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22/07/2009

Cuentos, Lectores expertos

López

Fragmento de una imagen de María Ximena CarreiraTexto: Silvina Rocha
Imagen: María Ximena Carreira

López es un perro muy casero. Come comida dietética, mira telenovelas con su dueña, lleva la bolsa del mercado. Y… tiene una crisis de identidad perruna cuando conoce a su vecino Cartucho.

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Imagen por María Ximena Carreira

López es un perro. Así lo bautizaron. Tiene apellido por nombre.

Llegó a la casa de Fito, Marula y Flor, con sólo un mes. Ahí nomás le dieron mamadera. Se levantaban cada tres horas con su llanto como despertador.

Flor lo acunaba por las noches y Fito le cantaba canciones, le contaba el cuento de la buena pipa y le leía los cuentos de Las Mil y una Noches. Perro culto si los había.

Dormía en una cama al lado de Flor, le ponían piyama y en vez de lavarse los dientes le daban de postre una manzana (porque dicen que comer manzana te limpia los dientes).

Por las noches tenía su plato al lado de Fito. Mirá que lo intentaron, pero López siempre se resistió al uso de cubiertos. Lo bañaban con champú, le desenredaban el pelo, le secaban los rulos con secador, lo perfumaban y le colgaban una corbatita hecha a medida.

López, todo un señor, salía de paseo con collar, de puro coqueto, porque andaba sin correa, siempre al lado de Fito como “dama” de compañía…bueno…ustedes entienden…

López estaba gordo a pesar de la comida dietética, la zanahoria cruda y el pollo hervido. Tampoco habían logrado que levantara pesas o hiciera abdominales, porque López tenía su carácter.

¿Que hacía López en todo el día? Con tanto quehacer humano, a López le quedaba poco tiempo. Miraba la novela al lado de Marula, se levantaba cada tres horas para dar una vuelta en redondo y volvía a echarse en el almohadón azul dispuesto para él.

Para Marula era una buena compañía, con Flor en la escuela todo el día y Fito en el trabajo. Por ahí le decía:

—¿Viste López lo que dicen de Pamela? ¡No es verdad! Es una chica respetable, de su casa…

López levantaba sus ojos cansinos como asintiendo. O eso entendía Marula.

Cuando llegaba Flor de la escuela llamaba a López

—¡López! ¡Vení a ayudarme con la tarea!

Aunque era pésimo con las tablas de multiplicar.

Y cuando llegaba Fito, le decía:

—¡Venga amigo! Acompáñeme a comprar el pan para la cena.

Y allí iba López con la bolsa del mercado en la boca.

También se resistió a levantar sus necesidades. En su casa tenía un inodoro, un inodoro parecido al de los gatos, porque López era muy limpio y tapaba la cuestión sacudiendo las patas para atrás. Pero en la calle, todos andaban con su bolsita, como debe ser, por eso de no andar dejando tirada por ahí tanta intimidad.

Así la vida de López. Un perro casi humano. López era humano, no me malinterpreten, todo lo humano que un perro puede ser. ¡Si hasta había aprendido a decir “mamá”! De eso estaba absolutamente convencida Marula, aunque a la mayoría de la gente le sonaba bastante parecido a un ladrido de perro. Ya saben, algo como “guau”.

Todo andaba de maravillas en la casa de los Gil, la vida se deslizaba sobre patines en la pista de eso que llaman “lo cotidiano” (permítanme el giro poético) pero siempre aparece de improviso el palito, que hace que todo eso que transcurre sobre ruedas, se accidente.

Pasó que un día López salió con Fito como todos los días en busca del pan y apareció Cartucho. Hasta ese momento, López, ni enterado de la existencia de Cartucho, el perro de un nuevo vecino. Cartucho se lo quiso comer y un poco se lo comió, sobre todo una oreja, pero por arte de magia, después de masticarlo un poco lo dejó ir.

A causa de esto López estuvo medicado, atendido como el mejor enfermo, no sólo por la lastimadura, sino también por los ataques de pánico que empezó a tener. El veterinario era ya como de la familia de tanta y tanta visita.

Con el tiempo, López se fue recuperando y de a poco empezó a salir otra vez. Porque López era un perro digno y su hombría herida. (¿O cómo decir? ¿Perría?)

Lo animó. López pensaba que un perro tan qualunque como Cartucho, no podía amedrentarlo. Y trazó un plan, una estrategia para averiguar cómo Cartucho, tan desaliñado y sucio podía ser tan… perro.

Entonces, cada vez que salía de compras, pasaba ante la reja de Cartucho y lo miraba de reojo, lo estudiaba. Cartucho no tenía frazada en el lomo. Ni siquiera cucha tenía. Dormía a la intemperie, en verano e invierno. ¡Ni hablar de bañarse! El olor de Cartucho los días de humedad podía voltear a un elefante. No tenía collar ni plato de comida. Se lo veía bastante bien, en forma, musculoso, fibroso. ¡La envidia de López!

Cada tanto, por la ventana de la cocina, lo veía correr a lo loco. Cartucho les ganaba la carrera a todos. Detrás de la reja podía pegar saltos de dos metros mostrándoles los dientes a sus contrincantes. Una vez, lo encontró en la plaza, nadando en la fuente y cazando palomas. Cartucho… Tan perro…

López pensaba: ¿Qué más quiero que mi cama caliente y mi comida asegurada? Pero en el fondo no se convencía… ¿Que comería Cartucho? López se enteró, mirando como siempre de reojo: Carne cruda. “¡Que asco!”, pensó López, que nunca la había probado. Por último, un día se enteró de que Cartucho tenía novia. Una novia bien perra, como él, pero linda. Andaban de aquí para allá, inseparables.

Cartucho, sin lugar a dudas tenía una vida de perros y sin lugar a dudas, López se dio cuenta de que la suya, era bastante distinta.

López se deprimió. Dejó de comer, se negaba a bañarse y a salir de compras. Ya no se sentaba al lado de Marula frente a la televisión, desde la ventana miraba a Cartucho y soñaba con una nueva vida.

Pasó el tiempo y López estaba cada vez peor. El caso se volvió inmanejable y el veterinario recomendó vacaciones de forma urgente. Los Gil montaron a López en el auto y partieron rumbo a la costa. En el viaje se lo vio un poco más animado, sacaba la cabeza por la ventanilla dejando flamear la lengua al viento y empezó a ladrar. Bueno, no podemos decir: “¡Guau, qué ladrido!”. Pero con ganas, poniendo garra.

Cuando López pisó la playa enloqueció. Empezó a correr, desencajado. Corrió y corrió bajo un cielo de gaviotas. Y nunca más paró.

Jamás supimos qué fue de la vida de López, pero sin lugar a dudas, López dejó de ser un Gil.

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Hay 8 comentarios sobre “López”

  1. zoe7 y clau47 escribe:

    me encanto el cuento de Lopez y como vivimos en la costa me encantaría encontrarmelo un dia a ese perro tan perro.clau

    Me encanto el cuento seguramente sos una de las mejores escritoras .zoe

  2. Daniela Magnone escribe:

    Qué lindo tener ganas de escribir y escribir.
    Qué lindo Ser perro y tener ganas de serlo.
    Guau con ganas!
    Felicitaciones
    Daniela

  3. María Laura Dedé escribe:

    Qué lindo, Silvi! Hermoso cuento, tan perruno… Te felicito y me encanta que sigas publicando en Imaginaria. ¡Ah! las ilus, divinas!!!

  4. alejandra escribe:

    me encanto este cuentio , y ademass tiene el apelido de udaa de mis mejores amigas

    bzzz
    maria alejandra!!!!!!!!!!!!!!!!

  5. Silvina Rocha escribe:

    Gracias a todas por los comentarios !!
    Zoe, ojalá algún día encuentres a Lopez por la playa.

  6. Natalia escribe:

    La verdad leí por primero vez el cuento para un parcial en el profesorado. Me complicó la vida!!! Es un cuento agradable pero difícil de analizar. No sé si cuando me hagan la devolución del parcial me va a parecer un lindo cuento…

  7. zoé escribe:

    que linda historia y que lindo dibujo pero que triste lo de Lopez.Me encanto,felicidades!

  8. Analia Ruiz escribe:

    Adoro los perros, adoro los cuentos de perros y éste cuento es hermoso tiene sabor perruno y es un canto a la libertad y al amor por los animales, además tiene una pizca de humor que acompaña todos los condimentos. Felicitaciones!!1

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