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¿Son egocéntricos, los niños y las niñas muy pequeños…?
Por María Silvia Rebagliati
Cuando nos hacen esta pregunta a padres, madres, educadores, adultos en general inmediatamente tendemos a contestar claro que si, casi sin dudar…
Podemos dar ejemplos y todo, pues nos hemos acostumbrado a pensar que a los más pequeños, les cuesta mucho compartir…quieren ser el centro y no pueden prestar los juguetes…, no quieren prestar las cosas…no saben compartir y entonces pelean…cuando no pueden ser centro hacen berrinches…quieren todo para ellos solos…Desde esta visión, la mayoría de las familias que llevan a sus hijos al Jardín esperan: que aprenda a compartir…, a jugar con otros…, a prestar… que se socialice… A su vez, cuando los niños y niñas no comparten, o se ocasionan conflictos en ese sentido, las maestras/os los justifican diciendo:… que querés? si en estas edades son “egocéntricos”, les cuesta mucho compartir..., no pueden ponerse en el lugar del otro…
En todas éstas frases, pareciera que la demanda de las familias hacia el Jardín, coincide con una de las funciones socialmente reconocida del Nivel inicial: la socialización de niños y niñas.
Entonces, si existe este acuerdo compartido entre maestras, educadores, padres e institución,
¡¡¿Qué tendrá de inquietante plantear esta pregunta?!!
Empecemos por pensar ¿qué quiere decir? ¿De donde viene este término? Concepto tan arraigado en el discurso pedagógico del nivel inicial y en el sentido común de los adultos.
Si buscamos el significado de egocéntrico encontramos que define a aquel que exagera o exalta su propia personalidad.
Sin embargo, no parece ser este el sentido con el que utilizamos este término para definir a niños y niñas pequeñas. Más vale nos referimos de este modo a las personas adultas.
No decimos que los pequeños son egocéntricos por que están destacando su persona o personalidad, sino que, más vale nos referimos a ser el centro o estar centrados en uno mismo, a no poder ponerse en el lugar del otro, a la dificultad para descentrarse…
En generalconsideramos que nuestros hijos e hijas, transitan una etapa en la que todo gira a su alrededor y son incapaces de aceptar los límites de los otros, como prestar sus juguetes o esperar turno.
Si vamos al campo de la psicología encontramos que el egocentrismo esunacaracterística que define a una persona que siente, o está convencido, que sus propias opiniones e intereses son los más importantes. Término derivado del latín ego, que significa yo. Una persona egocéntrica, centrada en sí misma, en su propio yo, no puede "ponerse en los zapatos de los demás” y cree que todos buscan lo que él busca o lo que él ve.
Parece que este sentido se acerca más a la concepción con que nos referimos a la primera infancia. Nos preguntamos ¿cómo ingresa este concepto al campo de la educación y crianza de niños pequeños?
Alrededor de los años 30, el investigador suizo Jean Piaget (1896-1980) retoma este antiguo término (había sido empleado por psiquiatras acerca de la esquizofrenia), lo vuelve a definir y a teorizar a partir de sus investigaciones con niños, para expresar la dificultad intelectual de descentración en los más pequeños.
Desde el punto de vista cognoscitivo Piaget dice:
“He utilizado el término egocentrismo
para designar la inhabilidad inicial para descentrar,
para cambiar una perspectiva cognitiva dada…”
En este sentido entiende que los muy pequeños tienen dificultades para retomar la perspectiva de los otros cuando no coincide con la propia.
Continúa diciendo: “Como he tratado de aclarar, el egocentrismo cognitivo se origina en la falta de diferenciación entre el propio y los otros puntos de vista posibles.”.
Se refiere al egocentrismo no–consciente del pensamiento, desde una visión intelectual y cognitiva. No obstante, en el ámbito educativo se ha malinterpretado este concepto y se ha tendido a confundir el egocentrismo, en el sentido intelectual del término (el de Piaget), con un egocentrismo afectivo y social, abarcando la totalidad del ser, en sus primeros años de vida.
Llegamos a lo inquietante de nuestra pregunta, pues:
la dificultad en el campo intelectual,
no implicaría dificultad en los campos social y afectivo.
En todo caso, la ausencia de relación intelectual
no implica la ausencia de relación social y afectiva.
En este sentido, como dice R. Zazzó (1986) la evolución del niño no es un pasaje de lo no social a lo social, cuyo progreso se mide por la disminución del coeficiente de egocentrismo; la evolución del niño, en todo caso, es una sucesión de formas distintas de sociabilidad.
Mirando estas imágenes podemos reflexionar acerca del egocentrismo desde la dimensión afectiva y social
Nacemos con la necesidad absoluta de otro, esta dependencia para hacernos humanos nos vuelve poderosamente orientados hacia la sociedad, con las capacidades para el amor, para el juego, con las emociones, como primeros repertorios para entablar un diálogo afectivo y social.
Esta inclinación hacia lo social implica que, muy tempranamente necesitamos desarrollar facultades para reconocer, compartir estados emocionales, para interpretar y anticipar las reacciones de los otros, para entender las relaciones entre los otros.
Ponerse en el lugar de otro y reconocer qué le está pasando, no le es ajeno o extraño a ningún pequeño pues, por el sólo hecho de ser humanos nos pasan las mismas cosas; dolor, tristeza, bronca, alegría, placer…
Los primeros años de vida no son un obstáculo a ser superado, lleno de dificultades e imposibilidades, el tiempo de infancia es un tiempo necesario, desde su significación e intensidad, valioso en sí mismo, fundamental y fundante de lo humano, en el proceso de conformación del sujeto.
Volvamos a las imágenes ¿nos atreveríamos a afirmar que esos bebés y pequeños y pequeñas que están compartiendo situaciones de alegría, juego, intimidad afectiva, proximidad amorosa, cuerpos, miradas, gestos, emociones, interacciones sociales, culturales…junto a otros son egocéntricos?
Me pregunto, cuando un niño no quiere prestar un juguete, o compartir un juego o esperar su turno, será que está atravesando la etapa egocéntrica y le cuesta ser sociable, o será que, a través del conflicto que se origina, está aprendiendo a conocer el mundo, a conocerse sí mismo y a los demás, las relaciones y el juego del poder, la regulación de las fuerzas, el cuidado del otro, el apego, la generosidad, el respeto al otro, los límites, la paciencia, la frustración, el enojo, etc.
Por todo lo expresado en este escrito les propongo hacer un cambio en la formulación cotidiana de la pregunta que nos convocó, y llevarla a una nueva enunciación:
¿Cuándo los más pequeños manifiestan
conductas centradas en sí mismos?
Así expresada quizásnos desafíe a los adultos a observar más el tiempo, el mundo de infancia, para diferenciar, según nuestras definiciones, lo que los niños/as son de lo que los niños/as hacen, propiciando justamente un cambio de mirada que no sentencia al ser diciendo …porque eres egocéntrico…, ni deriva de un mandato que ordena …debes compartir…
María Silvia Rebagliati
Es Profesora de Educación Preescolar, Psicóloga Social, Magister en Filosofía e Historia de las Ciencias. Capacitadora en Formación Ética y Ciudadana. Ministerio de Educación de la Nación.
Actualmente es profesora en el Instituto de Formación Docente para Nivel Inicial de San Carlos de Bariloche, Co- coordinadora y profesora del Postítulo de Especialización Superior en Jardín Maternal de CPE, Prov. de Río Negro, sedes: Bariloche y Viedma. Coordinadora del Departamento de Investigación del IFDC. Bariloche.
Ha participado como Consultora Especialista en Campo social y Ética en el Nivel Inicial para: Diseño Curricular Nivel Inicial CPE. Río Negro. Diseño Curricular Jardín Maternal. CPE. Río Negro. y en el Diseño Curricular Formación Docente de Nivel Inicial. CPE: Río Negro
Ha dictado cursos, talleres y conferencias sobre temáticas vinculadas a Infancia y filosofía, ética, lo social y su enseñanza en el Nivel Inicial.
Ha realizado investigaciones y publicaciones de artículos referidos a estas temáticas en ambos ciclos del Nivel Inicial: Jardín Maternal y de Infantes. |