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Espacio creativo para personas de 13 a 18 años
 

Espacio disponible

Sábado 17 de Mayo de 2008

El enamorado, la muerte

elenamorado.jpgEra tarde. Los rayos del sol se estaban extinguiendo. Sus pasos resonaban, haciendo eco en los pasillos del hospital.

No era raro que tuviera que ir allí, pues la gente muere todos los días.

Los médicos corrían, como fantasmas deslizándose, con sus uniformes blancos. Cada vez que uno de ellos pasaba un escalofrío recorría el lugar; daban miedo.

Pero nada de esto hacía que se perturbara. Tenía un trabajo que cumplir, pero... ¡NO!

¡No podía hacerlo!

No sería justo. Además, no sería capaz de llevársela...

¡Tonterías! ¿Qué estaba pensando? Era inevitable.

Pero ella... ella no. No debía seguirlo.

Sintió algo cálido y húmedo que rozaba su mejilla. Una lágrima cayó.

La amaba. Amaba a aquella sin nombre, a aquella que permanecería en el anonimato para siempre.

¿Por qué? ¿Por qué debía ser así? ¿Por qué la única forma de evitar el sufrimiento era aquella?

No estaba dispuesto a aceptarlo. Pero, sin embargo, tuvo que callar. No quería, pero debía.

Siempre hay alguien que decide y otro alguien que debe actuar según lo decidido.

Sí. Tenía que hacerlo. No tenía alternativa.

Sus pies lo llevaron como en un sueño a aquella temible sala. Allí estaba ella. Suave y áspera. Peligrosa e inocente.

Su respiración pausada debía cesar. Sus latidos debían amortiguarse hasta la inexistencia.

Él la admiró durante unos segundos, luego le dijo: "Ven".

Se perdieron los dos.

En medio de una luz infinita él tomó un camino. Ella... se fue por otro.

¿Por qué?

(Foto por Tom Guilbert, publicada en Flickr bajo una licencia de Creative Commons.)


Presentación

Una nueva autora en nuestro Espacio disponible. Le pedimos algunas palabras que la describieran, y ésto es lo que nos contó:

"Hola, mi nombre es Anna Fowl, tengo 14 años, y vivo en Balcarce, provincia de Buenos Airess. Me encanta escribir, en especial cuentos, porque son más fáciles de terminar... :)

Voy a clases de guitarra, ¡y me encanta!

En mi familia somos todos muy "lectores" e interesados en la literatura y los libros, así que ya desde pequeña me fueron inculcando el hábito de la lectura.

Cada vez que en el cole nos dan algo para redactar (como un cuento, o un final alternativo, por ejemplo) soy yo la que más escribe, creo que es porque soy detallista, y bastante descriptiva.

Me gusta la música clásica, y la música pop, en general.

Creo que esta es la primaera vez que me animo a mostrar algo escrito por mí abiertamente, y espero que les guste...

Anna"


Domingo 12 de Agosto de 2007

Sara, Sarita...

ED_SaraSarita.jpgSe eleva por los aires y vuela en busca de una nube con la cual humedecerse. Una vez que la encuentra juega entre sus gotas, desprende risas y risas, relaja su cuerpo, desvanece su mente.

Y cae.

Desde la nube. Poco a poco. Lentamente. Cae.

Y cuando toca el suelo —cuando su espalda, con un estruendoso crack, roza el piso de piedra susurrándole todas sus aventuras en el cielo—, sus ojos se abren, humedecidos. Humedecido su cuerpo desnudo, pues el canto de la nube no ha dejado aún de enloquecerla. Humedecido de llanto su rostro, ante el infernal dolor que la caída ha causado. Humedecidos sus ojos, ardientes sus ojos, la sal los abruma, los quema, los hechiza con su fuego interno.

Las piernas temblando, las manos tensadas, el corazón acelerado.

La brisa vuelve a elevarla, pero ella apenas puede moverse. Se deja llevar, motivada por el cálido aire que la ayuda a desprenderse del dolor.

Las piernas relajadas, las manos relajadas, el corazón relajado.

Y ella, humedecida, flota con la corriente, recorre el cielo sin recorrerlo. Admira su belleza sin admirarla. Ya no siente, ya no arde, ya no disfruta.

Sara, Sarita.

Se eleva aún más en el aire y es llevada a una nube con la cual se humedece. Su cuerpo relajado, su mente desvanecida. El viento susurra, aparentando risas y risas.

Sara, Sarita...


Sábado 11 de Agosto de 2007

No se olviden

Espacio disponible

Quizás no lo recuerden, pero para todos nuestros visitantes de entre 13 y 18 años, tenemos un Espacio Disponible.

Está aquí para quienes hayan diseñado un sitio web o ropa, un mueble o lo que sea. También para quienes se destaquen en las artes plásticas, la fotografía, los cuentos o la poesía. Y también, por supuesto, para los músicos. Y para cualquiera que quiera mostrar algo que no se nos haya ocurrido todavía...

Como primer paso, tienen que ponerse en contacto con nosotros por e-mail a tamtam@ft.educared.org.ar.

Si nos gusta... el espacio es suyo.


Martes 6 de Febrero de 2007

Ana

ED_ana.jpg—Pero entonces, ¿no vas? —preguntó Ana.

—No.

—Pará, ¿me podés explicar bien por qué?

—Es sencillo: no me dejan.

Ana abrió los ojos aún más, de la sorpresa. Había dos opciones: o estaba escuchando mal, o le estaban gastando una broma, y había marcado el número equivocado.

—Fer, es tu fiesta de egresados —explicó, como si la otra no lo supiera—. ¿Cómo no te van a dejar ir?

Pareció como si la comunicación se pausara durante unos segundos, porque ninguna de las dos amigas habló. Al fin, Fernanda contestó.

—No sé, bolú. No sé. No me cierra. No entiendo qué les pasó, de repente no me dejan salir. ¿Sabés cuál fue la excusa?

En la cara de Ana se dibujó una sonrisa comprometida. Su amiga había comenzado a levantar la voz, a hablar en un tono violento. Por lo visto, estaba realmente furiosa.

—No, Fer, no sé. Pero bajá el tono, porque me estás aturdiendo. Contame, ¿qué excusa te dieron, esta vez?

—¿Esta vez, qué? —aulló Fernanda—. ¡Me decís esta vez como si nunca me dejaran salir! ¡Acá la que siempre tiene problemas sos vos, a mí me dejan siempre!

—Bueno, ¡perdón! Se me escapó, se me escapó —Ana no sabía donde meterse—. Dale, contame.

—Me dijeron que no podía porque lo hacían en un boliche en vez de en un salón.

—¿Y eso qué tiene que ver?

—Yo les pregunté lo mismo. Me dijeron que en los boliches vendían alcohol.

—¡Pero si vos nunca tomás nada!

—Eso también se los dije, pero igual no me dejaron. Igual ya fue, no voy y listo. Lo peor es que si la hubiésemos hecho antes de que empezaran las clases, me dejaban.

—Pero nos fuimos de viaje, ¡no podíamos hacer todo junto!

—Explicáselo a ellos.

—¿Y qué vas a hacer?

—Ya te dije, no voy a ir.

—¡Pero es tu fiesta! Si querés puedo hablar con los organizadores…

—No, ya se pospuso tres meses porque nuestro curso se fue de viaje, y después el D. Ana, somos cuatro primeros en total, no se puede posponer más.

—¿Me dejás terminar? Si querés puedo hablar con los organizadores, para que traten de convencer a tus viejos.

La fiesta de egresados de noveno año se había atrasado por varias razones. En primer lugar, en diciembre, el mes en el que se iba a realizar originalmente, no habían alcanzado los fondos. Más tarde, en enero, la mayoría de los alumnos habían aprovechado para viajar con sus respectivas familias. Febrero y marzo habían sido los meses de viajes de egresados, de noveno A y noveno D; imposible hacerla en esos dos. Los organizadores no sabían qué hacer. Los salones ya no les aceptaban más postergaciones, y optaron por un boliche bastante conocido.

Al final, la fiesta se haría el quince de abril.

—¿Vos decís que podrán? —preguntó, un tanto insegura, Fernanda.

—No sé. Pero por intentar no perdemos nada…

—No, dejá. Ya fue, mejor no metamos más mano.

—Bueno, pero, ¿qué vas a hacer, vos?

—Ochenta mil veces, te dije, Ana. No voy, y punto. Además, no va a estar tan buena.

—Gracias por tu optimismo, che. Sos re copada.

—¡Pero ya me tenés podrida! Lo único que falta es que me preguntes otra vez.

—Bueno, ¡qué querés! Me resulta raro que no vayas a ir. Vos siempre estás conmigo en los boliches…

—Estás gastando un montón de plata.

—¿Qué, hace mucho que llamé?

—Casi media hora.

—¡Boluda! ¿Por qué no me avisaste antes?

—¡Me olvidé! ¡No es lo único que tengo que la cabeza!

—Bueno, corto. ¡Me van a matar!

—Mañana no me llames, y recuperás lo gastado. O comprate una tarjeta.

—¿Dónde venden?

—En cualquier quiosco, creo.

—Pero no las sé usar. ¿Me explicás?

—¿Ahora?

—No, chau.

—Chau.

Ni bien cortó, Ana fue hasta el quiosco más cercano y compró una tarjeta para hablar sin usar pulsaciones de la línea. Cuando llegó a su casa, volvió al teléfono. Siguió paso a paso las instrucciones que, afortunadamente, las tarjetas tienen en el reverso, y marcó el número de Hernán.

—¿Hola? —atendió alguien.

—¿Hernán?

—Sí, ¿quién habla?

—Ana.

—¡Ah, hola Ana! ¿Qué decís?

—Que Fernanda no va a la fiesta.

—¿Eh?

—Eso, que no va.

—No, si ya entendí. Pero, ¿cómo que no va?

—No la dejan.

—¡¿No la dejan?! ¿Quién no la deja?

—¿Sos tarado? ¡Los viejos, no la dejan!

—¿Por?

Ana puso los ojos en blanco y empezó a contar. Hernán era el encargado de las entradas, y tenía más contacto con los organizadores. Por más que Fernanda dijera que no, no se perdía nada con intentar convencer a sus padres, y en una de esas lo lograban.

—Está bien, yo hablo con los organizadores, a ver qué dicen —aceptó Hernán.

—Genial, ¿y yo qué hago?

—Nada.

—¡Pero me siento una inútil!

—No seas pesada, Ana.

—Bueno, yo intento que Fer no se desanime. La invito al centro, a tomar helado, qué se yo. Algo hago, así colaboro un poco.

—Si eso te hace feliz…

—¡Andá a... ya sabés qué!

—No puedo, estoy hablando por teléfono.

—Bueno, chau.

—Chau.

Ana guardó la tarjeta en el cajón de su mesa de luz, entre dos discos, para que nadie la viera. Salió de su habitación y fue directo a la cocina. Ya iban a ser las diez, y todavía no había puesto el agua para los fideos.

Daba igual, al fin y al cabo iba a cenar sola, porque sus papás estaban en un asado de despedida de un compañero que se jubilaba, o algo así. Pero después de comer tenía que bañarse, estudiar Biología, que rendía en tres días, y conectarse un rato al Messenger.

Y encima quería ver el capítulo de Mujeres Asesinas, porque la propaganda estaba muy interesante. No, no iba a poder con todo. Bueno, no se conectaría.

Puso agua en la olla, y puso la olla al fuego. Se quedó mirando el agua, esperando a que empezara a hervir.

¿Y si esa noche, justo esa noche, se conectaba Lucho?

Las primeras burbujas comenzaban a aparecer. Buscó la sal en la alacena y le echó un poco al agua. Ahora sólo era cuestión de esperar.

Si, era martes, seguro se conectaba. Todos los martes, se conectaba. ¿Qué hacía?

Revolvió un poco con un tenedor, de una manera un poco tonta, y puso los fideos.

Terminaba de comer y se iba a bañar. Nada de cantar en la ducha, porque si no se quedaba ahí y perdía tiempo. Una ducha rápida y eficaz, como decía siempre Hernán.

"Me voy a dar una ducha rápida y eficaz y vuelvo". Decía siempre, por Chat.

Terminaba de ducharse, y estudiaba. Y a las once y media veía Mujeres Asesinas, aunque a veces empezaba más tarde. Hasta la una menos cuarto, más o menos, duraba.

Después tenía que seguir estudiando, porque con el tiempo que le dedicaba entre ducha y televisión no le iba a alcanzar. No tenía ni idea de lo que era el retículo, o como se dijera. Y eso era sólo una parte de la célula.

Empezó a poner la mesa: un plato, un cuchillo, un tenedor, un vaso…

No, no le iba a alcanzar el tiempo para chatear con Lucho, que encima estaba re poco tiempo porque iba a un cyber.

Se sirvió los fideos y les puso un poco de crema, para que no fueran tan empalagosos. ¡La servilleta! ¡Siempre se olvidaba de la servilleta!

Ya sabía qué hacer: dejaba la computadora prendida, y cuando se conectara Lucho iba y chateaba con él.

Les faltaba un poco de sal. Al final, siempre se quedaba corta con la sal. Tomó un trago de agua y se levantó a buscar el salero.

No, si prendía la computadora iba a preferir chatear a estudiar, eso lo sabía. Siempre le pasaba lo mismo.

Le echó sal a los fideos y siguió comiendo. Ahora estaban mucho mejor.

Bueno, no estudiaba nada. Total, al día siguiente había perfeccionamiento docente, y podía levantarse temprano especialmente para eso.

Le hubiera gustado comer fideos con tuco. Pero bueno, al menos, tenían sal suficiente y no estaban pegajosos.

Por suerte, esta vez no se le habían pasado.

(La imagen es un fragmento de una foto de "Syb-ill" en Flickr, publicada bajo una licencia de Creative Commons.)


Lunes 5 de Febrero de 2007

El perdedor

ED_sombra.jpg

El errar se ha vuelto parte de mi vida, y nadie me quiere ayudar.
Todo duele más cuando nadie está para protegerte,
Aprendí a protegerme solo, a no necesitar de ustedes.
Aprendí a odiar la compañía, a desear estar solo.
Cada intento es un fallo. Cada fallo una herida, directo al corazón.
Aprendí a no sentir, y soportar las falsedades del mundo.
Aprendí a no intentar demasiado y a no sufrir si fallo.
Aprendí que quien sea que mande está en mi contra.
Es como sentirse desterrado y no perteneciente, aunque hay muchos más.
Es como odiar al mundo, por odiarme, aunque nadie dijo que me odia.
Es como estar solo, por miedo a lastimar, aunque siempre esté rodeado.
Es como ir en contra de todo, para poder comprender que están en mi contra.

Soy una sombra, que no quiere hablar, ni expresarse.
Soy un mártir, merecedor de mis castigos.
Soy un soñador, soy un perdedor, soy desesperante.
Soy un pobre niño buscando amor...

Para encontrarlo y echarlo a perder.

(La imagen está basada en una foto publicada por "Lennbob" en Flickr, bajo una licencia de Creative Commons.)


Martes 30 de Enero de 2007

Pelotitas en un árbol

Foto por Eduardo Eleno


Domingo 21 de Enero de 2007

Te perdí sin tenerte

Foto por Simon SpinolaNunca me animé a decírtelo
porque pensé que nunca pasaría.
No fue tu culpa, no te odio.
Te perdí de la peor manera.
Te perdí sin nunca haberte tenido.
Hoy me siento a escuchar
las canciones que te dediqué en mis sueños
y nunca lo supiste...
Te perdí sin tenerte.
Y ahora un dolor me invade,
una furia hacia mí, de esas que se sienten
contra el peor enemigo.
Mi corazón dice que ya no llore,
pero mi alma no deja de sangrar.
Fue por mi culpa... ya no te voy a tener nunca más...



(La imagen está basada en una foto publicada por Simon Spinola en Flickr bajo una licencia de Creative Commons)


Sabrina Cavallo

ED_sabrina.jpgMás poesía en nuestro Espacio Disponible. Esta vez, la autora se presenta así:

"Mi nombre es Sabrina Nair Cavallo y tengo 15 años. Envié los poemas porque me encanta escribir y leer poesía; hace mucho que tengo ganas de tener una opinión, de alguien que no sea mi familia o amigos, sobre lo que escribo y ésta me pareció una buena oportunidad. El hecho de escribir me ayuda a descargarme... me ayuda a aclarar las cosas, por que creo que teniéndolas dentro de la cabeza no las puedo ordenar, pero sobre un papel es como que te das cuenta de todo lo que estás sintiendo y a veces no podés decir... es mi forma de pensar y de resolver los problemas."


Domingo 10 de Diciembre de 2006

Ella

EllaElla
humilde lo espera
llena de felicidad,
cuando recibe su ráfaga de luz.

La noche
recibe al día con una luna de nube.


(La imagen está basada en una foto publicada por "funsoft" en stock.xchng)


Sábado 9 de Diciembre de 2006

El espacio sigue abierto

Espacio disponible
Si tenés entre 13 y 18 años, y te destacás en alguna disciplina artística o de diseño, TamTam tiene Espacio Disponible para vos.

Si diseñaste un sitio web o cualquier otra cosa. Si te satisface crear dibujos o pinturas, sacar fotos, escribir cuentos o poesía. O si sos músico. O si tenés algo para mostrar que no se nos haya ocurrido todavía...

Ponete en contacto con nosotros por e-mail a tamtam@ft.educared.org.ar, y si lo que ofrecés nos parece bueno... el espacio es tuyo.


Sábado 2 de Diciembre de 2006

El día

eldia.jpgDebo mirarlo de cerca,
es como un león en acecho,
desdichado por los abandonos de la luna.

El día
cabe en la mano del bosque.

(La imagen es un fragmento de una foto publicada por Michael Fäs en stock.xchng)


Penélope Villaverde

Hoy damos la bienvenida a una poeta en nuestro Espacio Disponible. Tiene 16 años (casi 17) y así se presenta.

"Soy estudiante de literatura. Me considero una joven en sus inicios. Mi padre era amante de la lectura, y nos indicaba mucho leer poesía. Mi poeta favorito es Jorge Luis Borges, de Argentina, Vicente Gerbasi, Fernando Paz castillo de Venezuela, entre otros. Realicé un taller de lectura con la poetisa Milagro Haack (diálogo de literatura y orientación poética, durante un año). Resido en Caracas y soy venezolana por nacimiento. Me agrada la música barroca y los juegos de inteligencia, el mar, y estar cerca de libros. Estoy preparando un libro, Natural en natura, llevo 15 poemas, que parecen publicables y es la primera vez que me atrevo a mostrarlos."


Sábado 18 de Noviembre de 2006

El triste recuerdo

1811_recuerdo.jpgEl refugio del alma en pena
Se encuentra detrás de cada lágrima
No hay más que solo Sufrimiento
Ya no hay tristes canciones de Amor
Solo escapes fugaces al dolor
Y se apagan los sueños con el viento.
Es difícil mantener tu pensamiento
Ya no recuerdo que hace calor
En mis ojos destellos de un clamor
Que anhelan que surja un Sentimiento.
¿Por qué no me puedes perdonar?
Soy solo otro triste recuerdo
Esos que nadie se atreve a amar
¿Por qué cuando miro me esquivas?
Soy solo otro triste recuerdo
¿Por qué siempre vienes y vas?
Muy adentro grita el dolor
Vuelve a mi vida
Estoy Siempre en caída
No olvides, tráeme calor.
Y si alguna vez estás cansada.
Vuelve a mí princesa
Estaré tirado en la mesa
Esperando un cuento de hadas

(La imagen fue publicada por Anabel Barrio en Flickr, bajo una licencia de Creative Commons.)


Juan José Contrera

1811_juanjose.jpgUn nuevo creador en nuestro Espacio Disponible. Así se presenta:

"Hola mi nombre es Juan José, vivo en Temperley, Buenos Aires.

Tengo 18 años, los cumplí en agosto. Siempre me gustó escribir aunque lo hago solo por tiempos, en los cuales me siento con ganas de escribir, de expresarme, de contar y de compartir con la gente. Por eso es que siempre publico en Internet, lo que busco no es que me lean y me feliciten, al contrario; si escribo es porque me gusta que me conozcan a través de mis palabras.

Me considero un chico bastante detallista en general, aunque a veces esto resulta complicar más mis actos y a veces volver atrás antes de terminar para cambiar todo desde el principio. Esto siempre fue un obstáculo y aunque he logrado poco, sé que vale la pena tanto esfuerzo."


Martes 14 de Noviembre de 2006

1, 2, 3, 4, (5)

1411_eduardo.jpg

(Esta imagen forma parte de una serie de historietas. Haciendo click en el nombre del autor se puede ver su presentación.)


Martes 19 de Septiembre de 2006

Elegante soledad

1909_elegante.jpg

La vida me extraña? Me parece que no,
¿Qué belleza puede haber en este encuentro
De aire, deseo y dolor?
Glamorosos personajes se presentarán en esta mascarada
Esta que durará por mi eternidad.

Todos preparados, llegó la ironía, ¡estamos listos!
Bailaremos al compás de sus palmas
Marcará el paso de nuestros alientos
Nos mentiremos en cada vuelta
Mientras que la hipocresía será la maestra
Extiende las palmas, coge a tu pareja
Baila con la esencia del amor propio traicionado
Esperando la última pieza que no llegará.

Quiero dejar de respirar indiferencia
Dejar de bailar con la melodía de la traición
Dejar de beber orgullo
Aunque este me haga falta para poder mirar a los ojos al dolor
Tal vez el vacío de mi alma me invite a bailar
Compartiremos recuerdos y por un momento huiremos
Con solo pensar en el pasado y el futuro que no existirá jamás
¿Como llegué aquí? Lo recordaré en la siguiente pieza tal vez

El tiempo se ha ido, no sé si volverá
Pero qué más da, estaré aquí la eternidad
Mirando el otoño de los ángeles
Viviendo el florecer de los lotos
Aquí bailando con todos mis secretos
Esperando a que mi elegante soledad
Me deje morir, morir para poder vivir junto a tí.

(La foto, de Ricardo Montesdeoca, fue publicada aquí con permiso del autor)


Martes 12 de Septiembre de 2006

1, 2, 3, 4, (5)

1209_EduardoEleno.jpg

(Esta imagen forma parte de una serie de historietas. Haciendo click en el nombre del autor se puede ver su presentación.)


Sábado 19 de Agosto de 2006

Si pudiera alcanzar la luna

Foto por RafaelSi pudiera alcanzar la luna
quisiera abrazarla extasiada en mil perdones.
Me quemaría la ropa,
y correría desnuda por el campo.
Lloraría mis condenas y en un estanque límpido;
las ahogaría...
(lágrimas de cera y velas de hilo seco)
(aguas argentinas y mi cara sumergiéndose)
(una pestaña volando y luego,
nubes de bálsamo y albor).
Descalza y con ansias
volaría y dejaría que el aire me arrastre,
deseando alcanzar pasión por respirar polvo mojado...
Moriría sobre la hierba con los árboles resguardándome.
Amaría sin límites, reiría hasta el cansancio.
Si pudiera alcanzar la luna...
Sin disfraz mediocre mi alma existiría.
Mi verdadera faz, a la mentira desafiaría.
Quisiera poder hacer cosmos mi sentir
sin que nada pueda impedírmelo
Y amarme, soñarme, morirme todos los días...
Figuradamente,
si yo pudiera alcanzar la luna.

(La imagen fue publicada por "blank space" en Flickr, bajo una licencia de Creative Commons.)


Domingo 2 de Julio de 2006

Y hasta aquí se remontaban los recuerdos...

0207_matilde.jpgEra una nueva noche helada y espantosa. Era extraña pero la conocía demasiado bien.

Sin saber por qué, aun caminaba entre pinos altos y oscuros. Dejaba que el pelo lacio le arañara la cara con desdén y que sus pies arrastraran la tierra seca. Era de noche y ella no entendía.

Caminando como una autómata por ese sendero hermoso y discreto, que la lluvia había arrasado más de mil veces, los recuerdos bullían en su mente. Asomaba una cara pálida y un rosado amanecer que iluminaba la pieza. En ese entonces amanecía y ahora, anochecía. La luz del sol durmiente le permitía ver una chimenea apagada y gente caminando que hacìa mucho ruido sobre el piso. Las paredes eran mudos testigos de una discusión acalorada.

Aquel hombre de cara pálida lloraba entre sus fuertes dedos temblorosos y una mujer demasiado delgada gritaba y agitaba un papel en su mano. Poco a poco, a medida que el sol se volvía más fuerte y brillante, las palabras decaían para convertirse en sollozos interminables. Ella aun estaba en la cama y observaba a la familia.

El papel ahora estaba sobre la mesa, junto a un plato vacío que algún día había sido rebosante de pan y portador de abundantes desayunos con leche caliente. El papel estaba arrugado como la cara del hombre, y en él se lo citaba a una guerra infinita que le traería, sin duda, una muerte lenta.

Ella puso los pies sobre el suelo frío y llego hasta la mesa. Tenía el pelo lacio y los labios resecos. En mudo abrazo quedo la familia hasta que los estómagos rugieron reclamando algo que comer.

El día transcurrió normalmente pero la noticia estaba presente y el tibio sol era un adorno en el centro de la ventana. El sol era un adorno y la carta, una nube de tormenta y cruda realidad.

El tiempo pasó con vergüenza, lentamente, pasaron años… La niña ya no era una niña sino una mujer. Un día inesperado llegó correspondencia nefasta. La madre ya no era esposa sino sólo madre y viuda.

Y hasta aquí se remontaban los recuerdos de la mujer de pelo lacio, que caminaba con pesar sobre ese sendero estropeado... que cansinamente recordaba, y pensaba, y sentía desfallecerse... mientras el viento cruel rugía entre los pinos viejos...

Por fin llegó hasta una bifurcación que conocía de toda la vida. Un camino llevaba al campo, el otro a la gran ciudad. Lo había recorrido cada tarde con la esperanza de llegar y encontrarse cara a cara con su padre que volvía. Ahora sabía que lo único que encontraría sería la roca solitaria donde solía sentarse y los cableados de electricidad perdiéndose a kilómetros.

Se sentó en la roca y lloró todo lo que puede llorar un mortal que tiene los días contados, o incluso más. Lloró con ardor, miedo y enojo; lloró por su padre muerto y su madre abatida y por tener un plato lleno. Lloró con angustia; y lloró hasta que el sol semidormido comenzó a asomarse tímidamente por una línea del horizonte y entonces, una mano tocó su hombro. Una mano arrugada, pero fuerte; una mano conocida que le traía la paz imperfecta... una mano de carne y hueso, seguida de un brazo, un hombro, un cuerpo imposible... Y descubrió una cara pálida, un rostro sonriente aunque lleno de cicatrices; descubrió un amanecer lleno de verdad y una carta felizmente errónea.

(La imagen está basada en un foto publicada por Xose Ramos en Flickr, bajo una licencia de Creative Commons.)


Martes 13 de Junio de 2006

Sinfonía perdida

1306_espacio.jpgLe pediré al espejo de mi pasado que me diga cómo olvidarme de él
De las miradas de vida que me daba
De su aliento con sabor a primavera que me hacía vivir
¿Cómo podré caminar en medio de mis recuerdos?
¿En qué lugar tendré que esconder mi alma, para que no sienta el cruel invierno de su ausencia?
Cómo le mentiré a mi amor para que no se aventure a buscarlo, para que no se vuelva a encontrar en el arroyo del lamento, para que no se vuelva a poner la ilusión en los ojos, y no tenga que lamentar el camino sin él.

Compuse mi alma para tí, pero tu esencia se ha quedado en el papel de mis anhelos
que construí con el boceto de tu rostro
Y no puedo terminar mi vida
No puedo terminar de componer aquellas notas que me hiciste conocer
Pero que sin tí no tienen razón.
¿Podré acabar esta sinfonía?
¿Podré terminar de componer mi vida, sin la presencia de tu alma en el papel?
¿Cómo se puede amar a alguien que no te ve?
No solo tu ausencia hace que mi espíritu se ahogue en su propia nostalgia
Es también el no haberte conocido
El haberte amado sin saber quién eras
El haberte mirado sin ser correspondida
El verte caminar sabiendo que no era hacia mí
Y sobre todo, el saber que yo en tu mundo aún no existo
Porque simplemente nunca te hablé.

(La imagen está basada en una foto de Diana Castillo en Flickr, publicada bajo una licencia de Creative Commons.)


Diana Ortíz Mejía

Diana vio nuestra convocatoria y nos envió algunas poesías. Hoy publicamos Sinfonía perdida, y junto con el poema va la presentación:

"Me llamo Diana Ortíz Mejía, tengo 17 años, soy de Perú, en la ciudad de Arequipa, es una bella ciudad al pie de un volcán. No sé como hacer poemas, simplemente escribo, sé que me falta mucho para hacer buenos poemas pero por algún lado se empieza, creo que este no me salió tan mal. Escribo cuando pienso lo que sentiría en alguna situación determinada, el arte es belleza y no podemos vivir sin conocer el arte, las personas que no lo quieren entender solo se dedican a sobrevivir, no hay nada mejor que ser libre."


Domingo 11 de Junio de 2006

1, 2, 3, 4, (5)

1106_espacio.jpg

(Esta imagen forma parte de una serie de historietas. Haciendo click en el nombre del autor se puede ver su presentación.)


Sábado 3 de Junio de 2006

Lo que yo quiero

0306_espacio.jpgTráeme de tu casa esa rara alegría
Belleza inconfundible que es lo que yo quiero…
Tráeme de tu casa ese aroma extraño
Tráeme esas rosas blancas y un beso sobre su perfume…
Tráeme la seda que al tacto lastima con prepotencia
Tráeme la mirada que se va sobre el horizonte;
Allá, buscando futuros innegables…
Tráeme el agua que corre por las montañas
Que no es transparente porque todos la ven…
Tráeme esa esencia infinita
Que es la única que hace a las nubes llorar…
Tráeme esa respiración tranquila
Que al rozar las hojas se vuelve fuerte…
Tráeme el amor que nunca soñé
Tráeme las manos que se preocupan por el mundo
Tráeme la voz del que grita justicia
Y no me niegues una muerte compañera
Tráeme la música que jamás escuché,
La nota que canta la justa sobre un papel sucio
Tráeme la tinta que escribe la nota y una sana inspiración…
Aunque arda en deseo de poseerlas
O quisiera sufrir demasiado por tenerlas…
No me traigas ninguna de esas cosas porque mi vida
No tendría sentido si yo dejara de buscarlas…


Domingo 21 de Mayo de 2006

A la lluvia

2105_espacio.jpgLluvia, que te precipitas de noche
Me haces oír tus frases golpeando sobre el techo,
Cada gota que cae es una letra de tu interminable alfabeto.
Entre los canales de… mis pensamientos,
Te escurres dócilmente.
Haces que la oscuridad no sea miedo, sino una excusa para escucharte mejor
Y mientras te entiendo, lluvia,
En ese momentos callas.
Quizás para darte un respiro.
O, insegura, estarás decidiendo que decir después…
Y estoy a la expectativa, ya comienzo a extrañarte,
Cuando tu hermano el trueno da su último grito de guerra;
Y entonces, poco a poco, gota a gota,
Aún indecisa…
Vuelves con sutil timidez a hacerte oír contra mis ventanas.


Martes 16 de Mayo de 2006

1, 2, 3, 4, (5)

1605_espacio.jpg

(Esta imagen forma parte de una serie de historietas. Haciendo click en el nombre del autor se puede ver su presentación.)


Martes 9 de Mayo de 2006

Inquietud absurda

0905_matilde.jpgEs un rencor palpitante que palpita sin mirar
Unos ojos oscuros que sin verme ven
Aunque no lo pensaba ahora sí;
Hay vacío pero una llama en el fondo…
Hay un motivo, un resultado.
Hay una nada que es necesario llenar
Y no hay lo que hay porque no existe
Y mi filosofía que me dice…

Y en los grafitos de paredes sucias
Palabras, dejos, imágenes;
Quiero ser
Y quiero desearlo de verdad.
¿De que me serviría un vivir vacío si no vivo?


Matilde Mazzucco

El cuento "El padre, la hija, el mar" fue uno de los cinco seleccionados en el 4° Concurso TamTam de Microcuentos. Su autora, Matilde Mazzucco, nos envió poesías y cuentos para nuestro Espacio disponible. Así se presenta:

"Soy Matilde, tengo 16 años. Nací el 24 de diciembre del ’89 en Alta Gracia. Viví en Córdoba y en San Juan; y estoy en Río Cuarto desde hace 8 años. Leo desde siempre. Escribir es algo que traigo desde chica; aunque no he participado en concursos de literatura… Amo la música, la naturaleza (y mi piano); también ando a caballo y estoy estudiando inglés… aparte de ir al colegio.

Me encanta escribir, aunque no sea mi punto más fuerte. Espero que les guste, es la primera vez que le muestro a alguien mis escritos…

¡Gracias por leerme!"

Las obras de Matilde que podés encontrar en TamTam son: