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El Relato
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Basura de hoy, ¿problema de mañana?
Ecología urbana. Tratamiento de la basura. Contaminación del agua. Responsabilidades sociales.
 
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El relato

Escenarios

1. La mamá de Miguel no dudó. Hacía un par de días que Miguel no se levantaba. Ayer le pareció que tenía la frente caliente. Ahora, en plena noche comenzaba a hablar solo. Ella sabía. Lo envolvió en una frazada y lo llevó a la salita del barrio.

2. Con los resultados del análisis en la mano, el pediatra de Ramiro trataba de explicar la postración y la fiebre de Ramiro. No alcanzaba que la madre le diera de tomar Gatorade, ni agua con frecuencia: había que internarlo. Por eso, la instó a llevarlo urgente al Hospital. Luego verían si lo internaban en el sanatorio de la prepaga.

3. El silencio de la noche acrecentaba más el ruido del monstruo mecánico encargado de recoger diariamente la basura de la ciudad. Una cabina iluminada, un silencioso chofer al volante atento a las señales de los de atrás. Dos personas atrás que corrían, juntaban, tiraban dentro de la boca del monstruo. Agacharse, juntar, tirar, correr. Agacharse, juntar, tirar, correr. Una bolsa, otra bolsa, infinitas bolsas. Jorge Almirón y su amigo Pedro solos llenaban un camión con residuos… ¿Pero cuántos camiones hay en Buenos Aires? Basura con bolsas de supermercado, en bolsas verdes o negras de plástico, en bolsas de papel que se desarman… Te fijaste, Pedro, que no todos los barrios tienen la misma basura? Jorge pegó el grito y se subió al estribo. El camión aceleró para pasar la avenida. Un respiro.

 

En el hospital: dos historias, un problema

4. Miguel Faranda miró a su alrededor. Una sala larga con varios chicos que como él tenían instalados tubos y agujas. Su madre lo miraba, atenta. En la cama de al lado, un cartel le indicaba que su vecino se llamaba Ramiro Jaitt.

Esa noche, Miguel intentó dormirse, pero no podía. Recordó que Ramiro le había dicho que era del Rojo. El no, era bostero. No necesitaba ser un experto para darse cuenta que Ramiro venía de otro barrio. Pero ahora eso no importaba: los dos tenían algo parecido. Había escuchado a las madres que hablaban entre sí: que cuánto hace, que cómo empezó, que las cosas parecían que iban a mejorar.

La verdad es que Miguel juntaba cartones. Era cartonero como su viejo. Por eso no solo conocía su barrio, sino toda la zona que recorría con su carrito. El tren los dejaba en Corrientes y la vía. Se hacían Corrientes hasta Medrano y después tenían que volver para las 11 que pasaba el tren. El tren los dejaba cerca del depósito. De allí con el viejo, a la villa. Y al agua.

Seis camas, una mesa con una pata más corta apoyada en unos papeles que habían recogido, una silla para cada uno (él prefería una de hierro), la tele, la cocina. Su hermano Adrián, ya de 18, a veces traía plata y tenía celu. Entre todos aportaban y como decía el padre, ahora estaban mejor… Se acordó de su barrio. Lo quería.

El sabía que su casilla estaba al borde de lo que había sido el cauce de un río, invisible en estos momentos pues los vecinos, cansados de las inundaciones, lo habían tapado con toda clase de basura. Hasta hoy se acordaba como entre todos habían limpiado la basura que se acumulaba en la afueras del barrio y llenado el cauce del río. Finalmente y con esfuerzo habían tapado todo con una fina capa de tierra.

Sin embargo, fue peor el remedio que la enfermedad. No ocurrió en la primera lluvia, ni en la segunda. Pero al tiempo, el barrio se seguía inundando, el olor aumentaba y las napas se contaminaron. Hasta las cavas cercanas cambiaron el olor. Pero nada impedía que los chicos jugaran en ellas. En verano con el calor que hacía… ¿quién los paraba?

La presencia de la enfermera que venía con dos bolsas de solución fisiológica, una para él y otra para Ramiro, sacó a Miguel de su ensoñación y lo trajo de vuelta a la realidad del hospital.

- Se nota que el Ramiro tiene guita, pensó.

El agua… ¿Cómo estará el barrio con tanta lluvia?, se preguntó. Sabía hacer barquitos que ponían en el agua barrosa, pescaba con anzuelos de alfileres peces inexistentes, resistía el deseo de tirarse en la cava… Es que a veces pensaba como grande y a veces como chico.

Todo empezó un día en que no quiso salir a cartonear con el padre. Se quedó en la cama. En realidad se reprochaba el mismo de no ir a trabajar… Pero no tenía ganas.

5. El señor y la señora Jaitt con sus dos chicos se habían mudado al nuevo barrio después de muchos esfuerzos. Era un barrio cerrado, cercano al Luján, en el Tigre. Control en la entrada, camino pavimentado, mojón 15. Allí estaba la casa. Le pusieron “El sueño”. Habían trabajado mucho para tenerla. Un living con chimenea, el dormitorio principal, una habitación para cada uno. La cocina tenía un enorme ventanal con vista a un gran estanque, que era el centro de todo el barrio. Cada parcela, cada casa tenía una salida al “río propio”. Aunque todos lo llamaban así, era una desviación de las aguas del Luján. En el country el río corría tan perezoso que parecía totalmente quieto.

Ramiro se había hecho un experto en manejar el velerito de clase Optimist que le habían regalado para el cumple. Le gustaba tirar el reel. Incluso le había puesto nombre a algunos de los patos que se acercaban siempre que él salía de su casa y caminaba hasta el pequeño muelle.

En menos de seis años habían levantado el barrio. Todo era nuevo. Lo curioso era que las plantas crecían con un ritmo impresionante. Susana – la mamá Jaitt- que era la que se interesaba en las plantas, pensó primero que era por el jardinero, por el fertilizante, por la clase de plantas… Pero no dejaba de sorprenderse… Secretamente y con algo de vergüenza pensaba que tal vez era el efecto de que en el barrio no había cloacas y el pozo ciego tenía… un buen fertilizante.

El barrio se había asentado sobre lo que antes había sido un relleno sanitario. No siempre se estudian los terrenos donde se construyen los rellenos. Este era un suelo bastante permeable…

Lo cierto es que Ramiro fue el primero que se dio cuenta que los peces se morían… Panza arriba primero aparecieron unos pocos y luego fueron unos cuantos. A los primeros los sacó del lago, los envolvió y los tiró. Después eran tantos que no tuvo posibilidades de seguir.

Primero pensaron en el Luján. Pero todo parecía como siempre. El papá de Ramiro, precavido, tomó una muestra de agua y se lo dio a un amigo de la Facultad de Bioquímica, Carlos Santángelo. En realidad no dijo nada a los vecinos. Temía que lo acusaran de alarmista.

 

Laboratorio Central
Facultad de Bioquímica Médica

 

Dr. Carlos Santángelo:

A su pedido se le entrega el análisis de agua según muestra de agua superficial por Ud. suministrada.

Variable

Valores medidos
(mg/l)

Niveles guía para la protección de la vida acuática (mg/l) (Ley 24051)

Amonio (NH4+)

3

1,370

Sulfatos (SO42-)

67

s/d

Cloruros (Cl-)

20

s/d

Hierro (Fe+2)

65

s/d

Zinc (Zn+2)

10

0,03

Plomo (Pb+2)

3

0,001

PH

6,73

s/d

Demanda biológica de oxigeno (DBO)

25

s/d

Demanda química de oxígeno (DQO)

36

s/d

s/d: sin dato.

Presencia de Escherichia coli, Enterococcus faecalis, Clostridium perfringens y Hepatitus virus.

Los análisis indicaban que los valores de amonio, zinc y plomo exceden los valores guía de protección de la vida acuática (Ley 24051). La presencia de Escherichia coli, Enterococcus faecalis, Clostridium perfringens y Hepatitus virus revelaban contaminación cloacal.
6. Ya empezaba un nuevo día. El papá de Ramiro estaba en un bar de Belgrano tratando de terminar un balance. Vencían los impuestos y tenía que entregar el resultado a un cliente importante. Era muy temprano. Carlos Santángelo alteraría su rutina. Le llevaría el resultado a Jaitt, quien mientras tomaba un café leía una nota en el diario: Brandsen hará su planta de reciclado para que no le pongan un basural.

El ring tone de su celular lo volvió a situar. Su esposa le comenta la evolución de la enfermedad de Ramiro y de un vecino de cama que por extraña casualidad padecía lo mismo. Cuando Jaitt levantó la vista vio a Carlos con cara de preocupado.

- ¿Cómo que contaminación cloacal?; dijo algo ofuscado el padre de Ramiro. Entonces esto confirma lo que nos dijeron los médicos del hospital sobre Ramiro. No puede ser… En mi casa controlamos el agua, tenemos filtro, tomamos agua mineral de botella.

Con paciencia, Carlos le explica que el agua puede contaminarse y ser un vehículo para la transmisión de enfermedades. Habla de cómo el agua se pone en contacto con desechos de todo tipo en su recorrido subterráneo o superficial, transportando microorganismos y contaminantes y poniendo en solución los productos de la degradación de los residuos.

- Recién hablé con mi señora. Está en el hospital con Ramiro y otro pibe que tiene lo mismo. No puede ser… ¿todo está contaminado?, insistía el Sr. Jaitt. El silencio de Santángelo no hizo más que preocuparlo...

 

7. Un ruido ensordecedor lo hizo mirar por la ventana del bar. Almirón y su compañero, colgado en la parte trasera del camión recolector pasaban frente al bar, rumbo a la compactadora. Allí la basura sería devorada por un camión más grande y llevado a un terreno bajo, donde estaban haciendo un relleno, muy cerca de nacimiento del río Luján…

 

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