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Postales de la vida en el Jardín
 
Recupera las anécdotas y recuerdos de algunos momentos o circunstancias por los que atravesamos en nuestro quehacer diario en la escuela. Esos hitos que por algún motivo se recortan del resto…
Una posibilidad de compartir estas “postales” de la vida personal de cada uno dentro del jardín como modo de acceder a los diversos sentidos del ser maestros.
 

Principal | Abril 2007 »

¡Que mal escribe Johana!

En la sala de 5 años, solíamos colocar carteles con los nombres de las cosas. A veces los escribía yo. Otras, ellos me dictaban y yo escribía.
En una ocasión, los chicos quisieron armar sus propios carteles. Estábamos hablando del 25 de mayo y después de dibujar algunos personajes de la época colonial, algunos intentaron poner los nombres.

Noelia, una de las niñas más adelantada en esta tarea, tenía dos dibujos: una dama antigua y una lavandera. A su lado, Johana había dibujado, también una lavandera y una dama antigua.
Yo pasaba entre los grupos y leía lo que habían escrito. Noelia se esforzaba por escribir "lavandera" al pie del dibujo. Observé que había escrito "dama tigua" y lo leí en voz alta.

16-300.jpg Noe, escribiste "dama tigua".
Noelia alzó la cabeza y respondió: Yo escribí "dama antigua". Al afirmarlo, miraba su dibujo, el de Johana y el letrero escrito.
Me parece que no... le dije riendo. Acá dice "dama tigua" (señalando cada palabra).
Miró su dibujo, lo escrito y también lo leyó.
En lugar de corregirlo, exclamó: ¡Qué mal escribe Johana!
Johana, levantó la mirada y respondió, "yo te dije que no sabía"

¿Qué había pasado? Las dos nenas se habían puesto de acuerdo y cada una había escrito una palabra. Luego simplemente, ¡se lo habían copiado! Las tres nos reímos a carcajadas y escribimos de nuevo la palabra.

Las letras suelen "bailar" y "combinarse" A VECES como ellas quieren sin que nos demos cuenta...

Patricia

"Hacelo como puedas"

Nos cuenta Patricia

Nicolás iba caminando de mi mano a su primer día de clase en Primer grado. Desde los 2 años había asistido a un Jardín de Infantes y este era su ingreso a "la escuela grande". Lo noté preocupado.
Nico, le dije, ¿qué te pasa?
El me respondió: "Estoy muy preocupado, porque voy a primer grado y no se leer"
Sonriendo, le dije: "No te preocupes, tu maestra te va a enseñar"
Ante mi sorpresa, Nico me respondió muy serio: "No, me va a decir, hacelo como puedas y yo no se"

Hasta aquí un relato que me ayudó a pensar qué hacemos en las salas de Jardín... Cuántas veces los niños esperan que los ayudemos a ir más allá de lo que pueden hacer sólos y nos quedamos esperando que resuelvan los problemas sin darles pistas que los ayuden a pensar. Si bien es importante esperar el momento oportuno para cada uno y no acelerar "de más" el desarrollo y su maduración, ¿es la tarea del Jardín acompañar solamente o se supone que hacemos algo más? Si es así, ¿cómo nos damos cuenta hasta dónde informar y hasta dónde dejar que descubran?

¿Cómo se portó Julián?

Los momentos de despedida suelen ser caóticos. Recoger todo lo usado, guardar las cosas en su lugar para que estén listas para el turno de la tarde, no olvidarse nada, abandonar un trabajo a mediohacer...
Finalmente logramos salir de la sala y dejarla "presentable". En la puerta, los padres esperan. Un beso y hasta mañana.

Recuerdo un año en que el grupo era particularmente complejo y entre todos los niños, sobresalía Julián. Cualquier cosa que pasara en la sala, siempre lo tenía como protagonista, tanto las buenas como las no tan agradables... y sus padres lo sabían.

En estos momentos de salida, llegó a pasar que la persona que lo retiraba del Jardín, inevitablemente preguntaba ¿Cómo se portó Julián?
Algunas veces respondía. Otras, simplemente lo miraba y en esa mirada "acordábamos" la respuesta. Los dos sabíamos que lo mejor era decir "Muy bien" aún cuando hubiera volcado la leche, roto la hoja donde dibujaba, tirado al suelo sin querer a un compañero en el patio...

Habíamos conversado mucho y llegado a un acuerdo: mañana será otro día y seguramente podría hacerlo mejor. Era nuestro acuerdo tácito... Un acuerdo construido pacientemente y junto con sus compañeros.

Llegó fin de año y todos pudimos ver cómo Julián había cambiado. Un día, sonriendo su mamá vino a buscarlo y apareció la misma pregunta: ¿cómo se portó Julián? Ante mi sorpresa, esta vez, Julián secundado por varios de sus compañeros respondió: "Muy bien"

Todos nos reímos... ¡era cierto!

Patricia

Compartiendo...

Cuenta Patricia:

Es mediamañana y como todos los días nos disponemos a tomar la colación. Las mochilas y las bolsitas se abren y comienzan a aparecer diferentes tesoros: las galletitas con el sticker favorito; un pancito con dulce; las "deseadas" papas fritas - siempre prohibidas para el desayuno en la escuela pero que llegaron a la mesa en un descuido -, un nuevo pote con cereales dentro... Los manteles individuales están preparados y los vasos esperan ansiosos que el encargado del día sirva la leche de las jarras sin volcarla.

Como todos los días, una vez todos sentados, elijo una mesa donde compartir este momento con ellos. Trato de esperar que se ubiquen e ir rotando para que en la semana, la mayoría de los chicos hayan podido compartir este momento junto a la "maestra". Sentarse a mi lado, continúa siendo un premio que aunque trato de evitar, genera forcejeos y algún que otro empujón.
Cantamos la canción para tomar el te y la vida cotidiana se sumerje en el murmullo de este momento breve pero esperado.

Simplemente conversamos: que las galletitas están ricas, que mi mamá me trajo..., que hoy tengo que visitar a mi abuela. Junto a mi taza de te, se van a montonando "trofeos" diversos. Pilas de galletitas de diferente tipo, una papa frita partida, la mitad de un caramelo largo...

La mesa donde estoy sentada suele convertirse en el puerto donde se busca refugio frente a alguien que no comparte, una servilleta perdida o simplemente venir a dar un abrazo.

Son sólo quince minutos que quiebran la tarea y nos disponen para seguir. Minutos que se repiten todos los días y que siempre son diferentes. Un momento de pausa para simplemente estar juntos y compartir.
¿acaso se necesita algo más?

El día de la familia...

Inés nos cuenta...
En el jardín en el que trabajaba, un año decidimos que, para festejar el día de la familia, íbamos a invitar a todos a jugar un juego masivo. Contábamos con un espacio enorme en el que propusimos jugar con diarios, muchos diarios... El jardín se llenó de familias y todos participaron con un creciente entusiasmo, en la medida que las propuestas de juego avanzaban.El juego era una invitación paulatina a entrar en el terreno de la imaginación y el movimiento, usando los diarios. Armamos plaza, caminos, patinamos con los diarios, nos hicimos camitas para descansar antes de finalizar...
Cuando terminamos, todos cansados pero sonrientes, una mamá, de origen muy humilde, vestida con su uniforme de empleada, a lunares celeste y blanco, se acercó a mí, me abrazó y me dijo "Gracias, me parece que es la primera vez que juego de verdad con mi hijito"
Sentí una gran emoción.
Nunca voy a olvidarme de su cara sonriente y agradecida.

Inés