Mariano Sigman es licenciado en física por la Universidad de Buenos Aires y doctor en neurociencias por la Rockefeller University, de Nueva York. Investigó en ciencias cognitivas durante varios años en Paris, Francia, y actualmente es investigador del CONICET y dirige el Laboratorio de Neurociencia Integrativa en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA. Además, es profesor de la misma facultad y autor de numerosos textos de divulgación científica.
1) ¿Qué preguntas buscan llegar a responder algún día en tu laboratorio? ¿Cuál es la relevancia científica de esas preguntas, por qué es importante investigar este tema?
La neurociencia es la ciencia que estudia el funcionamiento del cerebro. Así como el estudio de la materia puede hacerse a distintas escalas (físicos estudiando partículas; químicos, moléculas; biólogos, células; meteorólogos, tormentas; etc.), el cerebro también puede estudiarse a distintas escalas. A grosso modo, yo trato de entender la arquitectura de los pensamientos, a la manera en que lo hizo Freud en su momento, tratando de entender el lenguaje de los pensamientos, pero de un modo un poco más “fierrero”. Tratamos de responder una pregunta bastante complicada: cómo funciona el pensamiento.
2) ¿Qué tipo de experimentos hacen para lograr responderlas?
La neurociencia integrativa es el estudio a gran escala del cerebro, donde integrativo se refiere a la integración metodológica: de experimentos, modelos, computación, matemática. Buscamos algo que pueda interpretar el pensamiento y traducirlo de alguna forma lo más rápido posible. Una máquina que esté mirando mi pensamiento, pudiendo entender mi pensamiento. Y que esa máquina pueda entender lo que yo quiero antes de que yo se lo diga, sin necesidad de que yo mueva un mouse o apriete un botón.
Una de las herramientas que usamos es el electroencefalograma, que es como conectar un montón de micrófonos o cámaras a la cabeza y “ver” qué es lo que está pasando adentro. Nosotros tratamos de ver el correlato fisiológico de lo que sucede dentro de la cabeza de una persona cuando pasa por ciertas experiencias.
Otro aparato que usamos se llama “Eye Tracker” y permite a una computadora saber a dónde estoy mirando, exactamente, a cada momento. Una de las expresiones más automáticas del pensamiento no conciente es a dónde apunta nuestra mirada, a dónde miramos. Así, la computadora puede darse cuenta de lo que para mí es importante en ese momento.
3) ¿Qué es lo que te resulta apasionante de la ciencia?
La ciencia es una aventura humana en el conocimiento. En su momento me resultó apasionante la simple curiosidad, la intriga. El deseo de resolver un misterio era lo más apasionante. Hoy me divierte y apasiona mucho más la trama que se arma al tratar de resolver esos problemas en grupo.
4) ¿Cómo decidiste trabajar de científico?
Me gustaba mucho la matemática, el pensamiento abstracto, la lógica. Pero en algún lugar era demasiado frío como para pensar en pasarme todo el tiempo en eso. Era como jugar al ajedrez, una especie de vicio mental que luego terminaba en una sensación de vacío. Desde hace mucho creo que es así, desde antes de entrar a la universidad - de hecho, en la búsqueda de ejercicios más concretos empecé estudiando economía -. Lo que me llevó a las ciencias naturales fue la lectura de libros. Los de divulgación me resultaron muy estimulantes, un engaño convencional…
5) ¿Qué aspectos del trabajo científico te gustan/divierten más, y cuáles te aburren/disgustan?
Me gusta la navegación en lo desconocido.
Me gusta la relativa mezcla de culturas.
Me gusta la frontera entre lo abstracto y lo concreto.
Me gusta trabajar con gente.
Y sobre todo me gusta no tener que levantarme temprano a la mañana.
No me gusta un vicio medio deportivo, de carreras, concursos e inflamientos de egos que es medio inevitable y bastante propio de la ciencia.
No me gusta tener que mandar infinitamente los mismos manuscritos.
No me gusta que uno no termine de desprenderse nunca del trabajo, que las preguntas que nos hacemos no dejen nunca de acompañarnos.
No me gusta tener que levantarme, cada tanto, temprano a la mañana.
