Neuquén, 4 de septiembre de 2008
Durante estos días estuve repensando varias cosas y entre ellas, que han pasado ya 17 meses del asesinato de nuestro compañero Carlos Fuentealba: hecho brutal y determinante como la represión en Arroyito que obliga siempre al recuerdo, a la memoria y también a la denuncia, como lo hacemos desde este colegio que desde hace un año lleva su nombre en homenaje a él. No es poco, no es mucho.
Su asesinato ocurrió en Neuquén -enclave autoritario- en el marco de una protesta social; fenómeno micro-político de resistencia ante las políticas de exclusión. Veníamos reclamando reparto de riqueza, defendiendo la educación pública ante el abandono de las escuelas, que se terminara con el trabajo contratado de los auxiliares de servicio. ¿Hubiera muerto alguien si el corte se realizaba en otro lugar? Las cuestiones contrafactuales generan controversias bizantinas, aunque me parece que daba lo mismo donde fuera y cuantos fuéramos. Arroyito o el puente carretero.
Por que la violencia represiva estaba en el código genético del gobierno de Sobisch; es decir, la violencia de aquel día no nos asombró. Eso si, aquel 4 de abril fue un día histórico por la saña policial y estatal, una verdadera cacería de trabajadores/as de la educación. Una suerte de terrorismo sistemático, soterrado, de baja intensidad…
Creemos una vez más que la sociedad neuquina tiene que seguir reflexionando en torno a lo ocurrido, a los efectos de terminar de una vez por todas con la ominosa costumbre del Estado asesinar desde su poder, ignorando las leyes y el estado de derecho. Por que el que mata bajo un sistema de criminalidad estatal, por una orden de otro, es un criminal y el autor material Poblete ya tiene su condena.
No hemos escuchado todavía las voces del gobernador Sapag ni de la vice Pechen alentando la investigación judicial ni demasiados preocupados por el tema. Guardan silencio, brillan por su ausencia. Y jueces apadrinados por el poder político que desprecian la justicia. Sabemos que la injusticia y la impunidad tienen aliados como la desmemoria en una sociedad como la argentina.
Dicho esto, estamos exigiendo celeridad al poder judicial de cara a la “causa Fuentealba II”; “Cuanto tiempo más llevará” la espera. Por que aún falta el responsable político e ideológico, así como los jefes del operativo quienes deben pasar por los estrados judiciales, ante el persistente sabor a injusticia. Ellos dan asco.
¡Ayúdennos a reclamar por Justicia! Mientras tanto, decimos ¡acá estamos! Y seguiremos estando hasta lograr nuestros objetivos desde las escuelas y aulas, construyendo lenguaje de rebeldía; contestatarios en la construcción de conocimiento. A los efectos de construir una cultura de la sospecha que termine con la impunidad, la ignominia y la incertidumbre.
Para finalizar, solo me falta pedir que siempre que se nos convoque como ocurre este 11 de septiembre “Día del maestro” gritemos bien fuerte… ¡Carlos Fuentealba! ¡Presente! ¡Ahora y siempre! Por que como decimos aquí por el CPEM a Carlos no lo mataron sino que lo multiplicaron…una, dos, tres, miles de veces.
Hugo Álvarez
Vicedirector CPEM Nº 69
Carlos Fuentealba
Neuquén Capital