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Espacio creativo para personas de 13 a 18 años
 

Residentes: J.G.R. Román

Lunes 8 de Noviembre de 2004

El gran viaje (y 7)

Séptima y última parte de este extenso relato de J.G.R. Román. Para leer las anteriores hacé click en los links correspondiente:

el-gran-viaje-7.jpgIrimidias, días de celebración entre razas

Ha terminado todo.

Cuando corríamos al segundo nivel empezaron a sonar cuernos, cuernos y más cuernos. Un pensamiento cruzó por mi cabeza, pero de momento se desvaneció, y la puerta del segundo nivel se cerró. Intentaríamos retenerlos desde ahí, sin esperanza alguna. Los cuernos volvieron a sonar, esta vez con más ímpetu, y desde lo alto de las almenaras vimos algo. Una manta entera de jinetes. El mayor ejército de caballeros en movimiento que haya visto en mi vida. De detrás de la colina aparecieron casi un millar de jinetes que avanzaban sin dejar vida a su paso. Los caballeros de Aran-Gîl habían llegado. En ese momento, vi a Aidot empuñar su espada, y a Aki, y a Ôk, y Loom-brui, y a Dualin.

Los cogí por el brazo, y les dije con serenidad:

—Hermanos, luchemos una última vez.

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Domingo 7 de Noviembre de 2004

El gran viaje (6)

Sexta parte de este extenso relato de J.G.R. Román. Para leer las anteriores hacé click en los links correspondiente:

el-gran-viaje-6.jpgCiudad de Irimidias, durante la gran batalla

Etapa VI

No hay nada más que hacer por ahora. Los soldados Tulsos están preparados para entrar en combate justo delante del mayor pico de la ciudad. En las dos caras de la ciudad habrá unos cien mil soldados, entre Enanos, Elfos y Kenders. La ciudad, cuadrada, fue construida por el rey de Angbar Eam-Dosi III, hace más de doscientos años. Pero sus defensas no se solidificaron hasta que el abuelo de actual rey empezara a construir decenas de torres donde están las catapultas. Grandes murallas de más de cincuenta metros en la parte más baja, y en la segunda muralla unos cien metros de alto.

Estuve hablando con el rey. Él estará en la cabeza de la batalla, será el primero en triunfar, o en morir. Ya no hay nadie en las calles, estoy en una habitación y miro al exterior desde mi ventana y me asombro. La ciudad entera se ha ocultado en el tercer nivel, en los palacios del rey. Si la batalla se tuerce, deberíamos defender desde el segundo nivel, y así hasta que el último hombre, mujer y niño de esta ciudad haya muerto. Voy a dejar de escribir. Cogeré el colgante del dragón, me enfundaré en una tosca armadura metálica, empuñaré la espada de mi padre, y daré un paso adelante. Junto a mis compañeros de viaje, lucharé, viviré, triunfaré o moriré.

* * *

Alabard guardó en un cofre los escritos, unos setenta pergaminos, y tiró la llave al fuego.

Caminó por la ciudad hasta lo alto de una almenara. Allí estaba Ai-Dari, pensativo. No había nadie alrededor. Casi doscientas mil personas y nadie hablaba, ni un ruido cortaba el silencio del día.

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Sábado 6 de Noviembre de 2004

El gran viaje (5)

Quinta parte de este extenso relato de J.G.R. Román. Para leer las anteriores hacé click en los links correspondiente:

Foto de Morguefile.comCiudad de Irimidias, capital de Angbar, a dos días para la batalla final

Etapa V

Hemos llegado a Irimidias. Por fin podemos descansar unos días, aunque no mucho. Todas las tropas leales al rey se han congregado en la ciudad. Pero antes de seguir con la ciudad, me gustaría escribir sobre la llegada, y en definitiva el viaje desde las minas. Acampamos cada noche en planadas donde tendíamos cientos de tiendas. A la segunda noche de acampada, recuerdo una escena que alegró mi corazón, aunque solo fuera unos minutos. Ya que es en tiempos de guerra cuando más se necesita del amor, es necesario alegrarnos cuando una persona lo encuentra.

A la segunda noche, cuando todos estaban ya dormidos, vi cómo salía de su tienda Eleanora. No me sorprendió mucho, pero sí lo hizo el ver a Aidot, el más pequeño de los hermanos Tulsos, salir de la tienda en busca de su amada. Desde mi posición de vigilancia junto a Aki, vi que los dos iban al mismo sitio, los dos se reunían en secreto junto a un río cercano. Me pareció sorprendente cómo incluso en tiempos de guerra el amor florece desde lo más profundo del corazón. También me sorprendió cómo por culpa de ese amor, el odio y la envidia entre dos personas puede surgir. Las salidas nocturnas se repitieron, siempre bajo la atenta mirada de Loidot. Hasta que a la quinta noche, éste no dejó salir a su hermano. Discutieron durante horas, y Aidot no acudió a la cita. Desde entonces, noto a la pareja algo distante.

Esa noche, tras asegurarse de que Aidot no saldría, Loidot corrió a caballo él solo, y no volvió hasta el amanecer. Parecería un detalle sin importancia de no ser por que ese mismo día, ya casi llegando a Irimidias, sufrimos una cruenta batalla.

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Viernes 5 de Noviembre de 2004

El gran viaje (4)

Cuarta parte de este extenso relato de J.G.R. Román. Para leer las tres anteriores hacé click en el link correspondiente:

Foto de MorgueFile.comMinas de Azucena, en las fronteras

Etapa IV

Estamos a diez de marzo, han pasado cinco días desde que saliéramos de Adonar, con un séptimo viajante. Falta una semana para que todo se resuelva: o mueren millones de seres en una batalla estúpida, o se libera al mundo para siempre de los malos encantamientos de las malas criaturas que lo infestan.

Bueno, pero antes de seguir con toda la historia, contaré cómo se nos unió un octavo viajero. Un duende llamado Lommb-Brui.

En el bosque apenas dormimos unas horas. Muy pronto nos despertó el rugido de una criatura. De nuevo los orcos hacían de las suyas. Sin poder prepararnos, cayeron sobre nosotros al menos doce ogros: también ellos andaban por ahí. Aunque intentamos defendernos, eran más y estaban armados. Nos hicieron prisioneros a todos. Tapándonos los ojos y atándonos de pies y manos, nos tiraron al suelo donde permanecimos quietos, con mucho miedo.

No soy un experto en lenguas oscuras, y menos en la de los ogros, pero sí pude diferenciar algunas palabras, de las que me arrepiento haber sabido algo. Palabras como "cart", que significa venganza, o "kretam, que quiere decir cuchillos. Pero nada de eso me asustó tanto como la expresión "naik-lôk tuyak". Que quiere expresar la muerte lenta de un prisionero.

Es en esos instantes que sientes tanto agobio que pierdes la noción del tiempo y crees estar en tu casa, junto a un fuego, leyendo libros de batallas ancestrales en las que pensabas que nunca estarías.

Nada podíamos hacer nosotros mismos, pero sí otros seres. Sabíamos que en esos bosques había duendes. Cientos de sus colonias poblaban el subsuelo del bosque. Nunca nos alegraríamos tanto de ello. No se sabe ni cuándo, ni cómo, surgió de la oscura noche un duende.

Seguir leyendo "El gran viaje (4)"

Jueves 4 de Noviembre de 2004

El gran viaje (3)

Tercera parte de este extenso relato de J.G.R. Román. Para leer las dos anteriores hacé click en el link correspondiente:

el-gran-viaje-3.jpgEn el bosque de Rhûm, lejos muy lejos de Adonar

Etapa III

Hemos escapado, por muy poco pero hemos escapado. Dos días de jornada o al menos eso creo, pues en esa maldita ciudad no se sabe cuándo es de día y cuándo de noche.

A la mañana, los dos jinetes partieron hacia la gran ciudad. Nunca más los vimos. Allí, todos nos preparamos para la que sin duda sería la más siniestra de todas las experiencias que habíamos sufrido o sufriríamos.

Desde la entrada vimos una torre donde supusimos que estaba la joven secuestrada. Recorrimos casi dos millas, andando entre las ruinas de la ciudad, ahora desierta, y en ocasiones inundada de agua.

La ciudad estaba hecha de estrechas calles, plazas gloriosas de épocas gloriosas, túneles provocados por el derrumbamiento de casas y estatuas.

Pero tan sólo habían pasado unas horas cuando manadas de orcos y trolls empezaron a surgir de los rincones de la ciudad y de las alcantarillas.

Gritaban pidiendo carne humana para cenar, pensando que nos derrotarían. Estábamos muy cerca de la torre, con las armas desenfundadas, los arcos listos para disparar y los hechizos de Ôk a punto de ser utilizados.

—Preparaos, hermanos de guerra. A mi señal, cargad —Dualin apuntaba a la cabeza de un troll enorme que llegaba—. ¡Ahora!

Arremetimos contra los orcos. Mientras corríamos, Dualin no paraba de sacar y lanzar flechas. Las espadas ondeaban al cielo, hasta que nos enfrentamos a nuestros enemigos. Los empujamos con fuerza y valor contra los muros. Aki manejaba el hacha, haciendo rodar cabezas. Loidot y Aidot alternaban el cubrirse con el escudo y el atacar matando enemigos. Al poco rato nos dimos cuenta de que teníamos bajo los pies una manta de criaturas. Ôk lanzaba fuego de las manos, Dualin alternaba arco con espada. Yo clavaba en la carne de nuestros enemigos la espada, y muy pronto noté que estaba empapado de sangre orca.

Seguir leyendo "El gran viaje (3)"

Miércoles 3 de Noviembre de 2004

El gran viaje (2)

Segunda parte de este extenso relato de J.G.R. Román. La primera parte está aquí.

Foto de MorgueFile.comMinas del bajo, ciudadela de Adonar en el reino de Angbar

Etapa II

Esa mañana dormimos hasta las 12:25 aproximadamente, apenas hemos desayunado, pues los caballos huyeron con todas las provisiones y en esta región no hay árboles frutales. Parece que la tormenta ha pasado, y brilla un sol típico de marzo. Hoy llegaremos a Erestir, donde recuperaremos fuerzas, y de allí intentaremos llegar a las minas del Bajo donde se encuentran las grandes torres de Artificio, torres de magia.

Desde Barbadose a Erestir tan sólo hay unos tres kilómetros de montes verdes y praderas infinitas. Barrancos increíbles que acababan en ríos llegados desde las montañas de Azucena, muy cerca de las Fronteras donde Aki se crió. A no ser que nuestro camino nos lleve en otra dirección, visitaremos las ancestrales minas de Azucena.

* * *

Hoy, cuarto día de marzo, nos disponíamos a buscar aventuras en la ciudad de Erestir, ciudad de las Maravillas. Esta gran ciudad es el último bastión de la convivencia entre razas. Humanas y no humanas. Allí conviven pacíficamente Enanos, Elfos, Kenders, y razas humanas del sur, de más allá de las tierras de nadie. Una ciudad muy poderosa controlada por los hechiceros del gremio rojo, al que pertenece Ôk.

La ciudad está rodeada de una inmensa muralla por donde los soldados vigilan todo el valle Largo y las colinas amarillas. En el centro de la ciudad, un gran castillo se alza más de doscientos metros, rodeado de cuatro torres mágicas, torres de poder. En ellas los magos canalizan su energía en caso de ataque, creando una membrana protectora alrededor de la ciudadela.

La ciudad es rica en oro, gracias a las minas que la rodean, en las cuales trabajan la mayoría de los ciudadanos.

* * *

Al llegar allí encontramos las calles medio vacías. La ciudad estaba desolada, no había nada del famoso jolgorio que la caracteriza. Las nubes habían vuelto, y una tenebrosa oscuridad había cubierto las tierras de alrededor. Recorrimos la ciudad intentando averiguar lo que pasaba. Muy pronto, a Dualin le bastó la mirada de unos niños para saberlo, aunque por el momento no nos dijo nada.

Seguir leyendo "El gran viaje (2)"

Martes 2 de Noviembre de 2004

El gran viaje (1)

Aquí empieza este extenso relato escrito por J.G.R. Román. Continuará durante los próximos días, un capítulo por vez. J.G.R. Román, nuestro nuevo artista residente, acaba de cumplir 16 años y vive en Jerez (Cádiz, España)

Foto de MorgueFile.comBarbadose V, junto a la montaña del Martillo dorado

Etapa 1

La primera etapa del viaje no ha sido muy especial. Salimos al amanecer del tercer día de marzo del año 3015 según el cómputo de Angbar.

Partí a recorrer el mundo con un Kenders hechicero, dos Humanos de Tulsia y un Enano de las fronteras.

Nada más poner un pie en las calles de las afueras de Andioris, el cielo se ha nublado, y nos ha acompañado una fría e invernal lluvia. Aunque al principio resultaba refrescante, luego se nos ha hecho incómodo el viajar con los ropajes húmedos. Para este viaje,
se recomendaba el no llevar armaduras, tan solo una fina cota de malla, unas espadas y unos escudos para los guerreros. Para el enano bastaba con una gruesa ropa fabricada bajo las montañas del reino plateado. Un hacha doble y un casco de oro y robizna. El hechicero Kenders llevaba una capa roja, y una gruesa túnica con un cinturón del que colgaban una espada, y varias bolsas con hierbas. También llevaba una bolsa de viaje, y un bastón aparentemente sin utilidad.

Yo tan sólo partí con una gruesa capa, ropajes de viaje, una bolsa con decenas de pergaminos, la espada de mi padre y un colgante con el símbolo de un dragón.

Los guerreros, que luego supe eran hermanos, se llamaban Loidot y Aidot (como es costumbre en Tulsia, se le añade "Ot" al nombre, simbolizando así, "hijo de"), que en la lengua del norte quiere decir, "hijo de árbol" e "hijo de Tierra".

El Enano, que había sido criado en las montañas doradas, se llamaba "Akizalahûm ets erem ik kaledumya", aunque todos le llamaríamos Aki. En el Akzallûm antiguo, quiere decir, "Akizalahûm hijo del bosque y el mar".

Nuestro guía, el hechicero Kenders, se llamaba Ôk.

Seguir leyendo "El gran viaje (1)"