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Recursos para maestros


Reflexión /
Leer y escribir en la escuela

Le proponemos una serie de reflexiones y sugerencias para que leer y escribir en la escuela sean actividades enriquecedoras y placenteras para usted y para los chicos.

"Hablo de los lectores adictos (...), de los que están deseando volver a casa para arrebujarse dentro del libro que están leyendo; de los que acarician los libros y los olfatean y duermen con ellos debajo de la almohada; de los que abren un libro al azar para encontrar la respuesta a alguna pregunta, el consuelo a algún dolor; de los que retrasan la lectura de las últimas páginas para alargar el placer...", Graciela Cabal en La emoción más antigua.

Los textos literarios pueden suscitar tanto en quien los crea como en quien los lee, un proceso muy especial y complejo que algunos denominan experiencia estético-literaria. Este tipo de experiencia implica disfrutar libremente de su escritura y de su lectura, observando al texto en cuestión sin ningún interés práctico, ya que se trata nada más y nada menos que de un objeto artístico. (1)

Hay quienes han intentado explicar en qué consiste ese placer tan particular que sienten quienes viven una experiencia estética. Así, han distinguido:

  • El placer que implica ser receptor de una obra artística, lo que requiere recibirla desinteresadamente y percibirla de un modo renovado y diferente al que percibimos las cosas en la vida cotidiana

  • El placer producido por la experiencia de ser uno mismo el artífice de la obra

  • El placer de identificarse con algunos aspectos de la obra y poder, a partir de ella, reconocer y expresar las propias emociones

Probablemente -aunque a veces resulta difícil ponerlo en palabras- usted encuentre otros motivos por los cuales el contacto con una obra artística le produce placer.
Ahora bien, ¿qué sucede con los libros, la lectura, la escritura y el placer en la escuela? Si nos proponemos que en la escuela los chicos tengan una experiencia estética y vivan con placer el contacto con el mundo de la literatura, es importante estar atento a crear situaciones, climas y propuestas que lo faciliten.
Sabemos que no hay recetas ni resultados inmediatos, pero sí estamos convencidos de que detenerse a reflexionar sobre las propias prácticas, compartir ideas con los colegas y atreverse a renovar día a día es una manera de acercarse a este objetivo.

Aquí van algunas reflexiones que queremos compartir con usted:
  • Los chicos están en condiciones de disfrutar de la magia de las palabras
    Aunque sus competencias lingüística y literaria están en desarrollo, sus posibilidades receptivas en cuanto a sensibilidad, imaginación, emociones y capacidades expresivas, creativas y lúdicas, son potentes y menos estructuradas que las del adulto. ¡Nadie mejor que ellos para disfrutar del mundo de la literatura!

  • Romper con la rutina, ingresar al mundo de la ficción
    A la hora de leer, nada mejor que salir, aunque sea por un rato, de las situaciones cotidianas para sumergirse en el mundo de los libros, suspendiendo toda exigencia de realidad. ¿De qué modo? Algunos sencillo reordenamientos y gestos puedan ayudar: cambiar la disposición del aula, salir a buscar un lugar diferente para leer, realizar ejercicio de relajación para salir de la tensión habitual, son algunas posibilidades

  • Cada uno a su manera.
    No todos leemos del mismo modo. Hay a quienes les gusta hacerlo a la noche antes de dormir, en un viaje, en un bar, sentados en su escritorio, escuchando música, sin ruidos que los molesten, de a poco, todo de golpe... ¿Por qué no dar la oportunidad a los chicos de que descubran sus propios modos de sentir placer por la lectura?

  • Interrogar, expandir, recrear
    Los textos no son estructuras cerradas y son los lectores quienes, a partir de la lectura los dotan de particulares significados. Existen en ellos espacios que los lectores llenan con sus propias ideas, imágenes. Por eso, vale la pena disponer de momentos para compartir con los chicos –antes o después de la lectura- todas aquellas asociaciones, comparaciones, imágenes y alternativas surgidas como producto del encuentro entre el lector y el texto. Según Roland Barthes el acto de leer es "ese texto que escribimos en nuestro propio interior cuando leemos"

  • Todos tenemos algo para contar
    Aunque a veces cuesta encontrar el tema para una historia, siempre hay lugares y momentos con los que nos podemos contactar. Un viaje en colectivo, el recuerdo de un familiar lejano, un objeto encontrado en la calle, una noticia publicada en el diario, una mascota, un paisaje, un libro, pueden esconder fascinantes historias y personajes. La cuestión es cómo lo miramos

  • Escribir para que nos lean
    Disfrutar de los libros, disfrutar de lo que escribí yo mismo, disfrutar cuando mis amigos lo leen, disfrutar cuando mi texto llega a un desconocido. Uno de los modos en que la práctica de la escritura cobra sentido es cuando otro está allí para leernos. A la hora de escribir en la escuela, es importante que el maestro sea sólo uno más de los tantos lectores de las producciones de los chicos.

  • Un espacio de libertad
    Personajes contradictorios, historias inverosímiles, escenarios absurdos... Para crear es necesario dar rienda suelta a la imaginación. La escritura creativa deja de lado las finalidades prácticas y da lugar al juego, permitiendo la placentera creación de objetos imaginarios. Aunque escribamos a partir de consignas, aunque nuestros textos finalmente deban ceñirse a restricciones, a la hora de escribir, nada mejor que reservar momentos para jugar con las palabras. Luego habrá tiempo para sucesivas etapas de elaboración más concientes y racionales

  • Revisar y reescribir, como parte del proceso de escritura
    Hay quienes dicen que los textos no se terminan, se abandonan. Quien escribe necesita rever su obra, apreciarla en diferentes momentos, mirarla con "nuevos ojos". Las palabras nos ayudan a organizar nuestras ideas y las palabras nos permiten expresarlas. Siempre necesitamos un tiempo -aquí también cada uno con sus modos particulares- para sentir que la obra finalmente "tomó la forma" deseada

  • Ajustar y corregir: mucho más que tildes, puntos y comas
    A medida que un texto toma forma, las relecturas -individuales y grupales- permiten perfeccionarlo, hasta poder "abandonarlo". Y, en el proceso de revisión, no sólo cuentan los aspectos normativos. Son muchas las preguntas que pueden orientarnos: ¿será comprendida por sus destinatarios? ¿se mantiene el interés a lo largo del relato? ¿se repiten demasiadas veces ideas y palabras? ¿se logra transmitir el clima deseado? Cada obra y las expectativas de sus autores pueden generar nuevos interrogantes

Esperamos que estas reflexiones sean la fuente de nuevos interrogantes, lo inviten al diálogo con sus colegas, sean generadoras de nuevas lecturas, despierten consensos y disensos.