Mi nombre es Daniel Nieves, tengo 41 años. Estoy casado y tengo dos hijos de 5 y 10 años.
Soy docente de nivel inicial, recibido en el profesorado Sara C. de Ecclestone en el año 1989. Además soy maestro en recreación y tiempo libre (estudié en una Institución llamada “Diálogos” entre 1985/86). Actualmente estoy cursando la carrera de Licenciatura en historia en la U.B.A.Mi formación la he ido profundizando a través de diferentes cursos, talleres y post-grados realizados en distintas instituciones públicas y privadas. Comencé a trabajar en el nivel Inicial en 1987 y desde entonces lo vengo haciendo en forma ininterrumpida. Comencé como auxiliar de sala y al tercer año tomé mi primer cargo de titular de sala. Desde ese momento he trabajado en varias Instituciones, y desde el año 1996 trabajo como docente titular de sala en la Escuela del Parque (barrio de Caballito); desde hace 6 años me desempeño como docente en sala de 5 años. Durante el resto de mis años como docente, también he tenido diferentes cargos en salas de 2, 3 y 4 años.
egr:¿Cuáles eran los juegos y juguetes favoritos de tu infancia, con quien los compartías, los fabricabas vos, en que espacio físico?
dn: Mi infancia fue de muchos juegos más que de juguetes, básicamente por que vivía en un barrio donde había muchos espacio verde, como así también viví luego en otros barrios donde jugaba mucho en la vereda (Villa Urquiza y Villa Pueyrredón, ambos barrios de la Cap. Fed.) Mis juegos preferidos, en general fueron el fútbol, andar en bicicleta, “jugar” en los juegos de plaza, y después también aparecieron otros juegos que tenían que ver con armar casas o espaciós de juegos con diferentes elementos de mi casa
(por ej. Sábanas, mesas, etc). También me acuerdo de jugar mucho
a juegos de persecución, como por ej. “Poli-ladrón”, o “Las escondidas”.
En relación a juguetes, lo que más he usado fueron autos, algunos muñecos. De más grandes aparecieron otro tipo de juguetes como por ej. juegos de mesa (Cerebro mágico, Mago Chang, Costa azul), metegol y escalectric. Todos estos juego los compartí mucho con mi hermano principalmente (es dos años más chico), con primos y también con diferente amigos del barrio y de la escuela.
egr: En relación al mundo que viviste en tu infancia, de relaciones familiares y escolares...¿crees que las propuestas y espacios lúdicos que tenías al alcance propiciaron tu decisión de ser maestro libremente?
dn: Particularmente mi decisión de ser maestro y en especial de nivel inicial, fue totalmente libre y conciente. Si tengo que hacer un poco de historia no tengo registro alguno de haber pensado durante mi infancia, ni adolescencia, que mi futuro iba a estar relacionado con la docencia. Hasta 4º año de secundario pensaba estudiar Arquitectura, pero ya en 5º año y a punto de terminar mi secundaria había decidido estudiar “Comercio exterior”. En esto hago un punto aparte, mi papá se dedicaba a esto en su trabajo, y es más, aún sin contradecirme, no me alentaba mucho para que siguiera esa carrera, igualmente me apoyaba junto con mi mamá en la decisión tomada. Mi carrera de estudiante de “Comercio Exterior” duro apenas dos meses, en ese año y luego de unos encuentros con un especialista en adolescencia y test vocacional de por medio, apareció algo que tenía que ver con lo humanístico, la docencia y con los chicos. Tal vez en esa época empecé a formalizar algunas situaciones que se daban a nivel personal y familiar, como por ej. mucho gancho con nenes chiquitos, o primos, con los que yo sentía desde lo informal que siempre me gustaba jugar con ellos, en los eventos o reuniones familiares. Luego de eso empecé a estudiar “Educación especial” y al tiempo me di cuenta que no sabía si iba a sostener el trabajo en ese ámbito. Mientras tanto había empezado a estudiar Recreación, ya que tampoco me cerraba la idea de estudiar Magisterio o Ed. Física.
Finalmente y cuando ya estaba trabajando en una actividad recreativa, comencé como ayudante en un grupo de preescolares, y la sorpresa fue muy buena ya que me entusiasmaba mucho estar a cargo de niños de esa edad. Casualmente en ese año (1986) leo en el diario que se había abierto la inscripción en el profesorado de nivel inicial para varones, comencé a averiguar en dos o tres y en el año 1987 comencé con mi formación formal para el nivel. Una vez tomada la decisión tuve el total apoyo de mi familia y como además empezaba a trabajar en un jardín como ayudante al mismo tiempo, fue todo como muy coherente. Tampoco tuve situaciones de censura ya que para esa época yo me relacionaba más con gente que empezaba a estar en el tema o actividades parecidas.
egr: ¿Como era participar de un espacio de formación con predominancia femenina? ¿Había alguna materia en relación a la vivencia y prácticas lúdicas?
dn: Al comenzar a estudiar y trabajar justo en el mismo año (1987), me encontré con dos situaciones distintas. Si bien el profesorado lo empecé con mucho entusiasmo, debo reconocer que me generaba cierto desconcierto esto de ser uno de los cuatro varones que empezábamos, entre casi mil mujeres (debo reconocer que el primer día que llegué me sentí demasiado observado). Lo que puedo agregar en relación al tema de haber estado en un espacio con predominancia femenina es que por ej. Al momento de recibirme, mi diploma o título figura como “Profesora” si..si.. en femenino. También recuerdo algunos comentarios de alguna profesora de Ed. Física que sostenía que los varones veníamos a “perturbar” el profesorado. En general no tuve mayores dificultades con mis compañeras, no obstante escuchaba algunas quejas, porque yo opinaba en las clases y me cuestionaban por eso, aún así lo único que yo intentaba era participar en clase con las cosas que iba aprendiendo ya de la profesión. En relación a la predominancia femenina en los Jardines en que estuve trabajando, particularmente, nunca fue un tema que me trajo dificultades. Si tuve algunas situaciones algo graciosas, como por ej. Una vez pasó una secretaria mostrando uno de los jardines en que yo trabajaba y le iba a contando a unas mamás que tenían, el patio con juegos, terraza, salas, un maestro varón (nunca supe si era bueno, si era parte del “mobiliario”, debo admitir que me sentí más un “Latin lover” que un profesional jajaja). Reconozco que en los jardines que trabaje siempre fueron bastante abiertos ideológicamente y acordaban con la propuesta de la inclusión del género, en la escuela que trabajo actualmente hubo algunos años en que en las cuatro salas de 2 a 5 éramos todas parejas pedagógicas. Para terminar, cuento que últimamente he tenido una entrevista en una consultora por un cargo de Coordinación para un jardín, y si bien la persona que me entrevistó sostenía que ella me proponía para el cargo, porque daba con el perfil profesional que se buscaba, me admitió que lo veía difícil, ya que la escuela no vería con buenos ojos que fuera un varón como Coordinador.
Volviendo al tema de la formación, comente que yo empecé como ayudante de un jardín (situación que también me generaba mucho entusiasmo) al mismo tiempo que el profesorado. Mi sensación era que aprendía mucho más en el trabajo que en el profesorado, era como sentir que lo que pasaba en un mes concreto de trabajo era todo lo que tarde en ver en tres años de profesorado. Y por supuesto sumándole que una vez terminada la carrera, registré que nunca se habían mencionado temas trascendentales, (como por ej: límites, relación con las familias, reuniones de padres, etc) sin dejar de mencionar, que tal vez por problemas de organización o planificación dentro del profesorado, en psicología evolutiva sólo llegué a ver hasta el primer año de vida, pero bueh… por suerte uno puede seguir formándose, en otros espacios, por toda la vida….Con respecto a, “si había alguna materia en relación a la vivencia y practicas lúdicas”, yo no tengo más registro que alguna que otra clase de Ed. Física del profesorado y a la materia Taller donde teníamos que fabricar juguetes didácticos. Debo reconocer, que a lo largo de mi carrera docente, y aún teniendo facilidad para realizar trabajos de plástica o manuales, nunca más preparé este tipo de materiales. Las experiencias y aprendizajes ligados al juego, los tuve en otras instancias de capacitación.
egr: ¿Qué aportes crees que puede hacer la pareja pedagógica en la construcción de la identidad/subjetividad de los niños/as? ¿Es posible trabajar con un curriculum que respete las individualidades y genere espacios de exploración en cuanto al género?
dn: Con relación a esta pregunta y recordando las veces que me han preguntado sobre como veía yo la participación de los varones en la docencia del nivel, siempre me costó darme cuenta cual sería el “beneficio” o si aportaba un beneficio extra, para los chicos.
Quizás algún especialista en psicología pueda argumentar mejor si existe alguna
diferencia en cuanto a la construcción subjetiva de los niños.
Me ha tocado estar en grupos de nenes muy pequeños y me hice cargo de los cuidados y acciones tradicionalmente pensadas como propias de las mujeres, al igual que hoy lo hacen muchos padres con sus hijos. Para mí no ha habido diferencias considerables. Sin embargo, hay una expectativa en el común de la gente, en los padres especialmente, de que al ser varón sería más sencillo el tema de la puesta de límites… cosa que tampoco comparto, como una cuestión de género sino de mejor preparación, diversidad de estrategias y actuaciones en el docente en general.
Ahora desde la posibilidad de trabajar con una pareja pedagógica, me parece que lo “rico” es que los chicos puedan tener desde la educación formal la posibilidad de relacionarse con ambos géneros, como algo más parecido a lo que sucede en la vida cotidiana (padre, tío, abuelo), revirtiendo así la tendencia a un predominio tan femenino en las figuras de referencia.
En cuanto a los juegos y propuestas pedagógicas, particularmente reconozco que siempre intenté que los chicos pudieran desarrollar su posibilidad de juego ofreciéndoles distintas alternativas o materiales sin hacer distinción de género. Me parece que siempre traté de hacer esto sin recurrir al “discurso” de que todos podían jugar a todo, si no más desde la acción, porque además “puse el cuerpo” pudiendo jugar “disfrazado”, “darle de comer a un bebé”, o “cocinando”, de la misma manera que juego con los chicos al fútbol, a juegos más corporales, incluyendo de la misma manera a varones, como a las nenas que lo deseen.
egr:¿Qué crees que hace falta en el acercamiento de los docentes a la infancia en el ámbito escolar de hoy, para que haya un verdadero crecimiento de ambas partes en el sentido de los juguetes y el jugar?
dn: Creo que haría falta revisar las concepciones que portamos tanto sobre la infancia como sobre el juego. También revisar los lineamientos pedagógicos y curriculares, hemos oscilado entre el vaciamiento de contenidos y el vacío de juegos, perdiendo espontaneidad,
disfrute, en pos de desarrollosdisciplinares.Me preocupa además, la enorme industria montada para el consumo, destinada a la infancia, mientras que se desvaloriza el lugar del juego, disminuye el tiempo de juego, los momentos de ocio o de no tener todo planificado, tanto para los niños como para los adultos.
egr: En este espacio te proponemos compartir algo que no hayamos charlado, quizás un mensaje, una frase, poesías?
dn: Lo único que podría agregar es que siempre me resultó difícil darme cuenta sobre que aportes o resultados diferentes se hacen siendo varón en el nivel inicial, en general prefiero pensarlo más desde la actitud, el compromiso y la formación que requiere esta profesión, más allá de ser Hombre o Mujer.
Y para terminar les mando algo que escribió Eduardo Galeano y que muchas veces lo he regalado en situaciones escolares, porque me parece que representa mi idea de trabajar en la docencia y en especial en el nivel inicial.
Ventana sobre la memoria
Eduardo Galeano
A orillas de otro mar, otro alfarero se retira en sus años tardíos.
Se le nublan los ojos, las manos le tiemblan, ha llegado la hora del adiós. Entonces ocurre la ceremonia de la iniciación: el alfarero viejo ofrece al alfarero joven su pieza mejor. Así manda la tradición, entre los indios del noroeste de América: el artista que se va entrega su obra maestra al artista que se inicia.
Y el alfarero joven no guarda esa vasija perfecta para contemplarla y admirarla, sino que la estrella contra el suelo, la rompe en mil pedacitos, recoge los pedacitos
y los incorpora a su arcilla.