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Angie, de Cochabamba-Bolivia, nos cuenta qué sentido tiene para ella ser educadora de niños pequeños:
La educadora de nivel inicial es aquella que es alegre, paciente, cariñosa, sensible, dinámica, creativa y sencilla. Es aquella que no debe perder la calma, pero ante todo creo que debe preparar su mundo interior, estar bien consigo misma, sentirse bien. Al mismo tiempo es una persona que debe mantenerse actualizada en todo momento, para mejorar su trabajo profesional por el bien de los niños y la patria
Es una tarea noble, porque cada una de nosotras siente esa alegría de saber que al final de la jornada los niños han aprendido muchas cosas, que a veces tanto trabajo nos dieron. Las poesías que entonamos cada clase, los juegos en el patio, un abrazo fuerte, un beso de cada niño, el momento de la merienda, las oraciones de la mañana, los paseos que damos, alguna travesura en el que todos nos pusimos a reír, y algunas otras a llorar, son momentos de regocijo y aprendizaje, que seguramente quedarán grabadas en los pliegues de nuestra memoria, y que a la vez te enriquecen como ser humano.
Bueno espero les guste a todas, a propósito … leí algunas de las postales, preciosas… mis felicitaciones para todas.
Un abrazo desde Bolivia
ANGIE
Patty Valverde, de Ventanilla-Perú, nos cuenta qué sentido tiene para ella ser educadora de niños pequeños:
Ser educadora para mí es un gran reto que cada día asumo con entusiasmo, compromiso y esperanza de que mis pequeños sientan que sus esfuerzos por aprender son importantes y que siempre hay alguien que con paciencia los ayudará a ser cada día mejor. Haber elegido esta profesión me hace sentir especial porque considero que mis actos dejan huella en la vida de mis alumnos, que sus aprendizajes harán de ellos hombres y mujeres de bien en el futuro; convirtiendo de esta manera a mi profesión en un pilar importante para el desarrollo de mi país.
Cuando el último niño regresa a casa siento que he aprendido mucho, que las estrategias empleadas me dan mejor resultado, que el cuento leído les gustó mucho, que la pequeña que no decía nada… hoy me habla y me sonríe y me alegra saber que al día siguiente volverán con muchas ganas de contarme todo lo que les pasó y también con ganas de aprender. Todas estas cosas enriquecen mi profesión, mi persona y me convierten en un mejor ser humano
Andrea Mauti, de Santa Fe, Argentina, nos cuenta qué sentido tiene para ella ser maestra:
“Seño te quiero...” dice Juan Gabriel de cinco años “Milagros, qué lindo abrazo que me diste” digo yo... “¡Es que en el escenario estuviste hermosa!” contesta Milagros, cinco años “Seño, me gusta estar con vos” dice Clarisa, cinco años “¡Ay, seño, que linda estas, te cortaste el pelo!” dice Leila, cinco años...Sólo dejé esta profesión para estar junto a la infancia de Débora y Federico. Durante sus primeros años de vida, fui mamá y ama de casa. Ya recibida, seis años después ejercí por primera vez. Muy pocas mujeres podemos tener el privilegio de poder estar tantos años sin trabajar y no ser el sustento familiar. Recuerdo las veces que abría en esos años el ropero y encontraba el guardapolvo a cuadritos, confeccionado por mi madre modista…algo de nostalgia me daba…pero yo sabía que pronto llegaría el momento. Creo que es difícil explicar porqué llegué a ser maestra, el tiempo le dio el sentido verdadero. Prosigo mi carrera docente fundamentalmente por el amor de los chicos que me mantiene viva, me levanta de la tristeza, me motiva a decirle no al fracaso, me lleva a decir: ADELANTE A PESAR DE TODO. Ese TODO tiene muchas significaciones: desvalorización, una sociedad demandante, baja remuneración, promesas incumplidas, etc. Pero hoy puedo decir que amo ser maestra jardinera. Y los alumnitos son mi sustento. Al entrar a la sala Azul, entro a mi mundo. Olor a témpera, paredes pintadas de colores vivos, dibujos infantiles, obras de arte de los chicos, regalitos llenos de plasticola…atrás queda el stress, empieza la mañana con música y alegría. Los abrazos me hacen tambalear, ¡¡¡cómo es posible que exista un abrazo tan grandote!!! Mientras haya niños, Dios nos hace recordar que podemos vivir la vida de otra manera: entusiasmo, espontaneidad, alegría…Y ASÍ NO PIERDO LAS ESPERANZAS… EN ESTE MUNDO NO SE HA TERMINADO EL AMOR.
Zulema, de González Catán, Buenos Aires-Argentina, nos cuenta qué sentido tiene para ella ser educadora de niños pequeños:
Para mí, ser maestra significa tener la oportunidad de ofrecer, brindar, abrir una ventana hacia nuevos mundos a descubrir... y la manera con la que me acerque y proponga va a decir quién y cómo soy; y eso deja nuestras huellas en cada uno de los alumnos que recibimos, como nos pasa a nosotras con ellos. Para mí ser educadora le da sentido a ese maravilloso encuentro que se produce entre nosotras y nuestros alumnos.
Yo sigo eligiendo dedicarse a esta tarea porque trabajar con la infancia es apasionante, porque cada vez conozco más experiencias que dan cuenta de lo significativo que son estos años para los seres humanos y porque considero que desde las aulas podemos contribuir a darle el valor y la importancia que tiene la infancia... aspecto que, desde diferentes sectores a veces solamente significa una proclama.
Además esta profesión me enriquece en diferentes sentidos, por un lado hace que estudie más, que adquiera nuevos conocimientos, y por otro lado me da alegría, satisfacción, a veces angustia y por sobre todo una mirada diferente de las cosas.
Andrea Mauti, de Santa Fe, Argentina, nos cuenta:
Les presento a Clarisa. Ella es la típica “perseguidora de maestras”, donde voy, ella me sigue. Juega y se divierte mucho con sus compañeras, pero siempre está atenta a lo que hago. Y si me alejo un poquito en la sala o el patio…ya me está preguntando: ¿dónde vas?
Pero lo más lindo que tiene Clarisa, aparte de su sonrisa especial, es que siempre está intentando cuidarme, ayudándome en lo que puede. Muchas de sus creaciones (en la foto vemos algunas construcciones) se transforman en regalos para mí. Cuando me enojo un poquito, ella me tranquiliza diciendo “bueno, seño, no te preocupes tanto”. Si algo sale mal, ella está para decirme “seño, no importa, otro día te va a salir mejor”. Y si por esas cosas de la vida se da cuenta que estoy un poquito triste, me abraza fuerte, fuerte, y no necesito que me diga nada… y la tristeza con el abrazo de Clarisa, mi Angel Guardián, SE FUE.
¡CLARISA, YO TAMBIÉN TE QUIERO MUCHO, MUCHO, MUCHO!
