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Fader, Fin de invierno, 1918,
Museo Nacional de Bellas Artes
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En momentos en que algunos chicos, jóvenes o adultos se recluyen en el hogar, en períodos de vacaciones o de riesgo sanitario, la casa vuelve a asegurar su lugar de protección, refugio. Se trata de un lugar que siempre tuvo, pero que se recrea y potencia cuando desaparecen de la vida cotidiana y de esparcimiento otros lugares educadores y de seguridad. Estamos acostumbrados a que las escuelas o los centros educativos de cualquier nivel nos ofrezcan esos espacios y de ahí que, más de una vez, hemos responsabilizado a la escuela de los aprendizajes básicos, de la adquisición de conductas morales apropiadas, de los hábitos lectores o del placer por aprender. Más de una vez, la escuela se introduce en el hogar. Es así cuando los docentes y profesores proponen deberes y actividades para que se realicen en el hogar, se obtenga información y se lleve a la escuela. De esa manera, continúan y expanden las tareas escolares. Se trata del currículo escolar y de que el hogar colabore con las escuelas para continuar con el ritmo de aprendizaje de los estudiantes. Los docentes, entonces, proponen y entregan cartillas, ejercicios, utilizaciones de los manuales que continúan con las prácticas escolares.
Imaginémonos, aunque sea por una vez, que en el hogar asumimos la responsabilidad de educar, tanto en el sentido amplio que caracteriza a los aprendizajes en el seno de las familias como en un sentido restringido, formativo y gradual. ¿Qué le propondríamos a las familias a la hora de armar un currículo hogareño? ¿Qué les propondríamos a los padres como educadores? En este espacio deseamos abordar estas preguntas y ofrecer algunas respuestas para el análisis y el debate. Se trata de un currículo diferente, sin desmedro del propuesto por las y los docentes pero que es construido por padres y chicos, de manera autónoma, abriendo un espacio curricular no escolar.
El currículo del hogar
Estamos convencidos de que el currículo hogareño no puede reemplazar al currículo escolar oficial, así como el escolar no reemplaza la función educadora de la familia. Aún cuando los padres hayan asistido al nivel de escolaridad que los niños y jóvenes transitan, difícilmente pueden ocuparse desde el enfoque de todas las áreas o disciplinas de su desarrollo y transformarse así en auxiliares del docente. Entendemos que es más desafiante y atractivo construir un plan de trabajo conjunto que comprometa algunas horas de actividad de los chicos y jóvenes y, otras, en las que adultos y chicos compartan actividades. Pero, más que el tiempo asignado, planear de manera conjunta estas tareas puede resultar un ejercicio singular y creativo: anticipar propuestas, elaborarlas, asignar tiempos, preparar los espacios para su concreción, los actores que intervendrán, entrevistas que se realizarán, llamadas telefónicas, consultas en la Web, mensajes de textos, entre tantas otras propuestas.
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Fader, La Mazamorra, 1927,
Museo Nacional de Bellas Artes
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Nos proponemos un currículo hogareño delineado en tres perspectivas diferentes. La primera está signada por saberes familiares, temas del anecdotario de las familias, conocimientos en los que hay que bucear, historias y tradiciones. La segunda trata de indagar la vida de poblaciones diferentes. Se trata de entender y compartir el mundo, más allá de los conocimientos locales y regionales. La tercera intenta compartir un espacio para la búsqueda, el análisis y la reflexión en temas de la cultura universal: el cine, la literatura, la música, la pintura o la escultura. No proponemos ejercicios ni herramientas. Se trata de las búsquedas e intereses familiares, propuestas a construir, actividades a compartir recreando un espacio de conocimiento y de comprensión de intereses y tradiciones.
1. La familia
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Fader, Las colchas, 1918, Museo Caraffa
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Entendemos que, a su vez, son tres las entradas posibles en este primer espacio del currículo hogareño. Las familias contienen en su interior historias y saberes que le son propios; conocimientos de la vida laboral que la trascienden y sentimientos morales que la orientan. Cada uno de estos espacios puede configurar encuentros entre niños, jóvenes y adultos diferentes.
- En cada familia, seguramente, hay intereses diferentes, historias para recordar, relatos para compartir, árboles genealógicos para armar, lugares para recordar; piezas todas que arman un rompecabezas de conocimiento familiar armados por lo que más le gusta a cada integrante, lo que más sabe, lo que recuerda y lo valioso para conservar.
- En cada familia hay saberes que hacen de cada uno de sus miembros adultos una fuente de conocimientos de profesiones y oficios. Estos conocimientos permitirían identificar los consejos más valiosos, las maneras en que se aprendió, los maestros que enseñaron, más que otra cosa, qué valía la pena aprender. Se aprendió de los maestros y profesores, de los padres, de algún abuelo, de un vecino u otro adulto y también es posible reconocer enseñanzas de una institución o de un nivel de la enseñanza. Se trata de un decálogo valioso de ideas, preceptos, consejos prácticos que se siguen u orientan las conductas.
- En cada familia hay enseñanzas morales que se consideran más valiosas y de mayor consecuencia o más amplias que inspiran la vida de ellas. A veces son posibles de reconocer porque se han trasmitido de generación en generación. En otras oportunidades son la consecuencia de alguna situación o condición familiar. Pensar qué hace singular a la familia es una maravillosa oportunidad para compartir lo importante y lo que vale la pena explicitar.
Asignar un tiempo para compartir un relato o una historia diaria referida a cada uno de estos tres espacios, ordenar, incorporar a los progenitores, a los abuelos, a un tío y planearlo distribuyéndolo en el tiempo y con los actores puede ser la primera etapa de la planificación del currículo hogareño que se implementará.
2. El mundo en el hogar: estudiar juntos una sociedad y cultura diferente
Padres e hijos pueden proponerse juntos analizar la vida y la organización de algún país remoto, su cultura, su economía, su arquitectura, las conductas de sus pobladores, su educación y tantas otras cuestiones. Analizar otras costumbres y aprender a respetar las diferencias, imaginarnos nuestra vida en esos contextos, temores y logros.
Los mapas, planisferios, las herramientas como el Google Earth, que permiten por medio de imágenes satelitales reconocer hasta la casa en que vivimos, los canales de televisión referidos a viajes, pueden formar parte de la aventura de viajar con la imaginación por la vida y costumbres de las diferentes poblaciones. Ubicar continentes, países, regiones, ríos y mapas, desplazarnos por el mundo, reconocer la alimentación, inventar comidas, podrán ser actividades planeadas y organizadas en las familias como ventanas a la vida de los pueblos.
3. El mundo cultural
El cine, la música, la pintura y la literatura, conforman el otro vértice extremo transformando el hogar en un espacio para hablar de las diferentes manifestaciones del arte. Ver juntos una película, escuchar música o analizar una pintura pueden transformarse en recorridos organizados de singular atractivo. Hemos elegido tres propuestas, entendiendo que son posibles muchas más y que dependen de la edad y de los intereses familiares que ponen el peso en una u otra.
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Fader, Los patos, 1920, Museo Provincial
de Bellas Artes Emiliano Guiñazú "Casa de Fader"
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Entendemos al cine-debate como un espacio interesante para el desarrollo de la capacidad de pensar, analizar, dialogar. Para ello deberíamos elegir una película de las que diariamente se proyectan en los canales de televisión o alquilar algún film sobre el que acordamos incorporar al currículo. Relatar el argumento de un film ordenando su secuencia, buscar datos de su producción y dirección en la Web, identificar críticas al film, escribir una crítica y debatirla en familia son pasos posibles que transformarían la visualización en un ámbito enriquecido de análisis. Reflexiones individuales o colectivas, comprender el final, imaginar finales diferentes e inventar otras historias, agregar personajes y conversar en torno a ellos, ubicarlos en otros contextos y discutir sus consecuencias pueden ser nuevas propuestas hogareñas que favorecen encuentros de conversación, de juego y de placer.
El currículo hogareño nos puede invitar a pasear por el universo. Para ello, diariamente podemos pasear por la Web buscando un museo, elegir un cuadro o una escultura, buscar su autor, analizar su vida, otras obras del mismo autor y pasear por su ciudad y país recorriendo sus tiempos, las calles o región en la que transcurrió su infancia y su vida. Es posible escribirle, imaginar las preguntas que le haríamos referidas a su obra e imaginarnos luego sus respuestas. Comparar las elecciones diarias, las preguntas y las respuestas durante el período en el que esta actividad se plasma.
- Compartir y comentar lecturas
Leer juntos o separados algún cuento, comentarlo, señalar las preferencias y compartir las mejores anécdotas, las más interesantes o sutiles, puede completar este espacio del currículo hogareño que nos permite introducir el cine, la pintura y la literatura como una perspectiva que complementa las visiones anteriores referidas a la familia y al mundo.
En síntesis, cada familia puede utilizar esos días en que las casas son refugio de seguridad como un espacio de aventuras y acción planeando y llevando a cabo actividades placenteras para todos que transforman los hogares en lugares en los que los adultos disfrutan con los niños y los jóvenes la travesía. Pueden, también, grupos de padres alternarse para conducir estas actividades y pequeños grupos de niños y jóvenes compartirlas. El currículo del hogar no debiera ser el lugar del ejercicio que se completa sino que requiere su propio sentido y orientación. El juego, el placer y la aventura debieran ser su motor y orientación cuando de lo que se trata es de construir un ambiente protegido y de valor.
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Edith Litwin es Doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires, Profesora Titular Plenaria de la cátedra Fundamentos de Tecnología Educativa de la Facultad de Filosofía y Letras –UBA- y Directora de la Maestría en Tecnología Educativa de esa facultad.
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