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Espacio creativo para personas de 13 a 18 años
 

Crónicas fantásticas (desde 2006)

Viernes 4 de Mayo de 2007

Viejos de colores: Anaranjado

CF_contemporanea.jpgErnesto ahogaba sus penas de amor en la oficinita del fondo, con un sánguche de pollo con aceitunas y un capuchino de los de máquina. Delicias que minutos antes había comprado en el kiosko de la esquina y que le servían para olvidar por segundos el amistoso desprecio de Anita. El "nuestra amistad es demasiado importante para mí, dejame pensar", con cara de "no quiero pero no sé cómo decirlo" fue un golpe muy fuerte.

El teléfono sonó en el local, y el murmullo grave de don Carlos fue seguido por una carcajada de esas que solo él podía lanzar.

—¡Pibe! —Ernesto estiró la espalda y se enderezó, alerta—. ¡Vení a comer afuera que hay gente y me esperan en el club!

Alguna partida de truco, quizás. El joven y recién estrenado librero acomodó el vaso de papel y el sánguche a medio comer sobre una horrible enciclopedia para chicos, que sus patrones odiaban y cuyos volúmenes solo eran usados como bandeja, nivelador de mesas y otros servicios similares.

Se sentó en la banqueta emparchada con trozos de cuerina de todos los colores, mientras el viejo presionaba el botón de la registradora y la golpeaba al mismo tiempo para abrirla; una técnica que Ernesto aún no dominaba. En la librería había dos chicos que cuchicheaban, revolviendo las historietas usadas. Don Carlos le indicó al pibe que los controlara un poco, con el conocido signo de "ojito".

Al rato llevaron al mostrador una pila, que pagaron con un montoncito de billetes arrugados de dos pesos. Por un rato, Ernesto pudo disfrutar de su tardío almuerzo sin visitas. Después, llegó ella.

Era una mujer unos años más grande que él, que vestía de esa manera entre clásica y extraña que señala a las artistas plásticas, actrices o escritoras. Llevaba una cartera enorme, que parecía pesada. Bajo el cuero gastado y estirado se adivinaban las formas rectangulares de libros y carpetas: estudiante quizás, o docente. O bibliófila nomás. Apenas entró, la mujer se avalanzó sobre las cajas con los amarillos de la colección Robin Hood. Recorría los ejemplares murmurando cosas como lo tengo, el mío está mejor, lástima no recordar cuáles me faltan de Bomba.

Bien, una maldita, pensó Ernesto. Los viejos de colores le habían hablado sobre el término y la leyenda. El recuerdo lo hizo pensar en Anita. Suspiró y fue así como la mujer, hasta entonces metida de narices entre los libros, notó su presencia. Ella lo miró de manera extraña. La mirada fue tan intensa, tan fija que Ernesto hundió ojos y nariz en el fondo del capuchino.

La mujer abandonó los Robin Hood, pero seguía recorriendo estantes y cajones. Los dos se miraban de reojo, y ella en especial evitaba mirarlo en forma directa, pero la verdad es que parecía revisar cada detalle de la ropa, el cabellos, los ojos de Ernesto. Seguía eligiendo libros; tomaba uno u otro, luego miraba en otra mesa, regresaba un ejemplar, tomaba otro. Al final se detuvo en una selección de libros, de una misma colección, en los que el papel antiguo era casi tan anaranjado como las tapas que lo rodeaban. Estaban en el cajón de libros de "uno por dos pesos, dos por tres pesos", y abandonó los demás volúmenes que había "cosechado" para abastecerse por completo con ellos.

Pero no dejaba de mirar al pobre Ernesto. ¿Estaría loca? No parecía peligrosa, pero quién puede saber... Aunque sentía más curiosidad que miedo, el joven acercó el teléfono unos centímetros. Por fin la mujer se acercó a la caja. Extendió los libros anaranjados sobre el mostrador, y pagó justo. En ningún momento lo miró a los ojos, y se alejó taconeando. Justo en la puerta miró hacia atrás, y al encontrarse con la mirada de Ernesto volvió los ojos y aceleró el paso. La mujer volvió a pasar por la librería, esta vez sin entrar, un par de veces más.

A esta altura el temor de Ernesto había desaparecido, y estaba contento por tener una anécdota para contar y por haber olvidado por un ratito sus penas. Pero ella volvió. Entró rápido, casi corriendo, esquivando de pura casualidad algunas de las mesas. Tiró sobre el mostrador un papelito, y se fue. Así nomás.

En el papel amarillo, uno de esos que se pegan y despegan, estaba escrita la dirección de una página web. Y al otro lado, "buscar Julio". La imaginación de Ernesto lo dejó volando por el resto de la tarde. Casi había olvidado su desventura con Anita. Apenas volvió uno de los dueños, estuvo a punto de pedir permiso para ir al kiosko, e internarse en el ciber. Pero aguantó las ganas y fue recién a la hora del cierre.

Escribió la dirección en el navegador. Apareció un blog, uno con decenas de categorías y enlaces a sitios muy raros. Encontró el buscador interno del sitio, y escribió "Julio". Presionó el botón, y esperó unos segundos. Entre otras cosas (citas de escritores con ese nombre, por ejemplo) aparecieron varios artículos con un título similar, en la misma categoría. A medida que Ernesto seguía los enlaces y leía, sus ojos se abrían con el asombro y su mente comprendía la reacción y el comportamiento de esa mujer que, ahora lo sabía, era la autora de esos textos.

Allí, por alguna razón inexplicable, con distintos nombres y algunos detalles diferentes, se narraban episodios de su propia vida. "Julio" no era más que Ernesto, con piel de fantasía.

* * *

La Biblioteca Contemporánea fue solo una entre las colecciones iniciadas por la Editorial Losada. Se editó entre principios de la década de 1940 y mediados de la del 60. Aunque los primeros ejemplares tenían un aspecto diferente y tapas grises, el formato que ha pasado a la memoria (y que abunda en bibliotecas y librerías de viejo) es el que muestra una portada de un anaranjado muy fuerte, cuyo tono sufre mucho el paso del tiempo.

Es por eso que algunos ejemplares que podemos encontrar por allí parecen casi amarillos, otros de un naranja pálido y desvaído, y en algunos otros el color se hace incluso más fuerte que el original. Los textos y el logotipo en la tapa están realizados en negro, y solo se muestran algunos detalles en blanco. El logo de la colección era muy llamativo: un rostro, dos elementos que parecían edificios, y una nube, todo muy moderno.

En la coleción había de todo un poco: poesía, teatro, ensayos, compendios de divulgación científica, antologías de cuentos, biografías y por supuesto novelas. En su mayoría se trataban de textos de autores latinoamericanos y españoles (muchos de ellos se contaban entre los que estaban prohibidos en España), pero también se contaban entre sus alrededor de trescientos volúmenes traducciones de muy alta calidad de textos con otros lenguajes originales, en especial poetas franceses e ingleses.

Como indican en la solapa:

"Aparecen en la Biblioteca Contemporánea el libro ya famoso y el que lo será mañana, el libro de alta cultura y el de ameno esparcimiento, el libro exquisito y el libro popular."

Marina Cuello

Viernes 27 de Abril de 2007

El Filmarillion

Volviendo con uno de mis favoritos... ¿Se acuerdan de que hace mucho tiempo les conté aquí acerca de un encuentro de fans de J. R. R. Tolkien realizado en Mar del Plata?

El mismo Smial (filial) de la Asociación Tolkien Argentina que organizó ese encuentro, está preparando las Terceras Jornadas Marplatenses sobre Tolkien. Para celebrar la ocasión, algunos de sus integrantes crearon una presentación en la que uniendo imágenes, texto y música, hacen un interesante resumen del libro El Silmarillion.

En esa obra, Christopher Tolkien recopiló, tras la muerte de su padre, distintas tramas de la historia de la Tierra Media, eligiendo las versiones que en ese momento le parecieron mejor terminadas y definidas. Así se convirtió en una combinación de textos muy distintos, algunos de un tono casi bíblico, otros que son acelerados recuentos de aventuras, e incluso listas de reinados y árboles genealógicos. Un collage que puede resultar un poco confuso a primera vista.

Pero algunas de las historias son joyas, que no debe dejar de lado ningún aficionado a la fantasía. Por ejemplo, una de ellas fue hace pocos días editada en castellano como Los hijos de Húrin.

¿Quieren saber más? Aquí pueden ver la presentación, aunque les recomiendo que vayan a YouTube y lo vean en pantalla completa, para leer con mayor comodidad...

Marina Cuello

Viernes 20 de Abril de 2007

Mis favoritos

CF_favoritos.jpgDe todos los temas (autores, películas, libros, series) acerca de los cuales vengo escribiendo estas crónicas, hay algunos que son mis favoritos.

Comencé la columna con un artículo sobre J. R. R. Tolkien porque es un autor por cuya obra (y un poco por la personalidad de profesor distraído sobre la que escriben quienes lo conocieron) siento una gran pasión, al punto de formar parte de la Asociación Tolkien Argentina para tener oportunidades de promover su lectura.

La segunda entrega también fue acerca de uno de mis preferidos: la colección Robin Hood. Esos libritos amarillos, sus páginas con olor a vainilla y sus imágenes acompañaron (y siguen acompañando) mi crecimiento como lectora.

De los autores hispanoescribientes mi favorita es Liliana Bodoc. Todo lo que escribe (fantasía o realismo, para chicos o para todos —bueno, lo que es para chicos es para todos) lo carga con una poesía incomparable.

En lo que respecta a historietistas y otros artistas plásticos, la elección es complicada. Pero por cercanía, diría que mi favorito es Liniers. Además, su extraño sentido del humor, y las imágenes que crea (y también las que dispara en las imaginaciones de sus lectores) le dan ese lugar de preferencia.

Entre las películas la que se ubica por encima de todas es El cristal encantado, con su historia de heroísmos y sus mágicas marionetas que, a pesar de serlo, cobrna vida y hacen olvidar que sus movimientos son dirigidos por varillas y guantes.

¿Qué me falta? Ah, sí, series. Aquí no puedo elegir. Cada vez que veo uno o dos capítulos de una de ellas se convierte otra vez en mi favorita. Así que, en este caso, tengo que decir: todas.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 13 de Abril de 2007

Padre, tutor o encargado

CF_tutor.jpgMientras preparaba el índice de "lugares comunes", me puse a pensar en otros elementos o personajes que entraran en esa categoría. Y noté que había dejado de lado uno de los más comunes entre los comunes: el mentor. Un personaje secundario pero importante.

Por lo general, los mentores son más viejos que quien queda a su cuidado. Es que aunque pocas veces son el padre verdadero, siempre son una figura paterna. Ya sea por poco más de una decena, o por miles de años, la diferencia de edades siempre les da cierta autoridad por sobre los protagonistas. La edad de Merlín varía según quien cuente la historia, pero Arturo siempre es un bebé comparado con él.

Suelen ser misteriosos, y hablar un tanto raro, en idiomas extraños o con abundancia de metáforas. Suelen tener poderes especiales, que el héroe al que enseñan podrá o no compartir en un futuro. El mago Gandalf, por ejemplo, siempre parece saber más de lo que dice saber, y le encanta dar cosas a entender, que no siempre sus hobbits comprenden.

Puede haber más de uno: cada uno acompañando una etapa en la vida del protagonista, o haciéndose cargo de aconsejar en distintas áreas de experiencia. Luke Skywalker tuvo a ObiWan para que le hiciera conocer la Fuerza, y a Yoda para aprender a utilizarla.

Como pueden ver, muchas veces los caminos de los tutores se separan de los de sus protegidos. A veces, los maestros lo hacen a propósito, esperando que su partida les de el último impulso necesario para salir del cascarón de la adolescencia o de la niñez. Otras, el protagonista se rebela y los abandona; en esos casos, el fugitivo suele volver con el rabo entre las piernas, muchas veces cuando ya es demasiado tarde. Ged abandona a Ogion, su primer maestro, para asistir a un colegio de magos.

Pero por lo general el destino de los mentores es funesto: se los lleva la muerte en alguna forma más o menos violenta. Parece ser que esa tragedia es necesaria en la vida de los héroes. Aquí no voy a dar ejemplos: nadie quiere enterarse antes de tiempo de una situación como esa...

Sobre todo, porque los padres, tutores, y encargados, los mágicos y fuertes mentores, suelen estar entre los personajes más queribles de cualquier historia de fantasía o ciencia ficción. Incluso cuando son gruñones o hacen cargar a sus alumnos con baldes llenos de agua o quemarse las pestañas leyendo libros de magia, cualquier lector o espectador presiente que en el fondo son buenísimos y que todo lo hacen por su bien.

Son personajes hechos para ser amados y respetados, y por ello siempre recordados.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 6 de Abril de 2007

Escritos con el corazón

CF_fanfic.jpgLos fans pueden expresar su interés de muchas maneras: la escritura es una de las más importantes. Amores encontrados, canciones, nuevas aventuras, cruces entre varios favoritos, todo eso y más se puede encontrar en las historias escritas por fans de series, autores y películas.

Aquí sigue una lista de los artículos que escribí acerca de fan-fiction, o bien que (espero) pueden ser útiles para quienes se embarquen en esta actividad.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 30 de Marzo de 2007

Lugares comunes

CF_lugarescomunes.jpgCualquier amante de la ciencia ficción, la fantasía y el terror puede descubrir, luego de leer y mirar mucho material, ciertos detalles y elementos que se repiten, aunque con diferencias, a lo largo de todas las obras que va encontrando en su camino.

Es cierto que el gusto está en la variedad, y por eso esos objetos y personajes son bienvenidos cuando están usados de tal manera que nos resulten frescos, originales y sorprendentes. A lo largo del tiempo que llevo en estas Crónicas fantásticas fui describiendo algunos de esos lugares comunes en la literatura o lo audiovisual. Aquí sigue una lista:

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 23 de Marzo de 2007

Viejos de colores

CF_viejosdecolores.jpgTodo empezó con un cuento como cualquier otro. El cuento se fue por las ramas, siguiendo su propio camino, y terminó siendo un homenaje a la colección Robin Hood. Desde ahí partieron las ganas de no dejarlo ahí, de no frenar sólo con los amarillos, los viejos libros amarillos que sumergieron en la literatura a varias generaciones de argentinos.

Así me puse pensar en otros libros, en libros de otros colores. La idea se me cruzó con los "viejos de colores" que aparecieron como por arte de magia en ese primer cuento, y se me ocurrió que quizás sí esas palabras se refirieran a los libros, y no a los libreros. Y me decidí.

Los "viejos de colores" son esas colecciones que, ya fuera que sus editores lo hubieran ideado así o no, se convirtieron en creadores de lectores, en puertas abiertas. Algunos eran de esos libros caros y difíciles de conseguir, que por eso mismo fueron tesoros a los ojos de sus poseedores, y más aún a los de quienes no lograban tenerlos en sus manos sino en contadas ocasiones. Otros eran revistas o colecciones muy económicas, dispuestas a llevar las letras a cualquier parte.

Son colecciones que no se deben olvidar, que todavía no terminaron su trabajo como repartidoras de fantasía y realismo, de comedia y drama, de aventuras y romances. Todavía están dando vueltas por las bibliotecas heredadas, las canastas de mudanza, los estantes de las librerías, y por los cajones para revolver, esos de los que se sacan maravillas que se pagan con monedas o con un billete de dos pesos (si arrugado y pegado con cinta adhesiva, mucho mejor). Merecen que nuevas manos los conozcan y los abracen.

Aquí sigue una lista de los "viejos" con los que me he encontrado hasta ahora. Seguro hay más, que no conocí o que ya no recuerdo... y si refrescan mi memoria o me presentan algún nuevo viejo amigo, se los voy a agradecer.


Marina Cuello


Viernes 9 de Marzo de 2007

El sueño del pibe

0903_paolini.jpgCuando leo algo en vacaciones, lo leo distinto. No sé si les pasará lo mismo, pero cuando leo una novela en la playa no es lo mismo que cuando la leo tirada en el living. A Eragon la leí bajo la sombrilla, y quizás eso altere mi juicio. Por eso les aviso.

Eragon cuenta la historia de un joven de quince años, agricultor y ocasional cazador en las montañas, que descubre una extraña joya perdida en una zona con leyendas ominosas. Páginas antes conocemos cómo apareció allí esa gema, así que podemos sospechar, con toda tranquilidad, que no es un hallazgo que dejará que su vida siga tranquilamente. Es cierto: la gema se rompe, y de ella sale un dragón.

De ahí en más, se lee en un suspiro. Las aventuras se suceden con rapidez, los personajes se presentan uno tras otro, las batallas no dejan de subir en escala. Y al menos para mí, como amante de la fantasía, y lectora de todo lo que tiene letras, parte de la diversión consiste en intentar adivinar de qué libros, de qué saga, de qué película, de qué antiguo cuerpo de leyendas tomó el autor cada pieza de su rompecabezas de quichicientas páginas.

La magia y su relación con los nombres, con las palabras, recuerda a Le Guin, por supuesto. La relación entre dragones y jinetes se parece a la de la saga de Pern, pero la personalidad de la dragona es más astuta, más humana, más parecida a las de los juegos de rol y las novelas de Calabozos y dragones, o a la película Dragonheart (1996).

Algunos detalles, aunque un poco más originales, a veces se adivinan con demasiada anticipación. Se hace una profecía, y un lector avispado puede descubrir a quién se refiere; algún personaje aparece y uno huele que es malo. Aún no leí la segunda parte de El legado; es muy difícil de conseguir y cuando se consigue es a un precio demasiado elevado. Pero me encantaría leer, al fin, la segunda parte, y la tercera aún no escrita, y descubrir que el autor logró desviarse del camino de lo obvio y encontrar uno nuevo. Sería genial que eso que adivino sobre intereses amorosos, relaciones familiares ocultas y destinos como nuevos jinetes sean falsos augurios.

Pero dejemos de lado la novela, y pasemos a una historia que me parece incluso más interesante: la historia del libro en sí.

Christopher Paolini era un adolescente, un fan de la fantasía y la ciencia ficción como cualquier otro. Se entretenía leyendo y escribiendo historias en unos cuadernos maltrechos. Pero contaba con una ventaja: sus padres tenían un pequeño proyecto editorial.

Su editorial era de las que se llaman "por co-edición" en los Estados Unidos. ¿Cómo funciona? Un escritor presenta su obra y el costo de diseño, e impresión y todo el trabajo previo corre "miti y miti", más o menos. La editorial se encarga de distribuir los libros y lograr que aparezca a la vista en las librerías, y el producto de la venta se divide, una vez más, entre los editores y el autor (aunque el porcentaje suele ser un poco menos beneficioso para el último). La posibilidad de supervivencia de ese tipo de proyectos depende del olfato de los editores, que deben descubrir qué obras tendrán la capacidad de, al menos, recuperar la inversión que han hecho.

Los padres de Christopher tenían los sentidos arácnidos muy activos. Cuando su hijo les presentó la novelita que había escrito, presintieron que algo había ahí. Corría 2001 y la fantasía, tanto en literatura como en cine, estaba de moda, incluso mucho más que ahora. Así que sentaron a su hijo con una correctora, que le ayudó a mejorar algunos capítulos y a pulir la historia en general. Luego armaron una portada atractiva con un aterrador ojo azul basado en dibujos de su hijo y coloreado y mejorado por su hija.

Y salieron a la ruta, realizando presentaciones y firmas de libros en bibliotecas públicas, escuelas y hasta centros comerciales (el lugar por excelencia para vender productos juveniles: muchas estrellas de la música iniciaron allí sus destinos). Christopher leía algunas porciones de su texto, con una música acorde de fondo y vestido casi casi como uno de sus personajes. Mitad medieval y mitad fantástico, el vestuario incluía una sedosa camisa roja, botas altas de cuero y un sombrero con pluma.

No es que arrasara, pero vendía. Al público le gustaba ver a alguien que tenía casi su edad, o la misma, contando historias de dragones y superando con creces una timidez notoria, y los libros se vendían. Y aquí interviene la suerte.

Uno de los entusiastas lectores era hijastro de un escritor. Autor de literatura juvenil. Al escuchar al chico y a sus amigos discutir sobre la novela, y pronunciar palabras extrañas en sus juegos, le picó la curiosidad. Leyó la novela y atraído por la historia, por su autor y por el peculiar método de marketing, contactó a su propia editora.

De ahí en más, como en el libro, las aventuras se suceden con rapidez: respaldado por una editorial especializada, con mucho más dinero para publicidad, Eragon pronto se convirtió en éxito. Notas periodísticas hablando del "Tolkien de 17 años" y otros sobrenombres parecidos surcaron el mundo. Hace poco, se estrenó una película, que no tuvo buenas críticas, y dividió a los fans. Todos esperan que mejoren con la segunda, pero si es así o no, igual no importa mucho.

Nadie puede negar que, con una mezcla de talento, padres astutos y bastante suerte, Christopher Paolini logró cumplir el sueño del pibe.


Marina Cuello (texto e imagen)


Viernes 16 de Febrero de 2007

Esperando el siete

CF_potter.jpgA mí me hubiera gustado que el séptimo libro de la serie protagonizada por Harry Potter saliera a la venta el 7 de julio de 2007. Tres sietes en un fecha tenían algo de místico, un nosequé fantástico. Me imaginaba las librerías en todo el mundo, abriendo a las 7 de la mañana con 7 minutos y 7 segundos, para agregar otro trío más de ese número con tantas leyendas enredadas entre sus dos palitos. Pero no, en inglés saldrá el 21 de julio (bueno, después de todo, 21 es tres multiplicado por siete... algo es algo).

Así como yo me imaginaba las escenas de masas esperando en las librerías, hay gente que se imagina finales, situaciones, personajes nuevos y teorías descabelladas, o no tanto.

Empecemos por lo que sí se sabe: que el título en inglés es "Harry Potter and the Deathly Hallows", que "Deathly Hallows" tiene muchos posibles significados, y que en castellano recién se podrá disfrutar de estas aventuras a partir de principios o mediados (si el libro resulta muy largo) de 2008. También hay algunos datos ciertos, cosas que aparecieron anunciadas en el sexto libro, y también algunas cosas que se pueden interpretar desde respuestas directas o ambiguas que J. K. Rowling dio en distintas entrevistas y en su sitio oficial, como que Rita Skeeter y Dolores Umbridge volverán a aparecer, o que ciertos pasajes de los volúmenes anteriores cobrarán una importancia especial.

Pero las teorías sobre qué puede pasar son millones. La misma autora dijo, en más de una ocasión, que temía que su imaginación no fuera tan grande como la de los fans. Como no me gustaría arruinarle a nadie ninguna sorpresa, les aviso que de aquí en más, y mientras vean puntos de la lista, les voy a comentar cosas que pueden o no pasar en el séptimo libro, dependiendo de que tan en sintonía con la mente de Rowling esté la del creador de la teoría... Si temen su reacción en caso de que alguna sea realidad, o si aún no leyeron los seis tomos anteriores, pueden dejar de leer ya. ¿Listos?

  • El mismo Harry (o su cicatriz) es un "horcrux" u "horrorcrux", uno de los "objetos" en los que Voldemort fue dejando pedazos de su alma.
  • El libro terminará en el presente (es decir, para las novelas, un futuro cercano), con Harry como nuevo profesor de Defensa contra las artes oscuras, contando a sus alumnos la historia de su cicatriz
  • Snape es malo, malísimo, y traicionó a todos los que lo apreciaban.
  • Snape es bueno, buenísimo, y simuló que traicionaba a todos lo que lo apreciaban para ganar el aprecio de los malos malísimos
  • Volverá a aparecer Sirius Black.
  • "Deathly Hallows" es el nombre de las tierras sobrenaturales detrás de las famosas cortinas del Ministerio de la Magia.
  • Harry muere, sacrificándose para acabar con Voldemort.
  • Algo raro va a pasar en el cumpleaños de Harry (eso es reforzado porque la fecha de "estreno" del libro es diez días antes del cumpleaños).
  • Los "Deathly Hallows" son los fantasmas de los padres de Harry.
  • Las acciones en el libro estarán relacionadas con las cartas de tarot mencionadas en el sexto.
Estas no son más que algunas, las más repetidas y cuestionadas. ¿Qué nos deparará el destino? Lo sabremos en julio. El 21. Snif.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 9 de Febrero de 2007

Música y fantasía

fantasia.jpgNo es raro que una película a la que le vaya mal en su estreno comercial se convierta en un clásico. Tampoco es raro que el éxito o fracaso de una sola obra moldee el destino de sus creadores. Suele pasar cuando esa obra es algo distinto, único, especial.

Es el caso de Fantasia (1940): un largometraje compuesto por siete cortos, cada uno una animación, muy diferentes entre sí, que ponía imágenes en movimiento a ocho obras de música clásica. Demonios, pegasos y honguitos orientales se mezclan con hipopótamas bailarinas, líneas abstractas y el famoso ratón Mickey.

Hay quien dice que si esta obra no hubiera tenido un recibimiento tan poco cálido en el público, los Estudios Disney no se hubieran dedicado de lleno a las películas "para chicos", y que la historia de la animación, no solo del estudio, hubiera sido muy distinta.

No es la única leyenda que circula con respecto a esta obra maestra. Pero empecemos desde el principio, en sus distintas versiones.

Según algunos cronistas, a Walt Disney se le ocurrió producir un cortometraje con Mickey, su personaje más conocido, pero que se pareciera a una de sus Sinfonías tontas, y eligió "El aprendiz de brujo", una obra de Paul Dukas basada en un poema de Goethe basado a su vez en un cuento popular europeo. Pero según otros, fue la obra la que lo inspiró a realizar la animación.

Sigamos... Algunas historias comentan que Disney quería una buena orquesta y un gran director para realizar la música de su nuevo experimento, y solo Leopold Stokowski, un divo de la batuta que ya había dado algunos pasos en Hollywood, aceptó formar parte de un proyecto semejante. Otras, más romáticas, dicen que estaba don Walt cenando solito en un restaurant de moda, cuando vio en una mesa cercana al excéntrico director y se acercó a él y le comentó acerca de lo que estaba pensando hacer con el ratón favorito del mundo.

Se dice que más adelante en el proyecto, Disney se encaprichó con armar el cortometraje con sonido de gran calidad. Otros dicen que ya estaba en sus carpetas el nuevo sistema de sonido, las raíces de los sistemas surround que conocemos. Lo único cierto es que los costos se fueron disparando, cada vez más altos. Puesto en una encrucijada, decidió tirar la casa por la ventana, y convertir ese corto en un largometraje; así, suponía, tenía mayores posibilidades de recuperar las inversiones.

Una vez elegidos los temas necesarios para completar la duración del largo, faltaba el nombre. Otra vez dos leyendas. Una que dice que Stokowski recomendó "fantasia", por ser una palabra en italiano que representa a una composición musical en la que el autor se aleja un poco de las convenciones. Otra que indica que se abrió una votación entre los empleados de los estudios y que entre las opciones más votadas estaba esa palabra, que en inglés también nombra a un medley o potpourri, varios temas musicales encadenados.

Aunque al ser estrenada desconcertó un poco al público, que estaba esperando "otra de Mickey" o un cuento de hadas, no esas cosas raras, más de sesenta años después es un clásico de clásicos, con varios re-estrenos, una nueva versión de la música en los años 80, una mejora de la original (y también de los dibujos) en los 90, una secuela en el 2000, y mucho éxito en las versiones en DVD.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 2 de Febrero de 2007

Ofelia perdida y encontrada

CF_laberinto.jpgNo es la Ofelia de Hamlet, pero comparte con ella muchas cosas. Esta Ofelia de El laberinto del fauno (2006) es, en verdad, una mezcla de la Ofelia de Shakespeare con la Alicia de Carroll. En un momento la idea se refuerza con la imagen: un traje cuya forma y detalles replican en detalle el vestido de Alicia en las ilustraciones de Sir John Tenniel, pero el color y el brillo velado de la tela es más apropiado para una Ofelia en duelo.

Y en duelo está la nuestra también. Huérfana de padre, y con la madre casada (quizás cazada parezca más adecuado) con un salvaje y civilizado capitán, titular de un destacamento militar dedicado a buscar y eliminar los últimos coletazos de los perdedores en la Guerra Civil española.

Está en duelo, e inmersa en sus libros de fantasía y cuentos de hadas. Un insecto que ella cree hada, o un hada que los demás creen insecto, la guía en sus primeros pasos por un mundo unido al real en muchos puntos. Los une la sangre perdida, que abunda y corre. En los dos un paso en falso puede traer oscuras consecuencias. En los dos los malos son malos, pero los buenos tampoco toman prisioneros.

La historia empieza con un cuento. Una princesa de un reino subterráneo quiere conocer el mundo de arriba, nuestro mundo, pero se pierde. Y muere. Pero en su reino esperan igual su vuelta, saben que alguien nacerá allá arriba que será en realidad su princesa. Y es el fauno que encuentra en un laberinto en ruinas quien le dice a Ofelia que ella es la princesa perdida, ahora encontrada.

Pero debe demostrar que es ella. De allí en más empiezan sus pruebas. Pruebas que suceden en el mundo subterráneo y fantástico, pero que se cruzan en el mundo cotidiano, casi tan irreal como el otro, con otras pruebas. Pruebas cuyas reglas son menos claras, pero no menos estrictas.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 26 de Enero de 2007

Grandes patas a granel

CF_gigantes.jpgPor más que la ciencia se empaque y diga que es imposible, en muchas obras de ciencia ficción los héroes enfrentan a bestias agigantadas. Y en las de fantasía y terror, ni hablar. Y los bichos con más de cuatro patas son mayoría.

En las viejas (y no tanto) películas de terror, los insectos de tamaño monstruoso son la panacea de los guionistas y la pesadilla de los realizadores de efectos especiales. Por ejemplo, en una película de los años cincuenta llamada El mundo en peligro (o "Them!" en el idioma original) unas gigantescas hormigas, mutadas por la radiación proveniente de las primeras pruebas nucleares en el desierto de Estados Unidos, causan estropicios por igual en un pueblito y en la gran ciudad.

Cuando en 1961 la productora Columbia decidió recrear para el cine La isla misteriosa de Julio Verne, agregó a sus filas al famoso creador de efectos especiales Ray Harryhausen. Es obvio que las aventuras de la novela quedaban cortas en las manos del mago: se agregó un extraño ñandú con jopo, que le llevaba varias cabezas al más alto de los protagonistas, un cangrejo con pocas pulgas y mucha altura, y algo parecido a un pulpo prehistórico, como surgido de otra novela de Verne. Ah. Y abejas. Abejas cuya cabeza era casi tan grande como la "chica linda" del grupo (otro agregado para la película, por supuesto) cuando se sentaba abrazando sus rodillas y gritaba. En total, eran más o menos del tamaño de un camión. Un camión con alas.

Otro bicho abundante es la araña. Las arañas no son insectos, aunque lo parezcan, pero sus versiones "tamaño familiar" aparecen a granel en literatura y cine casi tanto como sus amigos. La Ellalaraña de El señor de los anillos tiene el tamaño de un caballo (de un caballo grande). Es mucho más grande y más inteligente que sus descendientes de El hobbit, pero no es más que la sombra de lo que fue Ungoliant, cuyo oscuro camino es narrado por Tolkien en lo que conocemos como El silmarillion. También hay arañas en algunas novelas de las protagonizadas por Harry Potter. La más importante es Aragog, un enorme ejemplar de acromántula elegido como "mascotita" por Hagrid, que crecería para convertirse en líder de las arañas del Bosque Prohibido.

Estos son algunos pocos ejemplos. Es indudable que tenemos "algo" con ellos. Hay algo que nos intriga y atemoriza en la manera de desplazarse, en sus movimientos a veces borrosos y a veces elegantes. En su descolgarse desde el techo o desde la nada, en los vuelos envolventes y en el ruido entre plástico y metálico de sus patas al deslizarse. Un gusano caminando sobre una hoja puede ser hipnótico. El zumbido de un mosquito pone nervioso al más tranquilo de los hombres. Y la simple sospecha de roce de una araña sobre la piel causa escalofríos.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 19 de Enero de 2007

De "estrellitas" y motores interestelares

CF_flash.jpgHubo un tiempo en el que las series se veían en el cine. En un mismo "programa" se veían dos o tres, un capítulo de media hora para cada una. El público disfutaba de las aventuras y (al igual que nosotros cuando estamos solos en casa y nadie nos mira mientras pasan nuestra serie favorita por televisión) animaba a los gritos a los héroes o abucheaba con fuerza a los malvados de turno.

Por supuesto, cada presentación terminaba con algún protagonista, el "muchachito" o la dama de su corazón, metidos en algún problema de difícil solución. Atrapados por el "malo" en una máquina tenebrosa, rodeados por una banda de villanos, o colgados apenas con dos dedos de una impresionante altura. Esa última posibilidad era tan común que los angloparlantes llaman así a ese tipo de finales con suspenso: cliffhanger, colgadura de precipicio. La imagen se congelaba, y un cartel en letras gigantes preguntaba cosas como "¿qué pasará con nuestro héroe?" o "¿llegarán a tiempo?" y luego anunciaba "véalo la próxima semana".

Gracias a esos canales de cable que insisten en rescatar viejas joyas, y también al DVD, ahora podemos disfrutar mientras cenamos o en las tardes de lluvia de algunas de esas entretenidas y en gran medida ingenuas historias.

De las que logré ver, mi favorita es Flash Gordon. Hubo tres series para cine: una en 1936, otra en 1938 y la última en 1940. Más tarde hubo otras series (ya para televisión) y películas, e incluso se rumorea que hay una nueva versión en camino. Todas basadas en mayor o menor medida en el cómic de Alex Raymond.

Como las series querían imitar la belleza y la abundancia de escenografías y vestuarios de la historieta, y eso era muy costoso, las tres re-utilizan elementos y hasta escenas de muchísimas películas y series realizadas por la misma productora. Ídolos provenientes de películas sobre Egipto, pulpos gigantes de otras de terror y avalanchas del "cine catástrofe" se unen para agregar espectacularidad y sensación de peligro.

Un enorme asteroide se acerca a la Tierra, inundando a sus habitantes con pánico. Un deportista (Flash) y una hermosa muchacha, Dale Arden, se ven obligados a saltar de un avión que cae. Por esas cosas de la vida, el paracaídas los deja cerca del laboratorio de un científico llamado Zarkov que cree que el asteroide no es una simple roca, sino un planeta habitado y "manejado" hacia nuestro mundo por malvadas razones y deseos de conquista. Así que parten los tres a intentar salvar el mundo en una nave espacial cuyo motor emite unas chispas que me recuerdan a esas "estrellitas" de alambre que disfrutaba de chica en las fiestas de fin de año. Y así empiezan las aventuras.

El doctor tiene razón, por supuesto. El jefe de los malos es Ming, el emperador del planeta Mongo. Se enamora de Dale, quien solo tiene ojos para Flash. A su vez, Flash se convierte en el objeto del afecto de Aura, la hija de Ming. Ella es una mala pero no tanto: termina siempre ayudando a Flash con tal de tenerlo para sí.

A lo largo de los varios capítulos de las tres series, conocemos las sociedades y rarezas de Mongo y también de Marte (escenario de la segunda "temporada"): dragones que se parecen sospechosamente a lagartijas, ciudades flotantes, otras submarinas, hombres alados, zafiros mágicos, tigres sagrados, damas traidoras, capas que permiten volar, naves que parecen sonreir, hombres convertidos en masas de barro, príncipes destronados, robots explosivos, y muchos, pero muchos, cambios de vestuario.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 12 de Enero de 2007

Una familia muy normal

charmed.jpgCharmed, conocida en castellano como Hechiceras o Embrujadas es una serie de fantasía en la que el principal atractivo está no en los monstruos, duendes y otras cosas raras, sino en la lucha de las protagonistas para manejar su vida cotidiana a pesar de esos monstruos, duendes y otras cosas raras.

La historia gira sobre "el poder de tres": el de tres tres hermanas (Prue, Piper y Phoebe) o dos hermanas y una medio hermana (Piper, Phoebe y Paige: tras unas pocas temporadas una actriz dijo basta, y los guionistas tuvieron que sacar una nueva protagonista de la galera) que pertenecen a una larga línea de brujas y son en conjunto las hechiceras más fuertes de la historia de la humanidad. Por eso atraen a su hogar, una hermosa mansión, criaturas y personas pertenecientes al mundo de lo mágico: seres benignos que buscan su ayuda, y malignos que buscan destruirlas, ya sea para quedar bien con otros "malos más malos", o para robar los poderes de las hermanitas.

Pero todas sus tareas de rescate y destrucción, tiene que ser realizadas en el más grande secreto. El mundo está lleno de magia, buena y mala, pero las personas normales no tienen que saberlo. Hay una raza entera de seres dedicados a borrar las memorias de quienes vieron u oyeron algo que no deberían haber visto, pero solo se dedican a cosas muy importantes, como grandes explosiones, dragones volando sobre San Francisco y cosas así. Nadie se encarga de hacer olvidar a novios, profesores y jefes los plantazos y partidas abruptas de las chicas.

Tener "una vida normal" es un deseo que pasa por sus cabezas más de una vez, y a lo largo de las ocho temporadas en las que la serie estuvo en el aire (en Argentina más que nada en la televisión por cable), cada integrante de la familia Halliwell recibe la posibilidad de cumplir ese deseo al menos una vez... Claro, el resultado no es nunca lo esperado y siempre vuelven a su mágica y peligrosa vida habitual.

Así, con los años la vida social y familiar de las muchachas fue cambiando y agregando cada vez más seres extraños. Una de las hermanas se casó con una especie de ángel, otra con un demonio. Una se casó de una de las tantas encarnaciones de Cupido. Otra estuvo enamorada de un mago descendiente de una familia de malvados. Otra eligió un agente del FBI: siempre tenía que haber algún representante de la ley en el círculo más cercano, que se encargara de encubrir los estropicios.

Eso no es todo. La abuela aparecía de vez en cuando en carne y hueso, a pesar de haber muerto al inicio de la serie. El hijo menor de una de las chicas llegó desde el futuro a intentar evitar que el mayor se convirtiera en un tirano destructor del mundo. Todas las hermanas se convirtieron en sirenas, pero una no quiso dejar de serlo por un rato largo. Una se transformó en perro, y otra en una especie de hombre lobo. Y eso es solo la punta del iceberg... o las alas del hada.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 5 de Enero de 2007

En las alas de una mariposa

CF_Mariposa.jpgUn aprendiz de mago encontró un día un hechizo en las alas de una mariposa. O eso al menos creyó que parecía. Como se esperaba de él que fuera un hechicero bueno, no quería aprisionar al pobre insecto. Con su pocas artes creó una copia de fantasía. Es que había seguido el camino de la magia obligado por sus padres, y eso lo hacía mal estudiante. Solo había aprendido un poco, lo poco que que le era útil para conquistar damitas en los festejos del pueblo. A pesar de todo logró una copia casi fiel, solo un poco más brillante: el cuerpo a rayas de oro y de platino, alas de plata en delicada filigrana, y aquí y allá zafiros y rubíes, completando quizás símbolos y runas.

Llevó la joya a sus maestros. Los tres creyeron pretenciosa su obra, pero dos de ellos admiraron a pesar de todo su buen tino. Creían que los dibujos en la mariposa en verdad formaban palabras extrañas. Si era o no un hechizo, no podían decirlo. Si lo era, era nuevo, o al menos desconocido. Y ninguno de los dos, y menos aún el tercero, que solo veía en las alas desvaríos del chico o de la naturaleza, se animaron a ponerle sonido: con la magia no se juega. Quizás estaba más allá de sus poderes.

Se reunieron en concejo apurado con los otros dos magos de la zona, y decidieron enviar en un carro al aprendiz a la ciudad más cercana. Junto a la enjoyada mariposa le dieron una carta, que explicaba la historia y las dudas del quinteto. La destinataria era una bruja retirada, que vivía en el palacete de un conde y tenía contactos con más altas esferas. La vieja, que aún tenía ojos de águila, leyó la carta a la luz tenue de la chimenea. Sonrió con sorna: estos magos de pueblo, qué simpleza y qué descaro. Pero apenas vio la mariposa, abrió los ojos como platos, y llamó a su esposo que, además de esposo, era un buen mago. El hombre no abrió los ojos, sino la boca. Intentó pronunciar las palabras, tan solo comenzó un murmullo, pero un no muy amable golpe le cerró los labios.

La mujer le dijo que era un viejo loco, y con presteza escribió una nueva carta. Metió en una caja la joya y las dos cartas; la suya y la de los magos de pueblo. Después, en un solo movimiento, empujó la caja a los brazos del chico y el chico a la chimenea. El pobre aprendiz cerró los ojos en su asombro y se creyó muerto. Pero el fuego no lo quemó. No sintió calor, sino algo de frío, y sus párpados dejaban pasar tanta luz, y sus oídos tanto sonido, que recordó lecciones olvidadas y supo que solo había sido desplazado. Estaba casi en el medio de un salón imponente, rodeado de bancos de piedra ocupados por magos y brujas con túnicas de telas y colores que jamás había visto, e incluso algunos pocos vestidos de guerreros. Azorado y sin palabras alargó los brazos, y entregó la caja al hechicero más cercano.

El hombre leyó, como era costumbre del lugar, todo en voz alta, y luego en un pesado silencio fueron pasando de mano en mano la pequeña joya. Largas discusiones se sucedieron, y evaluaron con gran cuidado los riesgos. Que qué pasaba si era un hechizo peligroso, qué tal si borraba al mundo, qué tal si desaparecía la magia, qué tal si no era nada y pasaban vergüenza ante los magos del mundo. Al final del día, o al final de la semana, decidieron que nada decidían, y tan solo escribieron otra carta, y otra vez desplazaron al muchacho. Así fue viajando el pobre chico, de concejo en concejo, de carta en carta, hasta que no hubo donde enviarlo, más que al concejo de los magos más sabios, que por esas cosas de la vida eran también los más viejos.

Y el más viejo de los viejos decidió arriesgarse, y ponerle sonido a las palabras. Se desplazó a un valle que más que protegido, estaba encerrado, y el aprendiz y todos los demás (casi todos los de todos los concejos, y la vieja bruja y su esposo viejo, y los cinco magos de pueblo) observaron desde lejos el milagro, temiendo que se transformara en una pesadilla. El gran sabio alzó los brazos tan alto como pudo, y las temidas y desconocidas palabras bailaron en el viento. Una luz cegadora surgió de entre sus dedos.

La luz se apagó, y en su mano apareció una mariposa. Parecía real. Pero era una copia. Una copia casi fiel, solo un poco más brillante: el cuerpo a rayas de oro y de platino, alas de plata en delicada filigrana, y aquí y allá zafiros y rubíes, completando quizás símbolos y runas.

(Nota: Y sí, hoy dejé de lado los artículos. No sé por qué, tenía ganas de empezar el año con un cuento. Pero no se asusten, el próximo viernes vuelvo.)

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 29 de Diciembre de 2006

En la piel

tattoo.jpgHace años, pero muchos años, que amenazo con hacerme un tatuaje. Una amenaza extraña, teniendo en cuenta que proviene de alguien que no se hizo siquiera los normales agujeritos en las orejas (bueno, las verdad es que, con tanto piercing dando vuelta, soy bastante original, ¿no?).

No se si alguna vez voy a cumplir con esa amenaza. Pero hay gente que no se queda en el anuncio, y adelante va, a enfrentar con dientes apretados el "rrrrrrrrrrr" de esa cosa que suena como un torno de dentista pero que, esgrimida por un artista, es tan dúctil como un plumín, una fibra o un pincel.

Duele un poco más que una pintura, parece. Las descripciones van desde "casi casi como depilarse" (proviene, por supuesto, de las damas) hasta "es como si te clavaran una hojita de afeitar y después dibujaran en la piel con ella". Y los primeros días, "arde como si hubieras tomado sol sin protector de once de la mañana a tres de la tarde".

Llevar una obra de arte sobre la piel cuesta. Gotitas de sangre empañan el trabajo mientras está en progreso, y acompañan la primera hora o un poco más, después del punto final. Luego, lavados cuidadosos, crema protectora, y un comportamiento vampiresco huyendo de sol durante algunas semanas, hasta que todo cicatrice como corresponda. Y solo después, a mostrarle el resultado al mundo.

Una mirada sobre los catálogos de cualquier tatuador demuestra que la fantasía es la gran elegida. Por supuesto hay frases, nombres, diseños tribales (de tribus de todo el mundo), fotos de seres queridos, o de famosos; pero los dragones y unicornios, ángeles y demonios, duendes y hadas llenan carpeta tras carpeta. Algunos diseños son muy específicos.

La elegante grafía élfica que rodea el anillo único de Tolkien también aparece en brazos y tobillos, e incluso en alguna que otra cintura. Otros tatuajes tolkienianos incluyen en esa misma caligrafía palabras o frases importantes para quienes lo lucen, la runa que representa al autor, o imágenes creadas por él, por otros ilustradores, o bien de las películas basadas en su obra.

Los fans de StarWars oscilan entre discretos símbolos del Imperio o de la Alianza Rebelde, hasta escenas completas de batallas, naves espaciales y cosas tan encantadoras y extrañas como una Hello Kitty disfrazada de Stormtrooper.

Para los lectores de las aventuras de Harry Potter, también hay opciones. Algunas de ellas: el protagonista en varias versiones, una snitch o diseños originales.

Otros fans que suelen expresarse desde la piel son los de El extraño mundo de Jack, El principito, los comics y el manga y muchos más.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 22 de Diciembre de 2006

Historia de un cambio de opinión

2212_LEGUIN.jpgLes cuento algo: cuando alguna persona cuyos gustos literarios respeto y a los que por lo general adhiero, me recomienda un autor y lo primero que leo no me gusta, sigo leyendo. Sigo leyendo su obra, a ver si de pronto descubro qué es lo que que estaba escondido, cuál es ese secreto que no se dejó develar aún.

Con Ursula K. Le Guin, esa fue la historia. Mucha gente que me ha recomendados cosas que me gustaron mucho, pero mucho mucho, o que sé que gusta de las mismas lecturas que yo, me decía que yo debería adorar su obra. Pero no. Algo no "funcionaba". Y lo que había leído de Ursula K. Le Guin, hasta hace unos días, no me gustaba. Había leído la primera de sus famosas Historias de Terramar, El nombre del mundo es bosque, y mucho más, en cuento y novela, de ciencia ficción.

Y no me había gustado. Algunas cosas me parecían demasiado ecológicas, y casi panfletarias, como si quisiera meter en mi cabeza ideas, sin importar si yo quería o no aceptarlas. En otros casos, me daba la sensación de que la autora no amaba a sus personajes lo suficiente. Como si no le importara en realidad su destino, sino sólo despachar la historia, y nada más. Muy fría.

Pero, pero. Las tumbas de Atuan y La costa más lejana cambiaron mi opinión. Ojo. Releí Un mago de Terramar y sigue sin convencerme. Me encanta la idea de que la magia cueste, de que nada sea gratis en la vida y el trabajo de los hechiceros. Aún, sin embargo, sigo encontrando esa frialdad. No sé cómo explicarlo. Pero esas otras dos novelas son joyas que me dieron ganas, muchísimas, de seguir adelante y leer mucho más.

Al primero lo empecé a leer apenas subí al colectivo, en un viaje de una hora y pico. Me pasé. Fue unas pocas cuadras, pero es que tenía que saber si ese personaje que había aparecido era quien yo creía que era. Y al segundo en una sola sentada, en una sola noche. Son cortos, es cierto, pero son apasionantes.

¿De qué se trata? Magos, príncipes, sacerdotisas. Dragones. Oscuros laberintos. Rituales a los que ya se olvidó el sentido. Profecías inmemoriales. Canciones que son memoria e inspiración. Joyas sagradas.

Y nombres. Nombres y palabras. Que son todo.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 15 de Diciembre de 2006

Música para imaginar

1512_musica.jpgOtra columna inspirada por Radio Númenor. Aunque no tiene nada que ver con Radio Númenor. (¿Se nota que me gusta mucho Radio Númenor?)

Resulta que estaba escuchando Radio Númenor (ya sé, ya sé, una más y es Spam) y uno de los temas que pasaban me hizo pensar "esto parece la banda de sonido de una peli de fantasía". Hasta me puse a imaginar una carga de caballería, bellos caballos blancos, con largas crines, montados por guerreros lanzándose hacia una muerte segura.

"¡Ajá!", me dije, buen tema para un artículo. No, no la gran cantidad de escenas con guerreros lanzándose a una muerte segura que aparecen en las películas fantásticas (a veces un solo guerrero, a veces unos centenares, y la verdad es que nunca la muerte es tan segura como parecía, o lo es para todos menos para el protagonista, que siempre zafa; pero volvamos, que ya estoy divagando demasiado), sino a eso que se llama "banda de sonido original".

En una película, el sonido (los diálogos, los ruidos, los silencios) es tan importante como lo visual. Y la música, que es lo que obtenemos si compramos un CD que lleve el nombre de la película y esas cuatro palabras en la tapa, es un ingrediente clave. A veces, nos indica si debemos emocionarnos y sonreir o llorar(o las dos cosas), si tenemos permiso para respirar tranquilos, o si tenemos que prepararnos para una sorpresa desagradable. A veces exageran tanto con su guía que se vuelven cansadoras, pero por lo general, las apreciamos.

El "tana tana tana-nana tana-nana-nananaaaaaa" (pongan un poco de esfuerzo) de Tiburón anticipa la llegada del monstruoso animal. O nos hace creer que va a aparecer, para después dejarnos con las ganas.. Cada vez que el anillo único se muestra en cualquiera de las tres entregas de El señor de los anillos, una melodía nos recuerda su poder. Los violines enloquecidos de la escena de la bañera de Psicosis le ponen los pelos de punta a cualquiera.

Los compositores de música para películas tienen un gran peso sobre sus espaldas. Su trabajo puede mejorar o desmerecer una obra en la que cientos o miles de personas invirtieron semanas y semanas de trabajo. A veces, tienen que agregar la música hacia el final, una vez que la película está ya casi editada por completo. Otras veces, trabajan al mismo tiempo que los demás, componiendo para escenas que nunca verán la luz (bueno, al menos no hasta que no salga un DVD de edición especial, corte del director, o versión extendida).

Pero la música que crean es también una obra independiente. No necesitamos de la película para disfrutarla (muchas veces, el CD sale a la venta antes de que se estrene la peli en los cines), y aunque puede ser que nos recuerde sus escenas si ya la vimos, podemos usarla también para disparar nuestra imaginación y crear en nuestra mente una nueva historia.

Algunos compositores parece "especialistas" en crear música para películas (mentales o reales) de fantasía, ciencia ficción o terror. Nos transportan a otros mundos o a otros tiempos, lejanos o no tanto, llenos de objetos y seres maravillosos o atemorizantes.

¿Ejemplos? John Williams, Howard Shore, Hans Zimmer, Don Davis, Danny Elfman, James Newton Howard y Basil Poledouris, son los que ahora llegan a mi mente. Pero estoy segura de que pueden encontrar más.

Marina Cuello (texto e imagen)

Viernes 8 de Diciembre de 2006

El extraño caso de las señoritas Griffiths y Wright