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Zulema, de Gonzalez Catán, Provincia de Buenos Aires-Argentina, nos cuenta:
En la sala de 5 estábamos leyendo la novela “Las aventuras de Bigote, el gato sin cola.” Cada vez que terminábamos un capítulo lo comentábamos.
Esta vez, en el capítulo leído, el gato protagonista era echado de un grupo de gatos coristas. Entre todos comentamos la situación.
Les pregunté cómo creían que se sentiría el gato echado y cada uno dijo algo: triste, con ganas de llorar, muy solo…
Mauro dijo que eso no importaba porque Bigote iba a hacerse de otros amigos, que lo iban a querer porque no importaba si tenía o no cola.
Ezequiel, quien siempre participaba en todo, ese día no hablaba. Entonces le pregunté qué pensaba él de la historia, me miró y me dijo:
- A mi papá también lo echaron del trabajo…
No sabía qué decirle porque fue una sorpresa escuchar eso de Ezequiel, se lo notaba muy preocupado, seguí la charla y los chicos comenzaron a hablar.
Mauro le dijo que, como a Bigote, en otro trabajo lo iban a aceptar... otros le dijeron que no iba a estar solo... así Ezequiel empezó a sonreír.
No dije nada más, consideré que las palabras de ellos ya eran suficientes, porque quizás, sin decir nada con respecto a la situación que estaba viviendo Ezequiel, cada uno de nosotros sabía que este integrante del grupo necesitaba de nuestra contención. Y creo que así lo hicimos
Liliana Bo, maestra en un jardín de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, nos cuenta cómo organizan el período de inicio del año escolar:
Un modo de empezar el año…
Las clases empiezan con la sala vacía, sin muebles, sin materiales, sin rincones…
Esta modalidad la adopta todo el jardin, las 9 salas. No es idea mía sino sugerencia de la conducción.
Hace ya muchos años que venimos haciendo esto de ir construyendo el espacio con los niños, ir incorporando los objetos a la sala paulatinamente y de acuerdo a la demanda y necesidades del grupo, hasta construir entre todos un plano de la sala luego de pensar qué otros espacios tenía la sala del año anterior.
Pensamos si habrá algún nuevo rincón de acuerdo a los muebles que tenemos… sus características… para qué se podría usar -me refiero al de carpintería que es el que introducimos como nuevo en sala de 5 años ya que ciencias los chicos lo tienen conocido y trabajado de sala de 4 años-.
Vamos utilizando el espacio de sala total reconociendo la forma de la misma a través de actividades de expresión corporal con telas y diarios. Bailamos y.... tocamos la pared más larga, o la pared que tiene ventanas.., luego preguntamos cuántas tiene... y así vamos concluyendo grupalmente cuáles son las características de forma y espacio de nuestra sala.
También realizamos un trabajo exploratorio con sillas... graduado, en un primer momento en forma individual, tocando materiales... buscando nuevas formas de sentarse, de transportar, luego bucamos maneras de jugar en grupo total de crear con sillas en pequeños grupos... dando permiso para hacer algunas cosas que son sólo permitidas por este juego: pararse en las sillas, subir las sillas...
Igualmente se procede con las mesas, agregando telas y broches para hacer refugios, jugar al lobo está …para esconderse en casas..
En otra etapa incorporamos sillas y mesas y cruzamos hilos o elásticos por la sala a modo de tela araña….para pasar de diferentes formas…
Considero que todos este tipo de juegos al igual que los disfraces y gorros para desfilar, son buenas excusas para integrarse y quedarse con las ganas de seguir viniendo a ver qué aparece mañana….qué más le agregamos a la sala… es un buen modo de empezar el año de trabajo.
Silvia de Santa Fe, Argentina nos cuenta:
¿Qué es para mí ser educadora?
Mmm, creo que no imagino mi vida sin ello. Yo siento que no hay nada en el mundo que iguale la emoción que significa día a día ver a nuestras chiquitas crecer, dar sus primeros pasos, armar palabras, expresarnos sus sentimientos. Nada se compara a recibir cada mañana racimos de besos, miles de caricias entrelazadas con un ¡cuanto te quiero seño!
Ni que decir el orgullo que nos estalla en el pecho, cuando las vemos atravesar el umbral del jardín con su diploma en la mano, felices por que irán pronto a primer grado, por que ya ¡SON GRANDES!
Cuando tuve que elegir mi profesión fue automático, ¡¡QUIERO SER JARDINERA!! Hoy en día sigo estudiando, tengo otros títulos pero cuando me preguntan que soy, soy eso… soy eso: JARDINERA.
Yo creo que en esta bellísima profesión somos doblemente privilegiadas, primero por que no sólo podemos trabajar en aquello para lo que estudiamos, sino que además disfrutamos a diario realizando esta tarea. Siento que como todo en la vida se relaciona con los derechos y las obligaciones. Si bien tenemos el derecho de ejercer nuestra función, ésta debe ser ejercida de manera responsable, ¿qué significa esto? , que no alcanza con ser amable, con ser dulce en el trato, con estar siempre sonriente… También requiere de esfuerzo, de dedicación y de estudio y perfeccionamiento permanente. Por respeto no solo a nosotras mismas como personas de bien, que cumplen con su misión educadora, sino por respeto a nuestras alumnas que nos demandan que les demos lo mejor de nosotras mismas.
Yo veo que la crisis educativa de la cual el Jardín no está aislado, también pasa por acá, tal vez por la falta de compromiso, la falta de ganas, el abandono del Estado a la hora de capacitarnos gratuitamente, con lo que, cada vez que decidamos hacerlo, generalmente, tenga un costo extra para nuestros bolsillos, pero no obstante esto, aún creo que es posible soñar, que es posible ver un futuro educativo diferente, que aún es posible encontrar docentes enamoradas de su profesión dispuestas a todo por lograr ese ideal tan preciado. Creo que esa esperanza se renueva a diario frente a cada rostro de nuestras alumnas. Por que no hay otra opción posible.
Yo siempre digo que el docente en cierto modo se asemeja al médico, si bien no hacemos el juramento hipocrático literalmente hablando, lo hacemos cada vez que optamos por ejercer nuestra profesión a conciencia, en pos de la igualdad de oportunidades para todos, en pos de la justicia social, Por que es imposible pensar la educación sin justicia social, por que los docentes dejamos huellas, a veces buenas y otras no tanto y esas justamente, son las que hay que erradicar, son las que marcan a fuego a nuestros chicos, los marcamos, los etiquetamos los subestimamos, los frustramos muchas veces sin recapacitar demasiado.
¡¡Vaya si tenemos que rendir cuentas de nuestras acciones !! Somos responsables de que esto jamás les pase a nuestros alumnos.
Yo creo que se educa con el ejemplo, si somos apasionados, ellos lo serán. Si nos ven estudiar a pesar de los años, ellos tarde o temprano lo valoran e imitarán. Si les educamos en el respeto en afianzar su confianza sus capacidades creativas aumentarán.
Soy jardinera…Mi corazón no sabe de otras cosas, no entiende otra lógica que no sea la de sembrar a diario para cosechar después. Qué mejor regalo para el alma cuando con el pasar de los años echamos la vista atrás y vemos el sendero repleto de flores multicolores, de formas diversas pero todas iguales en la intensidad de su perfume.
Silvia de Santa Fe, Argentina nos cuenta:
Hace ya 11 años, yo estaba embarazada de mi hijo Federico. Sin saberlo llego un día al jardín, dispuesta a dar clases como siempre y veo que Emilia deja su lugar en la mesa, se acerca a mi escritorio y me abraza fuerte, fuerte. Mi lazo emocional con ese grupo era muy fuerte teníamos una conexión increíble, hicimos muchísimas cosas juntas, nos divertíamos y disfrutábamos cada día del poder estar juntas.
Emilia, en particular era sumamente perceptiva y una nena muy dulce y cariñosa, cuando su abrazo se hizo más tenue, me miró a los ojos con una mirada inquisidora, entre curiosa y triste.
Luego me dice:¿ahora que vas a tener un bebé …me vas a seguir queriendo ? Yo la miré perpleja, y le dije que siempre iba a quererla, pero le pregunté que por qué me decía lo del bebé?
Ella se acercó nuevamente y me besó la panza y casi en susurros me dijo…porque él está ahí dentro.
Días más tarde supe que lo que decía Emilia era verdad…No sólo sabía del bebé sino que todo el tiempo insistía en que sería en varón.
Ella está ahora en el secundario todabía se acuerda, cada vez que cruza el patio y me ve. Y aún me pregunta si la sigo queriendo… y yo la abrazo fuerte y aunque sus brazos ya no sean aquellos bracitos pequeñitos de antaño, y aunque el delantal a cuadritos ya no sea parte de su uniforme, aunque esté casi, casi alta como yo…siempre seguirá siendo mi nena.
Silvia, 1997
Frediswinda, maestra en San Germán-Puerto Rico, nos cuenta qué sentido tiene para ella ser maestra:
Ser educadora o maestra en nivel preescolar, para mi es una bendición, definitivamente Dios me colocó en el lugar donde debía estar. Día a día siento una gran satisfacción cuando comparto con mis hermosos niños y niñas. Cada ocurrencia, cada deseo de exploración, cada segundo que me integro con ellos, es para mi un placer y gusto que no hay dinero que lo pague.
El provocar en ellos, sonrisas, cambios de comportamientos, escuchar un TE AMO, el escuchar una expresión verbal, diciendo “indy”, de un niño con necesidades especiales, me hace el ser humano mas feliz de esta tierra, porque sé que para ellos soy muy importante.
Mi nombre se escucha constantemente en el hogar de estos seres especiales, papá y mamá, abuelita o titi, vienen a mi, y me dicen “Maestra Windy dijo que hiciéramos esto”…Cuando te abrazan de forma espontánea, cuando quieren siempre estar cerca de ti, no existen palabras para describir cada emoción vivida dentro de mi aula preescolar.
El reconocer las formas geométricas, reconocer el abecedario, escribir su nombre y el ser autor de sus propios cuentos, el decir Buenos Días, Buenas Tardes, gracias y perdón, son destrezas que aprender a través del juego y el compartir a diario.
Continuaré aquí hasta que Dios me lo permita, quiero seguir haciendo el cambio en la educación preescolar, quiero formar seres humanos felices y saludables. Sobre todo quiero que continúen recordándome simplemente como MAESTRA WINDY.


