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El interés por la ecología ha crecido mucho en nuestra sociedad durante los últimos años. Nuestra creciente preocupación por el ambiente en el que vivimos se debe principalmente al rápido aumento de los problemas que afectan a nuestro planeta y que exigen una solución urgente.
El conocimiento de la naturaleza y de los cuidados que ella requiere deberían ser temas primordiales en los procesos educativos actuales. La Tierra afronta graves problemas tales como la contaminación de los suelos, la atmósfera, los ríos y los mares, que sustentan la vida. Se están perdiendo un gran número de especies animales y vegetales, produciendo una pérdida de balance en el ambiente que afecta seriamente a la calidad de vida y la salud de las personas, comprometiendo la capacidad de las nuevas generaciones para sustentar sus necesidades en un futuro cercano.
La ecología es una ciencia de síntesis, pues para comprender la compleja trama de relaciones que existen en un ecosistema toma conocimientos de botánica, zoología, fisiología, genética y otras disciplinas como la física, la química y la geología.
Los seres vivos están en permanente contacto entre sí y con el ambiente físico en el que viven. La ecología analiza cómo cada elemento de un ecosistema afecta a los demás componentes y cómo es afectado, dándonos una visión global del problema.
I.Conociendo los ecosistemas

Los ecosistemas son la unidad fundamental de la ecología. Cada ser vivo de nuestro planeta depende del equilibrio de los ecosistemas para sobrevivir, no sólo por el alimento, sino también porque las plantas reciclan nuestra atmósfera generando el oxígeno que respiramos.
Los ecosistemas intervienen también en el flujo del agua del planeta. Mediante su calor, el sol evapora el exceso de agua de la tierra, los vegetales y animales, que luego forma nubes en la atmósfera y lleva el agua a otros lugares en donde hace falta.
A pesar de que la mayoría de las personas ya no vivimos en ambientes naturales, dependemos de los ecosistemas para obtener alimento, abrigo y energía, regular el clima, proveer oxígeno y enriquecer los suelos para la agricultura y la ganadería.
Analicemos la siguiente definición de ecosistema:
Vamos a interpretar la definición por partes para poder comprenderla mejor:
Un ecosistema está formado por un grupo de organismos (seres vivos, entre ellos animales, plantas, insectos, microorganismos, hongos, etc.) y su ambiente físico (compuesto por sustancias minerales, tierra, rocas, agua, aire, etc.). Pero el requisito para pertenecer al ecosistema es que cada integrante, sea un ser vivo o una sustancia mineral intercambie materiales con los demás (pueden ser alimentos, agua, nutrientes, etc), recibiendo y devolviendo materiales al grupo en un ciclo constante.
Como vimos anteriormente, cada integrante del ecosistema intercambia materiales con los demás. Estos materiales que circulan constantemente están formados por materia, que es todo lo que podemos tocar, que tiene peso y ocupa lugar en el espacio. Los seres vivos y las sustancias minerales están formados por materia.
La materia circula de un integrante a otro del ecosistema cambiando su forma (por ejemplo, un ratón come pasto y luego produce desechos que se descomponen, vuelven al suelo y son usados otra vez por nuevos pastos) pero siempre se mantiene, es constante, y por eso decimos que es un sistema cerrado.
En cambio, la energía vital que usan los vegetales para crecer y alimentar al ecosistema proviene de la luz solar. El sol aporta su energía en forma de luz y calor, y no recibe nueva energía a cambio. Por eso decimos que es un sistema abierto.
Volvamos sobre esta definición focalizándonos en las palabras claves destacadas. ¿Podemos proponer nuevos ejemplos para cada una de estos conceptos? Si comprendemos mejor los términos podremos establecer relaciones entre ellos y entender mejor el significado de esta definición.
Analicemos ahora el siguiente diagrama de un ecosistema terrestre:
Tomamos como ejemplo un ecosistema de bosque templado (simplificado), utilizando especies de los bosques andino-patagónicos que se extienden al sur oeste de nuestro país. Podemos ver que cada integrante de este ecosistema tipo cumple un papel muy importante, y que el equilibrio de todo el “equipo” depende de que cada uno de ellos pueda desempeñar su función.
Algunos términos usados en la animación son muy importantes:
- Nutriente
- Desecho
- Evapotranspiración
- Precipitación
- Fotosíntesis
- Atmósfera
¿Cómo podemos relacionarlos entre sí? Por ejemplo, ¿de qué manera se relacionan la evapotranspiración con la precipitación? ¿Qué tipos de precipitación conocemos? ¿Cómo se transforman los desechos en nutrientes? ¿Qué aporta la fotosíntesis a la atmósfera?
Podemos buscar en la Red ejemplos de otros ecosistemas naturales (acuáticos, de desiertos, selvas tropicales, cavernas, etc.) y compararlos entre sí:
- ¿Qué elementos tienen en común?
- ¿De qué manera las personas se relacionan con ellos?
- ¿Qué relación tienen con el clima? ¿y con los suelos?
- ¿Cuál es el más pequeños de todos ellos? ¿y el más grande?
II. La cadena alimentaria

Todos los organismos del planeta necesitamos energía para vivir, crecer y desarrollar nuestras actividades. Al igual que las máquinas que creamos los seres humanos, todos los seres vivos somos “máquinas biológicas” que necesitamos “combustible” para funcionar. La diferencia está en nuestra forma de obtener esta energía vital…
Para sustentar la vida, la naturaleza desarrolló un mecanismo que asegura que todos los organismos reciban la energía necesaria mediante un circuito sin fin que aprovecha todos los recursos disponibles, reciclando cada material para asegurar que nunca falten: los ecosistemas. Cada organismo consume lo que necesita y devuelve al sistema materiales y energía que servirán para seguir sustentando la vida, como pudimos apreciar en el diagrama Planeta Activo.
Como los organismos en un ecosistema son muy variados, sus formas de obtener la energía vital varían también, y cada uno se especializa en una función específica para asegurar que el ciclo nunca termine y que cada material sea aprovechado y reciclado.
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- En la base del ecosistema se encuentran los vegetales, que producen su “combustible vital” mediante la fotosíntesis, usando la luz del sol y los nutrientes de la tierra. Por eso se los llama productores.
- Las personas, animales e insectos somos consumidores, porque a diferencia de los vegetales necesitamos alimentarnos de otros organismos para obtener nuestro “combustible vital”.
- Algunos consumidores son herbívoros, y necesitan alimentarse sólo de vegetales. Otros son carnívoros, y pueden alimentarse de animales e insectos herbívoros, o incluso de otros carnívoros.
- Las personas nos alimentamos de carne de animales, productos de origen animal como huevos y leche, y también de productos de origen vegetal, como frutas, verduras, semillas y cereales. Por nuestros hábitos de alimentación, pertenecemos al grupo de los omnívoros, que son los organismos que se alimentan tanto de vegetales como de animales.
Este pase de nutrientes de un organismo a otro mediante la alimentación asegura que los integrantes del ecosistema obtengan la energía vital necesaria. A eso llamamos “cadena alimentaria” o “cadena trófica”. Es una cadena en la que todos los organismos están relacionados y dependen de los que están antes para sobrevivir. Incluso los vegetales, que son los únicos organismos vivientes que no necesitan alimentarse de los demás, porque producen su propia fuente de energía, consumen los nutrientes que devuelven a la tierra los otros organismos con sus desechos.
Como muchos organismos se alimentan de más de una especie animal o vegetal, la cadena lineal que describimos antes pasa a formar una red en la que todos los organismos están relacionados entre sí. A eso llamamos “red alimentaria” o “red trófica”.
III. Tejiendo redes

Como vimos antes, los ecosistemas son mecanismos perfectos en los que se aprovechan todos los nutrientes para convertirlos en energía que usan los organismos para vivir. No hay desperdicios, ya que todos los materiales se reciclan para volver a sustentar la vida, recorriendo toda una cadena o red alimentaria.
Las personas somos los únicos organismos que pueden cambiar este mecanismo, para adaptarlo a nuestros deseos. No tomamos sólo el alimento del ecosistema, usamos también los materiales necesarios para fabricar casas, ropa, medios de transporte y todos los artículos que necesitamos para convivir en nuestras sociedades.
Gracias a la tecnología que desarrollamos, podemos combinar esos materiales para fabricar otros más resistentes o que cumplen mejor con las funciones que necesitamos, como por ejemplo aleaciones de metales, plásticos, papel, combustibles refinados para los medios de transporte, medicinas, productos de limpieza, etc.
Sin embargo, estos nuevos materiales son muy distintos a los que produjo la naturaleza, y los ecosistemas no están preparados para reciclarlos y comenzar un nuevo ciclo. Por eso, muchos de nuestros desechos no pueden ser aprovechados, y quedan en el ecosistema sin uso, o peor, dañando a los demás organismos y afectando el equilibrio. Esto es lo que llamamos contaminación.
Algunos de los materiales que usamos para fabricar nuestros productos se toman directamente de los ecosistemas, pero en otros casos necesitamos una mayor cantidad que la que el ecosistema puede darnos naturalmente, y entonces debemos cambiar el terreno para usarlo para la ganadería o la agricultura. También necesitamos una mayor cantidad de espacio que los demás organismos, porque construimos viviendas, fábricas y ciudades, y rutas para comunicarlas entre sí, y todo este espacio lo tomamos también del terreno en el que funcionan los ecosistemas.
Al cambiar el terreno rompemos el equilibrio del ecosistema en esa área, y los organismos que vivían allí necesitan no tienen a dónde ir. Esto es lo que llamamos destrucción del hábitat.
Los seres humanos podemos fabricar los productos que necesitamos para nuestras sociedades, pero no podemos fabricar la tierra fértil con nutrientes para cultivar nuestros alimentos y materias primas, ni los pastos para alimentar a nuestro ganado, ni el oxígeno que respiramos, ni el agua que bebemos. Para eso necesitamos a los ecosistemas, y debemos asegurarnos de que el avance de nuestras sociedades no afecte a su equilibrio.
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