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Los renovados o “reformados” currículos de finales del siglo pasado dan cuenta, en las carpetas o cuadernos de las y los docentes, y en las actividades que despliegan los estudiantes, de su escasa significación a la hora de realizar comparaciones internacionales. La vuelta a los currículos tradicionales no parece, tampoco, que contenga una gran promesa de adquisición de aprendizajes valiosos, salvo aquellos referidos a los contenidos básicos de la adquisición de la lectura, la escritura y el cálculo matemático. Y esto con independencia de un análisis no menor, referido a los alcances del método empleado y sus consecuencias en la formación futura.
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Claude Monet: La Catedral de Rouen, el portal bajo el sol matinal, armon ía en azul. 1894. Paris, Museo d'Orsay
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Las mejores experiencias de los países que contemplan resultados valiosos en las medidas comparativas, además de mostrar la valoración del estado y las familias acerca de la educación, de las condiciones de trabajo de las y los docentes, de la dotación de infraestructura de valor en las escuelas no remiten a las reformas curriculares sino a la profesionalización docente en una carrera permanente y renovada que permite la selección autónoma de experiencias curriculares valiosas y actualizadas. Quizás este es hoy un buen punto de inflexión para pensar nuevamente cómo contemplamos la escuela en tiempos reales de modo de recuperar experiencias formativas de valor que a su vez nos permitan volver a instalarnos en el lugar en el que la educación ocupa una preocupación central. No se trata de señalar cuáles son los conocimientos básicos, en los que muy probablemente todos acordemos, sino de pensar cómo enriquecer la mente de los estudiantes creando un currículo más significativo para la vida de los jóvenes en esta sociedad. Tampoco se trata de abandonar el conocimiento de las disciplinas, el de sus estructuras de significado y de sus aportes al conocimiento del mundo sino el de lograr que los estudiantes sean capaces de abandonar las razones de los otros, a veces para simplemente buscar nuevas o buenas razones, imaginar o simplemente iniciarse en una búsqueda personal y de sentido que, al decir de Maxine Greene “…en ocasiones rigurosa, alegre en otras- debería ir acompañada del sonido de una guitarra azul”.
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Claude Monet: La Catedral de Rouen, el portal por la mañana, armonía en azul. 1894. Washington, National Gallery of Art
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Las experiencias del pasado de nuestras familias, sus relatos y su relación con la vida de los pueblos y las sociedades enriquecen, seguramente, una forma más apreciativa y de valor del entorno social. El esfuerzo de dar forma narrativa a las experiencias vividas también crea significados, dota de nuevos sentidos y nos brinda la posibilidad de recuperarlas antes incluso que las percibamos. Por otra parte, la recuperación de las experiencias literarias que han tenido especial significación para nosotros consiste en una de las maneras más sencillas de crear una narrativa y favorecer el desarrollo de la imaginación.
Nuevas experiencias curriculares
El relato de experiencias pasadas, el análisis de éstas y sus significados, las relaciones entre aquellas y las presentes, todo esto libera la imaginación y permite una visión enriquecida del pasado. También los relatos heroicos de los próceres de nuestra historia forman la ciudadanía e inspiran modelos de vida y de conducta dotando de nuevos sentidos a los actos cotidianos. La enseñanza del Holocausto podrá sostenerse en una forma apreciativa cuando el singular libro “El diario de Ana Frank” sea leído, comentado y valorado por las y los estudiantes. El efecto de la luz podrá ser un tema de la física, la biología o la astronomía pero también podrá ser tema de la imaginación en las “Catedrales de Rouen” que Claude Monet pintó sucesivas veces con mágicas pinceladas transformando esa catedral al apreciar la luz y sus efectos sobre ella.
El sentido del aprendizaje de la escritura y la lectura podrá ser un tema de variados análisis y conversaciones en las clases pero también podrán ser tema de reflexión sentida las palabras del poeta que le otorgan nueva significación a estos aprendizajes. Por ejemplo, el poeta argentino Juan Gelman (“País que fue será”, Buenos Aires, Seix Barral. Biblioteca Breve. Pág. 89, 2004), quien recientemente recibió el premio Cervantes, escribió:
El menos pensado
El día que el corazón aprenda a leer y a escribir
se verán cosas grandes:
a Dios barriendo la vereda, lágrimas arrojadas al espacio
que nunca volverán, los que sufren pasarán sonriendo y
las intenciones de la atención
harán que florezcan jazmines y otras
ilusiones de la naturaleza.
Será un gran día, encontrarán
la palabra que se perdió
hace millones de dolores.
Véase lo que pasa:
el día que vino y se fue
será un gran día.
Más allá de la mera exposición
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Claude Monet: La Catedral de Rouen, el portal a pleno sol, armonía en azul y oro. 1893. Paris, Museo d'Orsay
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Las vivencias que despiertan las experiencias educativas que incluyen a las diferentes expresiones del arte no remiten a su simple exposición. Su propósito se inscribe en la obtención de una conciencia más informada e imaginativa, educada en la crítica, para capacitar a los estudiantes en visiones diferentes, la adopción de perspectivas no estereotipadas o meramente descriptivas, o la sugerencia de una sola manera de apreciar una obra. Estas apreciaciones además deberán extenderse hacia fuera de las aulas tratando de encontrar otros espacios en los que la lectura o escritura de los poemas, la apreciación de un concierto o un coro, de obras escultóricas o pictóricas, teatrales, las bibliotecas o, simplemente, las librerías generen un espacio abierto para enriquecer la vida y lo propongan fuera de los límites que las aulas delinean.
En todos los casos se trata de proporcionar oportunidades para que los estudiantes elijan, adopten reflexivamente un contexto, un escenario, una vivencia para transitar, concebida como una posibilidad que contradice la sensación de observador casual, furtivo, uno entre una multitud y sin conciencia de sus propias preferencias o alternativas para seguir. Más allá de la experiencia que se elija para incorporar en el currículo –sea pictórica, literaria de los grandes clásicos o de la literatura contemporánea, cinematográfica o simplemente narrativa- implica tratar crítica y creativamente la obra, establecer conexiones, integrar esa experiencia en un contexto más amplio y favorecer que los estudiantes elijan formas autónomas de análisis y tratamiento.
La historia de la humanidad nos enseña que mujeres y hombres de diferentes latitudes lograron, a través de sus vidas, impactar en las conductas de otros, cambiar los cursos de la ciencia y la técnica y, sin pretenderlo, mostrar, dar cuenta y enseñarnos el sentido de la ejemplaridad. Más de una vez, resultan inscriptas en maneras de apreciar y vivir la vida, en la creencia de que la dignidad y los intereses humanos deben ser orientadores para hacer que la vida merezca la pena de ser vivida. Por ejemplo, la amplitud de las relaciones que establezcamos a partir del estudio de la biografía de figuras emblemáticas de la historia de la humanidad: Albert Schweitzer, Albert Einstein, Marie Curie, Leonardo Da Vinci y tantos otros, tendrán seguramente las limitaciones de los tiempos y los espacios educativos. Sin embargo, es posible que podamos dar cuenta con pasión del significado que tuvieron sus vidas y las de tantas mujeres y hombres en distintos momentos claves del desarrollo de la humanidad.
Una última reflexión curricular
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Claude Monet: La Catedral de Rouen y la torre d'Albane a pleno sol, armonía en azul y oro. 1894. Washington, National Gallery of Art
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Los estándares internacionales referidos a los resultados de los aprendizajes medidos mediante pruebas en los que resalta la comparación entre países diferentes han llevado una y otra vez a buscar culpables, proponer o justificar reformas, diseñar currículos y sostener el valor de estas mediciones para la toma de conciencia de los mismos resultados de la evaluación . Entendemos que no es porque valoremos nuevamente lo mensurable que vamos a recuperar el valor de la educación en nuestra sociedad. Lo vamos a recuperar cuando las experiencias escolares sean sentidas por nuestros estudiantes como experiencias valiosas que les hacen sentir que en los salones de clase se respira un clima en el que la imaginación y la aventura son los caminos de la educación. En esas escuelas es posible la creación de una atmósfera en la que los monos vuelan, los paraguas se abren bajo el sol y los cuentos cuentan solos sus propias desdichas, aventuras y alegrías.
Edith Litwin
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Edith Litwin es Doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires, Profesora Titular Plenaria de la cátedra Fundamentos de Tecnología Educativa de la Facultad de Filosofía y Letras –UBA- y Directora de la Maestría en Tecnología Educativa de esa facultad. |
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