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Turner, El temerario remolcado a dique seco, 1839
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El tema recurrente de la enseñanza refiere, hoy, al estudio de los cambios que nos proporcionan incluir en el salón de clase el uso de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.
Las preguntas que nos hacemos refieren a si la calidad de la enseñanza se incrementa; si se aprende más; si se aprenden otras cuestiones distintas de las habituales y, quizás, lo más importante: si se aprenden a aprender o se crean otras habilidades cognitivas por el uso de las tecnologías. Todas son preguntas de indudable valor y todas pueden ser analizadas en el salón de clase. Las y los docentes de los diferentes niveles de la enseñanza pueden poner a prueba alguna o algunas de ellas y estudiar de qué modo y manera cambia la vida del aula a partir de estas inclusiones. En este espacio nos proponemos colaborar con estas inquietudes.
Las preguntas adecuadas
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Turner, Casa de Alexander Pope
en la localidad de Twickenham
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Los buenos deseos, las buenas intenciones o las creencias erróneas nos hacen muchas veces pensar que la utilización de tecnologías, por sí sola, tiene efectos positivos en cualquier aprendizaje. Muchas investigaciones en el inicio del campo de la tecnología educativa compararon los efectos de enseñar con y sin un medio tratando de controlar que todas las variables, salvo la referida a la tecnología que se incluía, fueran equivalentes. Así fue que se compararon dos experiencias: una con y otra sin tecnologías intentando que los grupos fueran homogéneos, las experiencias de los diferentes docentes que la implementaban, similares; la selección de los contenidos y las estrategias de igual valor. En innumerables oportunidades los resultados de estas investigaciones mostraron lo imposible de reconocer situaciones de clase similares. La vida del aula y los sujetos que participan en ella dan cuenta siempre de situaciones cambiantes, intereses genuinos particulares, modos de pensar y actuar por parte de docentes y estudiantes difícilmente equivalentes. Sin embargo, también en innumerables oportunidades se pudo reconocer la motivación que se generaba en los estudiantes a partir de trabajar con un medio nuevo. Resultaba atractiva la utilización de una innovación con independencia de su carácter pero cuando la utilización se transformaba en habitual perdía el efecto motivador.
Las investigaciones llevadas a cabo en los últimos años mostraron que los factores más frecuentes de éxito o fracaso de la incorporación de las tecnologías se vinculan con que estas incorporaciones se integren en un proyecto de la escuela, la formación de los docentes, la disponibilidad de apoyos técnicos y la abundancia y diversidad de materiales o software a disposición de los docentes. Se trata de factores diversos que asociados permiten pensar que favorecen la implementación de propuestas de uso. (Montero M. L. 2009; 154)
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Turner, El incendio de las Cámaras de los
Lores y de los Comunes, 1835.
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Estas cuestiones: la historia de las investigaciones, sus preguntas y sus resultados, el carácter complejo de los estudios actuales, nos hacen reflexionar en torno a cuál es la pregunta adecuada, cuál arrojará datos interesantes y valiosos respecto del sentido del uso, sabiendo separar lo que los políticos y los legisladores creen o quieren que pase y lo que los profesores están en condiciones de que ocurra.
Los usos actuales nos muestran diarios digitales, búsqueda de información en la web, ejercitaciones en diferentes sitios, comunidades virtuales entre escuelas o grupos colaborativos de docentes. En esos casos, es posible hacernos preguntas referidas al sentido, lo que cambia por el uso, el significado en el currículo o en las tradiciones de los docentes.
El sentido dinámico del uso de las tecnologías
El carácter cambiante de las tecnologías determina que los usos se modifican a una velocidad constante, que surgen nuevos usos y que esos, nuevamente, cambian el sentido de la utilización. No se trata, simplemente, de la actualización de un soft sino que se diseñan propuestas que alteran el sentido inicial, lo enriquecen o lo transforman. Esto implica que para docentes y estudiantes el desafío no es aprender a usar tecnologías sino aprender usándolas en una constante que reconoce que, en ningún momento se trata de la adquisición de un aprendizaje finalista. Por tanto, la situación a investigar implica poder construir una pregunta que varíe, que se recontextualice y que vaya más allá de un uso momentáneo o estático, y que, analice de qué manera se modifican los hábitos de estudio con el objeto de que los profesores puedan reconocerlos y potenciarlos.
Juana Sancho (2009; 30) cita una serie de investigadores que caracterizaron a los jóvenes actuales en función de las tecnologías que utilizan en tanto éstas podrían desarrollar capacidades nuevas. Es así como reconoce la generación de los Millenials, la del Mensaje Instantáneo, la del Homo Zappiens por su capacidad de atender a numerosas variables al mismo tiempo, la generación de la Red, la generación jugadora por su afición a los videojuegos y, finalmente, la generación Einstein celebrada por su inteligencia que los hace más rápidos, más listos, más sociables. Nos preguntamos, de qué manera podríamos identificar estos usos y sus efectos, si los hay en el estudio, en el análisis, en los materiales curriculares o en las habilidades cognitivas de nuevo tipo que les pidamos que desplieguen.
Nuestra mayor preocupación reside en reconocer estos resultados de las investigaciones recientes y pretender encontrar cambios en la calidad y cantidad de aprendizajes pero sin que las prácticas de enseñanza, sus estrategias y contenidos se modifiquen. Los usos de las tecnologías podrían configurarse como lugares simplemente de juego, entretenimiento o de resolución de las inquietudes personales de los jóvenes y no afectar sus recorridos escolares. Estaríamos, en esos casos, construyendo una escuela ficcional.
La necesariedad de la investigación
Las investigaciones que las y los docentes pueden llevar a cabo en las aulas tendrán, entonces, el propósito de identificar conductas habituales y prácticas de los niños y jóvenes y tratar de analizar cuáles, cómo y cuándo éstas pueden ser utilizadas con sentido en un curriculum renovado. Es probable que, para ello, también tendrá el docente que explorar qué prácticas cambian su sentido por la incorporación de las tecnologías y de qué manera él o ella se encuentra creando un currículo más genuino.
Edith Litwin
Cita:
- Montero Ma. Lourdes “Entre sombras y luces. Un estudio sobre la influencia de las Tic en el desarrollo organizativo y profesional de los centros educativos” en Gewerc Barujel A. (coord.) (2009) Políticas, prácticas e investigación en tecnología educativa. Barcelona: Octaedro.
- Sancho J. “Los sentidos cambiantes de la relación entre las políticas, la investigación y la práctica educativa en relación a las tecnologías de la información y comunicación” en Gewerc Barujel A. (coord.) (2009) Políticas, prácticas e investigación en tecnología educativa. Barcelona: Octaedro.
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