En este lejano pariente del tutti frutti no hay que recordar palabras con iniciales excéntricas, sino adivinar el pensamiento de los demás.
Juegan varios. Todos con papel y lápiz. Se eligen algunas categorías; seis o siete está bien. En su propio papel y en secreto, cada uno anota un elemento que corresponda a cada categoría. Si fuera frutas, se podría anotar «mandarina», «durazno» o «kiwi».
Cuando todos terminaron se leen los resultados. En cada categoría, cada jugador obtiene tantos puntos como personas hayan anotado ese mismo elemento. Si cuatro personas anotaron «mandarina» y dos anotaron «durazno», cada uno de los que anotó «mandarina» se lleva cuatro
puntos, y cada uno de los que anotó «durazno» se lleva dos puntos.
Gana quien sume más puntos.
Que quede claro: no se trata de elegir lo que más nos guste, sino lo que uno cree que los demás van a elegir. Como ellos tratarán de hacer lo mismo, se puede producir algún cortocircuito.
Quienes anoten elementos incorrectos son penalizados por el propio juego, porque reciben pocos puntos. No hace falta descalificarlos. Si alguien anota «lechuga» como fruta, sin duda sería el único y apenas obtendría un punto.
Parte de la gracia está en la elección de categorías divertidas o interesantes. A diferencia del tutti frutti, no es necesario que las categorías tengan muchos elementos; se puede jugar con «puntos cardinales». ¿Qué anotarías en «países de Europa excepto Suecia»?
(La imagen muestra un cuadro "El verano", del pintor italiano Giuseppe Arcimboldo. Parece una cara, pero fijándose bien se ve que está compuesta por frutas.)
Ivan Skvarca