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Espacio creativo para personas de 13 a 18 años
 

Residentes: Mariano Luis Pascual

Lunes 14 de Marzo de 2005

Delirios / Situaciones No Reales

espinas.jpg

(A Lulú y a Matmos con cariño)
(y mucho)

I/XV/IV
me iré a sufrir con tu cara
a un jardin lleno de espinas
clavan, hieren, pinchan
elevándome a otro mundo.

tendido allí, reposo
el sol muestra su última mitad
no hay idioma que traduzca
mis ansias de pasión fallida.

ya no tengo noción
confundido, me desangro
hasta perdí la razón
tu amor me da igual.

I/XV/V
no volveré a subir
despacio, me detengo
entonces comienzo a caer
con evidente desenfreno.

afecto en segundos
diablos en los dientes
espanto, ¡humanos miran!
vueve a clavar la rosa.

honda tristeza
soledad en grandes dosis
roja de sangre, mi almohada
lágrimas en las mejillas.

en el cielo
sirenas, nadan
lejos de ser
enormes, salvajes.

alzo mis ojos
tal vez te sigo
me hace mal tu luz
digo que me esperes.

I/XV/VI
¡estómagos enredados!
con mariposas cazadoras
solteras como las olas
inmaduras al infierno.

llamadas de alarma,esconden
universos sin brillo
camaradas y serpientes
todo de metal filoso.

si es mi muerte, quién sabe
tuneles claros, sin miedo
al final una puerta
cerraré mis ojos.

Mariano Luis Pascual

Martes 11 de Enero de 2005

Amor, ese que sólo podemos sentir

Foto de MorgueFile.comPrometieron encontrarse en el monte. Nicolás no podía esperar para volver a verla. Se sentía solo en el medio del mundo, como si no supiera dónde ir, como si el regreso a su casa le llevara media vida. Pero no fue así, al contrario. Estuvo allí en menos tiempo del que siempre le ponía. Lo poseía una extraña fuerza de esas que pasan fugazmente por el cuerpo cuando uno parece estar enamorado. Esos momentos en que la más leve brisa del viento al atardecer pueden hacerte volar tan lejos que llegarías hasta los confines del universo.

Faltaban muchas horas para la próxima noche a las once, cuando emprenderían un mítico viaje al montón de árboles que estaban en las afueras de la ciudad.

Nicolás llegó a casa y casi no comió. Quizá el revoloteo de mariposas que había dentro de su estómago no hicieron posible que entrara bocado alguno.

Sofía si comió, ella no estaba tan ansiosa, o probablemente no lo demostraba.

Nicolás miró el reloj el día entero hasta que escuchó las once campanadas que dio la torre de iglesia a lo lejos. Entonces fue al lugar acordado, y ahí estaba ella. Con el pelo bien liso y brilloso, la cara más pálida que nunca y los ojos tan vacíos que casi daban miedo. Así le gustaba a él.

Sofía agarró la mano de Nicolás y le dijo que estaba fría.

—La tuya también —murmuró el joven, mirando el camino de tierra como símbolo de extrema timidez.

Ambos parecían flotar a pocos centímetros del suelo. Iban lento, tomados de la mano y con la luz de la luna sobre la piel (lo que le daba un brillo sobrenatural, ya que eran casi albinos).

Trataban de que nadie los viera, querían preservar el misterio de su hermoso romance a escondidas.

Decidieron tomar un camino que no les era habitual, como agregado extra a la aventura. Fueron por una tranquila calle medio oscura (esas de ripio donde casi nadie transita). Aunque por casualidad, en ese momento, un hombre de unos 50 años los vio pasar y esconderse entre las ramas de un frondoso sauce.

El reflejo de las luces del coche sobre los ojos oscuros de los adolecentes le dio tanto pánico que llamó a la policía dando anuncio de tal escalofriante hecho —aparentemente— sobrenatural.

Nicolás y Sofía corrieron fuerte hasta que no aguantaron más y creyeron que estarían a salvo justo en el medio del monte, sobre un tronco grueso de algarrobo.

Vieron las luces rojas y azules que traen los autos de los policías y les dio miedo. Se acercaron uno al otro (como fusionándose) y sintieron bajar a muchos hombres con perros y linternas, lo que los horrorizó aún más.

Ya estaban cerca, si corrían seguramente los iban a oir. Si se quedaban, los encontrarían sin ninguna duda.

Ahora los oficiales de la policía del pueblo se situaban a sólo unos pocos pasos, lo que hizo que Sofía se sintiera muy mal. A tal punto que rompió en un corto —pero profundo— llanto.

Los hombres escucharon un grito cerca, un tenue sollozo que no iba más allá de sus espaldas.

Se dieron vuelta. No vieron a nadie.


Jueves 6 de Enero de 2005

Cosas brillantes

Imagen por Eduardo Abel Gimenez sobre una foto de Morguefile.com(Tenemos ahora los pocos minutos que nos dan para hablar, debido a que inventamos una historia de amor que los pudo engañar y que quizá sea cierta.)

Parecés brillante. Siempre brillás. Aunque puede que la oscuridad constante que está a mi alrededor no me deje apreciar esas bellas cosas que solíamos ver en otros tiempos. En especial las que tenían mucha luz. Como el césped cuando estaba apenas mojado y el sol le daba de frente, o los frascos de duraznos en conserva que comíamos mientras mirábamos televisión (te gustaban los dibujos animados más que a nadie).

Pero ya todo cambió.

Ahora terminaron de cicatrizar los cortes con navaja que nos hacíamos en los brazos para extirpar —de alguna forma— el dolor emocional que sentíamos por las cosas que suceden en la vida. La que hasta hoy no comprendemos.

Sólo tenemos pastillas para dormir, ya no más de esas rosas con las que podíamos volar como los ángeles que salían de las historias de amor que te contaba antes de dormir. Mientras te acariciaba el pelo, (aunque te dormías rápido).

Ya nada era real...

Laberintos de paredes blancas, mujeres con trajes extraños (nada que ver con los que vos te ponías para los dias que íbamos a gritar a la catedral mientras daban la misa) y otra gente que observa raro y que no nos gusta.

Me estás mirando a los ojos. Esos no son los que yo conocí. Pero sé que son los tuyos, y que puedo cambiarlos.

Entonces, justo en ese instante nos preguntamos si éramos felices... y dejamos de serlo.

(De una forma u otra logramos escaparnos de esa horrenda cárcel que no permitía que nuestras sonrisas expresaran felicidad. Corremos por el parque de la mano. Nos miran de reojo y hablan por lo bajo. Ya dejamos el manicomio atrás, bien lejos. Vamos a comprar un frasco de duraznos en conserva.)


Presentación

Mariano Luis Pascual es el nuevo artista residente de TamTam. Fue uno de los ganadores del Concurso TamTam de Poesía, con el poema Viviremos. Ahora dejamos que se presente a sí mismo:

Foto de Mariano Luis PascualSoy Mariano, tengo 16 años y vivo en una pequeña casa, con mis padres, al sur de la provincia de Santa Fe. Entre las cosas que más me gusta hacer, está escribir, dibujar, tocar el violín y escuchar a Björk. Elegí este relato para presentarme y que así descubran algunas caracteristicas mias que en él describo:

Lo que no fui

De pie, como era su costumbre, mirándome a los ojos, tan quieto que hasta dudaba de los latidos de su corazón.

Nunca me habló, las preguntas siempre fueron en vano. Muchas inquietudes que jamás me respondió.

Sus movimientos iban al compás de los míos, como lo hace la sombra que nos persigue sin que lo notemos.

Era suave, sensible, soñador. Nunca me lo dijo pero yo lo sé. A veces lo notaba en su amplia sonrisa que hacía solo en momentos muy especiales. Su inexpresividad le daba un toque de extraña presencia.

Quizá de donde él venía las cosas eran diferentes. A veces me preguntaba si los jóvenes semejantes tendrían también largas piernas, anteojos de grueso marco negro, pelo desprolijamente enmarañado y sabrían tocar el violín como él lo hacía.

En muchas ocasiones me vio llorar, y tambien lloró. Me vio reír e hizo lo mismo.

Lo odiaba, le tenía bronca, envidia, miedo.

La copia era tan exacta. Las impresiones de mis placeres y la esencia de mi ser me condenaban a tener que sobrevivir con él.

Estaba muy cansado. Tanto que decidí acabar con su miserable existencia.

Cerré mi puño, le di fuerte en la mandíbula.

Mis nudillos sangraron: había roto un espejo.

Mariano Luis Pascual