesiten hacer tiempo, pueden jugar a encontrar referencias a La Torre Oscura y sus personajes en el resto de la obra de King. En especial, presten atención a algunos de los cuentos en Corazones en Atlántida y Todo es Eventual, y a las novelas Insomnia, El Talismán y Casa Negra (estos dos, en colaboración con Peter Straub).

¿Todos los caminos conducen a la Torre? Quizás.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 28 de Enero de 2005

El padre de la criatura

Imagen por Marina CuelloImaginen monstruosas partes mecánicas surgiendo de cuerpos femeninos. Imaginen niños convertidos en municiones para armas espantosas. Imaginen los símbolos de un horóscopo compuesto por cuerpos desmembrados y vueltos a ensamblar.

O no lo imaginen: tan sólo visiten el sitio oficial del artista plástico H.R. Giger. Como podrán notar ya desde las descripciones, algunas de sus creaciones no son aptas para estómagos débiles, ni para gustos demasiado delicados.

Muchas de sus obras tienen cierto parecido familiar, ya que gran parte de sus creaciones giran alrededor de lo biomecánico, la mezcla entre la máquina y lo natural, lo biológico que se presenta como artificial, lo robótico que parece vivo. Pero a Giger le gusta experimentar: el grabado, el aerógrafo y la escultura en metal fueron sus técnicas favoritas en distintas etapas. En su juventud se especializó en diseño de interiores, y en cierto momento quiso dirigir cortometrajes.

A pesar de que la fama no le llegó como director, fue el cine el arte por el que logró gran reconocimiento del público, de sus pares y de la crítica y ganó un Oscar por su trabajo. Es que Alien, la criatura que cambió la concepción de los extraterrestres en la gran pantalla, surgió desde su mente para aterrarnos allí donde nuestros gritos no podían escucharse. Otro ser proveniente del espacio que debemos a este artista suizo es Sil, la translúcida reina híbrida de Especies.

Su obra sirvió de inspiración en otros artistas y en películas de ciencia ficción y terror (en especial, en las escenas que muestran el lado oscuro y pesimista del futuro) y es fácil notar ciertos toques gigerianos en películas como Matrix y Event Horizon.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 21 de Enero de 2005

Ser otro sin dejar de ser vos mismo

Imagen por Marina CuelloCuando se es un chico, o una chica, basta con atarse un toallón al cuello para ser un héroe de historieta. O una pollera vieja de mamá o de la abuela, para ser una princesa de cuento. Y cuando en la escuela te tocaba ser un ángel o un soldado de los de San Martín, era divertido actuar ese personaje; poner cara de santito o pararte derecho y con cara de estar orgulloso de lo que estabas haciendo.

Hay muchos que, al crecer, se resisten a perder la oportunidad de disfrutar de un buen disfraz. Por eso se la pasan insistiendo a sus amigos para que su próximo cumpleaños no sea una fiesta común, sino una temática, de esas en la que todo el mundo tiene que parecer salido de una película, de los años 70 o del libro favorito del cumpleañero.

Y hay quienes encuentran otra excusa. Se trata de los cosplayers, quienes siguiendo el origen en inglés de la palabra que los describe, juegan a disfrazarse en variados encuentros del género fantástico, la ciencia ficción o el manga y animé.

Pero claro que no alcanza ya con un toallón o una pollera. Cada uno a la medida de sus posibilidades y a la cantidad de tiempo libre, los cultores del cosplay suelen elegir las telas más adecuadas para el traje que buscan armar, investigan cómo lograr que una peluca tome la misma forma que el despampanante peinado de un personaje o navegan por las ferias americanas hasta encontrar "esa" blusa que faltaba.

A veces, el resultado puede ser irrisorio, pero muchos cosplayers logran una calidad en sus trajes que no tiene nada que envidiarle a las pasarelas de alta costura o al vestuario de las producciones de Hollywood. ¿No me creen? Pasen y vean: sigue una lista de algunas galerías de cosplay, y sitios relacionados, tanto argentinas como del resto del mundo.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 14 de Enero de 2005

Viejos de Colores: Blanco

elige-tu-propia-aventura.jpg¿Para varones? ¿Cómo para varones? ¿Qué se cree? ¿Qué sólo los chicos quieren ser héroes intergalácticos?

Amelia estaba furiosa. Apretaba en su manito enojada el lomo del "precioso" libro, de tapas rosas y aburridas, que su mamá quería comprarle. El dueño de la librería, un hombre que, según la madre, creía que se parecía a Gardel, la miraba cómplice mientras Amelia revolvía los libros de tapas blancas, con apasionantes dibujos y títulos altisonantes.

A Amelia le caía de lo más simpático el librero, con su sonrisa de dientes grandes y perfectos, salvo por dos de arriba que a veces le faltaban, pero que después volvían. Hay algunos que tienen nenas como protagonistas, le había dicho como al pasar.

El primo de Amelia tenía millones y millones de la colección, y aunque estaba un poco viejo ya para los libros esos, no los prestaba. La dejaba leerlos cuando estaba de visita en su casa, pero no podía llevárselos, y no siempre llegaba a leer todos los finales antes de que sus padres la llamaran para volver.

¿Quién se cree que es? Amelia casi no miraba las tapas, demasiado encaprichada para pensar, demasiado como para buscar caras y nombres femeninos, ocupada buscando malos y culpables. Son para chicos, chicas y chicos, pero no para viejos como él (Ernesto tenía veinte años). ¿Por qué no los presta? Amelia hasta le pidió una carta a Martín, el de noveno que estaba en la biblioteca del colegio, como para que lo convenciera de que ella cuidaba los libros, pero no, no había caso. Y todos los asados terminaban igual: Amelia llorando, y Ernesto encerrado en su habitación, con sus tesoros.

Fue el primo quien, cansado de las lágrimas de domingo a la tardecita, y de las recriminaciones de padres, tíos, hermanas y primos, le comentó a la madre dónde podía "comprarle libros baratos a la enana".

Y tanto lío, ¿para qué? ¿Para que no la dejaran elegir porque no es de nena? ¿Para varones? ¿Los libros tienen que ser rosa para que los pueda leer? A Amelia le gusta la aventura, la acción, la ciencia ficción, el misterio. Y ser ella la investigadora, ¿cuántos libros lo ofrecen? Los libros de Ernesto son lo mejor. Quizás, si encuentra uno "de nena", la mamá se convenza y después le compre más.

Revolviendo sobre lo ya revuelto, Amelia no veía nada. El librero se acercó, y como por arte de magia, de entre todo el desprolijo pilón de tapas duras, sacó un libro. No había dudas: las colitas de caballo, la carita dulce. La de la tapa era una chica. A Amelia no le interesan mucho los mayas, ni los aztecas (le gustan más los fantasmas y los monstruos espaciales), pero que haya una nena en la tapa debe alcanzar.

—¿Ves? ¡Los varones no leen cosas con chicas como dueñas del libro! ¡Es para nenas!

El libro de tapa rosa quedó abandonado, como era de esperar, en una esquina del mostrador. Y así se iba Amelia, feliz, con su aventura entre pirámides truncas y manos pintadas.

*

La colección "Elige tu propia aventura" está conformada por libros muy especiales: están narrados en segunda persona ("tú eres") y cada tanto el lector se encuentra con una decisión que lo envía a una u otra página. Los primeros volúmenes estaban llenos de decisiones, muchas veces con más de dos opciones, pero a medida que la colección se fue haciendo más completa, algunos de los autores preferían limitar el número de decisiones y dedicarse un poco más a describir las situaciones. En estos casos, el lector pasea de página en página, de una punta del libro a la otra, sin tomar decisiones reales por largo tiempo (pero eso no hace menos divertida la búsqueda).

El creador de esta serie fue R.A. Montgomery, autor también de varias de las novelas de la colección. En el idioma original (inglés), la colección "Choose your own adventure" comenzó a editarse en 1979 y tuvo casi 200 títulos y varias series secundarias, incluyendo varias colecciones especiales: para "chicos más chicos", un par basadas en películas y otra de terror.

En Argentina, la editorial Atlántida fue la responsable. Hasta fines de los 90, se editó en tapa dura, de color blanco. En la tapa estaba el logo de la serie, el título y una ilustración, y detrás un pequeño resumen de la aventura, que ya nos presentaba una opción. Una de las características más recordadas es la lista con todos los libros publicados, con unas pequeñas casillas que había que tildar para llevar control de los libros que ya se habían leído.

Más tarde se lanzó una nueva edición, de tapas blandas, más chica y con el lomo verde y una gráfica muy colorida (aunque los dibujos del interior seguían siendo del mismo estilo, y de los mismos dibujantes). Aunque la numeración comienza en uno, no se trata de los mismos libros, sino de los últimos volúmenes de la serie de Estados Unidos, que no habían llegado a traducirse y editarse en nuestro país.

Si te interesa la propuesta pero lo tuyo no son los libros sino la Web, podés probar con este sitio que ya fue recomendado en TamTam.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 7 de Enero de 2005

Buscando el nombre perfecto

Imagen por Marina CuelloHay varias situaciones en las que uno se puede encontrar buscando un buen nombre. Cuando se quiere salvar a un futuro hermano, primo o sobrino, de unos padres capaces de cualquier cosa. Cuando se forma parte de una agrupación o lista de correos en la que los participantes suelen usar nombres relacionados con el tema de discusión. Cuando le regalan un cachorrito. Cuando se crea un personaje para un juego de rol. Cuando se quiere sacar una casilla de un correo web sin que salga el cartel diciendo que ya existe. Cuando se está escribiendo un cuento y hay que encontrarle nombre a esa princesa.

Los escritores son quienes más trucos conocen para el armado de nombres. J.R.R. Tolkien inventaba por lo general nombres para sus personajes combinando palabras en lenguajes antiguos o en los que él mismo había creado, como por ejemplo Arwen, que significa "doncella noble" en Sindarin, o Éowyn, que en inglés antiguo es "amante de los caballos". Pero otras veces los tomaba de antiguas sagas, como los nombres de Gandalf y de los enanos de El Hobbit, provenientes de la Edda antigua, que recopila mitos del norte de Europa.

Por su parte, J.K. Rowling usa muchas veces juegos de palabras en varios idiomas y referencias a mitología para los nombres de lugares y personajes. Así, el gato de Hermione (que fue el nombre, entre otras cosas, de la hija de Helena, la de Troya) se llama Crookshanks, que significa en inglés algo así como chueco, mientras que el señor Filch se llama Argus, un personaje de la mitología griega (en castellano es Argos) que tenía muchos ojos.

Como pueden ver, una buena manera de encontrar un nombre es tratar de definir con pocas palabras la personalidad o alguna característica que tiene (o que se quiere en) la persona, animalito o personaje a la que se le busca el nombre, y usar eso como punto de partida. Podemos buscar en algún sitio con significados de nombres, alguno relacionado con esas palabras. O podemos buscar sus sinónimos, o hacer traducciones a distintos idiomas. O buscar maneras extrañas de nombrar lo común, como en lenguajes técnicos o en versiones antiguas de nuestro propio idioma.

Por ejemplo, tomemos a esa princesa que necesita ser nombrada. Queremos nombre y apellido. Digamos que es una princesa de algún mundo fantástico, es un poco petisa y le gusta mucho tomar té de hierbas. Busquemos entonces un nombre herbáceo. ¿Le ponemos Manzanilla? ¿Tilo? Suenan mal, porque son de nuestro mundo, y se les nota; pero, ¿qué tal si buscamos un nombre científico? Cedrón es Lippia, que suena bastante bien para una princesa de fantasía. ¿Y el apellido? ¿Cómo se dice "petisa" en, por ejemplo, holandés? Es posible que no encontremos justo esa palabra, pero un sinónimo algo más amable es "diminuta", que aparece en los traductores como "Minuscuul".

Tan sólo un poquito de búsqueda, y tenemos una exótica princesa: Lippia Minuscuul. ¿Alguien se anima a armar otros nombres y comentar cómo llegó a ellos?

Marina Cuello (texto e imagen)