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Postales de la vida en el Jardín
 
Recupera las anécdotas y recuerdos de algunos momentos o circunstancias por los que atravesamos en nuestro quehacer diario en la escuela. Esos hitos que por algún motivo se recortan del resto…
Una posibilidad de compartir estas “postales” de la vida personal de cada uno dentro del jardín como modo de acceder a los diversos sentidos del ser maestros.
 

« Junio 2008 | Principal | Agosto 2008 »

Un escenario posible y diferente...

Silvina de Santa Fé, Argentina, nos cuenta qué significa para ella ser maestra de niños pequeños...

Realmente esta reflexión es un gran desafío hoy para mí.
En primer lugar, me hace pensar que hubiera escrito yo hace 20 años atrás, cuando estaba estudiando para ser docente de nivel inicial y descubría este mundo apasionante.
Entonces hubiera dicho que me dedicaba a esto porque me gustan los niños, porque me hace feliz descubrir su inocencia.

Hoy, mi pensamiento va más allá de esto, hoy digo que esa inocencia, esa fragilidad y esta infancia no sólo me renueva cotidianamente sino que me regala un soplo de vida todos los días.
Antes yo me pensaba como en ese mito de “la docente” frente al aula... como la titiritera de una obra áulica... pero a medida que el tiempo fue pasando, y fui madurando y perdiendo mis prejuicios de docente (aún quedan algunos por dejar) pude descubrir un nuevo mundo.
Ahora puedo ser una espectadora más de sucesos cotidianos, puedo ser aprendiz de mis pequeñas alumnas, puedo compartir con ellas alegrías, tristezas y hechos dramáticos, puedo reír y llorar con ellas, puedo vivir cada una de las etapas de sus vidas y de mi vida compartiendo, ofreciendo lo que tengo, recibiendo lo que carezco, y puedo JUGAR. Hoy es un placer que pocos adultos se permiten y es el que más disfruto. Un jugar con sentido, un jugar para crecer, un jugar que nos hace sentir esa sensación... como si estuviéramos descosiendo una costura, tirando de un hilito, viendo como poquito a poco se rompen las ataduras y las telas comienzan a moverse, a soltarse, a liberarse.
Cada día en el jardín es un desafío, yo voy con una mochila cargada de expectativas y deseos, y generalmente vuelvo con otra, es un devenir de sorpresas.
En fin, para mí ser educadora es una responsabilidad muy grande. Por esto creo que necesitamos recuperar nuestros verdaderos valores, tener claro a donde vamos; ser educadoras es ir clikeando siempre un escenario posible y diferente pero sin perder el buen sentido de la vida.
¿Qué les parece? ¿No es apasionante? ¡Como para no disfrutar de esta hermosa profesión!

Cariños. Silvina.

¿Lobo está?

Carolina, de Tucumán Argentina, nos cuenta:

El tema de la imaginación y la fantasía en el jardín no dejan de sorprenderme nunca.

Ese día en nuestra sala estábamos haciendo una actividad relajada, en silencio. En la sala de al lado, en cambio mi compañera estaba jugando al juego del “¿Lobo estás?” con un CD que justamente, tenía un tema musical donde hablaba un lobo con voz gruesa y temible.

Se me acerca Juampi, uno de mis alumnos, me toma de la mano y siento su miedo cuando me dice:

- Ese de ahí… de al lado (por el lobo), no va a venir para acá, ¿cierto, seño?

Ser docente era mi destino...

Romina de Ciudad Autónoma de Buenos Aires, Argentina, nos cuenta qué sentido tiene para ella ser educadora de niños pequeños:

Para mi ser docente representa un sin fin de cuestiones.
Ya contaban por ahí mis padres, que desde niña me sentaba con mis muñecos y les enseñaba las letras y los números. Luego sin darme cuenta, esa ilusión de pequeña se transformaría en mi vocación.
Supe desde siempre, sin saber bien el porqué, que ser docente era mi destino, el sentido era “enseñar al otro”.

Finalmente, me dediqué a la educación de los más pequeños, al jardín de infantes, por ser una edad en la que la inocencia y la pureza te llenan el alma.
Con miedos y muchos deseos profesionales, emprendí el viaje de estudiar y ejercí esta profesión, sin saber siquiera, que muchas de las cosas que hoy me dan placer y satisfacción no estaban escritas en ningún libro.

“Educar” es lograr que el sujeto incorpore estrategias y comportamientos adecuados para responder a las pautas y a los requisitos de una determinada sociedad.
El niño debe estar preparado para atender a sus propias necesidades y, también, para poder ayudar, efectivamente, a su comunidad.
Pero en mi poca experiencia eso es sólo una pequeña parte.
No es una mera transmisión de contenidos y de saberes a aprender desde un modelo social, sino también desde un modelo institucional, desde un modelo direccional y desde el propio modelo de aprendizaje con el que cada docente fue formado.

Si reflexionamos sobre diferentes teorías y definiciones del “ser educadora”, tomo prestadas palabras de Jaques Delors, que de mi formación recuerdo: “Educar es construir, es camino y proceso.”
A lo que Carl Rogers agrega: “…quizás un maestro sólo sea una persona que facilita, que coloca cosas delante de la gente y muestra cuán emocionantes y maravillosas son, incitando a probarlas…”

Desde mi experiencia agregaría que uno facilita el aprendizaje no solamente de contenidos de matemática, lengua y ciencias; sino también de valores, principios y de modos de manejarse en la vida.
El educador es un modelo, un “espejo” en el cual, los que se están formando, se reflejan. Los ejemplos de la vida suelen ser más significativos que las cuentas de suma.
Cada vez más, el docente cumple con funciones que van más allá de lo académico.
La necesidad de referentes familiares, afectivos y sociales con los que se encuentran los alumnos, lleva a demandar otras necesidades: contención, escucha, diálogo, reflexión. Uno no sólo trabaja con los alumnos sino también con su entorno. Las familias de la sociedad argentina actual, están muy modificadas de aquellas tradicionales con las que nuestros docentes trabajaron años atrás.
La diversidad de tipos de familias nos pone en un rol de constante capacitación y profesionalismo para que, en el camino, uno no confunda la profesión y se convierta, de repente, en psicólogo de los padres.

La diversidad nos genera desafíos. Debemos tener en cuenta que cada alumno con el que trabajamos es único y particular.
El docente debe facilitar el camino propio de cada chico, pero dentro de lo que el contexto social demande.

¡Qué tarea difícil! Es una de las frases que, a veces, surge en mí, cuando las funciones que abarca mi profesión me sobrepasan. Y para aquellos que sólo piensan que trabajamos cuatro horas y tenemos muchos meses de vacaciones, no entiende la magnitud de nuestra tarea.

Maestra por un ratito

Carolina de Tucumán-Argentina, nos cuenta:

Las rutinas y los saludos de bienvenida dan mucho para pensar. El año pasado antes de comenzar la jornada con los chicos me llamaron de la dirección de la escuela, por lo que dejé la sala sola unos minutos.

Cuando regresé había una niña que estaba delante de sus compañeras saludándolas, haciéndolas cantar "Luna, Lunera" y señalando los días de la semana.

Los chicos les respondían, como habitualmente lo hacían conmigo!

Imitación? Aprendizaje? Modelos? No sé, yo me quedé espiando un buen rato, fascinada...