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En las escuelas, según las tradiciones, historias o innovaciones que se planteen, son numerosas las oportunidades en las pueden encontrarse alumnos, docentes, familias o invitados especiales. La reunión suele tener como motivo alguna celebración: el inicio de clases o su finalización, el festejo de algún día especial para la escuela como su aniversario de creación, el día del deporte, el de la tolerancia, el de la convivencia en la diversidad cultural, el de la familia, el día mundial de la salud, el día universal de los derechos humanos, el día internacional de la mujer, las fiestas patrias, o tantos otros que caben en las historias de cada escuela, en los calendarios escolares de la región o del país o en la conciencia nacional e internacional que sigue delegando en la escuela la formación en torno a los grandes y graves problemas mundiales, el despertar crítico o la asunción de responsabilidad frente a los mismos. Nos interesa, en este espacio, reflexionar en torno a la celebración con el objeto de reentender su sentido.
El inicio y el cierre del ciclo escolar
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Ernesto De la Cárcova, En el jardín, 1907
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Para los estudiantes el inicio de las clases, en innumerables ocasiones, significa el reencuentro. Constituye un momento de euforia o de alegría en que amigas y amigos reconstruyen historias no compartidas, en ocasiones del trabajo, en otras del ocio, de nuevos planes o proyectos. La escuela debería diseñar ese tiempo para el reencuentro dándole un formato y un sentido. Para los maestros y profesores este es el momento de celebrar ese nuevo período. Prometer mucho, prometer que se enseñará y que se aprenderá, prometer que las horas en las que se permanecerá en la escuela serán horas promisorias para la formación futura. Señalar todos los éxitos que se podrán obtener y todas las situaciones divertidas por las que se atravesará. No es el lugar para señalar la sanción posible o despertar el miedo. Si las escuelas son instituciones optimistas este es el momento de dar cuenta de ello. Para los padres que nos acompañan este es el momento de ganar su confianza, de establecer acuerdos, de dar cuenta de que formaremos una comunidad en la que compartimos intereses: dar la mejor educación a los niños.
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Francisco de Goya, Fiesta popular bajo un puente |
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El cierre del ciclo constituye una despedida. Sin embargo, esta despedida da cuenta del crecimiento, de los logros compartidos y de la esperanza de mejores desarrollos. Celebrar el crecimiento es festejar la vida, su transcurrir, sus alegrías y desdichas, pero sustantivamente en las escuelas es la celebración por haber cumplido nuestra responsabilidad como educadores y haber contado con niños y jóvenes que vivieron sus experiencias y compartieron con nosotros un lugar privilegiado que es el de ser proveedores, destinatarios y responsables de la educación y del desarrollo de las jóvenes generaciones. El desafío de estos encuentros es el de poder transmitir esa alegría por haber podido compartir ese espacio decidiendo, de manera conjunta, el alcance de esa celebración, cómo otorgarle brillo y sentido sin quitarle el marco festivo propio de las instituciones escolares. Las palabras de algún estudiante, de un docente, de un miembro de la comunidad, o tal vez una foto o una promesa que se guarde o, inclusive, que se descubra alguna guardada durante varios años, nos permitirá ver el paso del tiempo y celebrar el crecimiento. Si cada uno de nosotros pudiera decir cuál fue el logro del año, la actividad que nos resultó más placentera, aquella en la que más aprendimos, la que más nos reconfortó o la que nos llenó de entusiasmo, es probable que luego el recuerdo del período pasado nos resulte profundamente promisorio. Celebrar el paso del tiempo implica celebrar el escollo superado y recordar el mejor tiempo vivido.
Los rituales de la escuela
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Ernesto De la Cárcova, Sin pan y sin trabajo, 1894
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Izar o arriar la bandera, prometerle nuestra lealtad a ella o a la constitución, tiene por propósito la conformación de la ciudadanía, el respeto por la nación, sus símbolos, formas de vida y gobierno. En estos actos, son los estudiantes, y no los docentes, los actores principales. Son ellos quienes izan, arrían, prometen, juran. Y todos ellos sin distinción deberían participar de los actos, estudiar cómo hacerlo y analizar su valor. La formación política de nuestros estudiantes puede iniciarse con el sentido de estos encuentros que rescatan la idea de nación, la responsabilidad de la participación en ella, la proyección de un país en el que es posible actuar para construir una sociedad más justa y solidaria. Por otra parte, entender el mundo de la diversidad y aprender a respetar a quienes piensan diferente, viven en otras sociedades y prometen otras banderas, forma parte de un currículo esencial para las escuelas de hoy en tanto hace a la formación política de los niños y los jóvenes. El cumplimiento de estos rituales debe ser entendido como una didáctica para la formación política en las escuelas.
Las fiestas patrias
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Jean Léon Palliere, Gaucho pialando |
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Más de una vez, en las escuelas de los primeros niveles de escolaridad, la enseñanza de la historia se entreteje, circunscribe, limita o reduce a las actividades que se despliegan en los actos escolares. Es así como la independencia y la soberanía, la vida en las colonias, sus actividades económicas, los edificios públicos de la época o las tradiciones de nuestros primeros habitantes, quedan teñidas de los vestuarios, las escenografías, los bailes o los fragmentos de las poesías que los estudiantes protagonizan. Discursos de docentes, dramatizaciones o bailes representan el compromiso de las instituciones para celebrar la patria. En esas estéticas de los actos escolares, más o menos logradas según la imaginación o el esfuerzo empeñado de las y los docentes se invierte tiempo en ensayo, en la confección de los libretos y en la preparación escenográfica o del vestuario. Hoy, es difícil que esos actos ayuden a construir la conciencia histórica y la conformación de una memoria colectiva. Es difícil que esos actos constituyan por sí solos la formación histórica y la conciencia de la nacionalidad en la escuela.
Desde finales del siglo XIX los actos y festejos conmemorativos de las fechas patrias tuvieron en la escuela su principal ámbito de construcción. Los hijos de los inmigrantes encontraron un hábitat para la formación patriótica y la construcción de la nacionalidad. El homenaje a los héroes nacionales logró una adhesión emocional perdurable y significativa para esa formación de la identidad nacional. Los manuales y libros de texto a lo largo de las décadas han sido estudiados por numerosos investigadores que reconocen la contribución que éstos han realizado al mantenimiento de las adhesiones a los héroes de la patria y la imagen de nación. También reconocieron que esta imagen es atemporal y ahistórica y generaron una serie de análisis críticos sobre la formación histórica que desplegaron muchos de ellos a la largo de las décadas. Evidentemente, la reconstrucción de la historia que despliegan los actos escolares requiere un estudio cuidadoso de sus orígenes, las fuentes que utilizan hoy para otorgarles significado y su sentido en torno a la memoria histórica que pretenden conformar. Los relatos del pasado que reconstruyen requieren vivencias y fuentes valiosas para superar los reduccionismos sociales. La mirada contemporánea supone conciencia de las diferencias sociohistóricas. La estética de los actos, buscando reproducir el pasado, difícilmente constituya un lugar atractivo o formativo para las y los niños o jóvenes o la comunidad que asiste invitada.
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Jacopo Ligozzi, Grupo de tres mujeres. Estudio de escena |
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Las y los docentes pueden construir en esos actos que constituyen la conmemoración de las efemérides de la nación un lugar de sensibilización ante la violencia, la guerra, la inequidad, la hipocresía. Se trata de celebrar en un espacio las acciones morales reconstruidas con conciencia de los marcos históricos en las que se inscribieron. No se trata de la reconstrucción de significados convencionales sino de dotar de sentido a la educación de hoy. Por otra parte, la educación moral y la educación política para la conformación de la ciudadanía no es igual en todas las escuelas. La injusticia o la desigualdad no se viven de la misma manera en todos los barrios o comunidades. El compromiso de las y los docentes por dotar de sentido cada acto escolar también libra esta batalla pero para el conjunto de las escuelas del país guarda valor conmemorar, celebrar o recordar al mismo tiempo las tragedias o las venturas que conformaron y conforman la nación de hoy.
Quizás, la mayor dificultad de los actos que reúnen a toda la comunidad, es establecer su principal destinatario cuando en ella participan niños, familias y docentes. Sin embargo, entendemos que los principales protagonistas y sus destinatarios son los estudiantes. Discursos, dramatizaciones, exposiciones, narraciones, deben ser comprendidas por sus actores y valoradas por ellos. Al mismo tiempo, es importante señalar que infantil o juvenil no significa puerilidad o banalidad. En cambio, constituye la expresión de lo aprendido, lo comprendido, aquello que es significativo para sus destinatarios y que se expresa en estos actos por constituir un espacio de formación ciudadana, que es la síntesis de una formación política y moral.
El proyecto de la escuela
Cada escuela alberga en su interior historias, recorridos especiales, anécdotas de sus estudiantes o maestros, fortalezas o inquietudes que pueden encontrar un espacio de celebración como parte de conformar un lugar de identidad y de proyección. En las escuelas las y los docentes construyen esos espacios con la mejor de sus intenciones para encontrar un momento en el que la reunión permita sentirse parte de la comunidad y de sus logros. Los deportes, la música, las narraciones, pueden ser algunos de los vehículos que permitan plasmar los encuentros. Importa que cada escuela construya un espacio legítimo y genuino de sus fortalezas para que la reunión sea la expresión de lo mejor de sí misma. Celebrar construye un lugar de encuentro, de compartir nuevas experiencias, de rememorar logros y reentender a la escuela como el mejor lugar para dar albergue a la formación de las jóvenes generaciones.
Edith Litwin
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Edith Litwin es Doctora en Educación por la Universidad de Buenos Aires, Profesora Titular Plenaria de la cátedra Fundamentos de Tecnología Educativa de la Facultad de Filosofía y Letras –UBA- y Directora de la Maestría en Tecnología Educativa de esa facultad. |
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